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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2008

Algunos escenarios posibles
Para dnde va la Revolucin Bolivariana?

Marcelo Colussi
Rebelin








    Luego de la derrota electoral de la Revolucin Bolivariana el pasado 2 de diciembre, todo el proceso poltico que se vive en el pas entr en un perodo de redefiniciones.

    Lo que estaba en juego en ese momento era algo muy importante, sin dudas: una reforma de la carta magna no es cosa de todos los das. De todos modos, la relevancia de esa eleccin no estuvo tanto en lo que la poblacin elega ese domingo en concreto. Si alguien pens que la aprobacin de la reforma sometida a escrutinio popular conduca al socialismo, se equivoc; el socialismo es un proceso infinitamente ms complejo que un texto constitucional, es algo que no se decreta en un papel o en una sala parlamentaria. Por tanto, que hubiera ganado la propuesta del S no nos llevaba en forma automtica a cambios revolucionarios en la estructura socioeconmica de la sociedad ni en la conciencia de la poblacin. Quiz ayudara, pero eso no es el socialismo. La profundizacin de la revolucin podra hacerse, incluso, en los marcos de la actual constitucin de 1999 vigente. Lo que define un cambio revolucionario en una sociedad son las relaciones de fuerza entre las clases, cosa que no se decreta por ley. La importancia tan grande de lo que sucedi ese 2 de diciembre estuvo dado en que la Revolucin perdi esa batalla y en el significado poltico posterior de ese hecho.

    Fue la primera derrota electoral de todo el proceso encabezado por Hugo Chvez en nueve aos, luego de diez triunfos consecutivos en distintas instancias: elecciones presidenciales, legislativas, de gobernadores, de alcaldes, referndum revocatorio; pero esa nica derrota tuvo un impacto enorme.

    La Revolucin Bolivariana prosigue ms all de este hecho: no se perdi el control poltico del Estado. Pero fue una prueba de fuego seguramente inesperada de cmo estn las correlaciones de fuerza en Venezuela. Y ello abri la necesidad de replanteamientos urgentes desde el discurso del gobierno. El resultado del referndum mostr que, en alguna medida, haba un triunfalismo excesivo en el campo del bolivarianismo, haba algo de "castillo de naipes" en la construccin del proceso revolucionario. Mostr tambin que la poblacin siempre est divorciada del Estado en una sociedad de clases, que los "polticos profesionales" tienen una lgica distinta enfrentada incluso a las masas. Y mostr una vez ms, de forma inequvoca, que la lucha de clases est al rojo vivo en este momento de la historia del pas, porque cada vez que se pretende avanzar en reivindicaciones populares, las fuerzas conservadoras (oligarqua nacional o imperialismo de Estados Unidos a lo que se podra agregar: tambin "nuevos ricos" bolivarianos?) reaccionan de modo feroz. Eso se vio en la campaa monumental que se hizo para contrarrestar la reforma (que se supona abra caminos hacia el socialismo), pero ms an, se vio en lo que pas a partir del 3 de diciembre: habiendo ganado este round (slo una de once elecciones, muy poco porcetualmente si se quiere, pero muy importante en otro sentido), la derecha se sinti retomar la iniciativa poltica, y el ataque durante los meses inmediatamente siguientes al referndum arreci, mostrando que, sin dudas, seguir arreciando durante todo el 2008, por cierto ao con decisivas elecciones en alcaldas y gobernaciones en el prximo diciembre.

    De alguna manera esa eleccin del 2 de diciembre ha quedado como una divisoria de aguas: marc el momento hasta donde lleg el mayor avance del movimiento bolivariano y el experimento de "revolucin bonita" del presidente Chvez revolucin, o mejor an: proceso poltico multiclasista con un horizonte socialista y un punto crucial de inflexin: desde el punto al que se lleg o se avanza realmente hacia el socialismo, o se comienzan a perder los avances logrados estos aos.

