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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-02-2008

El asesino confeso de Ortega Pea llega al pas y hay muchos interesados en hacerlo callar
Mi encuentro con Rodolfo Almirn, jefe operativo de la Triple A y su confesin

Carlos Petroni
Izquierda.info



"Contale lo que deca Ortega Pea cuando lo quemamos"- dijo dirigindose al oficial y luego, remedando burlonamente la voz de Ortega Pea y haciendo gestos con las manos dijo - "No tiren, no tiren, soy diputado nacional." Para terminar: "Mas vale que toques el pianito sino vas a terminar igual que el."- Subcomisario de la Polica Federal Rodolfo Almirn, 1ro.de agosto, 1974

Esas fueron las palabras, esa fue la escena personificada por ese hombre de apariencia mediocre pero con ojos intensos, vestido como un oficinista, de traje y corbata, pero con ropa de calidad.
 
No me dio miedo, sino mucha bronca. Acababa de decirme que haba asesinado el da anterior a un hombre al que yo admiraba polticamente.
 
El lugar, una comisara de la Polica Federal, una de las tres donde haban sido concentrados los 381 detenidos de ese da del PST, el ERP, Peronistas de Base, obreros grficos, de FAL, FAP, ERP22 y otras organizaciones.
 
Ortega Pea no era de los "mos", sino un quasi independiente, ligado al Peronismo de Base y a las FAP, asesor de mi gremio, los grficos, y uno de los peronistas de izquierda que ms haba hecho para que trabajaran juntos la izquierda marxista y la izquierda clasista del peronismo.
 
Historiador, polemista, defensor de presos polticos sin distinciones de banderas, dirigente de la izquierda peronista, solidario en las huelgas, no le tema al dialogo ni a los acuerdos con la izquierda revolucionaria.
 
Todos los detenidos, lo haban sido durante su sepelio en un operativo dirigido personalmente por el Comisario General Alberto Villar, superior de Almirn en mas de una forma: el tambin perteneca a la cpula de la organizacin terrorista estatal "Triple A."
 
Dos meses antes de que la Triple A comandada, entre otros, por Almirn, asesinara a Ortega Pea, este haba asistido al acto por los tres militantes del PST asesinados en la llamada "Masacre de Pacheco", donde fueron victimas los obreros Oscar Dalmacio Meza, Mario Zidda y Antonio Moses. Se haban defendido como pudieron del ataque al local en el que se encontraban, pero el nmero de atacantes y la sorpresa haban prevalecido.
 
La noche del 29 de mayo de 1974, en el quinto aniversario del Cordobazo, el local del Partido Socialista de los Trabajadores en Gral. Pacheco fue asaltado por una banda de la Triple A como parte de una ofensiva terrorista contra nuestro partido que incluyo el asesinato del obrero Inocencio Fernndez, cuatro voladuras de locales, los tres atentados contra mi vida y la "Masacre de Pacheco", todo acontecido en el mismo mes.
 
Obviamente, el estado haba extendido su lista de blancos a eliminar a un amplio espectro de la izquierda que inclua a los grupos guerrilleros, las organizaciones de superficie del Peronismo de izquierda, el PC, el PCR, el PST actores, intelectuales, cantantes y hasta dirigentes radicales y peronistas que no podan ser tildados de izquierdistas.
 
As relato el peridico Avanzada Socialista, del PST, el ataque contra el local de Pacheco:
 
"Son primero un silbato, similar a los que usa la polica. Luego un disparo y tras un diminuto intervalo, una ensordecedora rfaga de ametralladora. De inmediato, violentando la puerta y saltando desde los techos y la terraza, 15 matones asesinos, provistos de armas largas, entraron a golpes e insultos. Los 6 compaeros que se hallaban reunidos fueron arrojados al suelo y pateados, mientras los otros entraban a las salas y quemaban y destruan todo a su paso. Luego, con la cabeza llena de sangre por los golpes, los 6 compaeros fueron obligados a entrar a los autos. A pocas cuadras del lugar, las tres compaeras fueron bajadas del auto y obligadas a retirarse. Los coches prosiguieron viaje con rumbo desconocido, llevando a los compaeros en sus bales. El 30 a la maana, los cadveres de Meza, Zidda y Moses, aparecieron en Pilar, acribillados a balazos. Tres compaeros pudieron escaparse por los fondos" (Avanzada Socialista 4/6/74).
 
