Portada :: Cuba :: Absuelto por la historia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2008

Tras la renuncia a sus cargos pblicos
Cuba ms all de Fidel

Joseba Macas-Jos Miguel Arrugaeta
Gara / Rebelin


Era una noticia previsible pero no por ello menos impactante. Cuando en la madrugada de ayer aparecan en Cuba los primeros ejemplares del diario Granma con el mensaje de Fidel Castro anunciando su renuncia definitiva a la presidencia del Consejo de Estado y al cargo de Comandante en Jefe de la Revolucin, todos los medios de comunicacin mundiales han vuelto a situar su particular microscopio analtico en este Archipilago del Caribe. Pero una vez ms se han encontrado con un pueblo que sigue normalmente su vida cotidiana consciente, eso s, de que se estn viviendo momentos histricos y que slo ellos-as mismos-as, los ciudadanos cubanos-as, van a ser los verdaderos protagonistas de su propia historia. Un ejercicio, por lo dems, que vienen practicando desde hace ya cincuenta aos ms all de los silencios occidentales.

En su anteltimo mensaje pblico, fechado el pasado viernes 15 de febrero, Fidel Castro anunciaba una prxima reflexin con un tema de manifiesto inters para sus compatriotas. No ha defraudado. La renuncia definitiva de sus cargos pblicos no por esperada deja de tener menos importancia, aunque hace ya muchos meses que la realidad de la Revolucin discurre por unos senderos distintos pese a las permanentes especulaciones occidentales. La enfermedad y larga convalecencia del Comandante haban llevado a la repblica caribea a una situacin de gobierno provisional con la delegacin de poderes en el Vicepresidente del Consejo de Estado, Ral Castro, una interinidad que se vena prolongando desde julio de 2006. A lo largo de estos diecinueve meses lo ms significativo, sin duda, ha sido la continuidad y estabilidad del poder poltico unido a una absoluta normalidad social interior, en contra de la opinin (y los deseos) de buena parte de los analistas y expertos extranjeros, Paralelamente a este clima general, se ha venido desarrollando un intenso debate interno, con muy poca visibilidad exterior (salvo el cuando menos curioso montaje meditico en la Universidad de Ciencias Informticas) en el que millones de ciudadanos-as han venido practicado un apasionante ejercicio colectivo en claves de transformacin y perfeccionamiento del propio proceso revolucionario. En este contexto habra que situar, por ejemplo, la discusin en torno al llamado Quinquenio Gris (la nefasta poltica cultural de los aos 70), las asambleas abiertas sobre la situacin general del pas convocadas a raz del pasado 26 de Julio (en el que han participado, segn cifras oficiales, algo ms de cuatro millones de personas) o el proceso previo al Congreso de la Unin de Escritores y Artistas (UNEAC) que se celebrar en las prximas semanas. Nada de esto parece ser noticia para los grandes medios de comunicacin occidentales que, una vez ms, vuelven a transmitirnos una visin simplista y marcadamente tergiversada de la compleja realidad cubana.

Un Guin Equivocado.

El argumento prefijado nos va situar ahora ante un escenario claramente previsible, segn esta particular forma de informar sobre la Revolucin cubana y sus designios: en los prximos das asistiremos a una verdadera cascada de especulaciones sobre las supuestas diferencias de criterio entre Fidel y Ral, sus conocidas divergencias histricas, sus diferentes concepciones respecto a los modelos econmicos, sus contradictorias personalidades Unos mensajes que, salvo matices temporales, se vienen reproduciendo dcada a dcada y que, entre otras virtudes, consiguen sistemticamente desviar la atencin pblica internacional impidiendo vislumbrar lo que los cubanos-as sitan, con su habitual gracejo y originalidad, detrs de la fachada.