    Mucho se ha dicho ya sobre las causas de estos resultados en el referndum. Sin nimo de repetir eso, partiendo slo de la base que lo sucedido se debe a una sumatoria compleja de factores (guerra meditica sin par de la derecha, ataque de la contrarrevolucin por medio de mecanismos como el sabotaje econmico con desabastecimiento e inflacin, ideologa capitalista hondamente arraigada an en la poblacin, burocratizacin en las estructuras del Estado que dan como resultado un pobre rendimiento en la gestin de gobierno al que las bases le pasaron factura, falta de vanguardia revolucionaria, ms all del lder carismtico, y ausencia de partido poltico con clara ideologa de cambio el PSUV no lo es, y como van las cosas muy probablemente nunca lo sea, proceso poltico basado slo en una persona sin participacin real de las masas en la toma de decisiones, etc. etc.), todo ello abre varios posibles escenarios a partir de ahora.

    Como mnimo, podran delinearse estos tres: 1) el proceso se radicaliza y se construye un verdadero poder popular con un Estado revolucionario que comienza a emprender tareas socialistas pendientes hasta ahora, con la figura del lder histrico encabezando esa radicalizacin; 2) el proceso se estanca, se burocratiza ms an y la llamada "derecha endgena" (empresarios bolivarianos) pasan a controlar tanto el aparato de Estado (con el manejo del petrleo) como el PSUV. Hugo Chvez es parte de esa involucin tambin; 3) la Revolucin Bolivariana es desplazada del poder y la derecha tradicional, apoyada por Washington, retoma su protagonismo poltico. Ello podra ocurrir en las prximas elecciones presidenciales en el 2012, pero todo indicara que la estrategia del imperio es volver a manejar lo ms rpidamente posible estas reservas petroleras y cortar de raz las iniciativas integracionistas que se estn dando con el ALBA y con una Venezuela "molesta", por lo que buscaran terminar antes el actual proceso sin esperar esos futuros comicios. Descartando en principio una intervencin militar directa de Estados Unidos, o incluso un golpe de Estado cruento por sectores de las fuerzas armadas no-chavistas, la estrategia podra ser jugar al desgaste y a la implosin de la Revolucin Bolivariana. Instrumentos para lograrlo no le faltan, y de hecho esa estrategia ya est funcionando a toda mquina.    

Escenarios posibles

1) El pueblo al poder: socialismo del siglo XXI?

    La primera reaccin de una buena parte de la poblacin chavista en el mismo momento de conocerse los resultados del referndum fue pedir "limpieza". Limpieza de tantos cuadros en la direccin del aparato de Estado disfrazados de revolucionarios, de tantos burcratas que frenan los cambios, de tantos oportunistas que vienen obstruyendo el verdadero avance de la revolucin, causantes para el sentir popular de esa derrota. Ese sentir popular espontneo que sin dudas no se equivocaba fue buscar promover una transformacin de raz en una maquinaria que se descubre ineficiente por todos lados, cada vez ms, con un tufillo a corrupcin que ya no se hace posible ocultar. La reaccin del presidente Chvez fue reconocer que "por ahora" no se haba podido triunfar con la reforma, pero que la lucha revolucionaria segua. Como parte de la misma, rpidamente entonces apareci la necesidad de revisar, de evaluar crticamente lo hecho hasta ahora para reorientar el proceso en marcha. De ah surge su propuesta de las 3R (revisin, rectificacin y reimpulso). Pero junto a ello tambin vino el llamado a detener un poco la velocidad en la marcha de los cambios, en el entendido que se estaba yendo demasiado rpido. Congruentemente con ello vino tambin su llamado a buscar alianzas con otros sectores sociales y su invitacin a la "burguesa nacional" a sumarse a este proceso. En ese marco "reconciliatorio" apareci su no muy oportuna ley de amnista para muchos de los golpistas del 2002 y la liberacin de los precios de muchos productos de la cesta bsica. Dado su gigantesco peso moral en la poblacin, si bien en algunos pueden haber causado escozor estas declaraciones y medidas concretas, su figura no se empa por ello y la amplia mayora popular no dej de tenerlo como su lder intocable.

