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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2008

Prensa, arma de contrainsurgencia
Guerra de baja intensidad e industria de la manipulacion

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


La intoxicacin meditica sobre Euskal Herria es el ariete utilizado por Espaa en esta guerra. Los medios de informacin se encargan, previamente, de crear el clmax necesario que de origen a la posterior represin, distorsionando despus la realidad de los hechos y, ya pasada la masacre, la justifican o silencian. sa ha sido y es la pauta habitual en la que se mueven la mayor parte de los mass media espaoles que, en su desmadre intoxicador, incluso han arrastrado en su cada a medios de otros Estados que han reproducido mimticamente las coordenadas informativas marcadas por sus colegas hispanos.

Pepe Rei1

  1. PRESENTACION

  2. PRIMERAS EXPERIENCIAS HISTORICAS

  3. PROPIEDAD INTELECTUAL BURGUESA

4. INDUSTRIA POLTICO-MEDIATICA Y ESTADO

5. PRENSA, CONTRAINSURGENCIA Y MIEDO

6. CONTRAINSURGENCIA, PUEBLO Y CARCEL

7. GUERRA DE BAJA INTENSIDAD Y PRENSA

8. FRACASO DESDE EL PLAN ZEN HASTA AHORA

1.- PRESENTACION:

He empezado mi intervencin en esta charla-debate leyendo una cita de mi amigo Pepe Rei por dos razones bsicas: una porque fue un adelantado en la denuncia de la prensa en cuanto instrumento al servicio de la dominacin espaola, y otra porque, adems de lo anterior, su vida entera, y la de otras muchas personas revolucionarias vivas o muertas, encarceladas, en libertad, escapadas y refugiadas o, como es el caso de Pepe, en difciles condiciones de salud por razones que nunca llegaremos a desentraar, debe ser recordada en estos momentos en los que parece que bordeamos el abismo. Estoy seguro de que si la mente de Pepe funcionase ahora al ritmo al que nos tena acostumbrado, hoy, ahora mismo, l estara sentado en mi lugar, participando en este debate.

Las ideas que voy a defender en pblico son muy simples y directas: la industria poltico-meditica que padecemos en Euskal Herria es un instrumento del poder capitalista, espaol y patriarcal, un instrumento que interviene activamente en la poltica de contrainsurgencia que elabora y (re)construye cada determinado tiempo el Estado espaol. Que sea un instrumento ms del sistema global de poder no quiere decir que, obligatoriamente, la totalidad de las personas que trabajan en esa industria sean plena y lcidamente conscientes del papel que realizan, lo asuman y justifiquen en todas partes y lo defiendan en todas partes. Al contrario. Una de las bazas de la ideologa burguesa y en especial uno de los efectos del fetichismo de la mercanca, es que las personas invierten y confunden las causas por los efectos, y viceversa, de manera que siendo opresoras y explotadoras, adems de apolticas, creen que sufren explotacin y opresin. Muchos trabajadores de la industria poltico-meditica sostienen que en absoluto son polticos, sino al contrario, se imaginan ser vctimas de la poltica, que sta funciona sin su concurso. En cierta forma y superficialmente visto, esta creencia tiene algo de razn en ciertos casos, pero la realidad es, como siempre, ms compleja y ms dura que la ficcin, que las versiones interesadas que ofrece la propia industria poltico-meditica, como iremos viendo.

La industria poltico-meditica que acta en Euskal Herria se caracteriza, como mnimo, por tres constantes: ser extranjera, es decir, actuar y pensar con criterios que se basan en la sojuzgacin del pueblos vasco; minimizar, mantener en el guetto y en la precariedad a la cultura vasca y a su lengua, y frenar sistemticamente toda reflexin colectiva sobre la historia y el presente de Euskal Herria, por tanto sobre su futuro, como nacin diferenciada. Adems de estas caractersticas, tambin es machista y, por supuesto, capitalista en el sentido duro y extremo de la palabra, es decir, neoliberal y conservadora. La poca prensa a disposicin de la fraccin autonomista de la burguesa vasca, del PNV en suma, como son DEIA y el complejo EITB, tambin tiene estas caractersticas aunque un poco suavizadas por la necesidad de distanciarse del burdo y zafio nacionalismo imperialista espaol.

Sin embargo, una cosa que llama la atencin a todos los observadores imparciales sobre la realidad vasca es el fuerte contraste entre la masividad cuantitativa de la industria de la manipulacin meditica, y sus relativamente escasos resultados prcticos a la hora de reducir la fuerza social de pensamiento y accin colectiva de la izquierda independentista y socialista. Este contraste notorio, llamativo a todas luces, entre el aparente dominio abrumador de la prensa espaola, capitalista y patriarcal y su relativa fuerza cualitativa en los problemas decisivos, es decir, en acabar con las reivindicaciones nacionales, sociales, culturales, etc., de nuestro pueblo, slo tiene una explicacin: que, como sucede en otros muchos casos de fuertes autoorganizaciones populares horizontales y crticas, la eficacia de la manipulacin meditica se ve muy reducida debido a la fuerza de la argumentacin consciente y racional de las intervenciones sociales. Ms adelante volveremos al problema de los lmites de las tcnicas de la manipulacin y de la persuasin, problema debatido hasta la saciedad y que nos remite, en ltima instancia, a la fuerza de las identidades colectivas slidamente arraigadas en un yo-bsico2 consciente de s. No es casualidad que una de las recomendaciones del fracasado Plan ZEN del PSOE consistiera en Tratar de romper la solidaridad comunitaria en el seno de la sociedad civil por todos los medios disponibles: comunicacin, presin social, Plan al que volveremos al final de la conferencia.

Romper la solidaridad comunitaria del pueblo vasco es romper su identidad, destruir su base de autoconciencia. La misma frase citada refleja la concepcin estratgica del PSOE, su cultura poltica y su esquema terico: por un lado, acabar con la solidaridad comunitaria vasca que, por otro lado, est dentro de la sociedad civil, es decir, en la terminologa socialdemcrata de comienzos de los 80 del siglo XX, una sociedad no escindida por explotaciones, opresiones y dominaciones internas sino, al contrario, cohesionada por la poltica comunicacional habermasiana. No hace falta decir que esta teora no ha aguantado el contraataque capitalista mundial denominado neoliberalismo. Por ltimo, emplear todos los recursos necesarios para, desde dentro de la sociedad civil romper la identidad vasca. Esto es lo esencial de la doctrina de contrainsurgencia diseada por el PSOE, que forma parte, como se analizar, de la guerra de baja intensidad, y que ha sido aceptada por el PP y por todas las instituciones democrticas.

Hace ahora ms de 10 aos que escrib un amplio texto titulado Control social, control meditico y represin, a disposicin en Internet. Deca entonces que la escritura cuneiforme, jeroglficos e ideogramas, realizada por burcratas mesopotmicos, egipcios y chinos estaba supeditada a los intereses del poder, y que se haban descubierto tablillas de hace alrededor de 5000 aos en las que se comunicaba la huida de esclavos. Deca tambin que las murallas de muchas ciudades del Creciente Frtil, Egipto Antiguo y primeras dinastas chinas estaban llenas de textos que ensalzaban las hazaas de seores, reyes, emperadores y dioses, que muy frecuentemente eran inventadas. En -720 el mandarn Fuh-Tsien dijo que la repeticin es la base del conocimiento, aunque sea falso. Sabemos que Platn justifica en su obra La Repblica, que el Estado mienta al pueblo para mantener el orden social, poniendo como ejemplo la mentira que dice el mdico al enfermo, ocultndole la gravedad de su enfermedad, pero Platn aade que nadie ms que el Estado tiene derecho a mentir. Segua diciendo que El texto hind "Los Nueve Desconocidos", del -273, dice que el control del pensamiento de las masas es el conocimiento ms peligroso, pues permite gobernar el mundo entero. Catn el Viejo basaba la efectividad de su oratoria en la repeticin machacona de una frase sencilla. En -65, Quinto Julio Cicern escribi el "Pequeo manual para una campaa electoral". Csar Augusto se dot del primer staff de propaganda con Horacio, Ovidio, Mecenas, Virgilio Por no extendernos en la repeticin de aqul texto, terminar recordando cmo en el -63 Tulio Tirn3 cre la primera escritura rpida oficialmente reconocida con el nombre de notas tironianas, para aumentar la economa del tiempo en la escritura, agilizando as la solucin de los crecientes problemas administrativos del expansionismo romano.

Voy a seguir desarrollando la lgica de este texto, mejorada y ampliada tras una dcada de experiencias tremendas, que ha llevado a la situacin actual. Una situacin caracterizada por el hecho comprobado de la militancia anti independentista y anti socialista de la industria poltico-meditica espaola.

2.- PRIMERAS EXPERIENCIAS HISTORICAS

Tulio Tirn no haca otra cosa que esforzarse en mejorar un sistema de escritura capaz de seguir la velocidad creciente del desarrollo del saber-mercanca. En si poca, Roma ya haba acumulado suficientes riquezas, dominaba amplios espacios, explotaba a muchos pueblos y, sobre todo, haba desarrollado una produccin mercantil tan ramificada que exiga imperiosamente un recorte sustancial del tiempo de escritura. De la misma forma en que los griegos haban aprendido que en la guerra era fundamental el control del tiempo, reducir la duracin de las campaas, los romanos de finales de la Repblica comprendieron que el valor econmico de la reduccin del tiempo de escritura. Ambas, la guerra y la escritura nos remiten al tiempo en la economa, es decir, nos llevan al saber-mercanca, incluso antes de la fecha histrica --siglo IX-- en la que C. M. Cipolla abre si imprescindible estudio al respecto4. Pero qu es el saber-mercanca? La investigadora R. Silva lo ha definido as porque es el saber humano que surge con y desde el origen de la mercanca con todo lo que ella supone, conlleva y exige: La primera vez que alguien escribi un signo sobre una tablilla de barro, en Uruk, Mesopotamia, cuatro mil aos antes de Cristo, fue para recordar cuntos bueyes se llevaban de un lugar a otro, imaginamos que para venderlos. Algunas de esas tablillas, que se encontraban en el Museo de Bagdad, y que quizs ahora ya no se encuentren, son parejas de galletas de barro en una de las cuales se encuentra el dibujo de un buey, y en la otra un signo extrao, lo que podra ser un nmero. Estas tablillas, agrupadas en conjuntos para ser trasladadas junto con los bueyes, seran en buena cuenta el primer libro de la historia. Por lo tanto, en el inicio de la escritura, se encontraban las relaciones comerciales: la necesidad de dar cuenta de los bueyes como mercancas5. Lgicamente, un saber-mercanca slo puede ser posedo y desarrollado por quienes controlan la produccin de esa mercanca, su circulacin y venta, y por quienes se apropian de los beneficios obtenidos al final de ese proceso entero. El saber-mercanca exige una escritura precisa, una escritura slo accesible a los hijos de las castas ricas6 desde su mismo origen histrico.

Nos interesa resear que fue al muy poco de este inicio histrico, cuando aparecieron determinadas constantes que se mantendran en lo esencial hasta el presente. Vemoslas. Alrededor del -3.500 se invent el torno en la misma zona y mientras no tuvo mucha utilidad econmica fue usado por las mujeres, pero los hombres se lo apropiaron cuando el torno permiti aumentar la produccin de mercancas con las subsiguientes ganancias para los hombres7. Rita P. Wright ha investigado este proceso opresivo y excluyente en la aparicin de las divisiones de gnero, clase y etnicidad u opresin nacional en nuestra expresin, estudiando la evolucin de algo tan material y a la vez de estatus simblico de poder como la posesin de los telares y la produccin textil: Las imgenes de hombres y mujeres que nos transmiten las fuentes escritas y las representaciones del perodo inicial de Mesopotamia sugieren una gran disparidad de riqueza y estatus dentro de la sociedad; disparidad que atravesaba las divisiones de gnero, clase y etnicidad8. La impecable investigacin de G. Lerner ha demostrado las directas relaciones entre el patriarcado y el surgimiento de la esclavitud gracias a las enseanzas adquiridas por las castas masculinas en la explotacin de la mujer9. Recordemos que en el Manifiesto Comunista, Marx sostiene que la mujer ha sido reducida a un instrumento de produccin.

Pepe Rodrguez sostiene que: En Mesopotamia, las primeras noticias de la existencia de trabajadores forzados proceden del dinstico antiguo (c. 2850-2340 a.C.) y, en realidad, se refieren a esclavas destinadas a trabajar en la pujante industria textil de la poca. El signo sumerio para indicar esclava representa a una mujer de la montaa, lo que indica que desde finales del III milenio a.C. se hacan incursiones militares en las zonas montaosas para capturar mujeres para los talleres de hilado y confeccin textil controlados por los templos junto a esta actividad militar brutal se generaliz tambin la costumbre de violar a las cautivas, punto de partida del que posteriormente surgiran la prostitucin comercial y los harenes (en tanto que manifestacin de estatus de los poderosos)--. En Egipto la situacin no es diferente y, tal como ya citamos, el sustantivo mr(y)t, que denominaba prisionero de guerra y sirvientes del templo, tambin significaba la rueca de la tejedora, el instrumento que empleaban las esclavas al servicio de los templos. En la Grecia Antigua, tal como atestigu Hctor de Troya en la Ilada, el destino de las prisioneras era acabar como tejedoras en un templo10.

Siguiendo esta lgica, por su parte Norma Ferro dice que: al ser productoras en lugar de compaeras, pasan a ser ncleo de produccin. Son una propiedad constante, Se las puede asociar a los medios de produccin de las empresas. En sentido econmico se las puede utilizar como mercanca, pero en sentido ideolgico no. Son un bien de consumo temporal, como lo es una mercanca, son, pues, una propiedad productiva. Esto hace que sean robadas por los colectivos que necesitan esas fuerzas productivas y protegidas por los colectivos propietarios. Con el tiempo, una minora de hombres acaparan la propiedad de la mayora de las mujeres: En Persia los nicos hombres que podan entrar en el harn eran los eunucos, de esta manera el tirano se aseguraba la paternidad de la descendencia11. Estudio recientes constatan que cuanto ms aumenta la diferencia econmica y estratificacin social dentro de un colectivo, ms se concentra en los hombres ricos y poderosos la propiedad de mujeres12.

Segn Mostern, los indoeuropeos que invadieron la India no tenan la capacidad cultural y productiva de los nativos del pas que ocuparon, de Harappa, pero s tenan una superioridad militar en armas y herramientas, tampoco conocan el dinero ni haba entre ellos comerciantes profesionales porque su economa era de trueque y la vaca era la unidad de valor, lo que ahora denominamos moneda. Ms precisamente: La riqueza de la tribu se meda por el nmero de sus vacas. Esto conduca a constantes reyertas entre las tribus arias, que se acusaban mutuamente de robarse las vacas o que se disputaban los pastos y los terrenos. Pero a pesar de estas escaramuzas intertribales, todas las tribus arias eran solidarias en su lucha contra los dasas (los indgenas y supervivientes de Harappa) de piel oscura, de labios gruesos y nariz achatada. Ya entonces dasi (femenino de dasa) pas a significar esclava y ms tarde, en snscrito clsico, dasa parara a significar esclavo, en general13. Vemos aqu perfectamente la interaccin sinrgica de todos los componentes de la totalidad social concreta operativa en una sociedad, de modo que la propiedad, la opresin de sexo-gnero y la opresin etno-nacional determinan la evolucin del lenguaje y de la cultura, consiguientemente tambin de los medios sociales de su propagacin y reforzamiento.

Leamos las siguientes palabras de J. Attali que refuerzan lo anterior: La apropiacin de mujeres, como cualquier otra forma de posesin, no siempre se realiza respetando un ritual, sino que se hace a menudo por la guerra y por la fuerza. As, al fines del IV milenio a. de J. C., cuando los proto-indio-arios, expulsados por la invasin de los mongoles nmadas, se organizan en pueblos poderosos que tienen algo que defender, y stos se dotan con carros de combate y con escudos, tal vez los primeros. Casi por todas partes, las jefaturas guerreras afirman la superioridad de los hombres y se apoderan de las mujeres de otros clanes que se convierten en cosas, en bienes muebles, en objetos de trfico y de acumulacin. Por eso, en snscrito, la palabra vivha, que significa matrimonio, deriva de vivah, que significa raptar14. En las luchas habidas en la India, el brahmanismo termin siendo el sistema poltico-religioso que mejor defenda los intereses del bando triunfante que, para mantenerse en el poder, practic una implacable violencia olvidada o silenciada por la historiografa amorfa15 o reducida a la tendencia ms ortodoxa del hinduismo16. Sin embargo, como demuestra Acharya S: El brahmanismo introdujo el racismo de que la piel ms clara era mejor que la ms oscura, de forma que las castas se determinaron por el color. Adems, las mujeres eran tratadas horrendamente, y es obvio que el patriarcado fervientemente sexista se origin en el brahmanismo. De piel clara eran los pueblos invasores y los invadidos, los reducidos a castas explotadas, eran de piel oscura. Esta investigadora afirma tambin que: El brahmanismo fantico fue tan ruin como el catolicismo durante la inquisicin, y los inquisidores catlicos tomaron su jerarqua y mtodos de tortura de los brahmanes17.

