Portada :: Cuba :: Absuelto por la historia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2008

El retorno de Fidel

Atilio Born
Pgina 12


Si algo haca falta para ratificar por ensima vez que Fidel es un personaje histrico universal, como dira Hegel, y por aadidura uno de los pocos estadistas que quedan en el mundo, lo prueba el fenomenal impacto que tuvo la difusin del mensaje en el cual el lder cubano anunciaba que ni aspirara ni aceptara ocupar nuevamente los cargos de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe. Al promediar la tarde un sencillo recuento en el buscador Google en espaol e ingls revelaba que ya haba cerca de medio milln de pginas referidas a la decisin del gobernante cubano, una cifra absolutamente inalcanzable por cualquier declaracin formulada por la inmensa mayora de los polticos y gobernantes del mundo entero. Por supuesto, esta conmocin mundial sirvi para excitar la imaginacin de quienes vieron en este acto el inicio de un proceso de apertura en Cuba, vagusima nocin bajo la cual se oculta la precisa ambicin de instaurar en la isla un rgimen poltico calcado del modelo norteamericano. Es decir, un bipartidismo en donde quien recauda ms fondos gana las elecciones para luego gobernar a favor de sus financistas; o como en Italia, donde gracias a ese modelo puede triunfar un producto del bajo fondo como Berlusconi, de quien la conservadora revista The Economist hace rato viene diciendo que debera estar en la crcel; o como en Espaa, donde puede hacerlo un poltico de la poca de Torquemada como Rajoy, capaz de agitar los esperpentos mentales que an hoy oprimen el alma de un amplio sector de la sociedad espaola sumida en los vapores de la Inquisicin.

Entre los exaltados aperturistas figuran prominentemente los tres precandidatos de los Estados Unidos, en una desaforada carrera para ver quin mejor se congracia con los srdidos personajes que manejan la clientela electoral de Miami. La esperanza negra de los progres de Amrica Latina y Europa, Barack Obama, dijo que el da de hoy debera marcar el fin de una era tenebrosa en Cuba. Y confirmando que en materia de poltica exterior las diferencias ya ni siquiera son de retrica, para no hablar de sustancia, Hillary Clinton celebr el fin de 58 aos (sic!) de one-man rule en Cuba y en un alarde de sensatez aconsej a los cubanos a que se inspiraran en las ejemplares lecciones aportadas por las recientes elecciones en Paquistn y la declaracin de la independencia (lase: secesin) de Kosovo. John McCain, para no desentonar en esta grotesca cacofona de disparates, declar que Estados Unidos puede y debe acelerar el encendido de la chispa de la libertad en Cuba, seguramente como tan felizmente lo hiciera en Irak y Afganistn. No sorprende, por lo tanto, que la nave de la revolucin cubana siga su curso impertrrita ante tantos dislates; o que su institucionalidad le haya permitido absorber sin sobresalto alguno la salida de Fidel del gobierno y su reemplazo por Ral; y que aqul pueda regresar ahora para dedicarse, con el empeo que pone en todos sus actos y la sabidura adquirida a lo largo de los aos, a librar la crucial batalla de ideas que tanto necesita no slo nuestra regin sino una humanidad cuya supervivencia, segn Noam Chomsky, se encuentra seriamente amenazada por una catstrofe capaz de poner fin a toda forma de vida en nuestro planeta.

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