    Podra pensarse que esas maniobras hayan sido parte de una movida que Chvez se permiti teniendo en cuenta su enorme olfato que hasta ahora, sin ser marxista declarado como l mismo lo dice, lo llev siempre a tomar las medidas ms acertadas desde el punto de vista del campo popular, con lo que podra drsele el beneficio de la duda ante ellas y pensar que la fuerza revolucionaria del pueblo sigue an fresca, viva, y apoyndose en l, puede efectivamente reorientarse esta revolucin hacia un rumbo socialista.

    Como escenario, no hay dudas que esto sera posible. Hay diversos indicios que muestran que eso no es lo ms cercano, que la revolucin no est marchando a toda vela hacia la izquierda, pero por supuesto que la posibilidad existe. Hay diversos sectores de base en el pueblo chavista que siguen pidiendo la "limpieza" de toda la burocracia y la profundizacin del proceso hacia posiciones francamente de cambio. Hay sectores populares organizados en los barrios de las principales ciudades, en el mbito sindical, en el movimiento campesino, entre los estudiantes, en los medios de comunicacin alternativos que siguen trabajando por un horizonte socialista. Y muchos de esos sectores son, hoy por hoy, aspirantes a militantes en el PSUV. Desde la base, desde la discusin en el seno de sus batallones, todo ese potencial revolucionario no ha bajado ninguna bandera de lucha, y ah est la posibilidad de seguir profundizando el proceso.

    Ese movimiento popular an espera mucho de su comandante, y sin dudas est moralmente en condiciones de repetir otro 13 de abril de ser necesario. Ante la actual coyuntura de elecciones en gobernaciones y alcaldas para fin de ao, todo este potencial transformador puede robustecerse. Con el hecho de elegir desde la base los candidatos para las elecciones a todos estos cargos, dando la discusin en el seno mismo del partido, podrn retomarse las consignas de lucha socialista, de democracia participativa, de radicalizacin de las medidas hacia las cuales la reforma propuesta poda servir como trampoln.

    Como ha pasado en otras oportunidades, la coyuntura ha empujado hacia delante a los dirigentes revolucionarios, las masas superaron a sus conductores. El clamor de las bases luego de los ataques de la derecha en el golpe de Estado, el sabotaje petrolero o el paro patronal llev a Chvez a radicalizarse en relacin a su programa originario con el que ganara las primeras elecciones en 1998. La presin popular, la movilizacin de calle fue llevando todo el proceso hacia nuevas definiciones, y es as que aparece el horizonte socialista. "Socialismo del siglo XXI" se lo llam, con lo que se tom distancia de la vieja burocracia de los partidos comunistas fosilizados de Europa del Este. Si Chvez introduce la idea y vuelve a hablar de socialismo luego de aos de liberalismo feroz en que su sola mencin estaba prohibida es porque la dinmica de movilizacin social lo fue llevando a eso. Si bien luego de la derrota del 2 de diciembre ha habido un cimbronazo en el avance hacia la perspectiva socialista, en ningn momento se prescindi de la misma. La vitalidad de la movilizacin popular an est ah. Por lo pronto muchos sectores de base hasta han pedido al gobierno la conformacin de milicias populares armadas de defensa revolucionaria, con lo que la marcha de la revolucin podra fortalecerse an. Es decir: en buena parte de la base existe intocable la conviccin de cambio, de profundizacin de las transformaciones que se acometieron en los primeros aos de la revolucin, cuando nacen las misiones, cuando se logra terminar con el analfabetismo, cuando surge el ALBA.

    Es cierto que cerca de tres millones de personas que haban votado por Chvez en las elecciones de diciembre del 2006, ante el llamado a refrendar la propuesta de reforma constitucional en diciembre del 2007, no asistieron a las urnas. Sin dudas no hay all una masa de oligarcas contrarrevolucionarios. En todo caso toca a la dirigencia de la revolucin ver qu pas exactamente ah con esas bases chavistas, buscando los correctivos adecuados: si fue que la propaganda de la derecha surti efecto, habr que buscar una nueva poltica comunicacional ms efectiva. Si la burocratizacin de parte del aparato de gobierno desmotiv a buena parte del electorado, se impone la limpieza solicitada. Pero en todos los casos los correctivos se imponen. Y es la movilizacin desde abajo el nico garante de que ello ocurra. Por eso juega un papel decisivo en esto la militancia fecunda, comprometida, convencida de los valores socialistas, para poner de nuevo en movimiento a esa poblacin chavista que hoy parece algo desorientada, que sigue creyendo en su lder pero que se siente defraudada por la amplia mayora del equipo de gobierno.