Sohn Rethel ha demostrado que en toda sociedad comercial y mercantil el pensamiento est sujeto al dictado de la falsa conciencia necesaria y del fetichismo como efecto de la abstraccin-mercanca, dictado que se impuso en la Grecia clsica, y que ha determinado la evolucin posterior del pensamiento all donde se ha desarrollado la mercanca: el hombre, en un sentido social, no est en un error, est engaado18. El saber-mercanca no es errneo del todo, est engaado porque capta parcial y distorsionadamente la realidad, y, como mercanca, tiene desde su origen un valor de cambio y un valor de uso para producir ms beneficios, es, por tanto, econmicamente rentable. Aristteles cuenta cmo Thales de Mileto (-639 624 y -547/6) aumentaba su fortuna aprovechndose de la ignorancia de los dems19. Ya para sta poca, la cultura tradicional griega haba desarrollado un complejo y efectivo sistema en lo relacionado a explicar y a convencer a otros pueblos de la bondad de sus geoestrategia expansiva, que si bien llegara a logros impresionantes con Pericles, ya exista con anterioridad en lo esencial. Dicho sistema adelantaba tcticas de manipulacin propagandstica asumidas en la actualidad al integrar en un mismo grupo a los heraldos, encargados de hablar claro y de forma precisa y directa, y a los enviados, encargados de persuadir y convencer de manera sutil, buscando imitar a Ulises el astuto, de cuya boca las palabras caan como copos de nieve en invierno20, es decir, imperceptiblemente.

Muy distante de all pero muy cerca en cuanto a evolucin socioeconmica, poltica y cultural, en la China de los siglos VI al V apareci la obra de Sun Tzu en la que encontramos lecciones vitales sobre las tcticas de manipulacin, las doctrinas de guerra psicolgica y espionaje, etc., basadas precisamente en el uso de la corrupcin econmica, de los intereses materiales y crematsticos, en la bsqueda de colaboracionistas que se venden al invasor para mantener y/o aumentar sus privilegios sociales: Por medio de los agentes dobles se pueden reclutar y emplear los agentes indgenas y los agentes internos. Chang Yu: La razn es que un agente doble conoce a aquellos de sus compatriotas que son ambiciosos y a los funcionarios que desempean sus cargos con negligencia. Y estas son las personas que podemos atraer a nuestro servicio21. Podemos hacer un ejercicio muy simple consistente en leer a la vez a Sun Tzu, a Tucdides y a Maquiavelo, y compararlos en lo comn que les une con la poltica espaola con respecto a las burguesas de los pueblos que oprime, para cerciorarnos de la existencia de una base comn por debajo de las diferencias superficiales.

Incluso podemos aadir a esta corta lista a Julio Csar: llamando ante s los principales de cada nacin, metiendo a unos miedo con darles a entender que saba todas sus tramas, y amonestando a otros, tuyo a raya gran parte de la Galia22. Sabemos que estas y otras muchas versiones de los hechos dadas por el propio Csar ocultan una realidad mucho ms salvaje e inhumana, genocida, como reconoci Napolen, entre otros muchos, segn veremos ms adelante. Sin embargo, la parcialidad de Csar, destinada a reforzar su fama y su poder, no anula la verdad de fondo del mtodo que l describe, a saber, la dosificada mezcla de diversos mtodos manipuladores, sobre todo del miedo en todas sus formas, y tambin de la apariencia de conocer al detalla las acciones del enemigo, etc., para someterlo sin violencia o con poca violencia.

Pero uno de los mejores sistemas de control social y manipulacin tan generalizada que termin penetrando en la vida socioeconmica como su eje central, nos lo ofrece la larga prctica de produccin, circulacin y venta de reliquias religiosas por parte de la Iglesia catlica. Una prctica que slo se comprende desde los parmetros del saber-mercanca pesa a que la economa dineraria estuviera poco desarrollada en el comienzo de la Alta Edad Media europea tras el hundimiento de la parte occidental del imperio romano. En efecto: las reliquias eran mucho ms valiosas que todos los metales preciosos () Una parte enorme de los activos lquidos de la sociedad estaba invertido en las reliquias y sus precios engastes. Era un modo de guardar con seguridad el dinero23. La efectividad simblico-material de las reliquias como instrumento de sojuzgacin y alienacin masiva se basaba en su esencia fetichista, ya que cuanto ms y mejores fetiches-reliquias se tuvieran ms seguridad y felicidad se obtena en esta vida terrenal. No es casualidad que el fetiche-reliquia slo empezase a perder su efectividad alienadora conforme se multiplicaba el uso del dinero y con l la capacidad de compra de otro fetiche ms poderoso: la mercanca y el consumismo compulsivo de valores de cambio. En otro texto Boicot a Coca Cola y al Estado de Israel-- hemos analizado ms en detalle esta cuestin particular del efecto del consumismo compulsivo, de la fetichizacin mercantil generalizada, as que ahora no nos vamos a extender al respecto.

Para acabar esta primera parte, hay que decir que la Iglesia catlica fue consciente de dos cosas: que pese a toda su eficacia alienante, el fetichismo de la reliquia no garantizaba el orden de manera absoluta, sino que deba recurrir tambin a la mentira, a la falsificacin, al doble lenguaje, a la ambigedad y al eufemismo, siguiendo las reglas ya descubiertas desde haca tiempo y que siguen siendo vlidas en la actualidad y que podemos resumir como mentiras abiertas y sutiles eufemismos24. Un ejemplo de la interaccin eclesistica de mentiras, falsedades y silencios lo tenemos en el manuscrito denominado la Donatio Constatini25, tan falsa y fraudulenta como la mayora de los textos que componen la Biblia, y que fue empleada durante siglos para justificar el imperialismo vaticano. Pero un ejemplo ms ilustrativo an tanto de la contumacia catlica como de las limitaciones de la manipulacin, lo tenemos en la estrategia del terrorismo moral y psicolgico inherente a la creencia en el infierno. Recientemente, de nuevo la Iglesia ha vuelto a reafirmar su existencia, ante la abrumadora certidumbre de que se va debilitando su efecto alienante, como ya empez a ocurrir en la Edad Media. Nos estamos refiriendo a la incapacidad ltima, al fracaso prctico en suma, que tuvo la Iglesia catlica en la Edad Media para alienar definitiva y totalmente a las masas explotadas con la amenaza del infierno, con sus inhumanas torturas eternas, de modo que, en la prctica cotidiana, las clases trabajadoras encontraron mecanismos psicolgicos y culturales que les hicieron relativamente inmunes a tanta manipulacin masiva y terrorista, como ha demostrado E. Gonzlez Duro26. Pese a que el papa Gregorio VII dijera en 1078 que la costumbre de Roma consista en tolerar ciertas cosas y silenciar otras, en la realidad esta sabidura chocaba con la resistencia a la manipulacin que desarrollaron las clases y naciones oprimidas. Ms adelante volveremos sobre esta fundamental cuestin al centrarnos en la experiencia vasca.

Para concluir este apartado, terminaremos extendiendo nuestra mirada a las Amricas, viendo que apenas hay cambios sustanciales en la manipulacin del saber, de la escritura y de la cultura, en beneficio de las clases dominantes. Las descripciones dejadas por las clases dominantes mayas: Raras veces hablan de los dioses, y nunca del pueblo llano. Revelan un mundo dinstico violento y belicoso, repleto de guerras, intrigas y ritos extraos () El desciframiento de las inscripciones descubri una sociedad belicista con frecuentes conflictos armados y tomas de prisioneros27. Las clases dominantes aztecas, que tenan una slida cultura patritica y nacionalista28, no tuvieron ningn reparo en cambiar totalmente la historia de su pueblo para construir una nueva ms acorde con sus necesidades de legitimacin de su imperialismo y de cohesin interna. Segn A. Cruz Garca: Ciertamente, resulta muy difcil establecer una historia rigurosa desde sus orgenes hasta el reinado de Itzcoatl en 1427, pues los mismos mexicas se encargaron de quemar sus propios archivos y de reelaborar su historia29. Esta decisin se tom tras la conquista definitiva de la independencia, cuando se asentaron las separaciones sociales internas entre pipiltin o seores y los macehualtin o gente del comn, Fue en este contexto cuando fueron destruidas todas las referencias pasadas sobre episodios que podan resultar vergonzosos, o sobre el origen humilde de la nacin azteca, etc., a la vez que tambin se buscaba reinventar la tradicin para justificar la divisin de la sociedad en seores y vasallos30. Divisin clasista reforzada por el sistema educativo ya que la juventud rica reciba una educacin selecta al no ir a las escuelas comunes telpochcalli dedicadas al pueblo, sino a las escuelas de los templos en donde reciban una educacin muy superior que llegaba a incluir la escritura y una lengua culta diferente a la usada por el pueblo31.

3.- PROPIEDAD PINTELECTUAL BURGUESA:

Una vez que la economa mercantil romana entr en crisis, el saber-mercanca, en su sentido precapitalista, sufri un fuerte retroceso que, pese a todo, no implic la desaparicin de las tcnicas de manipulacin propagandstica, sino slo que stas no pudieran evolucionar ms all del lmite logrado por el fetichismo de la reliquia religiosa en cuanto expresin mxima de su potencial simblico-material. Tendra que llegar el imperio definitivo del valor de cambio expresado en la mercanca capitalista, para que se reiniciara la mejora del arte de la manipulacin de masas. El fracaso del miedo al infierno, como hemos visto, es un ejemplo del lmite insalvable al que se enfrentaba el poder medieval desde el debilitamiento extremo de la economa mercantil. Despus, aproximadamente desde los siglos XII y XIII, empez a recuperarse lentamente dicha economa y con ella el saber-mercanca, reapareciendo de nuevo el problema crucial de la propiedad intelectual, inseparable del problema de la propiedad de las fuerzas productivas, y si bien el sentido de propiedad y de bien econmico que hay que proteger decay durante un tiempo en la Edad Media, empez a expandirse de nuevo en el siglo XIII, y en el Renacimiento las disputas legales sobre los plagios se hicieron cada vez ms frecuentes. Tiene razn P. Burke cuando dice que: La idea de vender conocimiento, por ejemplo, es como mnimo tan antigua como la crtica de Platn a los sofistas por esta prctica. La idea del conocimiento como propiedad (possessio) fue formulada por Cicern. En la antigua Roma, el trmino plagiarius, que originalmente se refera a quien haba robado un esclavo, lo aplic el poeta Marcial al robo literario. El trmino compilatio tambin se refiri al plagio, visto como un saqueo del autor original32.

La invencin de la imprenta europea en 1450, que en realidad era una copia mejorada de la imprenta china33 mucho ms antigua, produjo un salto cualitativo en el problema de la propiedad intelectual, ya que como afirma Lillian lvarez: debido a que aquellos primeros equipos de impresin y los materiales eran caros y la recuperacin de la inversin muy lenta, son precisamente los impresores quienes comienzan a reclamar algunas formas de proteccin, en este caso de sus inversiones, para defenderse de la competencia que les hacan los que reimpriman los mismos libros34. Vemos as que el saber-mercanca exige a los poderes una proteccin oficial de la propiedad privada de las fuerzas productivas que le sustentan, sentando as la base material y legal de lo que poco despus sera la industria poltico-meditica.

Podramos extendernos horas y horas en el repaso de la interaccin entre la propiedad, el poder y la prensa en estos siglos, pero por falta de tiempo vamos a saltar hasta una innovacin decisiva realizada al comienzo de la llamada modernidad occidental: la fundacin del peridico La Gazzette por el cardenal Richelieu cuyo primer nmero se imprimi el 30 de mayo de 1631, menos de dos siglos despus de la reaparicin del problema de la propiedad intelectual. Segn M. Rodrigo, que desarrolla aqu las ideas de V. Montalbn, las cuatro caractersticas polticas de este primer peridico occidental fueron las siguientes: Se practica todo el ocultismo posible sobre lo que ocurre en el propio pas; Se transmiten las razones de Estado en todo lo que afecta a la poltica internacional; Se crean unos criterios histricos de valoracin de los hechos, sobre todo en lo que se refieren a la vida de la comunidad nacional y, Se mitifica todo lo que da la imagen del poder, desde el estado de buena esperanza de la reina hasta el anecdotario galante de los cortesanos35. El anlisis de cada una de estas caractersticas nos revela su impresionante actualidad en el presente de Euskal Herria.

La primera, la del ocultismo de los problemas, no merece mayor comentario porque la prensa dominante silencia problemas extremos como la tortura y los malos tratos en comisaras y la situacin en las crceles, las razones histricas de la izquierda independentista vasca y en general de quienes reivindicamos los derechos colectivos e individuales, la realidad de los familiares de las prisioneras y prisioneros, por citar unos pocos casos, y sin extendernos a las versiones amputadas y tergiversadas que se dan de otros problemas sociales acuciantes como el terrorismo empresarial y de sexo-gnero, el paro encubierto, la precariedad y el empobrecimiento crecientes, etc. La segunda, las versiones sobre las razones de Estado en la poltica internacional, el comportamiento de la prensa vasca tambin es alarmante porque ayuda a la criminalizacin de todo lo vasco y a la exaltacin de la democracia espaola. La tercera, la recreacin del nacionalismo espaol, es permanente en la industria poltico-meditica que padecemos, una defensa pblica y ostentosa del nacionalismo imperialista espaol y una minusvaloracin de toda sea de identidad vasca, empezando por el euskara, que prcticamente no aparece escrito y hablado, excepto en algunos minsculos apartados dedicados al folclore y al deporte rural, apenas ms. Por ltimo, la imagen del poder y lo que ahora se llama prensa rosa y del corazn, que posee una gran capacidad alienante y enajenante, estos programas dominan abrumadoramente en la industria poltico-meditica actual.

Volveremos ms adelante, al estudiar la estrategia de guerra psicolgica inserta en las doctrinas contrainsurgentes al uso que se emplea contra los pueblos rebeldes, contra Euskal Herria en nuestro caso, cmo se actualiza y amplia esta cudruple caracterstica aplicada a comienzos del siglo XVII. Pero ahora queremos decir slo que es durante el siglo XVIII cuando se acelera definitivamente el proceso de subsuncin de la prensa libre en la lgica del beneficio capitalista, como indica D. Quessada: La aceleracin de los intercambios comerciales ve la aparicin de una esfera literaria y de una prensa en la que se intercambian numerosas opiniones. Pero esta publicidad es progresivamente remplazada por otra de tipo comercial en el siglo XIX. La prensa es el motor de esta transformacin () La representacin en la escena pblica de los intereses privados adquiere un carcter poltico. Las intenciones electorales del emisor de publicidad se pueden superponer a las intenciones comerciales: el arte consiste en darles la forma del bien comn. Se trata de fabricar consenso y adhesin36. A lo largo de este proceso acta de manera implacable la dialctica entre las leyes econmicas endgenas del capitalismo, sobre todo la de concentracin y centralizacin de capitales, y las leyes polticas exgenas a lo estrictamente econmico, pero conectadas con estas en la totalidad concreta del sistema en su conjunto, como son las decisiones sociopolticas que van tomando los Estados burgueses.

Al igual que las prcticas de control y vigilancia represiva de la prensa que se aplicaban en Inglaterra entre 1667 y 1697, en el reino de Francia,Colbert endureci de la libertad de prensa y centraliz los medios, de manera que se redujo drsticamente su nmero. Colbert, en este sentido, aceler una tendencia que vena desde muy poco despus de la invencin de la imprenta en Europa: si en el Estado francs haba ciento ochenta y un talleres de impresin en el ao 1500, slo quedaban setenta y cinco en 1644, reducindose a cincuenta y uno en 1701, concentrados la mayora de ellos en Pars para estar ms vigilados. Adems la represin contra los autores continu implacablemente durante el siglo XVIII, prohibindose y quemndose obras emblemticas en la actualidad, pertenecientes a Voltaire, Rousseau, Diderot, etc.37. Otra caracterstica del reino de Francia en esta poca fue que el gobierno trat de ganarse los periodistas franceses y los periodistas en lengua francesa en todo Europa, y dotarse de sus propios diarios gubernamentales38, con la clara intencin de dirigir la opinin pblica externa e interna en beneficio de la monarqua francesa.