Lo primero que conviene sealar, para evitar equvocos, es que Fidel Castro sigue siendo hoy el lder histrico e indiscutible de la Revolucin cubana, un papel simblico que continuar desempeando mientras viva. Cul sera la razn de esta consideracin? Fundamentalmente, que su poder e influencia social no est regido solamente por el ordenamiento jurdico sino, muy especialmente, por la legitimidad que le otorga haber llevado adelante una revolucin social y una amplia serie de transformaciones profundas a lo largo de cinco dcadas de historia de su pas. Su opinin y orientaciones, lo hemos podido ver en estos ltimos diecinueve meses, siguen siendo esenciales para cualquier agenda de transformaciones o de reformas internas. Y eso todo el mundo lo sabe en Cuba. Como tambin es ampliamente conocido, aunque convenga recordarlo, que los debates e iniciativas sobre posibles y necesarios cambios en la articulacin social y econmica de la Repblica se estn desarrollando bajo unos parmetros absolutamente mayoritarios de adaptacin y mejoramiento del sistema social vigente. Nada que ver, en definitiva, con esa particular transicin con la que tanto suean y especulan el gobierno estadounidense, buena parte de las cancilleras europeas y los grandes intereses econmicos y mediticos.

Tiempo de cambios.

Tras un largo proceso electoral prolongado en casi cuatro meses, este domingo 24 de febrero se constituir la Asamblea Nacional del Poder Popular. Entre sus numerosas funciones, adems de nombrar a las mximas autoridades del pas (presidente del Consejo de Estado y de Ministros, presidente y vicepresidente de la propia Asamblea, etc.) se encuentra la atribucin de discutir y aprobar cualquier cambio econmico, social o poltico de importancia. Y aqu habra que situar la verdadera noticia para el futuro inmediato de la Revolucin: la enorme responsabilidad que esta institucin tiene por delante en un momento de excepcional significacin para la nacin cubana.

Los resultados del recin concluido proceso electoral han vuelto a confirmar que la Revolucin sigue contando con un importante y ampliamente mayoritario consenso. Con todo, junto a este apoyo general, es reseable la existencia de altos niveles de descontento e insatisfaccin social respecto a numerosos temas del funcionamiento cotidiano, como se ha podido constatar en las decenas de miles de asambleas desarrolladas en los ltimos meses a lo largo y ancho del pas. Los cubanos-as han manifestado sin disimulo su descontento por cuestiones como la escasez y el mal estado de la vivienda, el transporte insuficiente, las limitaciones de un salario con reducida capacidad adquisitiva, los altos precios y la doble circulacin monetaria que deforman la estructura social, la extensin de la corrupcin con la consiguiente deformacin de valores, el mantenimiento de multitud de regulaciones que limitan muchos derechos ciudadanos y econmicos, la pobreza de una prensa encorsetada y acrtica o la escasez de espacios donde desarrollar un ocio asequible a diferentes edades e inquietudes.

Como podemos observar, no es exagerado afirmar que tanto el Parlamento que toma posesin este domingo y las mximas autoridades ejecutivas que sean elegidas por esta institucin, tienen por delante la difcil tarea de cubrir las expectativas de una mayora de la ciudadana que reclama cambios, transformaciones y rectificaciones que redunden en una manifiesta mejora de sus niveles de vida y de sus expectativas sociales. Todo ello posibilitar, sin duda, un apoyo poltico ms slido a la Revolucin, con o sin la presencia de Fidel.

En definitiva es en este mbito, el de las transformaciones desde el interior y hacia el interior de la sociedad, donde se sitan las verdaderas claves del futuro de la Revolucin y del socialismo en Cuba. Una realidad que no va a propiciar grandes titulares, medidas espectaculares a corto plazo o sorpresivos cambios de personas. En realidad, el debate vital y democrtico sobre el presente y futuro de Cuba se viene desarrollando desde hace ya tiempo y es precisamente en esa dinmica donde reside el ejercicio real y consciente de la soberana y de la independencia de la Isla. Porque, digan lo que digan, ste no es un debate sobre Cuba, sino en Cuba y entre cubanos-as.



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