    La marcha hacia el socialismo nadie dijo que se haya descartado, aunque en este momento los efectos de la derrota electoral an se sientan. Pero justamente con las nueva contienda electoral ya a la vista hacia fin de ao, es ahora un momento oportuno para volver a encender la llama revolucionaria con elecciones democrticas y transparentes de los candidatos del movimiento bolivariano desde abajo, achicndole el campo a la derecha endgena, burocrtica y corporativa que fue enquistndose en la revolucin.

    En otros trminos: el escenario de una repotenciacin hacia la izquierda est vigente. Para concretar esa va, es hora de movilizacin, de mayor dilogo de ida y vuelta con el lder, de no retomar la totalidad de la recin fracasada propuesta de reforma sino de impulsar slo algunos puntos, los ms importantes desde la perspectiva del campo popular: reduccin de la jornada laboral, leyes sociales para los trabajadores informales, democratizacin de las universidades, reforzamiento de los consejos comunales. Esa movilizacin, adems, podra despertar en Chvez la conviccin que o hay rectificacin de verdad, o no hay camino socialista, incluso hacindole ver que el excesivo presidencialismo vivido hasta ahora no es una fortaleza sino, por el contrario, una debilidad para todo el proceso. El escenario de una marcha hacia la radicalizacin de la revolucin est abierto, con un poder popular vivo del que podran salir nuevos cuadros dirigenciales para superar la actual casta burocrtica que pareciera no estar a la altura de lo requerido.

    Aunque nunca se termin de definir con exactitud qu es el socialismo del siglo XXI (la Cuba de Fidel?, el experimento chino con capital privado?, una versin bolivariana a la venezolana?), su viabilidad an es posible. De la movilizacin popular, de la organizacin y el autntico poder de las bases protagnicas depende la concrecin de ese escenario. El problema que se plantea es que no hay partido revolucionario conformado an, por lo que la tarea urgente es darle forma a esa vanguardia, trabajar en su seno, abrir cada vez ms el debate.

2) La derecha endgena al poder: la Nicaragua de Daniel Ortega post piata?

"Si algo puede echar atrs una revolucin, ese algo es la corrupcin"

Fidel Castro

    Este otro escenario se muestra como el ms posible porque, pareciera, es el que hoy por hoy se est consolidando. El olfato popular no se equivocaba cuando, inmediatamente despus de conocida la derrota del 2 de diciembre, peda "limpieza". Es ese grupo de funcionarios sin ideologa revolucionaria, ajeno a un proyecto de transformacin econmico-social y cultural, que ha ido ocupando en forma creciente distintos cargos en el aparato de Estado, el que con su insolvencia ms tica que tcnica contribuy en mucho a la prdida del referndum. Es ese grupo al que se le ha dado en llamar "derecha endgena" el que debe ser limpiado, removido. Si no, la revolucin peligra.

    Pero la existencia de esa derecha, pareciera que con un poder creciente en el juego poltico actual, denuncia un lmite de todo el proceso bolivariano: esto no naci como revolucin popular desde abajo, y aunque ha empezado a moverse hacia un horizonte socialista, an est muy lejos de alcanzarlo. Esta burocracia sin conciencia revolucionaria aunque repita hasta el hartazgo consignas chavistas y se vista con una franela roja para cada movilizacin a la que asiste puntual no tiene nada que ver con un planteo socialista. Digamos, de paso, que revolucin no es o no es slo la plaza llena de chavistas, la "marea roja". Estos nueve aos las plazas se llenaron de franelas rojas y consignas, y se ganaron elecciones una tras otra con un Hugo Chvez casi heroico, pero eso no alcanza para cambiar revolucionariamente una sociedad. Esta burocracia dominante es su pattica demostracin.