Ms adelante se desarroll el impresionante sistema de ideologizacin, control social, vigilancia y represin puesto en marcha por Napolen en una fecha tan temprana como el 17 de enero de 1800 al cerrar 60 de los 73 peridicos existentes, censura que crecera an ms ya en 1808 cuando solo permite continuar slo a 4 de los 8 peridicos que sobrevivan. Adems de la censura de prensa, Napolen impuso mediante la astucia de su ministro Fouch un muy eficaz sistema de espionaje interno y, sobre todo, de fabricacin y propagacin de rumores de todas clases en beneficio siempre del poder39. Naturalmente, tampoco debemos olvidar los esfuerzos napolenicos por crear una identidad nacional francesa acorde con su visin reaccionaria, y extenderla mediante una hipercentralizada burocracia educativa y administrativa puesta en funcionamiento en gran medida por los suboficiales veteranos o heridos de sus ejrcitos. Napolen dijo una vez que: Con mis prefectos, mis gendarmes y mis sacerdotes, har todo lo que quiera40. No hace falta extendernos en los destructores efectos que padecieron las naciones no francesas insertas a la fuerza en este Estado por esta poltica centralizadora en todos los aspectos.

Por su parte la prensa inglesa era una prensa de poderosos. stos eliminaron a los pobres gracias al impuesto del Timbre, instituido en 1712 y cuyo importe fue creciendo progresivamente, y a consecuencia de l desaparecieron las numerosas hojitas de a perra chica gracias a las cuales el pueblo poda salir de la ignorancia y en las que enseaba a leer a sus hijos () una prensa de combate que tanto los partidos como el gobierno trataban de utilizar en provecho propio. La prensa inglesa, controlada por los partidos de la clase dominante, y por el dinero del parlamento, tambin se sustentaba en el aporte econmico creciente que le llegaba de la publicidad. La expansin econmica hizo que la publicidad irrumpiera en los peridicos, de tal modo que en 1759 se hablaba ya de la industria del anuncio41 como uno de los soportes decisivos de la prensa escrita. En el fondo de esta dinmica de industrializacin de la prensa actuaba la poderosa expansin econmica inglesa, la misma que forz a que ya en un ao como 1710 el gobierno de la Isla fuera el primero en dar el salto del concepto medieval de privilegio del autor de una obra intelectual al concepto burgus de derecho de autor42. Este salto cualitativo de una concepcin preindustrial y preburguesa, a otra tpicamente capitalista, marca la fecha oficial de comienzo de la industria poltico-meditica. La calificamos como industria poltica, aparte de otras razones que iremos viendo, por la simple razn de que es impuesta por un gobierno que en aquella poca estaba conscientemente lanzado hacia el fortalecimiento por parte del Estado de la dominacin de la burguesa como clase propietaria.

Las formas de mando de Richelieu y luego de Colbert son suficientemente conocidas por su absolutismo carente de escrpulos de cualquier signo. De hecho, son las mismas formas de mando que imperan en cualquier fbrica capitalista, incluidas las de la industria poltico-meditica. Algo menos de 250 aos despus de La Gazzette, concretamente en septiembre de 1880 el periodista neoyorquino John Swinton reconoci que: No existe en Amrica prensa libre ni independiente. Ustedes lo saben tanto como yo. Ninguno de ustedes se atreve a escribir su opinin honestamente y saben tan bien que si lo hacen no sern publicadas. Me pagan un salario para que no publique mis opiniones y todos sabemos que si nos aventuramos a hacerlo nos encontraremos en la calle inmediatamente. El trabajo del periodista es la destruccin de la verdad, la mentira patente, la perversin de los hechos y la manipulacin de la opinin al servicio de las Potencias del Dinero. Somos los instrumentos obedientes de los Poderosos y de los Ricos que mueven las cuerdas tras bastidores. Nuestros talentos, nuestras facultades y nuestras vidas les pertenecen. Somos prostitutas del intelecto. Todo esto lo saben ustedes igual que yo43.

No se puede negar la actualidad de esta confesin autocrtica realizada precisamente en una fase histrica en la que la extrema corrupcin socioeconmica y poltica dominaba en los EEUU, al igual que ahora. Era tanta la podredumbre que en la eleccin presidencial de 1876 los republicanos tuvieron que echar mano del fraude para asegurar la continuidad en la cumbre poltica, al igual que lo volvera a hacer la Administracin Bush a comienzos del siglo XXI. R. San Martn, autor de la cita anterior, nos ha dejado una soberbia descripcin del contexto norteamericano en el que J. Swinton realiz su autocrtica en 1880. R. San Martn afirma que: Siendo la poltica una rama de los negocios, la tica de stos se convirti en la de aquellos () Como en un juego de marionetas, los muecos y sus voces obedecan a unos pocos44. Por su parte, H. Zinn tambin explica el contexto represivo reinante en aquellos aos, especialmente en las masacres de las huelgas obreras, en el endurecimiento del trato a los negros libres oficialmente, etc., mostrando cmo la clase dominante se enriqueci al mximo entre otras cosas explotando a las crecientes masas de emigrantes que llegaban desde Europa y desde Asia, y cmo esta clase propietaria supo aplicar diversos baremos, recompensas y castigos diferenciados, a unas clases explotadas multidivididas en fracciones que se enfrentaban mutuamente45.

Est claro que la autocrtica de J. Swinton expresa la dictadura burguesa en todo lo referente a la informacin social, en una poca decisiva para el asentamiento del imperialismo yanqui. Veamos a modo de resumen lo que dice R. San Martn: La prensa --con la honrosa extraeza de casos aislados-- era ms que conservadora, reaccionaria. Hubo deformacin, prejuicios y hostilidad hacia la incesante evolucin social y, por encima de todo, incomprensin spera por las demandas sociales. Gracias al monopolio de los medios de informacin, los grandes medios o cualquiera de sus emanaciones podan hacer lo que les viniera en ganas, fuese o no legal, an dentro de un sistema donde no haba cdigo que no obedeciera el deseo expreso de los mandones consagrados. Las planas de los peridicos se podan abrir sin temor, con la seguridad de no hallar all ningn espectro shakespeariano, y Las actividades culturales --producidas, distribuidas, y aun consumidas bajo orden-- se convirtieron en parte comercial del andamiaje cotidiano, y si no eran consideradas ventajosas para los custodios del sistema, entonces tenan poca o ninguna trascendencia pblica. Como el pensamiento (la primordial buja humana) era subversivo, los censores se consuman alzando diques. Como la labor obcecada de Ssifos los cercenadores trituraban, supriman o mutilaban las expresiones creadoras, arrogndose el derecho de anunciar lo que se poda consumir como si fuera propiedad definitiva de su peculiar concepcin ideolgica46.

La rpida evolucin posterior a la autocrtica de J. Swinton de la industria meditica como instrumento del poder poltico quedara confirmada con la sucesin de eventos internacionales en los que diversos Estados capitalistas reglamentaban y aseguraban la propiedad burguesa de la creatividad intelectual. As en 1886 tuvo lugar el primero y decisivo Convenio de Berna, revisado y ampliado en el Convenio de Berln en 1908 para incluir la propiedad burguesa sobre las obras fotogrficas y cinematogrficas. En el Acta de Roma de 1928 se instaura la propiedad de las obras elaboradas para la radiodifusin, y as hasta la actualidad47. Debemos insistir aqu en el papel decisivo jugado por los Estados burgueses en la regulacin de la propiedad privada intelectual, propiedad imprescindible para la expansin de la industria poltico-meditica ya que sin ella no dispondra de las fuerzas represivas suficientes para expropiar a las clases, pueblos y mujeres explotadas de sus bienes intelectuales colectivamente creados. La produccin industrial de cultura burguesa exige la expropiacin de la capacidad colectiva de produccin de cultura libre y crtica, anulando su valor de uso y reducindola a simple mercanca, a simple valor de cambio. Pero antes de ponernos extender con ms detalle en los efectos anticulturales de la privatizacin burguesa, debemos analizar con un poco de detalle la industria meditica.

4.- INDUSTRIA POLTICO-MEDIATICA Y ESTADO

C. Taufic defini al periodista como un poltico en accin, independientemente de que se amparase en un confuso apoliticismo, en realidad formaba parte de la accin poltica estatal entendida en su concepcin ms general: la participacin en los asuntos del Estado; la orientacin del Estado; la determinacin de las formas, de las tareas y del conocimiento de la actividad estatal; la actividad de las distintas clases sociales y de los partidos polticos () Los periodistas son, por lo tanto, polticos; y an ms, polticos profesionales. Y: La poltica no es otra cosa que una manifestacin especfica de la lucha de clases, su expresin ms generalizada, y los periodistas, en cuanto activistas polticos, no estn al margen de esta lucha, sino inmersos en ella y ocupando puestos de liderazgo48. Este criterio definidor de la poltica --criterio marxista-- permite comprender la naturaleza poltica de la industria meditica, aunque, en apariencia y a primera vista, esta industria no se siente directamente en los bancos parlamentarios. Ahora bien, en determinados casos, los definitorios, esta industria es la que termina por inclinar la relacin de fuerzas en beneficio de, por ejemplo, el neofascista Berlusconi, propietario de poderosos medios de manipulacin, que puede volver a la presencia del gobierno italiano a pesar de las abrumadoras pruebas sobre su corrupcin. En otros casos, por ejemplo en el los EEUU, la fusin entre dinero, poltica y prensa es absoluta ya que slo los candidatos millonarios49, pueden costear cantidades inmensas de dinero en sus campaas polticas, que algunos observadores han llegado a cifrar en ms de un milln de dlares al da como el promedio del gasto de los candidatos demcratas H. Clinton y B.Obama en el comienzo de febrero de 2008, cuando quedan an muchos meses para las elecciones presidenciales.

La interaccin entre poltica estatal y poltica de la industria meditica es especialmente efectiva en todo lo relacionado con el control monopolstico del mercado informativo por parte de las pocas grandes industrial de la manipulacin. Un ejemplo nos lo ofrece D. Olivera cuando analizando cmo los monopolios empresariales controlan los medios, recuerda que El periodista espaol David Carracedo acaba de publicar un exhaustivo informe en el que muestra que en los ltimos aos 293 medios de todo el mundo sufrieron clausura, revocacin o no renovacin de sus licencias: 77 emisoras de televisin y 159 radios en 21 pases. Slo en Colombia, 76 radios comunitarias fueron clausuradas50. El cierre de estos y otros medios alternativos de concienciacin por parte de los Estados dominantes supone un gran favor para los monopolios de la manipulacin porque amplan su parte de mercado, a la vez que facilitan la idiotizacin de sectores con dudas y con crticas al poder, sectores que aprendan mediante los medios crticos cerrados por orden gubernativa y que tras las clausuras de sus medios preferidos tendrn que comprar los de la burguesa. En realidad, en el fondo esto es lo que el Estado espaol y la industria poltico-meditica buscaban al cerrar los diarios vascos EGIN y EUSKALDUNON EGUNKARIA, adems de buscar asestar un golpe irrecuperable a la lucha independentista de la izquierda vasca y, ms en general, a la cultura euskaldun en cuanto tal.

Otras veces, las ayudas de la poltica estatal a la poltica interna de la industria de la manipulacin se expresa en las leyes que buscan endurecer la explotacin y el orden internos en las fbricas de noticias, como es el caso del proyecto del gobierno portugus sobre el nuevo Estatuto que debe regular los derechos de los periodistas, que permitira a las firmas propietarias de los medios de comunicacin alterar cualquier texto sin consentimiento del autor, situacin que en los hechos, colocara a los gerentes como eventuales censores de los reporteros51. El endurecimiento, deterioro y precarizacin de las condiciones de trabajo en esta industria que va absorbiendo ms y ms mercados, modernizndolos y creando otros nuevos para poner en funcionamientos las nuevas tecnologas, este proceso corresponde a la lgica represiva inherente al imperialismo actual, en la que es imposible separar los intereses de estas grandes industrias con los intereses militares de los Estados, especialmente del yanqui52.

P. Rimbert ha escrito que: Una investigacin realizada en 2006 por la Federacin Internacional de Periodistas sobre los sindicatos de treinta y ocho pases concluy que "el empleo en los medios de comunicacin se precariz, se volvi ms inseguro, ms pesado (...) En el mundo entero, existe una tendencia a la privatizacin de los medios de comunicacin del Estado; los periodistas experimentados son reemplazados por jvenes recin recibidos, a menudo empleados por tiempo determinado". Para la mayora de los organismos consultados, "la inseguridad del empleo produce un periodismo timorato" y genera "la decadencia del periodismo crtico y de investigacin", mientras que "la concentracin de los medios de comunicacin y las presiones gubernamentales conducen a un empobrecimiento de la informacin53. Se trata de un proceso represor y autoritario a escala internacional en el que se van recordando derechos esenciales, como el de decir cualquier cosa54 con el pretexto, entre otros, de la lucha contra el terrorismo.

P. Bourdieu recurri a la personalidad de Miguel ngel para mostrar la desaparicin de la independencia crtica del creador intelectual ante el poder disciplinador de la industria poltico-meditica capitalista. Cada vez que se encontraba el genio italiano con el papa Julio II, el que le encargaba el grueso de sus obras, el que le pagaba y defenda frente a las envidias de los mediocres, es decir, en trminos burgueses actuales, su patrn, Miguel ngel se sentaba primero sin esperar a que lo hiciera el papa Julio II, saltndose a la torera el estricto protocolo que exiga que fuera el papa el primero en sentarse; como efecto de la tenaz reafirmacin del genio en su derecho a sentarse primero, Julio II se vea en la necesidad de abalanzarse a su silla en una carrera nerviosa por adelantarse a Miguel ngel55. Nos imaginamos, primero, las mudas sonrisas sardnicas de los asistentes ante el ridculo del papa, y, segundo, la servil sumisin de los creadores actuales ante el poder de la industria que les ha subsumido en su produccin mercantil.

La propuesta del gobierno portugus arriba vista en defensa de la patronal meditica y la sumisin denunciada por P. Bourdieu, se comprende ms fcilmente cuando analizamos con un poco de detalle el componente interno de los grandes monopolios de la manipulacin masiva. Como vasco que soy me interesan muy especialmente los casos espaol y francs, y voy a detenerme en este segundo: El grupo Socpresse, que edita 70 ttulos en Francia (entre ellos Le Figaro, LExpress, LExpansion y decenas de peridicos regionales) pertenece a un fabricante de armas: Serge Dassault. Junto con Hachette, Arnaud Legardere, igualmente industrial del armamento, posee 47 revistas (Elle, Parents, Premire) y varios diarios. Si a estos mastodontes se aaden Le Monde-La Vie, el alemn Prisma (Bertelsmann) y el britnico Emap, tendremos a los cinco lderes que acaparan la mitad del volumen de negocios de la prensa escrita en Francia. Y para convencernos an ms de que vivimos en una poca formidablemente moderna, el banquero Edouard de Rothschild ha aportado a Libration el 37% de su capital56. Aqu aparece al descubierto la fusin entre los intereses militares y los periodsticos, o sea, la poltica operando en su esencia pura mediante la integracin en una misma fraccin burguesa de ramas productivas aparentemente tan opuestas como son las de la produccin de cultura y la produccin de muerte.