El da del entierro de los camaradas, Ortega Pea electriz al pas diciendo "que estos asesinatos tienen un responsable, con nombre y apellido, y ese es el General Pern". Fue la primera vez que un Diputado Nacional, elegido por el Frente Justicialista que llevo a Pern como Presidente lo hacia responsable por la creciente ola de violencia de la derecha contra activistas sindicales, militantes de la izquierda Peronista y los marxistas. Esas palabras le valieron la condena a muerte que ejecuto Almirn sesenta das despus.
 
Rodolfo Almirn Sena vino hacia donde yo estaba, en la oficina de entrada de la comisara, adonde haba sido trasladado desde los calabozos comunes del fondo. Era el atardecer o el anochecer del 1ro de Agosto. Lo haba convocado un oficial a cargo de fichar y fotografiar a todos los detenidos ese da.
 
Actuando bajo directivas acordadas en nuestra organizacin desde mayo de ese ao, yo me negaba a dar informacin sobre mi persona, no me dejaba fotografiar ni tomar las huellas digitales, rehusaba dar mi domicilio y reclamaba el derecho a que se comunicara a los abogados de mi partido mi situacin y la de otros camaradas. Aduca para ello que perteneca a una organizacin legal, el PST. Verdad a medias.
 
Lo era formalmente, aunque en los hechos estaba proscripta, sus locales cerrados y sus militantes en la clandestinidad por los incesantes ataques contra la izquierda de la Triple A, con ayuda y complicidad de la polica y las FFAA.
 
El gobierno de Isabel Pern, aunque el producto de un hecho constitucional, ya no era un gobierno ni "democrtico" ni "Constitucional": gobernaba manejado por el Estado Mayor Conjunto de las FFAA, "bordaberrizado", y al amparo de las bandas asesinas del estado y la burocracia sindical dirigida por Lorenzo Miguel.
 
La idea de negarse a colaborar no encerraba ninguna confianza en que nuestra integridad, una vez detenidos, seria respetada.
 
Era simplemente un subterfugio para ganar tiempo para que nuestra situacin se conociera y el partido pudiera actuar en consecuencia.
 
Una vez dado un domicilio, este no deba ser el verdadero, sino uno en el que conservramos algunos efectos personales y ropa con el objetivo de no ser fcilmente ubicables con posterioridad a nuestro arresto.
 
Demorar la entrega de esta informacin ofreca la posibilidad de que el domicilio no fuera allanado a tiempo para comprobar su naturaleza ficticia.
 
En ese momento, unas cuantas horas despus de mi detencin, presuma que pronto nos daran la salida y que no vala la pena seguir negndose a dar lo que, por otro lado, eran datos falsos.
 
Haba en esto un resto de cierta ingenuidad. No caba en mi cabeza que por asistir al entierro de un Diputado Nacional como parte de una delegacin de mi partido, podra tener ms consecuencia que unas cuantas horas en el calabozo.
Supe bastante despus que la lista confeccionada en esa redada era utilizada por la Triple A para asesinar a todos los que en ella se encontraban. La lista fue luego engrosada por otras detenciones, en otros velatorios, como el de Silvio Frondizi.
 
El domicilio falso que di fue allanado tres veces en el siguiente ano. Por lo menos uno de los camaradas de mi frente, sobrenombre Nico, de apellido Nicotera, posteriormente secuestrado y asesinado. Otro encontro su departamento en ruinas, volado en pedazos por una bomba de la Triple A.
 
Tampoco sabia el nombre de ese ser arrogante que ahora me repeta lentamente la frase:"Lo que-ma-mos. En-ten-des?" Lo supe despus, cuando lo vi en fotografas, siempre alrededor de Isabel Pern, Juan Pern y Lpez Rega. Ese hombre por lo dems vulgar, me haba confesado ser el autor del asesinato de Ortega Pea.
 
Marcelo Duhalde narra as los hechos de ese asesinato:
 
"Alrededor de las 8 de la noche de ese mismo da, son el telfono en el despacho de Rodolfo de la Cmara de Diputados, era un supuesto periodista que pregunt si se iba a quedar mucho tiempo ms porque quera verlo para hacerle unas preguntas. Luego comprobamos que el llamado era para confirmar que l todava no hubiera salido porque lo estaban esperando en la calle."
 