    Cambiar una sociedad es transformar las relaciones de poder entre las clases a partir de una nueva organizacin del proceso de produccin, cambiando adems la ideologa, la conciencia, la cultura dominante. Sin dudas en estos aos se dieron pasos importantes en la forma en que se reparti la renta generada por el petrleo hacindola llegar a la gran mayora de la poblacin por medio de los nuevos programas sociales; lo cual tuvo un valor extraordinario. De ah que la derecha puso el grito en el cielo, porque los histricamente excluidos comenzaron a ser tenidos en cuenta (mal ejemplo que puede cundir por otros pases, por eso se lo busc detener de raz). Pero la forma de la propiedad de los medios de produccin no cambi. Y si bien se inici un proceso de fomento de nuevos valores socialistas, la cultura general no sufri mayores cambios. Permaneci el individualismo, se mantuvo el consumismo grosero as como una chabacana cultura de la ostentacin. Por tanto, el reforzamiento de esas tareas de movilizacin ideolgico-cultural es definitorio. Si no, es imposible avanzar de verdad hacia la justicia social.

    Sabiendo que el hecho cultural es ms difcil de cambiar que ninguna otra cosa, podra decirse que ah es donde ms dbil est an la revolucin. La gran mayora de los funcionarios de gobierno, los cuadros de direccin y cuadros medios de la estructura del Estado, lejos de cambiar aunque se declarasen chavistas siguieron con la lgica capitalista de la que son herederos. La bsqueda de beneficio econmico inmediato, el individualismo, el consumismo, la figuracin ante todo, siguieron vigentes como patrones dominantes en la prctica ideolgica del da a da. Lo cual demuestra algo, quiz de un modo trgico, o grotesco: no se le pueden pedir peras al olmo. Si no hubo un proceso revolucionario, por qu todos esos funcionarios iban a ser ahora, casi de la noche a la maana, inquebrantables militantes con una tica socialista blindada e incorruptible? Y la corrupcin se mantuvo, herencia de una larga tradicin de pas rentista.

    Esa derecha clasemediera sin conciencia revolucionaria, ms apegada al lujo banal, al whisky escocs y al automvil de lujo como marca de "triunfo" personal que a los valores de transformacin social y a la solidaridad, fue la que lentamente ocup la cotidianeidad de los cuadros dirigenciales. Y esa misma conciencia individualista es la que comenz a imponerse en la conformacin del nuevo partido socialista, engendro raro sin lnea poltica precisa, sin proyecto revolucionario definido. Como cualquier formacin poltico-social, esa derecha busc su expansin y fue ocupando "naturalmente" los espacios claves de la revolucin. Hoy, en buena medida es el nuevo empresariado "bolivariano" que, con un discurso ambiguo, hasta en apariencia socialista en algn caso, termina funcionando como freno a los cambios que se venan produciendo estos aos pasados, cambios que, de continuarse y radicalizarse, efectivamente podran llevar al socialismo.

    El escenario no difiere mucho de lo que sucedi en la Nicaragua sandinista cuando la revolucin fue desalojada del poder: un sector los seguidores de Daniel Ortega termin aduendose del partido, y con un discurso ambiguo disfrazado de izquierda, se dedic a sus negocios (la famosa "piata" en que se repartieron los bienes del Estado antes de entregar la administracin a Violeta Barrios de Chamorro en 1990). "Nuevos ricos", empresarios en el ms cabal sentido de la palabra explotadores de la mano de obra de sus asalariados, as de simple que terminaron siendo un freno a un autntico proyecto revolucionario, desde la oposicin en aquel caso, de nuevo en el gobierno en la actualidad. La homologacin puede ser til, porque empresario ms all del calificativo: sandinista, o peronista como lo fue en Argentina, o bolivariano es, ante todo, explotador, aunque tenga tintes nacionalistas (puede haber empresarios "buenos"? Qu podra tener de "revolucionaria" para el pobrero una burguesa nacional?).