Pero hay ms, M. Bnilde investig las relaciones entre el magnate Murdoch y esta fraccin burguesa del capitalismo francs, preguntado: Un peridico econmico y financiero puede quedar entre las manos del primer grupo econmico y financiero del pas? El llamado de veintiocho sociedades de periodistas, que reclaman garanta legislativa a travs de una ley sobre las sociedades de redactores, no cambia en nada esa eventualidad. Al menos de prever en los estatutos un derecho a veto sobre la designacin del director como ocurre en Le Monde en el sistema mercantil capitalista un peridico es un producto que se vende libremente a los intereses confesados (u ocultos) del mejor postor. La adquisicin de Le Figaro por el fabricante de aviones y senador de la UMP Serge Dassault, es revelador al respecto: el alcance de la intervencin poltica del propietario depende totalmente de su relacin con Nicols Beytout, el muy sarkozysta director de la redaccin. El millonario no tuvo que convencerlo para obtener el alineamiento del diario tras el candidato Sarkozy. A cambio, recibi del nuevo gobierno medidas que reducen los impuestos a las sucesiones y limitan al 50% de las ganancias el monto de todos los impuestos a pagar57, confirmando as los resultados de otra investigacin anterior sobre este mismo personaje que demostraba la difusa lnea que separa sus negocios de las noticias que stos producen58. Recordemos que Murdoch ha contratado al ultraderechista expresidente espaol Aznar para trabajar en su staf de consejeros.

Dos investigadores norteamericanos analizaron crticamente el proceso de centralizacin y concentracin de industrias poltico-mediticas a mediados de los 90, integrando en su estudio las resistencias obreras y sociales, es decir, la lucha de clases, y llegaron a estas conclusiones: La tendencia actual consiste en atraer la totalidad del sector ideolgico de la sociedad hacia la rbita del mercado. En el caso de la educacin y, en un menor grado, de las telecomunicaciones, los trabajadores y los grupos de ciudadanos son la nica resistencia a la rpida comercializacin, pero la tendencia actual es muy clara hacia el control por parte del mercado, lo cual casa mal con un sistema democrtico de comunicaciones. La globalizacin y el poder creciente de las compaas multinacionales han hecho que el impedimento de la centralizacin y de la concentracin de los medios sea ms difcil. Las compaas centralizadoras responden que necesitan un mayor tamao y una integracin vertical para competir en el mercado global, y el poder poltico que poseen, con el apoyo de las fuerzas de mercado (Wall Street adora estas fusiones de centralizacin), han eliminado las barreras antitruts que impedan la concentracin de los medios. Las fuerzas polticas estadounidenses que se oponan a las recientes fusiones de Westinghouse y CBS, Disney y Capital Cities/ABC, y Time Warner y Turnier fueron mnimas. En suma, la finalidad de la descentralizacin de los medios es hoy polticamente utpica en los pases desarrollados; en esta encrucijada histrica, resulta sumamente difcil contener cualquier centralizacin adicional59.

Por su parte, W. Blum cita slo algunos ejemplos sobre la estrecha fusin poltico-represiva entre el Estado capitalista, las grandes industrias poltico-mediticas y los intereses generales de otras empresas capitalistas: La NBC cancel la aparicin de un activista nuclear porque critic a la General Electric, que es propietaria de la estacin. Otros activistas nucleares o autores, u opositores a los gastos militares no son bienvenidos en la CBS porque esta pertenece a Westinghouse; otros encuentran las puertas cerradas en la ABC porque han tratado al conglomerado de Disney sin reverencia; lo mismo con la CNN, que pertenece al pulpo AOL-Time-Warner. Al mismo tiempo, los anunciantes influyen sobre el contenido de las historias que constituyen noticia. (Como la famosa frase de A. J. Liebling: Si usted quiere libertad de prensa, usted tiene que ser dueo de una)60. Pero no pensemos que las cosas cambian totalmente en el Estado espaol, en el sentido de que existe autntica libertad de prensa. Pascual Serrano lleva mucho tiempo demostrando cmo funciona realmente la industria poltico-meditica en este Estado, que se caracteriza por realizar un autntico juego sucio contra todas las libertades y derechos61.

Muy recientemente62, un sector de los llamados intelectuales han planteado una reflexin y una llamada de alarma sobre la penetracin del ingls en la vida socioeconmica, cultura, poltica, artstica y cotidiana de la Unin Europea, calificndola como la autntica lengua franca en el continente. Se trata de un proceso expansivo ya denunciado con mucha antelacin por las fuerzas revolucionarias de muchos pueblos indefensos, y que sigue la lgica ya antigua de defensa de las culturas nacionales aplastadas por las de los Estados explotadores ms poderosos. El ingls es ciertamente la lengua franca del imperialismo en su expresin ms dominante, mientras que otras lenguas, como el castellano sobre todo, y el francs, son las lenguas impuestas por otros imperialismos menores. G. Ydice, por citar un solo ejemplo de denuncia revolucionaria contra el imperialismo sociocultural, ha estudiado al detalle este problema en las Amricas, y una de sus conclusiones que ms nos acercan a la denuncia de los intelectuales europeos es su muy fundada advertencia de que incluso una potencia emergente del calibre de Brasil 63 est indefensa ante el avance de la cultura imperialista.

Una de las constantes esenciales de la industria poltico-meditica es el desprecio que tienen sus directivos hacia la capacidad crtica y de pensamiento libre e independiente de las clases explotadas. Creen que somos borregos dispuestos a tragarnos absolutamente toda la bazofia reaccionaria que produce masivamente su industria, convenientemente envuelta en una demagogia pseudo democrtica que en el fondo oculta una concepcin sabiamente manipuladora. Leamos estas palabras: La sociedad democrtica clsica se apoya en un modelo de interlocucin asentado en el libre albedro de los interlocutores. En ella, el procesamiento del mensaje est mediado por la racionalidad de lo social, asumida y ejercida por el individuo. Las democracias contemporneas, en cambio, se apoyan en un nuevo tipo de sujeto --la masa-- que plantea condiciones de interlocucin completamente distintas. A la comunicacin de masas no le es posible apoyarse en el ejercicio de aquella razn cvica por parte de los interlocutores; emisores y receptores estn obligados por igual a apelar a resortes ms directos, ms inmediatos o, si se quiere, mediados por procesos ms veloces que el raciocinio. La persuasin de masas se apoya en lo imaginario en tanto alternativa a lo intangible; su baremo no es la veracidad, sino la verosimilitud; no trabaja sobre convicciones, sino sobre creencias64. El autor prosigue explicando cmo ha de simultanearse por parte de los medias democrticos las dosis de veracidad y conviccin con las de verosimilitud y creencias.

Dicho desprecio nace bsicamente de dos razones: una, la creencia de la superioridad absoluta de quienes realizan el trabajo intelectual sobre quienes realizan el trabajo manual, creencia que en la cultura eurocntrica se asent definitivamente desde el triunfo de la contrarrevolucin idealista en la Grecia post socrtica y platnica; y otra, relacionada con la anterior pero que ha adquirido impronta propia, es la reduccin de la masa ignorante e inculta a simples consumidores pasivos de las mercancas de la industria meditica, receptores crdulos y emocionalmente manipulables, como hemos visto arriba y volveremos a ver al estudiar las doctrinas de contrainsurgencia y la funcin decisiva que en ellas tiene la industria poltico-meditica. Por otra parte, este desprecio ayuda a explicar, adems de otras razones, el que la prensa no dude en repetirse, en anular toda creatividad original y enriquecedora porque no tiene necesidad vital por crear algo cualitativamente nuevo para un mercado al que desprecia, excepto en muy contados nichos de consumidores selectos, cultos y burgueses. Centrndonos de nuevo en el Estado francs, P. Bourdieu ya denunci que: Si las tres revistas francesas (LExpress, Le Point y Le Nouvel Observateur) tienden a ser intercambiables, es que estn sometidas poco ms o menos a las mismas coacciones, a los mismos sondeos, a los mismos anunciantes; que sus periodistas pasan de unas a otras, que se roban temas o portadas65. Podemos y debemos decir exactamente lo mismo con respecto a la prensa espaola, como ya demostr R. Zallo en su momento66.

Como explic en 1997 Robert McChesney: Estamos bombardeados de informaciones, pero mirndolas de cerca, la mayor parte responden a la misma gramtica, a los mismos puntos de vista, a las mismas fuentes, y todo evoluciona alrededor de instituciones y temas que la mayora de los telespectadores admiten no comprender, segn todas las encuestas67. Algunos investigadores sostiene que Verdadera mquina para crear la mediocridad, este sistema de comunicacin montado como una burbuja, en el que jueces y partes se felicitan mutuamente entre bastidores y hablan casi todo el tiempo para no decir nada, conduce a resultados espectaculares, entre los que destacan la fabricacin de pensamientos simplistas y del pensamiento mediocre68. La industria poltico-meditica cree que la masa puede ser manipulada a su gusto, para lo que desarrolla varias disciplinas de estudio y marketing en las que no podemos extendernos ahora. Uno de los descubrimientos que obtuvo con esas investigaciones y que facilit la rapidez del proceso de produccin de tcnicas manipuladoras fue descubrir que la comunicacin se puede hacer y, de hecho, se hace con todos y cada uno de los rganos de la sensibilidad69. La industria de la manipulacin, especialmente la audiovisual, comprendi de inmediato los beneficios que poda obtener y se lanz a crear programas que un investigador define as: Sangre, dolor, llantos, histerias colectivas, desastres, accidentes, todo sirve a los efectos dramticos para despertar la sensibilidad del teleespectador, ayudado por una esttica televisiva que privilegia la crispacin espasmdica, los planos que van y vienen en pulsaciones nerviosas, los encuadres desestructurados y un ritmo permanentemente trepidante70.

Pero adems de explotar y despertar el inacabable yacimiento de la sensibilidad, la industria de la manipulacin fabrica otras nuevas sensibilidades disfrazadas de libertad: Esta destruccin progresiva de la solidaridad social uno de cuyos instrumentos y efectos es el triunfo de la ideologa meritocrtica-- conduce a una visin del mundo psicologizada y despolitizada que permite hacer creer que la identidad personal no depende de las relaciones sociales, que cada uno puede elegir libremente el modo de vida que ms le guste, ya que todo es cuestin de estilo, gusto, esttica y cosmtica. El mito consumista de la propia imagen consistira pues en que ser uno mismo radica en no estar sujeto a imperativos, compromisos y condicionamientos sociales, sino en ser capaz de representar bien mltiples papeles, en elegir identidades ilimitadas71. Durante el consumo de la propia imagen: se pierde la consciencia de la autoposesin, se cosifica el yo individual depositndolo en el cuerpo fsico, para a continuacin externalizarlo, hacerlo pblico, someterlo a todo tipo de limitaciones y exigencias. El cuerpo es utilizado como posesin, del mismo modo que lo es el vestido, la simbiosis cuerpo-vestido-imagen es ofrecida ante la sociedad esperando que caiga bien, ser aceptados, deseados, comprendidos. Se trata de poner en el mercado de compra-venta la imagen de nosotros mismos. El cuerpo y, de su mano, el individuo, entra as en el mercado, se comercializa, y se hace parte del mismo. Es lgico entonces que el vendedor y el comprador se confundan en la misma persona72.

Ponernos nosotros mismo en venta a nosotros mismos en el mercado de la imagen nos exige aceptar la dictadura absoluta de este mercado sobre nuestra identidad, de modo que, en un primer momento, construyamos nuestra imagen segn los designios de este dicho mercado y, despus, simplemente nos limitemos a llevar la imagen de nosotros que ha construido la industria de la imagen, es decir, la industria de los medios. As se cierra el crculo. De la misma forma en que, por ejemplo, al principio el comprador de un coche puede buscar el modelo que a l le gusta, teniendo en cuenta sus disponibilidades econmicas, en realidad lo que ocurre es que durante todo el proceso est siendo teledirigido subconsciente o inconscientemente hacia una gama muy limitada de modelos, gama elaborada por la industria segn criterios previamente diseados. Los especialistas burgueses conocen esta lgica de la dependencia alienada y fetichizada, y de ah su profundo desprecio hacia la masa. Sin embargo, en contra de lo afirmado, este poder de manipulacin y de creacin de sensibilidades artificiales, fugaces y voltiles, tiene unos lmites que luego estudiaremos, limites ante los que la burguesa slo puede enfrentar las doctrinas de contrainsurgencia y de contrarrevolucin.

Ahora debemos bucear hasta descubrir la razn de fondo que cohesiona toda esta aparente selva de motivos aislados unos de otros. En ltima instancia, lo que rige el funcionamiento de esta industria no es otra cosa que la tasa de beneficio obtenida, la reproduccin ampliada del capital invertido en ella, la valoracin del capital, en suma. R. Zallo ha estudiado cmo tambin en este tema crucial interactan diversas formas de valoracin por la especificidad de esta industria, pero al final sintetiza todas ellas de esta forma: En cualquier caso, estas combinaciones en la valoracin, estos encuentros de unas industrias que compiten y se complementan en un mismo espacio, cultural, informativo y comunicativo, se estn realizando sobre la base de la ampliacin de las ofertas de productos --ms dudoso es si hay una real nueva oferta de contenidos-- y de la apertura de nuevos espacios de valoracin (el mbito local, nuevos mercados segmentados por gustos, edades, intereses, el mbito internacional, la diversificacin e individualizacin de los consumos culturales) que presionan sobre el consumo domstico73. Una vez puesta en claro la centralidad de la valoracin del capital en esta industria, el autor al que ahora recurrimos, se adentra en el otro componente decisivo, en el poltico y especialmente en su forma estatal de expresin, mostrando sus conexiones con la valoracin del capital dedicado a esta industria, estudiando la desestructuracin cultural vasca74 en un anlisis ciertamente flojo en el que no podemos extendernos ahora.

Una vez visto a grandes trazos cmo y por qu funciona la industria poltico-meditica, podemos comprender el alcance verdaderamente inhumano de la privatizacin burguesa de la creatividad colectiva, es decir, de la imposicin de la propiedad intelectual. Tiene toda la razn Lillian lvarez cuando afirma que: El rgimen de propiedad intelectual es actualmente instrumento de dominacin y va de enriquecimiento de los titulares que ostentan esos derechos. Con el amparo legal de los acuerdos de libre comercio y sus frreos mecanismos de observancia, dicho sistema reafirma los desequilibrios que se generan en el mercado y atenta abiertamente contra la difusin y conservacin de la diversidad de las culturas75. La industria poltico-meditica recurre sin miramientos a la intervencin de los frreos mecanismos imperialistas para asegurarse la propiedad intelectual, para vender sus mercancas en todo el planeta, para impedir que fructifiquen los proyectos de muchos pueblos para recuperar su independencia sociocultural y poltica, su capacidad de crear colectivamente e intercambiar sus creaciones con otros pueblos. De la misma forma en que cualquier industria capitalista presiona a los poderes imperialistas para abrir los mercados exteriores, para impedir las polticas independientes de los pueblos, con el fin de asfixiarlos con sus productos subvencionados, del mismo modo, la industria meditica busca apropiarse en rgimen de privacidad burguesa de las capacidades intelectuales de la humanidad para revertirlas en su produccin mercantil tras anular su valor de uso.

Y ms adelante: Los supuestos defensores de los derechos de autor lo reducen todo a su expresin econmica, como si lo nico que interesada a los creadores fuera el dinero. Los intereses ms legtimos del autor abarcan tambin la necesidad de que su obra se comparta y difunda, de dialogar con otros autores y con sus receptores, al reconocimiento de su comunidad y al formar parte de su patrimonio. Al ejercicio de todos estos derechos, la biblioteca, a la que las personas pueden acceder de forma gratuita, brinda una contribucin irremplazable. Hoy en da puede afirmarse que asistimos a la muerte, o al menos a la agona, del dominio pblico, cuando se le privatiza a travs de los diferentes mecanismos ya vistos, o cuando se alargan cada vez ms los plazos en que las obras permanecen bajo el monopolio exclusivo de sus titulares76. Pero el dilogo libre con autores libres exige un contexto no dominado por el imperialismo. Un ejemplo lo tenemos en el ALCA en cuanto instrumento de destruccin imperialista, y el opuesto en el ALBA en cuanto instrumento de liberacin antiimperialista. Ambos se enfrentan en el continente americano, pero sucede lo mismo en todo el planeta, tambin en Euskal Herria.

Una vez que los pueblos estn sometidos a la expropiacin imperialista de lo que les une a la especie humana, es decir, de su capacidad creativa y crtica, llegados ya a esta realidad de enfrentamiento, slo resta la opcin de la lucha popular, obrera y social, por recuperar lo que le identifica en cuanto colectivo humano. Pero, por el lado opuesto, el imperialismo reacciona activando al mximo todos los recursos explotadores inherentes a su industria poltico-meditica, es decir, insertndola en su estrategia contrainsurgente.

5.- PRENSA, CONTRAINSURGENCIA Y MIEDO:

Hasta ahora hemos visto aparecer y reaparecer a lo largo del texto las relaciones directas de los medios de prensa con el poder establecido y con las acciones de ste para asegurar su dominacin, sobre todo para fortalecer y ampliar la propiedad privada de las fuerzas productivas. Hemos visto cmo todos los Estados disponan de instrumentos precisos para realizar esta tarea. Una de las tareas de estos aparatos es la de la revisin crtica de los errores cometidos y la del aprendizaje de otras experiencias. Bien es cierto que hubo pocas en la historia Europea, por limitar nuestro anlisis, en las que las tcticas de dominacin y de ejercicio de la violencia no fueron apenas sometidas a examen, actundose en base a viejos mtodos hasta que con el Renacimiento se volvi a releer a los clsicos grecorromanos, coincidiendo con la recuperacin de la economa mercantil. En este sentido, Maquiavelo tiene mucho que aportarnos, pero sera largo extendernos ahora en sus ideas. Siguiendo uno de los hilos conductores de nuestra exposicin vamos a centrarnos en dos especialistas que han tenido ms repercusin directa en y contra Euskal Herria que Maquiavelo, nos referimos a Napolen y a Goebbels.

No sabemos si Napolen estudi a fondo las caractersticas de La Gazzette creada por Richelieu, pero todo su proceder estaba dirigido por criterios muy similares, segn hemos constatado antes. De cualquier modo s estudi minuciosamente a Julio Csar, entre otros muchos, y coment lo siguiente sobre lo inapropiado de su ferocidad exterminadora: No puede menos que abominarse la conducta observada por Csar con el senado de Vannes. Estos pueblos no se haban sublevado; haban entregado rehenes; haban hecho promesas de mantenerse al margen de toda contienda; pero estaban en posesin de su libertad y de todos sus derechos. Haban dado, ciertamente, motivos a Csar para hacerles la guerra, pero no para violar el derecho de gentes ni para abusar de la victoria de manera tan atroz. Esta conducta no era justa y menos an poltica, porque tales medios nunca conducen a nada prctico y slo se consigue con ellos exasperar y sublevar a los pueblos. El castigo de algunos jefes es todo lo que autorizan la poltica y la justicia; el buen trato a los prisioneros es una de las reglas importantes que se deben observar77.

No deja de sorprender el concepto napolenico de libertad ya que los pueblos galos estaban acogotados por la suerte que esperaba a los rehenes entregados a Roma, y se haban comprometido a no sumarse a las rebeliones de otros pueblos galos, pueblos de su misma cultura e identidad etno-nacional. Quiere esto decir que no tenan todos sus derechos, lo cual nos da una idea muy aproximada de la idea de Napolen. Pero lo decisivo es que el emperador corso estaba apuntando una idea de control poltico y de amenaza preventiva que ha resultado muy efectiva, pero que l mismo incumpli con los aos debido al trato brutal que los ejrcitos imperiales franceses daban a los pueblos que liberaban. Fue Napolen el que escribi que con las bayonetas se puede lograr todo, menos sentarse sobre ellas, y el intento de hacerlo fue lo que aceler su derrota. An as, para la suerte actual de Euskal Herria, estas palabras del corso muestran la degeneracin de las burguesas francesas y espaolas hacia un retroceso en todas las cuestiones democrtico-burguesas, sobre todo en el trato dado a las prisioneras y prisioneros vascos ya que estn negando directamente el principio napolenico segn el cual el buen trato a los prisioneros es una de las reglas importantes que se deben observar, mientras que han llevado a la mxima dureza, sobre la espaola, el endurecimiento en el castigo a algunos jefes. De hecho, la advertencia napolenica de que tales medios nunca conducen a nada prctico y slo se consigue con ellos exasperar y sublevar a los pueblos, se volvi contra l mismo incluso en Euskal Herria, donde una parte importante de la poblacin le recibi sin mayores problemas hasta que los abusos de su ejrcito le predispusieron en su contra.

Exactamente lo mismo tenemos que decir con respecto a las enseanzas que extrajeron de Goebbels ambas potencias. G. Regan ha estudiado cmo los nazis, especialmente Goebbels, analizaron al detalle los errores cometidos por el Estado alemn en todo lo relacionado con la propaganda durante la guerra mundial de 1914-18, as como los aciertos de las potencias enemigas. Y basndose en las opiniones de H. Trevor-Roper al respecto, afirma: La campaa propagandstica alemana result ser un error catastrfico, una leccin de cmo alienar la opinin neutral. Resulta interesante comprobar que el propagandista maestro de la segunda guerra mundial, Joseph Goebbels, al resumir su filosofa general, muestra lo mucho que aprendi de los fallos de sus antecesores de 1914: El principio fundamental de toda propaganda --declar-- era la repeticin de argumentos eficaces; pero estos argumentos no deban ser demasiado refinados, habida cuenta que no se pretenda convencer a los intelectuales. De hecho, los intelectuales nunca hubieran sido convertidos y de cualquier modo acaban aceptando al ms fuerte; hay que dirigirse por tanto al hombre de la calle. Por consiguiente, los argumentos han de ser toscos, claros y vigorosos, apelar a los instintos y emociones, no al intelecto. La verdad no importa en absoluto y est totalmente subordinada a la tctica y la psicologa, pero las mentiras convenientessiempre deben resultar crebles. De acuerdo con estas directrices generales, se darn instrucciones precisas. El odio y el desprecio deben dirigirse a individuos concretos78.

El nazismo ocup militarmente durante cuatro aos la parte norte o continental de Euskal Herria, de 1941 a 1944, logrando que en ella surgieran eficaces organizaciones clandestinas armadas. El franquismo ocup militarmente la parte sur o peninsular de Euskal Herria oficialmente durante 48 aos, de 1936 a 1978, logrando el surgimiento de ETA. Las ideas de Goebbels fueron aplicadas estrictamente en ambos casos, pero siguen siendo aplicadas de forma solapada e indivisible desde entonces hasta ahora como, por poner un solo ejemplo, la ltima frase sobre que el odio y el desprecio deben individualizarse: recordemos al consigna masificada por el PP de No a ETA, s a los vascos, aunque en la prctica era No a todo lo vasco, como suceda durante en nazismo con respecto a toda persona y pueblo que no colaborara incondicionalmente con Alemania. La suerte corrida por los pocos intelectuales espaoles y de otras naciones que se creyeron estas consignas a finales de los 90, y que incautamente fueron a actuar en algn mitin poltico-musical organizado por el nacionalismo espaol, siendo abucheados e insultados por el pblico, as lo confirma. Podemos poner muchos ejemplos al respecto, y para movernos en el plano de la ms amplia crtica citaremos el trato dado por el Parlamento espaol a las propuestas mayoritarias de los parlamentos cataln y vascongado de reforma de sus correspondientes estatutos siempre dentro de la constitucin monrquica.

Otra de las lecciones de Goebbels fue la de justificar con una lgica perfecta en apariencia la prctica nazi de la represin aleatoria, es decir, la generalizacin de un clima de angustia y de miedo, de ansiedad social masiva, que surga del hecho de que nadie saba a ciencia cierta donde, cuando y con qu intensidad iba a golpear la represin policial en cualquiera de sus formas, lo que forzaba a mucha gente a mirar al Fhrer como garante y salvador en esa angustia permanente. Pues bien, como ha afirmado D. Rushkoff al estudiar los mecanismos de coercin y de obediencia en la sociedad y en las sectas, grupos y colectivos: La CIA recomienda utilizar las recompensas y los castigos al azar, de forma ilgica, para que los sujetos regresen a un estado de dependencia infantil. De esta manera, el confundido adepto acaba experimentando un estado de regresin y transfiere la autoridad paterna al lder. Por esta razn, muchos lderes insisten en ser llamados padre o madre79. Pero esta produccin de miedo social no se limita a espacios concretos y relativamente reducidos, sino que busca plasmarse en toda la sociedad siguiendo un modelo ya activado en el marketing de ventas y en el diseo de los grandes hipermercados de venta: la aplicacin de la coercin pasiva estudiada al detalle por especialistas que llegaron a la conclusin de que el truco consiste en crear la sensacin de que no existe --ni hace falta-- ninguna alternativa. La atmsfera coercitiva definitiva es aquella que no se parece a una atmsfera porque recrea un mundo entero: el mundo real80. No hay duda de que esta era la atmsfera dominante en la Alemania nazi, en casi todos los pases por ella ocupados y la atmsfera que Goebbels legitim con su propaganda.

Son muchas y muchos los investigadores que afirmar que: Como apunta Young, el secreto de apelar al miedo del individuo es hacerle ver que ciertas necesidades bsicas no estn cubiertas o estn amenazadas, de modo que acepte la solucin a sus ansiedades, que obviamente es la que favorece al propagandista81, y ms adelante: Esta es una de las estrategias clsicas de la propaganda de guerra: la exaltacin o invencin de crmenes del bando enemigo con el fin de desprestigiarlo y/o fomentar el odio hacia l82. Sobre el miedo inducido, creado artificial y programadamente por el Estado, conviene volver al libro ya citado de E. Gonzlez Duro: Los efectos del debilitamiento de la seguridad, la certeza y la proteccin son notablemente similares, y nunca resulta claro si el miedo generalizado deriva de una insuficiente seguridad, de la ausencia de certeza o de la desproteccin. La angustia es inespecfica y el miedo resultante puede atribuirse a causas errneas y realizar acciones intiles para resolver el problema de fondo. Se tiende a la agresividad, y se buscan chivos expiatorios, porque la desconfianza es corrosiva y la identidad del yo transitoria, cambiante. La vida insegura se vive entre gente insegura y solitaria, porque, como dijo Margaret Thatcher, la sociedad no existe. La nica certeza es la espera de mayores incertidumbres, de las que nadie est protegido83.

Y ms adelante: La produccin del miedo oficial era --y es-- la clave de la eficiencia del poder. El poder terrenal no vena --y viene-- al rescate de seres humanos presas del miedo, pero haca --y hace-- todo lo posible por convencer a sus sbditos de que s lo hace. Para que el poder se congraciase y ganase su lealtad al ser duro con lo que aqullos teman, primero deba producir el capital del miedo. Para que el poder dure, hay que hacer a los seres humanos vulnerables, inseguros y temerosos, y mantenerlos en dicha situacin () Volver a la gente insegura y sumisa fue la tarea que ms ocupados tuvo a las CIA y al FBI tras los atentados de 2001. Advertan a los estadounidenses de inminentes ataques contra su seguridad, al tiempo que les instaban a denunciar a cualquier sospechoso de ser un terrorista infiltrado, especialmente si era un refugiado islamista84. Es incuestionable que la produccin social de miedo masivo est facilitada por la construccin de un espacio urbano sometido a todos los controles posibles puestos a disposicin por las nuevas tecnologas. P. Virilio ha analizado cmo la videovigilancia omnipresente que infecta nuestras vidas est potenciando la delacin generalizada85.

Resulta significativo el que el Plan ZEN recomendara lo siguiente: Provocar ms desprecio que miedo. No deca que no haba que provocar miedo, sino que adems de la creacin de miedo haba que provocar an ms desprecio. Se trata de un aadido muy significativo que nos remite directamente a lo ya visto sobre la destruccin de la solidaridad comunitaria del pueblo vasco. Una constante en la historia del PSOE es el desprecio a lo vasco, a nuestra cultura y lengua. El PSOE es heredero directo de la pretendida superioridad que se atribua as mismo el socialismo lasalleano, y que penetr con fuerza en el socialismo espaol. Sobran las declaraciones chauvinistas y racistas contra lo vasco en la prensa del PSOE hasta los aos 70 del siglo XX, cuando por diversas razones tuvo que ocultar sus permanentes creencias al respecto. Pero en el Plan ZEN reaparecen en el fondo: hablar de solidaridad comunitaria como algo enfrentado a la sociedad civil es oponer lo atrasado con lo moderno, lo tribal con lo civilizado. Recordemos que la actual derecha intelectual imperialista espaola, surgi del PSOE de los aos 80, y que esta derecha imperialista espaola sigue despreciando ostensiblemente como arcaica y primitiva a la identidad vasca. Provocar el desprecio quiere decir, desde estos parmetros, reactivar el desprecio a lo comunitario, a la solidaridad vasca, a sus razones y reivindicaciones, etc. El PSOE da un paso ms: no rechaza el miedo sino que lo refuerza con el desprecio.

Ya que hablamos de la delacin generalizada debemos recordar otra de las aportaciones ms actuales de Goebbels, que no es sino una mejora de experiencias anteriores, consista en el papel clave de la burocracia estatal en el desarrollo y aplicacin de las doctrinas represivas, evitando en lo posible ceder responsabilidades a personas que no fueran de la casa, que no estuvieran conscientemente integrados en el aparato nazi hasta sus ltimas consecuencias. Conocemos de sobra las conexiones entre las policas de Vichy y espaolas con la Gestado y las SS. Ms tarde, el historiador J. Keegan define como acadmicos integrados en las instituciones directrices de la poltica de los gobiernos occidentales86, a los grupos de expertos en contrainsurgencia, en planificacin poltico-militar estratgica, etc., que se insertaron en los Estados imperialistas; Estados que no dudaron en integrar en sus servicios secretos a antiguos nazis. Los aparatos estatales de planificacin represiva preferan y prefieren, siguiendo a Goebbels, atar en corto a sus miembros para controlar y aumentar su efectividad. Las recientes experiencias cosechadas por los EEUU en Iraq y otros pases atacados al dejar mucha libertad a empresas privadas87 en las tareas represivas --privadas en el sentido de que mantienen fuertes conexiones internas con las fuerzas de ocupacin oficiales--, est actualizando la vala del criterio nazi y de otros Estados burgueses, pero ocurre que los EEUU no tienen suficiente dinero pblico como para costear todos los gastos represivos, por lo que necesitan recurrir al mtodo del mercenariado ya empleado anteriormente por el colonialismo europeo.

Ubicndonos en el Estado espaol, Pepe Rei ha confirmado que: Una de las conclusiones ms evidentes de un exhaustivo repaso a las hemerotecas es la de que no hay periodistas de Interior, sino elementos de Interior que hacen periodismo88. Ahora bien, esto no niega el que algunos periodistas puedan mantener relaciones con Interior, como el mismo Pepe Rei afirma que sucede en peridicos tan influyente como El Pas89. Del mismo modo que otros puedan mantener relaciones con la Embajada norteamericana en Madrid90. Carece de sentido entrar ahora a elucubrar sobre las posibles relaciones operativas entre estos diversos niveles de colaboracin entre diferentes estamentos profesionales, ministerios y embajadas. Lo cierto es que, segn este investigador, las directrices informativas surgidas desde Interior tuvieron siempre gran predicamento y puntual acatamiento en los medios de comunicacin91. De todos modos, recordemos que W. Colby, ex director de la CIA, declar tranquilamente que: La CIA controla a todos los que tienen cierta importancia en los principales medios de comunicacin92.

Tambin nos interesa recordar algo decisivo para entender no slo el desenvolvimiento de las relaciones entre la industria poltico-meditica y los aparatos expertos en contrainsurgencia, sino tambin el proceso de elaboracin de la teora en s misma, es decir, del paradigma represivo, de sus conceptos y normas de valoracin e interpretacin, y de elaboracin de sus estrategias y tcticas. En este sentido clave recurrimos a W. Blum cuando cita las palabras del historiador Christopher Sipmson en su estudio Ciencia de la Coercin: Las agencias militares, de inteligencia y de propaganda como el Departamento de Defensa y la Agencia Central de Inteligencia, ayudaron a financiar sustancialmente todas las investigaciones de la generacin posterior a la Segunda Guerra Mundial en tcnicas de persuasin, medicin de opiniones, interrogatorio, movilizacin militar y poltica, propagacin ideolgica, y otras cuestiones relacionadas. Y W. Blum contina informando que en 1999 la administracin Clinton anunci que estaba formando un nuevo grupo de Informacin Pblica Internacional para influir sobre las audiencias extranjeras93.