    Hoy, el escenario que se dibuja luego de la derrota en el referndum de diciembre pasado, es el de una clase de nuevos empresarios bolivarianos que, a la sombra del Estado y manejando el recurso petrolero, no pareciera estar muy dispuesta a impulsar un proceso revolucionario hacia el socialismo. Por eso retras y complic la organizacin popular con vistas al pasado referndum llevando a la derrota en la contienda electoral. Por eso tambin est maquinando con todo su poder para terminar manejando el naciente PSUV, donde antes de que el mismo est constituido como fuerza poltica, ya maneja el tribunal disciplinario, listo para taparle la boca a cualquiera que ose levantar crticas contra este proceso de involucin que pareciera se est viviendo ahora. Burocracia empresarial "boliburguesa" como se le dice por all que intentar mantener sus cuotas de poder disputndole espacios a la oligarqua tradicional, por lo que se preparar para ganar las prximas elecciones de fin de ao, pero que, aunque triunfe, ya ha sacado de su mira la profundizacin de la revolucin. Y que, por otro lado, tiene las maletas preparadas para salir huyendo si la derecha tradicional regresa con nimos revanchistas. O que, probablemente tambin, pueda terminar conviviendo en un clima de armona con ella (pacto de por medio, claro est, sin pueblo).

    Es imposible decir con rigurosa certeza qu papel juega el presidente Chvez en este escenario. Esa derecha endgena lo tiene secuestrado? Qu pasa con el declarado proceso de revisin que se emprendi: va en serio y habr "limpieza", o es pura retrica? Cul es la relacin establecida entre esta burocracia de Estado y de partido y el lder: quin sostiene a quin?

    Ms all de tener respuestas para cada uno de estos interrogantes, lo cierto es que este escenario pareciera el que se va prefigurando hoy. De fortalecerse, la revolucin habra perdido su carcter transformador para terminar siendo un proceso reformista, nacionalista en el mejor de los casos pero sin contenido clasista, y muy probablemente pasando a tener caractersticas populistas, mas no socialistas.

3) La derecha tradicional y "la embajada gringa" al poder: de nuevo la Venezuela Saudita?

    Venezuela, durante todo el siglo pasado, fue el pas ms codiciado de Latinoamrica para la geoestrategia de Washington por sus fabulosas reservas petroleras. Ante el consumo desbordado de energticos que la gran economa del norte sigue teniendo, en sus planes no entra la posibilidad de perder esas reservas del pas caribeo. La aparicin de este gobierno "molesto" de Hugo Chvez vino a complicarle sus planes imperiales: ahora el petrleo no es de las grandes multinacionales y ya no pueden llevarlo con absoluta impunidad como fue durante dcadas. Por otro lado, este gobierno popular es un "mal ejemplo" dentro del rea. Ah est la iniciativa del ALBA descuadrando tambin la lgica imperial de un Tratado de Libre Comercio que la Casa Blanca no pudo implementar a su gusto, y es Chvez el principal motor de esa propuesta contrahegemnica. Conclusin casi forzosa entonces para la estrategia de las clases dominantes de Estados Unidos: quitar a Chvez de en medio!

    Lo intentaron muchas veces hasta ahora, siempre sin xito. Pero lo sucedido el pasado 2 de diciembre revitaliza la estrategia contrarrevolucionaria. Como se ha dicho ya reiteradamente: no gan la propuesta del NO sino que no triunf el S. Ms all del aparente juego de palabras, eso tiene un sentido: la derecha se encontr con un triunfo que no esperaba. Y ello abri un nuevo escenario. Lo cual la envalentona y permite apurar los tiempos. Viendo que efectivamente s es posible vencer a Chvez en una eleccin, ahora todas las armas se dirigen a seguir golpeando all donde la revolucin se muestra ms vulnerable. Y la primera vulnerabilidad quiz imperdonable desde una posicin revolucionaria es que todo el proceso se apoya en la figura de una sola persona. Eso es una debilidad peligrosa, porque desbancando a esa figura todo indicara que cae el proceso en su totalidad (tan distinto al caso de Cuba, donde la revolucin pudo establecer una conciencia mucho ms generalizada y hay hoy, tras la desaparicin de Fidel como conductor, una red de recambio que garantiza la continuidad del proyecto).
 