Para comprender en su justo alcance las implicaciones de estas palabras tenemos el ejemplo de la tristemente Escuela de las Amricas creada en 1946, trasladada de lugar en 1984, cuando fue sacada de Panam y cambiada de nombre en 2001 tras conocerse muchos datos sobre su responsabilidad directa en golpes de estado, en decenas de miles de desapariciones y asesinatos, en incontables detenciones y torturas, en campaas de guerra psicolgica y de violencia reaccionaria de toda ndole, etc. Se calculan que ha formado en las sucesivas doctrinas de contrainsurgencia a ms de 60.000 militares, policas y agentes de nada menos que 23 pases. Lo que nos interesa de este ejemplo, que no es el nico, es la triple leccin consistente en, primero, que aplicaba el pensamiento elaborado por investigaciones como las referidas en la cita precedentes; segundo, tena una directa relacin con las industrias poltico-mediticas de esos y otros pases y, tercero, respondan a una visin mundial del imperialismo yanqui, que no slo a una estrictamente latinoamericana. Pero al final del anlisis minucioso de todas las variantes, diferencias y matices que aparecen en la superficie de las prcticas geoestratgicas del imperialismo, en nuestro caso del norteamericano ejemplarizado en la Escuela de las Amricas, lo que descubrimos no es otra cosa que: Como resulta descaradamente patente, una vez ms, ste es el verdadero sentido de los conceptos geoestratgicos: siempre tienen una finalidad principal socioeconmica y slo secundariamente militar, poltica o ideolgica94.

En el fondo, es la misma lgica explotadora la que impulsa a la contrainsurgencia en cualquier punto del planeta donde acte, sea en las Amricas, en frica, Oceana, Medio Oriente o Euskal Herria. El ejemplo de las brutalidades cometidas por los alumnos de la Escuela de las Amricas nos sirve exactamente igual para las barbaridades represivas cometidas por el imperialismo britnico o los nazis, para las que ahora est cometiendo Israel contra el pueblo palestino, o para los GAL desarrollados y aplicados por el Estado espaol durante los gobiernos del PSOE con el apoyo del Estado francs, etc. Las limitaciones de las tesis que pretenden fijar las reglas absolutas, naturales y objetivas que sirven por igual a explotadores y explotados, chocan con el hecho cierto e incontrovertible reseado por M. Walzer, de que El punto decisivo estriba en el hecho de que existen reglas para la guerra, pero no existen reglas para el robo (ni para la violacin ni para el asesinato)95, y nosotros aadimos: ni para la tortura, ni para las crceles de exterminio psicolgico y fsico, ni para las represalias contra las familias y amistades de las personas detenidas, es decir, para ninguna de las tcticas y medidas imprescindibles para asegurar el aumento de los beneficios obtenidos por el robo, es decir, por la explotacin de las clases, de los pueblos y de las mujeres.

Como sostienen varios autores a los que ya hemos recurrido el: engao permanente sobre la marcha del mundo no podra perdurar sin un sistema de informacin cerrado y servil, que gira en sentido nico dentro de una burbuja. La primera tarea de este sistema ser la de garantizar un mnimo de credibilidad so pena de ser identificado por la poblacin como aquello en lo que se ha convertido, o siempre ha sido, a saber un simple instrumento de propaganda. Varias condiciones necesitan para ello. En primer lugar, garantizar cierta diversidad en los ttulos de prensa, la cual ser confundida con la expresin de pluralismo. En segundo, alimentar el mito de una prensa libre que sera independiente de los intereses econmicos y polticos de sus propietarios. En tercero y finalmente, prevenirse de toda crtica instaurando ideas enunciadas como verdades divinas96.

Semejante sistema de informacin servil tiene como uno de sus objetivos prioritarios normalizar y extender la sensacin de miedo social paralizante que est queriendo implantar el Estado espaol con el apoyo de los colaboracionistas. Desde que la supuesta transicin democrtica fall estrepitosamente en Hego Euskal Herria, ha sido una obsesin espaola amedrentar e intimidar por todos los medios a la poblacin vasca. Para comprender ms cabalmente sus objetivos debemos pasar al siguiente apartado.

6. CONTRAINSURGENCIA, PUEBLO Y CARCEL:

Lo primero que debemos hacer antes de introducirnos en el tema de la guerra psicolgica, de la contrainsurgencia poltico-militar y de la manipulacin informativa, es dar una definicin vlida. F. Sierra Caballero ha hecho decisivas aportaciones al tema que tratamos, algunas de las cuales vamos a utilizar aqu. Empecemos por esta definicin imprescindible para entender todo lo que sigue: La guerra de baja intensidad se definir aqu como el arte y la ciencia de utilizacin del poder poltico, econmico, psicolgico y militar de un gobierno, incluyendo a la polica y a las fuerzas internas de seguridad, para evitar o vencer a la insurgencia, ms all o por encima de la oposicin poltica y de la opinin pblica nacional e internacional97. Y despus: Si la guerra de baja intensidad se caracteriza por ser en cierto modo una forma renovada de guerra sucia encubierta que se destaca por permanecer oculta a la opinin pblica, es necesario igualmente destacar la naturaleza de esta doctrina contrainsurgente como una estrategia de guerra prolongada --esto es, la doctrina de la guerra de baja intensidad viene siendo, en realidad, una guerra total y permanente--, en la que se emplean todo tipo de medios psicolgicos y de persuasin para la derrota poltico-militar de las tropas y ejrcitos insurgentes. En otras palabras, la guerra de baja intensidad puede considerarse una variante militar de intervencin poltica basada en la propaganda y la guerra psicolgica. Es ms an, la guerra y la propaganda son aqu una y la misma cosa. Pues la guerra psicolgica constituye actualmente el factor poltico-militar decisivo para la victoria en la estrategia de guerra de baja intensidad. En ella se integran numerosas actividades de tipo militar, poltico, ideolgico, cultural e informativo98.

A partir de esta definicin podemos empezar estudiando el papel de la manipulacin de masas como requisito imprescindible para garantizar la efectividad de la propaganda poltica y de la guerra psicolgica. Nos conviene leer en este sentido a Mara Victoria Reyzbal:

Los recursos de la propaganda son tan diversos que resultara imposible hacer una sistematizacin exhaustiva. F. MUNNE (1980, 159) sugiri los siguientes principios bsicos:

Regla de la simplificacin. Exige reducir la informacin al mnimo. Los lemas polticos y, en general, los eslganes constituyen un buen ejemplo.

Regla de la exageracin. Implica ofrecer nicamente los contenidos favorables al emisor, enfatizndolos al mximo.

Regla de la orquestacin. Se debe repetir una y otra vez la idea central, varindola de acuerdo con las caractersticas del medio y de la audiencia.

Regla de contagio. Para crear unanimidad se recurre a ideas comunes (la amistad, la solidaridad...), al testimonio de personas con prestigio o populares o a expresiones masivas que favorezcan la impresin de unidad.

Despus, la investigadora contina analizando la especificidad de la propaganda:

a) Uso de estereotipos. Consiste en tipificar a la gente o cualquier aspecto de la realidad mediante palabras o expresiones generalizadoras, creando una impresin que, a la larga, resulta casi impermeable a los datos que aporta la experiencia directa. As, la percepcin de los negros, los capitalistas, los vascos, etc., y la reaccin ante ellos no se explican por sus caractersticas como individuos, sino en funcin de ciertos juicios preconcebidos y generalizadores.

b) Sustitucin de unos nombres por otros con fuerte connotacin emocional. En muchas ocasiones, el propagandista recurre a trminos con fuerte connotacin emocional. As, en lugar de comunista se habla de rojo, o de facha para referirse a alguien con ideas conservadoras...

c) Seleccin de informacin. Como se seal anteriormente, la censura es el ejemplo ms extremo, aunque existen formas de seleccin mucho ms sutiles,

d) Mentira. La propaganda, en la medida que ofrece slo determinados aspectos de la realidad favorables a los objetivos de su emisor, implica casi invariablemente la distorsin de la informacin, deformacin que en ocasiones se convierte en engao descarado. La materia y los mecanismos de las mentiras propagandsticas resultan variados y sutiles.

e) Repeticin. La reiteracin constante de ciertas cuestiones constituye un factor decisivo para que un determinado mensaje sea asimilado por el pblico, incluso cuando se trata de frases sin ningn contenido importante. Para evitar el aburrimiento y la prdida de inters del pblico que esta tcnica puede conllevar, se ha de diversificar el medio o el envoltorio de las ideas repetidas. Lo que se denomina orquestacin de un tema (DOMENACH, J. M.: 1963, 65-71) consiste en la reproduccin del mismo a travs de todos los medios propagandsticos posibles, mediante las variaciones formales que resulten ms adecuadas para los diversos pblicos.

f) Simplificacin de la informacin. El propagandista prescinde de cualquier argumentacin racional, sustituyndola por afirmaciones rotundas a favor de su tesis, eliminando la posibilidad de que existan dudas, cuestionamientos o alternativas frente a lo que l defiende. Para lograr esta rotundidad, simplifica al mximo la informacin que aporta, presentndola mediante concreciones extremadamente condensadas y concluyentes: manifiestos, profesiones de fe, declaraciones, catecismos..., aunque sin duda los ejemplos ms paradigmticos son las consignas, los eslganes y en general los smbolos de diversa naturaleza (icnicos: como banderas o insignias; gestuales: como los saludos; musicales: como los himnos, etc.).

g) Sealar al enemigo. Las acusaciones y la designacin de adversarios (incluso aunque no existan en realidad) constituyen el otro componente esencial de cualquier mensaje propagandstico. Esta maniobra tiene notables consecuencias psicolgicas: favorece la cohesin grupal, estimula el instinto de autodefensa junto con las emociones asociadas a l, actuando como potente estmulo catrtico, movilizador y purificador de numerosas frustraciones que se canalizan a travs de la agresividad hacia ese enemigo externo.

h) Alusin a la autoridad. Ya nos hemos referido anteriormente a la poderosa influencia que ejerce la visin de ciertas figuras a las que el pblico otorga su confianza incondicional por razones heterogneas. La referencia a tales personajes puede sustituir y tener tanto o mayor efecto que cualquier prueba, demostracin o argumentacin 99.

Los investigadores C. Quintero y Jessica Retis100 han resumido de esta forma los diversos recursos que emplea simultneamente la propaganda oficial:

  1. Nominacin. Consiste en calificar una idea, una situacin, un lder, un oponente, con un calificativo poderoso emocionalmente, positivo o negativo, segn las intenciones. As, los polticos conservadores son reaccionarios segn sus adversarios, que a su vez pueden ser tachados --en el contexto de los noventa-- de rojos. Las modas sociopolticas de cada momento van dictando cules son las etiquetas buenas y las malas.

  2. La generalidad brillante. Es el uso del estereotipo como instrumento para la descalificacin. Si en la nominacin la relacin entre el calificativo y el objeto era arbitraria, con el uso del estereotipo el propagandista simplemente aprovecha las generalizaciones simplistas que toda comunidad tiene sobre otros grupos, nacionalidades o razas. As tenemos al tecncrata fro, calculador y cuadriculado, al indio (como veremos ms adelante) dbil, incapaz de saber lo que quiere y de organizarse y, por tanto, manipulable.

  3. El llamado a la sencillez del pueblo. Este recurso se basa en la percepcin --tambin estereotipada-- del individuo sencillo, poco preparado como garante de la sabidura popular. Al ser este segmento el que mayor cantidad de poblacin agrupa, el propagandista se esforzar por hacer ver que la gente sencilla est con su programa y contra el del oponente, segn los casos. Consecuentemente el nivel de los razonamientos se reduce al mnimo, y se trata de exponer siempre los problemas en trminos simples, maniqueos y polarizados: buenos contra malos, blancos contra negros. La frase corta pero cargada de significado, el eslogan, son la muestra palpable de este reduccionismo intelectual.

  4. Muy unido al anterior se encuentra el recurso de la ilusin de universalidad, tambin conocido como el vagn de cola (el ms lento). Hay que esforzarse por demostrar que todo el mundo comulga con el proyecto, el lder para, apelando al sentimiento gregario del individuo, lograr la adhesin de las masas. Este es el sentido de los mtines masivos y tambin del empeo de los polticos de mostrarse como ganadores en las encuestas electorales: invitarse a la gente a unirse al bando al que todos van.

  5. La mentira. Empleada en proporciones adecuadas y con inteligencia puede resultar el arma ms persuasiva. Como afirmaba Goebbels, maestro indiscutible en su manejo, la nica condicin para usar la mentira --asumida la falta de escrpulos-- es que persiga el mismo objetivo que el resto de la campaa y que, sobre todo, resulte creble. As, la calumnia sobre la supuesta malversacin de fondos del enemigo poltico es mucho ms efectiva si ya se le ha caracterizado como deshonesto ante la opinin pblica. Pero la acusacin falsa es slo una de las mltiples variantes de la mentira () en un conflicto blico, cuando las afirmaciones vertidas son a veces imposibles de comprobar, la mentira se hace tanto o ms frecuente que la verdad.

Es conveniente precisar aqu que no debemos caer en una visin errnea de la industria meditica en el sentido de que su censura y silencio, sus mentiras y manipulaciones, se basan en reducir las informaciones, en dar pocas informaciones. Al contrario, como bien advierte R. Reig: El control de los medios de comunicacin de masas sobre la sociedad no se produce por medio del dficit informativo sino, al revs, por medio de la hiperinflacin de datos, espacios y publicaciones. Esto es posible porque el receptor carece de capacidad sincrnica o interpretativa, carece de poso cultural, documental e, incluso, ideolgico (referentes). Una vez que la sociedad en su generalidad es privada de este requisito indispensable (que conlleva no la informacin sino el conocimiento) se puede autolegitimar cualquier segmento social dominante y cualquier medio de comunicacin afirmando que el ciudadano es libre y vive en democracia. Pero la base esencial para tener ambas cualidades y ventajas en realidad no existe o apenas se da. Lo que se da es un discurso dominante porcentualmente abrumador con respecto a otros. Pero con la presencia de estos otros trata de legitimarse101.

Utilizando las tcnicas aqu vistas y el ruido ensordecedor y catico que lanza la prensa con la hiperinflacin de mensajes de todo tipo, la industria poltico-meditica espaola simplifica al extremo las razones histricas, la realidad social y clasista vasca, la fuerza de la izquierda independentista y las tendencias sociales de fondo, para impedir toda reflexin colectiva sobre el presente y el futuro de Euskal Herria. La prensa oficial es de un simplismo extremo que llega a la ocultacin, como veamos en el caso del peridico La Gazzette del cardenal Richelieu. Pero este simplismo ocultador da paso en determinados momentos a una exageracin absoluta, como es la tesis de que todo es ETA, de modo que, en base a ella, las fuerzas represivas pueden aplicar la represin aleatoria analizada al estudiar las aportaciones del nazismo y de Goebbels, y la aplicacin de la CIA con la tctica del dolor al azar, aparentemente ilgico, de otros expertos yanquis sobre la coercin pasiva y la atmsfera coercitiva y, por no extendernos, la confluencia de todo ello en la produccin de miedo como paso para el logro de la delacin generalizada. Ambas tcticas, el simplismo y la exageracin, son aplicadas sistemticamente en todas sus formas, repitiendo con reiteracin todos los tpicos e ideas que pueden generar una sensacin colectiva de verosimilitud de esas creencias, que pasan as a ser verdades. La prensa oficial, una vez aqu, pretende cerrar la trampa masificando las intervenciones pblicas de toda serie de personajes famosos, conocidos y populares, en la medida en que quieran, para reforzar con su presencia la efectividad de la manipulacin afectiva, emocional y psicolgica.

Simultneamente, la izquierda independentista militante es tachada de terrorista, ignorante, cegata, talibn, fundamentalista etc., y los amplios sectores populares que la apoyan de alienados, manipulados, cobardes y otras lindezas, aplicando lis principio del estereotipo y de la descalificacin emocional. Para evitar que el pueblo pueda comparar estas acusaciones con la realidad, se censura, limita y controla la informacin, o se miente con frialdad, como cuando se acus a ETA de las bombas del 11-M/2004 en Madrid. Estas y otras mentiras reiteradas siguiendo el principio de la repeticin teorizado por Goebbels, terminan siendo verdad para los sectores sociales ms atrasados. La prensa oficial ha abandonado ya toda argumentacin racional y contrastable, basada en hechos que pueden verificarse y debatirse, para mediante esa simplificacin poder culpabilizar, sealar con la mano e insultar a partes o a toda la izquierda revolucionaria vasca. A la vez, durante todo este proceso, la prensa oficial crea lderes en la izquierda abertzale cuando en realidad es conocido desde siempre que sta funciona colectivamente, siendo este uno de sus logros y a la vez una garanta de continuidad. Pero la prensa, cumplimiento las directrices del poder, se obstina en crear lderes buscando conseguir situaciones de crisis, debilidad y desconcierto en el independentismo cuando estos lderes son detenidos sucesivamente.

Adems, a estos lderes creados artificialmente la industria poltico-meditica opone los lderes de la democracia, profesionales de la poltica, asalariados del poder, carentes de toda independencia crtica y marionetas dirigidas desde otras instancias. La prensa busca as extender en Euskal Herria el sistema politiquero burgus, basado en el choque de individuos, de personalidades sin relacin alguna con las clases sociales, con el pueblo trabajador en suma por parte de la izquierda vasca y con la burguesa por parte de los profesionales de la sumisin. La prensa busca con ello ocultar la realidad clasista interna a la sociedad vasca y la realidad de opresin nacional que padece estructuralmente, para presentar slo un duelo electoralista entre sujetos aislados. Las ilegalizaciones sucesivas de las candidaturas democrticas e independentistas buscan, adems de otros objetivos, tambin el de aumentar la sensacin de que slo las personas tomadas aisladamente tienen alguna posibilidad poltica, debiendo demostrar en todo momento y previamente su inocencia, su no culpabilidad, que estn limpias de toda contaminacin abertzale cogida durante sus contactos con este amplio colectivo, que actan y piensa colectivamente.

Una vez asentada la individualizacin absoluta de quienes se enfrentan a la opresin, por el lado contrario, el del poder, se activa la posibilidad de un integracin en el orden, en el vagn de cola, como veamos, en la mayora obediente y disciplinada, que sigue fielmente al nuevo lder generoso y comprensivo. Si los luchadores se niegan a la reinsercin su destino no es otro que seguir los castigos represivos dentro de su estricta individualidad. Frecuentemente los reinsertados en la democracia terminan asumiendo todos sus principios autoritarios y restrictivos, volvindose contra sus antiguos compaeros, denuncindolos, combatindolos ideolgica, poltica y culturalmente, es decir en la materialidad prctica cotidiana. La capacidad de absorcin del sistema opresor queda as demostrada. La prensa airea cada caso de reinsercin, de arrepentimiento, como una victoria de la racionalidad y de sentido comn, y una derrota del fanatismo y de la irracionalidad. Las y los prisioneros son un objetivo especial en esta maniobra de arrepentimiento pues, al ser un colectivo referencial innegable en el presente y en la historia vasca, el sistema explotador necesita acabar con l como sea, debilitarlo en todo lo posible.

Si nos damos cuenta, el trato cientficamente planificado y ejecutado contra el colectivo de prisioneras y prisioneros es la sntesis y la quintaesencia del trato dado a la sociedad vasca en su conjunto. Sntesis porque expresa en una accin permanente y sistemtica todas las caractersticas de la doctrina de contrainsurgencia y de guerra psicolgica, y la quintaesencia porque lo aplica en espacios muy reducidos, totalmente controlados, como son las crceles. Todo sistema carcelario es un concentrado de los mecanismos punitivos y de los valores autoritarios de la clase dominante que desarrolla dicho sistema. Cuando a la explotacin social se le aade la opresin nacional, entonces el sistema carcelario que sufre el pueblo nacionalmente oprimido es especialmente duro, y esa dureza se aplica con especial saa contra las prisioneras independentistas. Es decir, la crcel es el concentrado de la opresin nacional, de sexo-gnero y de clase que opera en la calle, y las doctrinas contrainsurgentes operan dentro de esta visin total. Las advertencias, amenazas, disciplinas y castigos aadidos en las crceles a los presos especiales, son la aplicacin condensada en el tiempo y en el espacio de los mismos mtodos que se usan en la libertad, con el agravante cualitativo de que en la crcel la indefensin es absoluta. La industria de la manipulacin psicolgica de masas, lanza peridicas campaas contra los supuestos privilegios de las presas y presos vascos, y lo hace siempre que el Estado desea endurecer an ms las ya duras disciplinas carcelarias. Adems de orquestas esos nuevos ataques, de darles propaganda legitimadora, la industria poltico-meditica silencia la situacin real en el sistema carcelario.

Pero adems de esto, existen otras dos cuestiones esencialmente unidas al sistema carcelario que son sistemticamente ocultadas por la industria de la mentira. Una es la situacin de venganza primitiva y sdica que padecen las familias y amistades de las prisioneras y prisioneros, que deben realizan muy largos y agotadores viajes para realizar las visitas. La presin del poder espaol contra las familias es una muestra de su inhumanidad metdica y fra, capaz de reeditar en pleno siglo XXI las ms espeluznantes prcticas de la venganza oficial sobre personas inocentes, sobre nias y nios, ancianas y ancianos. Se trata de la perversa visin judeocristiana segn la cual los pecados de las personas los han de pagar durante decenios y hasta generaciones, sus familiares, sus descendientes, allegados y amistades. Es una visin sdica que apura la venganza hasta ms all de la ltima gota de dolor humano porque llega a plasmarse en medidas cruelmente sofisticadas que buscan adems del sufrimiento de la persona prisionera, tambin en el sus allegados. El trato que padecen las familias y amistades de las personas presas indica que la civilizacin ha desaparecido, o peor y verdaderamente, que la civilizacin burguesa opera en todo su letalidad. La manipulacin meditica sumerge esta realidad bajo un plomizo diluvio de silencio total.

Por ltimo, la otra cuestin no es otra que la deliberada negativa de la prensa --y de las instituciones de todo tipo, especialmente las autonmicas y regionalistas-- a posibilitar la mnima reflexin creativa sobre los efectos en la identidad y en la cultura vasca de los muchos decenios de crcel que llevan soportando nuestro pueblo. Es cierto que, alguna vez y para recuperar algo de prestigio, la prensa del PNV y del gobiernillo vascongado, ha montado alguna pequea exposicin sobre las crceles franquistas, pero muy restringida a sus intereses sectarios y colaboracionistas, parcial, descontextualizada y sobre todo, injusta para con la gran mayora de represaliados, detenidos, exiliados, encarcelados y muertos por las fuerzas represivas desde hace dos siglos, como mnimo. De lo que se trate, en suma, es abrir una reflexin colectiva sobre lo que, por un lado, ha dejado de progresar en libertad, derechos y potencialidades humanas nuestro pueblo, porque ha tenido y tiene que dedicar muchas fuerzas a combatir y vencer al sistema carcelario; y, por otro lado, cmo ha ido influenciado lenta e imperceptiblemente esa larga experiencia carcelaria en la construccin de la identidad vasca, teniendo en cuanta que las virtudes humanas inherentes a la lucha contra la opresin y las virtudes humanas necesarias para seguir la militancia emancipadora en el interior de las crceles, ambas virtudes y cualidades van unidas, por lo general, a una personalidad crtica, emancipada y creadora.

Esta ltima cuestin, que slo adquiere pleno sentido dentro de la totalidad de lo que significa y supone la crcel --y el exilio-- como momento en la vida libre, tiene una importancia mayor de lo que creemos a simple vista porque, a lo largo de los aos, decenas de miles de vascas y vascos comprometidos activamente con el futuro de su pueblo han dado los mejores aos de su vida, dedicndolos a formarse, a mejorar como personas libres. La memoria colectiva, y dentro de sta, la memoria militar de un pueblo, se sustenta en buena medida sobre estas y otras experiencias, y el trnsito de la memoria colectiva a la conciencia colectiva, de la memoria militar a la conciencia militar, este trnsito es inseparable de las experiencias vitales racionalizadas, depuradas y enriquecidas durante las largas horas del exilio y/o de la crcel. No es fortuito el que la prensa del sistema dominante se niegue en redondo a tolerar el ms mnimo resquicio de reflexin al respecto, mientras que presiona con todas sus fuerzas para imponer una nica versin del llamado problema de las vctimas.

7.- GUERRA DE BAJA INTENSIDAD Y PRENSA:

Visto lo anterior, podemos ahora pasar a una comparacin ms detenida de las similitudes entre la prctica represiva en Euskal Herria y las lecciones extradas por el profesor Pizarroso102 tras su estudio de la Primera Guerra del Golfo, en 1991:

1. La configuracin de una cobertura total a escala planetaria por la imagen monoplica estadounidense de la CNN (Global journalism).

2. La dependencia casi total de las imgenes proporcionadas por agencias militares bajo control del Pentgono.

3. La tendencia a editorializar la informacin paralelamente al plegamiento editorial de los medios periodsticos segn los intereses nacionales de seguridad.

4. La utilizacin de la guerra como espectculo o un negocio informativo.

5. La primaca de la imagen sobre la palabra en la cobertura de la guerra, ya sea a travs de la participacin en televisin o por medio del recurso periodstico a la infografa del ordenador, para ilustrar las maniobras militares.

6. Y el imperio meditico de la realidad virtual en la representacin informativa del conflicto. Todo ello asegurado y facilitado mediante el uso intensivo de la desinformacin y la propaganda, pero tambin de la ciencia social aplicada lo que permiti manipular la opinin general que dudaba sobre la necesidad de la invasin de Kuwait y que acab convirtindose en un s afirmativo unnime, por efecto intencional de la espiral de sondeos que pulsaron la opinin pblica.

Sobre el punto 1., hay que decir que si bien las televisiones y las radios espaolas, la prensa en general, ofrecen imgenes e informaciones diferentes en la forma, en el fondo propaganda un nico mensaje sustantivo. La razn de dicha diversidad accesoria hay que buscarla tanto en las pugnas no antagnicas entre el PP y el PSOE y en el afn del primero por desgastar al segundo, como en la propia naturaleza poltica de las industrias espaolas de la manipulacin informativa. Los dos grandes bloques sociopolticos tienen sus correspondientes instrumentos mediticos que asumen sus ideologas polticas y las defienden a capa y espada, quedando muy poco espacio para otros grupos intermedios, autonomistas y regionalistas. Otro tanto hay que decir con respecto a los punto 2 y 3., ya que existe una fuerte competencia econmica y poltica entre las industrias mediticas, y en sus respectivos grupos de redaccin de las editoriales de prensa escrita, de los informativos en la radiotelevisin y de lo que tienen que repetir como papagayos los tertulianos, los finos analistas especializados en la exageracin, la mentira y la acusacin infundada, conscientes de su absoluta impunidad.

Sobre el punto 4., la identidad entre la contrainsurgencia yanqui en Iraq, y en todo el mundo, y la realidad vasca, es total. Uno de los caladeros de hechos, noticias e informaciones ms rentables econmicamente es la llamada cuestin vasca. La tasa media de beneficio de la industria espaola de la manipulacin se resentir inmediatamente una vez que se reconozcan los derechos histricos de Euskal Herria. Desde ese momento, la industria de la mentira a gran escala y de las pequeas verdades y eufemismos, deber buscar urgentemente otras fuentes gratis de beneficios. Todos los especialistas en el problema vasco estarn al borde del despido y del paro, a no ser que encuentren otro chollo que les permita ocultar su ignorancia y carencia de escrpulos.

Sobre el punto 5., la identidad tambin es absoluta ya que desde hace mucho tiempo las televisiones se han lanzado a primar lo macabro, la sangre, el dolor, pero slo de una parte, en vez de reflejar todas las realidades de sufrimiento que existen en un conflicto de esta categora. A la vez, la prensa se niega sistemticamente a todo anlisis desapasionado, mnimamente objetivo y sereno, abierto a la reflexin colectiva, y se dedica a reforzar con acusaciones e insultos las sensaciones desencadenadas por las imgenes violentas repetidas hasta la saciedad. Las pugnas entre industrias de la mentira a las que nos hemos referido antes, hacen que sus equipos de televisin realicen verdaderas competiciones para estar los primeros en las detenciones, en las puertas de las casas, en las manifestaciones, preguntando a los vecinos, etc. Las conexiones internas que cada industria pueda tener con Interior, les sirven para llegar los primeros y obtener la primaca de la retransmisin en directo, como si fuera un circo romano, buscando multiplicar el doble beneficio econmico y poltico.

Sobre el punto 6 y ltimo, que en parte se basa en el anterior, en el 5., es idntico, sobre todo en la utilizacin de ciencia social aplicada, es decir, de la sociologa burguesa en sus reas de contrainsurgencia, de la que ya hemos hablado algo al leer la cita de Christopher Sipmson que ofreceW. Blum. Los expertos en manipulacin de los sentimientos, en crear mensajes emocionales y afectivos que lleguen directamente al subconsciente y al inconsciente, e incluso que exciten el irracionalismo y la irascibilidad autoritaria de las personas, estos expertos saben cmo mover la cmara, qu escenas gravas y transmitir, qu pblico buscar o crear mediante trampas y hasta sobornos, qu preguntas hacerles y cmo inducirles a que den determinadas respuestas, cmo cocinar esas respuestas y las imgenes antes de emitirlas por la televisin, etc., para construir la realidad objetiva que necesita la potencia ocupante, sea norteamericana o espaola.

Pasemos ahora a las tesis de Klare103 sobre la guerra de baja intensidad, y comparmoslas con la situacin vasca:

1.- La guerra de baja intensidad se caracteriza generalmente por una estrategia contrarrevolucionaria dirigida a defender los regmenes existentes y los intereses econmicos del orden social dominante en los pases aliados frente a los levantamientos y movilizaciones revolucionarias.

2.- La campaa contrainsurgente de intervencin incluye en la lucha contrarrevolucionaria formas militares y polticas de combate. En virtud del carcter social de los movimientos revolucionarios, las acciones militares de los Estados Unidos incluyen todas las formas posibles que puedan neutralizar el descontento pblico mediante iniciativas sociales, polticas y econmicas dirigidas a ganar las mentes y corazones a favor del gobierno aliado.

3.- La participacin militar comprende el despliegue de unidades y operativos especiales de lite, altamente adiestrados, con el fin de intervenir eficazmente en acciones quirrgicas que requieren el concurso y liderazgo de Estados Unidos.

4.- La naturaleza ambivalente de la guerra de baja intensidad favorece el recurso a una amplia gama de operativos militares alternando diferentes tipos de maniobras segn el contexto de intervencin.

5.- El desarrollo y aplicacin de la doctrina de la guerra de baja intensidad en el extranjero exige un tipo de accin militar rpida y eficaz, mediante el uso aplastante de la fuerza y la potencia de fuego.

6.- El exitoso y buen desempeo militar en la guerra exige una continua intervencin poltica en el plano militar, ganando la batalla en el frente civil mediante la lucha poltica y psicolgica que legitima la solucin de la fuerza militar como el mejor instrumento poltico para combatir las amenazas desestabilizadoras de los movimientos subversivos y sediciosos, a travs de una sofisticada e impactante campaa informativa, con objeto de modificar las actitudes pblicas educando a la ciudadana en los valores del orden y la seguridad nacional.

No hay nada fundamental que objetar o aadir al primer punto de Klare, excepto que Euskal Herria no es un pas aliado de los Estados espaol y francs, sino una pas ocupado y repartido por estos. Tampoco hay nada fundamental que objetar o aadir al segundo punto, excepto en el hecho de que en Euskal Herria ya se acabaron hace tiempo las iniciativas sociales de los Estados para ganar las mentes y corazones. Al contrario. Las pobres medidas de descentralizacin administrativa concedidas a finales de los 70 del siglo XX para obtener el apoyo de la burguesa vasca no slo estn sin cumplir en lo esencial sino que, adems, estn siendo desmanteladas para reforzar de nuevo la centralidad estatal espaola, mientras que el Estado francs no hace ninguna reforma. El tercer punto de Klare est confirmado en todos los sentidos por la alta especializacin de las fuerzas represivas operantes en territorio vasco, de la misma forma que tambin el cuarto punto. Adems, ambos, vienen facilitados por la cantidad de diferentes cuerpos policiales y militares, de inteligencia y espionaje que operan en diversos niveles pero siguiendo planes centralizados. El quinto punto se confirma no slo en los operativos represivos selectos, sino tambin en las represiones de manifestaciones masivas, intervenciones que se realizan en amplias zonas urbanas lo que exige una adecuada militarizacin de los cuerpos policiales y militares, de su equipo y entrenamiento para la accin en el medio urbano-industrial denso y extenso.