  La estrategia bsica de la derecha (venezolana y externa, ms an la externa, verdadera conductora de esos planes) es ir minando el proceso, crendole obstculos, tornndolo ingobernable por medio de infinidad de mtodos: desabastecimiento, mercado negro, guerra meditica, provocacin militar por medio del paramilitarismo, promocin de grupos "democrticos" de oposicin que juegan en forma continua a la desestabilizacin, campaas internacionales de desprestigio, etc., etc. Ah estn los casos de Chile en los 70 y Nicaragua en los 80 para ejemplificar cmo esos planes de desgaste terminan dando resultados. Por qu all se impusieron y en Cuba no? No es el objetivo de este breve escrito entrar en esas consideraciones, pero no hay dudas que, sabiendo de lo todava poco afianzado de la revolucin y de la fuerza del ataque, el escenario a futuro no deja de ser preocupante: no es imposible voltear este proceso. La derecha lo sabe y parece haber diseado el plan adecuado.

    La estrategia consiste en ir dejando slo a Chvez, aislado, buscando la desmovilizacin, el desencanto en la poblacin, en esa masa chavista que sali a defenderlo a muerte en aquel 13 de abril del 2002 cuando el golpe de Estado. Si ese proyecto de desmovilizacin popular, de desencanto y cansancio se logra, la derecha tendra el camino expedito para continuar ganando terreno. El tema corrupcin juega un papel muy grande en ello, y en verdad la dirigencia revolucionaria no ha tenido un papel irreprochable en cmo manej este tema hasta ahora (por ejemplo y valga slo esto como ejemplo paradigmtico qu pas con la valija con los 800.000 dlares del caso Antonini?). La suma de tantos errores, inconsecuencias, debilidades o como se les quiera llamar, potenciada por el manejo meditico descomunal de la derecha, sienta las bases para un clima de desazn que abre las puertas a la resignacin. Y de ah a la reversin de la revolucin: un paso.
 
  La derecha est apurada en terminar este experimento; pero ms an que la oligarqua venezolana no-petrolera que en realidad no ha perdido nada en estos aos sino que, por el contrario, se ha seguido enriqueciendo son las clases dirigentes estadounidenses las que tienen especialmente las alarmas encendidas. Sin dudas tambin la gran burguesa nacional tiene profundo inters en terminar esto: la presencia del "populacho" no deja nunca de espantarle, pues sabe que ah est su enemigo de clase y que, tarde o temprano, ese pueblo puede despertar. Pero el verdadero artfice de las campaas contrarrevolucionarias es Washington, por dos motivos: porque no va a dejar perder esta reserva petrolera, y porque el "mal ejemplo" del socialismo del siglo XXI est resultndole ya demasiado molesto. Por lo pronto, a instancias de este gobernante no alineado que es Hugo Chvez, ms la movilizacin popular continental que tambin lo advers, no pudo entrar en vigencia el Tratado de Libre Comercio el 1 de enero del 2005 tal como estaba previsto. Y gracias a este "mal ejemplo" de una Venezuela bolivariana fue tomando forma la iniciativa del ALBA, propuesta de integracin que denuncia y supera los mecanismos mercantiles. Es decir que para la lgica imperial hay sobrados motivos para intervenir.
 
   Nada indica que intervendr directamente con sus tropas. Eso abrira las posibilidades de repetir un Vietnam, o un Irak, y el costo poltico de ello le sera demasiado alto. Por eso la estrategia es buscar el desgaste por otros medios, sin intervencin directa. El Plan Patriota en Colombia es su base de operaciones para el caso base militar, por cierto, que va ms all de la desestabilizacin contra Venezuela y que sirve a la Casa Blanca como enclave para controlar toda Latinoamrica. La creciente penetracin de paramilitares desde Colombia puede ser la nueva Contra que, al igual que en Nicaragua dcadas atrs, sirva para minar el proceso, para desgastar a Chvez, para buscar la cada "natural" de su gobierno. 
 
   Si esa estrategia se va consolidando, ni siquiera habr que esperar a las elecciones presidenciales del 2012. Quiz antes las condiciones estn preparadas para promover la remocin de Chvez (va referndum revocatorio, golpe de Estado de sectores militares descontentos, o incluso, con movilizaciones anticorrupcin o algunos artilugios que los diseadores sociales del imperio podran dibujar). Y lo ms trgico podra ser que el mismo pueblo que lo defendi en el 2002 a costa de su vida, ante toda esta diablica campaa de desmovilizacin y descrdito y terror: para eso estn los paramilitares posicionndose en los barrios!, en este nuevo escenario quiz no saldra a defender nada. Y no slo eso: se podra dar el caso trgico de que hasta se vera casi como una salvacin salir de un "rgimen corrupto" y "hambreador". Los estrategas del Departamento de Estado, verdaderos hacedores de buena parte de la poltica en Amrica Latina, saben mucho de esto. Y si eso triunfara cosa que tenemos que impedir en forma absoluta! los sectores populares no slo en Venezuela sino en todo nuestro continente una vez ms quedaran golpeados y con las esperanzas cortadas.

Conclusin

    La nueva derecha endgena, esta que se enriqueci a la sombra del Estado chavista, que ni es ni pretende ser revolucionaria, no tiene proyecto poltico como nacin. Por lo tanto, es muy difcil que pueda perpetuarse en el tiempo. Incluso es difcil que pueda sobrevivir a la figura misma de Chvez, que es, en definitiva, su nica garanta de existencia. Supuesto el caso que en las prximas elecciones de alcaldes y gobernadores no salga tan mal parada, no tiene fuera de lo que pueda haber rapiado, y que en trminos econmicos no es algo verdaderamente significativo como acumulacin capitalista ni la fuerza poltica con la que defender un proyecto poltico, ni la fuerza moral ante la poblacin con la que presentarse como alternativa. Por tanto, esta es una va muerta como propuesta para las masas. Podra, quiz, mantener cuotas de poder (el caso del "danielismo" sandinista de Nicaragua), pero totalmente despegada de propuestas populares.

    Por otro lado, el retorno de la derecha tradicional al poder poltico no hara sino retroceder todas las conquistas populares conseguidas estos aos de alza en la movilizacin. Podra desatarse, incluso, una represin feroz ante todo lo que huela a "chavismo". El petrleo quedara una vez ms bajo control absoluto de las grandes corporaciones internacionales hoy da manejan cuotas marginales por medio de la tecnoburocracia venezolana (que, preciso es decirlo, nunca desapareci completamente de PDVSA durante este proceso), y se buscara por todos los medios mantener a raya la organizacin popular lograda en estos aos. Para ello podra irse desde el clientelismo poltico y la repotenciacin de la vieja cultura corrupta del partidismo tradicional, a la represin abierta (para algo estn entrando y posicionndose los paramilitares colombianos, nuevo ejrcito de ocupacin "de baja intensidad"). Venezuela volvera a ser el "paraso tropical" de Miss Universos y petrleo barato para el Norte, porque hasta inclusive los precios del barril podran retroceder.

    Ante estos escenarios vemos que la nica manera de poder seguir garantizando el avance de planteos progresistas que favorezcan a las grandes mayoras y avanzar en metas socialistas es potenciando las mejoras conseguidas en los primeros aos del proceso bolivariano. Y slo con la movilizacin popular, desde dentro o, llegado el caso, desde fuera del PSUV, ello ser posible. Como suele decirse: "slo el pueblo salva al pueblo". Pero movilizacin popular no es slo ponerse una franela roja y asistir a una marcha multitudinaria con el lder eso, incluso, hasta puede ser secundario, anecdtico si se quiere; es participar activamente en las decisiones del da a da, es involucrarse en los asuntos poltico-sociales que nos tocan a todas y a todos, es no cerrar nunca la boca ante ninguna injusticia. Es, en ltima instancia, mantener una actitud crtica continua, constructiva y propositiva. Y eso es el poder popular. Sin eso, no es posible el socialismo.

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