El sexto punto de Klare parece que est redactado pensando en la realidad vasca. La intervencin poltica en el plano militar fue una realidad manifiesta desde los ltimos tiempos del franquismo y desde los primeros de la llamada transicin, cuando el gobierno de UCD elabor los primeros planes contrainsurgentes, que luego seran ampliados y mejorados por los gobiernos sucesivos del PSOE y del PP. Desde entonces siempre ha estado operando una sofisticada e impactante campaa informativa, con objeto de modificar las actitudes pblicas, como venimos analizando a lo largo de este texto. Uno de los objetivos en la bsqueda de los corazones y mentes llega a niveles tales como las campaas para aumentar el prestigio de las fuerzas militares y policiales, tan desprestigiadas y deslegitimadas en el pueblo vasco; otro objetivo es el de crear una imagen del nacionalismo espaol como compatible con los principios democrticos, algo negado por la historia y el presente del Estado espaol, y, por no extendernos, un tercero es el de asentar la creencia de la naturaleza fascista de la izquierda revolucionaria vasca, y por extensin de quienes de algn modo asumen los principios democrticos elementales por los que lucha esta izquierda.

Luego, F. Sierra Caballero104 contina afirmando que ocho puntos caracterizaran en principio la nueva perspectiva de lucha contra la insurgencia en trminos de estrategia militar:

1. El enfoque de corazones y mentes, cuyo objetivo ser conquistar la voluntad de la poblacin ms que la ocupacin militar de territorios.

  1. El moderado uso administrativo de la fuerza militar asumiendo la idea de que las matanzas pueden ganar las batallas, pero al final perder la guerra.

  2. El trabajo de inteligencia acerca de las condiciones polticas, sociales, econmicas y culturales para tomar en cuenta las caractersticas del contexto de intervencin.

  3. La estrategia de construccin nacional, basada en el establecimiento de un sistema social alternativo que haga frente a las desigualdades e injusticias sociales en el origen de la guerrilla mediante reformas parciales.

  4. La modernizacin y capacitacin de las fuerzas locales aliadas para ganar el apoyo y prestigio nacional entre la poblacin en aras a la participacin en los proyectos de construccin nacional segn la direccin poltica de la guerra.

  5. El enfoque regional de los conflictos, frente a la perspectiva militar localista.

  6. La coordinacin dinmica de las diversas fuerzas armadas, as como de las agencias de inteligencia civil, de ayuda y desarrollo, y los sistemas de informacin.

  7. La poltica informativa de control, censura, desinformacin y propaganda para lograr el apoyo de la poblacin norteamericana y de la poblacin extranjera durante las estrategias de contrainsurgencia en busca de la confusin de la opinin pblica, opuesta a la guerra sucia en otros pases.

Sobre la primera cuestin, la de los corazones y mentes, tenemos que decir que a comienzos del siglo XXI y tras un tercio de siglo de retrocesos en las libertades y derechos, que el Estado espaol ha desistido, por ahora, de intentar ganar las mentes y los corazones de la poblacin vasca, limitndose a una doble tarea: mantener una serie de promesas que nunca se cumplirn pero que permiten a la burguesa autonomista seguir con el cuento de la colaboracin con el Estado para avanzar poco a poco; y, como hemos dicho, intentar recuperar el nacionalismo espaol --y francs-- dentro de Euskal Herria mediante el permanente llamamiento a las partes de la poblacin de origen estatal, que an no han aceptado plenamente la realidad vasca, que siguen sintindose parcial o totalmente espaola. La cuarta cuestin, la de la construccin nacional, est directamente relacionada con esta ya que chocan abiertamente dos modelos opuestos de nacin: la independiente, euskaldun y socialista, y la autonomista, troceada y supeditada en todo al Estado espaol, o sea, una regin histrica o nacionalidad a lo sumo dentro la nacin espaola. La solucin de las reivindicaciones sociales, imposible dentro de toda sociedad y nacin burguesas, slo ser posible en el modelo independentista, socialista y euskaldun de nacin vasca, de la Repblica Socialista Vasca, nunca dentro de la nacin espaola. La quinta cuestin, sobre el papel de las fuerzas locales, responde al segundo modelo, al dependiente del exterior, al que convierte a la nacin vasca en un apndice secundario de la nacin espaola.

Sobre la segunda cuestin, es cierto que las matanzas no son bien vistas desde el cinismo de la propaganda estatal, que necesita mantener la apariencia democraticista pero esto no anula que, primero, vuelva a recurrir a determinados grados de matanza cuando sea necesario y, segundo, que ha compensado la necesidad del recurso a la matanza mediante golpes represivos ms dosificados, el apoyo de la prensa, etc. La tercera cuestin, el papel de los servicios de inteligencia, es una de las razones que explican este cambio de mtodo. Todo Estado dispone de las oficinas de expertos en ciencias sociales, con sus universidades, institutos, centros y entidades de todo tipo. Tales expertos funcionan en base a programas de medio y largo plazo, analizando multitud de encuestas, sondeos, datos, informes, es decir, toda la informacin cuantitativa que puede reunir con los aparatos y burocracias de que dispone. Pero otra cosa es la efectividad ltima de todo ello. La sptima cuestin, sobre la coordinacin de las diferencias fuerzas de orden, tambin se integra en este conjunto de aparatos con relativa autonoma pero centralizados estratgicamente por el Estado.

Por ltimo, la sexta y octava cuestiones son diariamente aplicadas por el Estado espaol a escala internacional y en su propia interior. Las doctrinas de contrainsurgencia tambin se aplican en algunos de sus captulos dentro del Estado, en especial contra las naciones oprimidas, contra los Pasos Catalans, Galiza, etc., aunque por menos virulencia que contra Euskal Herria, por ahora.

Para concluir con las aportaciones de este investigador105, y recurriendo a otro libro suyo, leamos estas palabras: Las operaciones psicolgicas (PSYOP) de las fuerzas especiales comprenden, a este respecto, el recurso a estrategias de informacin, propaganda y desinformacin a todos los niveles. La instrumentalizacin meditica admite grados y escalas diferentes de manipulacin, control, censura y desinformacin, conforme a la intensidad del conflicto y la escalada militar en el continuun de gradacin de la guerra a la situacin de paz, mediante la propagacin de los intereses militares en la prensa, los medios audiovisuales, los lderes de opinin e incluso la comunicacin interpersonal cara a cara, a fin de influir en el conjunto de las audiencias y lograr:

1) El desarrollo a largo plazo de los objetivos estadounidenses, influyendo en las actitudes de la poblacin de forma determinante.

2) El control militar de las instituciones y de los poderes polticos nacionales y las agencias civiles bajo la supervisin del ejrcito y la Agencia de Informacin de los Estados Unidos a travs del establecimiento de la Junta de Estado (JCS)

3) La efectividad de las campaas de planeacin informativa desarrolladas por los tcnicos de la divisin PSYOP en diferentes segmentos especficos de audiencia.

4) La penetracin de las tcnicas audiovisuales entre diferentes grupos de poblacin (target) y la difusin de los mensajes planeados para promover el respaldo o la neutralidad amistosa de las audiencias durante la misin militar, al fin de evitar las resistencias y oposiciones al cumplimiento de sus objetivos tcticos y estratgicos de guerra psicolgica.

Hemos desarrollado suficientemente, teniendo en cuenta las limitaciones de esta ponencia, las aplicaciones a la situacin vasca de otros puntos y principios idnticos a los que acabamos de leer, as que no nos repetiremos.

8.- FRACASO DESDE EL PLAN ZEN HASTA AHORA:

Antes de seguir conviene recordar algunos principios del Plan Zona Especial Norte, que est a disposicin en Internet en sus lneas maestras bsicas. De cualquier modo, entre los muchos textos de incuestionable vala crtica al respecto, lase el Jess Prieto106.

En cuanto al Plan ZEN hay que decir que fue presentado oficialmente en febrero de 1983:

Este Plan, integrado dentro de otro ms general en el que se atienda a nivel nacional la problemtica que en todo Estado plantea la seguridad ciudadana, trata de enfrentarse con la realidad y peculiaridades del Pas Vasco y Navarra. Sus lneas generales ofrecen una estructura con la que se pretende alcanzar ahora unos objetivos, definidos en este momento, pero lo suficientemente amplios y flexibles como para que puedan adaptarse a medida que las circunstancias lo vayan exigiendo o la situacin lo requiera. Los objetivos ltimos del Plan, objeto de anlisis, son los siguientes: -Potenciacin de la lucha contraterrorista en todos los campos: poltico, social, legal y policial. -Alcanzar la mxima coordinacin entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con otras Instituciones empeadas en la erradicacin de la violencia. -Compatibilizar las misiones generales de los Cuerpos de la Seguridad del Estado en la Zona Especial con las especficas que precisa para hacer frente a la problemtica planteada. -Conseguir la permanencia en la Zona Especial del personal de los Cuerpos de Seguridad del Estado y darle la adecuada formacin para que cumplan su misin con eficacia, proporcionndole los medios materiales y tcnicos para tal fin. -Realizar acciones encaminadas a concienciar a la poblacin vasca de que la desarticulacin del aparato terrorista conlleva una mayor seguridad pblica y una mejor defensa de las tradiciones vascas."

Otras caractersticas suyas son:

-Aislar a los terroristas y, para ello, fundamentalmente a travs de los medios de comunicacin, deben denunciarse los daos ocasionados por la accin terrorista, al mismo tiempo que debe realizarse una campaa que favorezca al cambio de imagen de la polica. -Tratar de romper la solidaridad comunitaria en el seno de la sociedad civil por todos los medios disponibles: comunicacin, presin social

-Atribuir, en los xitos policiales que se obtengan, parte del mrito a la colaboracin ciudadana.

-Conseguir que se publiquen peridicamente en rganos de difusin vasca comentarios, entrevistas, etc. de lderes polticos, culturales, religiosos, deportivos, etc. que reflejen: el respeto por las opiniones ajenas; que a nadie se le puede arrebatar la vida por sus ideas; el respeto por los Derechos Humanos, por la Constitucin, el inters por la convivencia pacfica, etc.

-Influir para que ETA aparezca lo menos posible en los medios de comunicacin, centrando todas nuestras intervenciones en la paz y el bienestar del pueblo y no en el terrorismo. -Realizar campaas de contra-informacin sobre el impuesto terrorista.

-Presionar a los que pagan y a las autoridades de otras naciones que lo facilitan. -Dar informaciones que personalicen a los terroristas y a sus confidentes.

-Dar a conocer datos reales que faciliten la mxima difusin de la informacin sobre acciones terroristas que hayan provocado algn dao a personas o a sus bienes, evitando crear temores.

-Provocar ms desprecio que miedo.

-Dar informaciones peridicas a travs de terceros (diarios o semanarios bajo influencia) o potenciar las que surjan para que difundan informacin sobre conflictos entre los terroristas, sus ideologas extraas, sus negocios, sus costumbres criticables, etc.

-Basta que la informacin sea creble para que pueda ser explotada.

-Difundir en los medios de comunicacin todas las acciones realizadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado que hayan trado beneficios directos para los ciudadanos, incluso como publicidad pagada en los medios dispuestos a difundirla

-Repetir constantemente la idea de fondo: la polica realiza acciones de violencia por ser un impedimento para quienes pretenden imponer por la fuerza un sistema contrario a la tradicin cultural vasca y al respeto por la libertad y por los derechos de los dems. -Potenciar o premiar la publicacin de reportajes en los diarios vasco-navarros que pongan en evidencia los beneficios que reciben los otros pueblos de Espaa y los hechos histricos o culturales comunes.

-Facilitar la informacin a travs de un folleto en la prensa sobre la realidad terrorista y los daos que provocan a la poblacin del sudoeste francs para estimular su rechazo frente a los terroristas y su apoyo a las acciones de cooperacin de sus autoridades con las espaolas. -Subvencionar un buen folleto, La Verdad sobre la Nueva ETA, con opiniones de vascos, lderes en la poltica, el arte, la cultura, la economa, etc. en que se ponga en evidencia: el dao que estn provocando al pueblo vasco; la incompatibilidad con los valores tradicionales vascos; su desvinculacin de la antigua ETA; la historia delictiva de los ltimos aos. Todo muy ilustrado y atractivo, con ediciones en castellano, euskera y francs, y procurando una distribucin masiva.

-Acciones en los medios de comunicacin social mediante la difusin de noticias falsas, empleo de una semntica que no favorezca al grupo terrorista, etc."

Recordemos que el Plan ZEN fue oficialmente elaborado a finales de 1982 y comienzos de 1983, aunque lo ms probable es que fuera realizado por un colectivo de especialistas en contrainsurgencia asesorado por oficinas internacionales. Recordemos que el PSOE estuvo en el gobierno nada menos que 14 aos consecutivos en su primera fase, y que ahora lleva otros cuatro aos, es decir, 18 aos para aplicar este Plan tanto en su redaccin inicial como con las mejoras y aadidos que se le han ido haciendo. A estos aos hay que sumarles los 8 aos de gobierno del PP ya que, en realidad, este partido de extrema derecha, neofascista con componentes fascistas, continu con las lneas centrales ideadas por el PSOE.

En este cuarto de siglo transcurrido desde entonces hasta ahora, el Plan ZEN slo ha cosechado una victoria: aumentar el dolor del pueblo vasco, pero muchas derrotas, entre la que destaca el haber convencido a cada vez ms amplios sectores de la poblacin vasca que la maniobra descentralizadora ha fracasado y que es urgente comenzar una nueva fase histrica. Hace un cuarto de siglo, esta tesis era solamente defendida por la izquierda independentista, hoy es asumida por la mayora del pueblo vasco.

El fracaso histrico de los medios de guerra psicolgica, de la produccin de desprecio y de miedo, de la manipulacin sistemtica, de la difusin de noticias falsas, del ataque contra la solidaridad comunitaria sustancial a nuestro pueblo, semejante derrota histrica nos exige un espacio de anlisis que desborda los estrechos lmites de esta charla y del debate posterior. As que propongo al colectivo aqu presente que la siguiente charla-debate sea sobre las razones de esa derrota para extraer las lecciones que nos permitan acelerar nuestra liberacin socialista y euskaldun, adems de antipatriarcal, mediante un Estado obrero independiente en el marco de una Repblica socialista vasca.

1 Pepe Rei: Colegas, edit. Txalaparta. Tafalla 1998. Pg.: 100

2 J. A. C. Brown: Tcnicas de persuasin. Alianza Editorial. Madrid 1984. Pg.: 279.

3 Eulalio Ferrer Rodrguez: "De la lucha de clases a la lucha de frases". Taurus, Mxico 1995, pg 50.

4 Carlo M. Cipolla: Las mquinas del tiempo y de la guerra. Crtica. Barcelona 1999.

5 Roco Silva Santisteban: El saber-mercanca. www.lainsignia.org Per. Mayo del 2007.

6 Federico Lara Peinado: La Civilizacin Sumeria. Historia 16. Madrid 1999. Pg.: 151.

7 Prudente M. Rice: Mujeres y produccin cermica en la prehistoria. En En Arqueologa y teora feminista. Edit. Icaria. Barcelona 1999. Pgs.: 215-231.

8 Rita P. Wright: Tecnologa, gnero y clase: Mundos de diferencia en Mesopotamia en el perodo de Ur III. En Arqueologa y teora feminista. Edit. Icaria. Barcelona. Pg.: 173.

9 Gerda Lerner: "La creacin del patriarcado". Crtica. Barcelona 1990. Pgs 122-156.

10 Pepe Rodrguez: Dios naci mujer. Edic. Sinequanon. Barcelona 1999. Pg.: 293.

11 Norma Ferro: El instinto maternal o la necesidad de un mito. Sigklo XXI. 1991. Pg.: 69.

12 D. P. Barash y Judith Eve Lipton: El mito de la monogamia. Siglo XXI. 2003. Pgs.: 258 y ss.

13 Jess Mostern: El pensamiento arcaico. Alianza Editorial. Madrid 2006. Pgs.: 230-231.

14 Jacques Attali: Historia de la propiedad. Planeta. Barcelona 1989. Pg.: 46.

15 Csar Vidal: Enciclopedia de las religiones. Planeta. Barcelona 1997. Pg.: 119-120.

16 AA.VV: Brahmanismo. En La Enciclopedia. Salvat. Madrid 2003. Tomo 3. Pg.: 2053.

17 Acharya S: La conspiracin de Cristo. La mayor ficcin de la historia. Aldemar. Madrid 2005. Pg.: 597.

18 Alfred Sohn Rethel: Trabajo intelectual y trabajo manual. El Viejo Topo. Barcelona 1979. Pg.: 196.

19 Aristteles: Poltica.Nueva Biblioteca Filosfica. Madrid 1933. Pg.: 28.

20 Yvon Garlan: La Guerra en la Antigedad. Aldebarn. Madrid 2003. Pg.: 30

21 Sun Tzu: El arte de la guerra. Edit. Fundamentos. Madrid 1974. Pg.: 161.

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