"Un rato despus, Rodolfo sali caminando del Congreso con su compaera Helena Villagra. Fueron caminando por Callao, desde Rivadavia hasta Santa Fe, y all doblaron media cuadra hacia Riobamba donde entraron en una pizzera, de la que salieron aproximadamente a las 22.15."
 
"Con la misma confianza con la que se manejaba, Rodolfo se subi a un taxi que estaba libre parado en la puerta, aparentemente desde haca un tiempo, y le dio la direccin adonde iban."
 
"El taxista repiti en voz alta y de manera notoria "Carlos Pellegrini y Juncal". Pocas cuadras ms adelante, Rodolfo le pidi que apagara la luz interior del coche que el chofer haba dejado encendida. Estos y otros datos conocidos con posterioridad nos confirmaron la participacin del taxista en el operativo para asesinar a Rodolfo."
 
"Al llegar a la calle Carlos Pellegrini y Santa Fe, el taxi dobl y otro vehculo que vena detrs, sin que los pasajeros lo notaran, se atraves e impidi que los otros automviles que venan pudieran avanzar por Pellegrini. Al cruzar Juncal el taxi par y un coche que vena casi a la par se le atraves. Baj de l un hombre con una media de mujer en la cabeza y una ametralladora en la mano con la que dispar 23 tiros o ms, 8 de los cuales fueron en la cabeza, que hicieron blanco en Rodolfo. Esto nos hizo comprobar que estaban al tanto de las conversaciones mantenidas en su despacho intentando que Rodolfo usara el chaleco antibalas que le haba ofrecido el compaero Ricardo Beltrn."
 
"En 1975, ya camino a la dictadura, cuando Jos Lpez Rega haba terminado su trabajo siniestro de sangre y de muerte parti hacia Madrid acompaado de sus dos principales cmplices. Ellos eran Morales y Almirn."
 
"Pasados algunos meses, el subcomisario de la Polica Federal Rodolfo Eduardo Almirn frecuentaba un local de moda en Madrid en la calle Fuencarral que se llamaba Drugstore, a pocos metros de la Glorieta de Bilbao. All se ufanaba de haber sido ejecutor del asesinato de Ortega Pea. A quien lo quisiera escuchar, deca sin temor que l lo haba matado."
 
"Cuando comenz a llegar el exilio provocado por la dictadura militar de 1976, Almirn desapareci de los lugares pblicos. Hasta que fue descubierto y denunciado en 1981, como jefe de la custodia del ex ministro de Franco Manuel Fraga Iribarne."
 
Como tal, segn denuncian muchas fuentes en Espaa, Almirn particip en el asesinato de algunos opositores Carlistas del gobierno de Fraga.
 
Cuando Almirn dijo aquellas palabras brutales, en ese atardecer tardo o ese anochecer temprano de agosto de 1974 yo no conoca la extensin de la responsabilidad de ese individuo en la matanza.
 
Yo haba llegado hacia pocas semanas de la ciudad de Mar del Plata, y estaba aun convaleciendo del ltimo atentado contra mi vida, que me dejo herido de consideracin, por parte de la Triple A. Su banda, la de la CNU, la de la burocracia sindical, la de los policas de la Federal en horas de franco, de los militares, del Ministro Lpez Rega, de la Presidencia de la Nacin
 
Acusado de cometer delitos de lesa humanidad y genocidio como miembro de la organizacin terrorista estatal Triple A durante los gobiernos peronistas (1973-1976), el ex subcomisario de la Polica Federal Rodolfo Eduardo Almirn Sena, detenido en Espaa, llegar ahora a la Argentina para ser juzgado. Est acusado por los asesinatos de Rodolfo Ortega Pea, Carlos Mgica, Julio Troxler y Silvio Frondizi, entre los cientos de crmenes, asesinatos, secuestros y desapariciones que se le adjudican.
 
Solicitare al juez Oyarbide, a cargo de la causa Triple A, que se efectivice la prisin preventiva de Almirn en una crcel de encausados comn y que no goce del beneficio de la prisin domiciliaria o ningn tratamiento especial. Para m, el hecho de que la Cmara Federal aun no se haya pronunciado sobre la calificacin del juez Oyarbide de los crmenes de la Triple A como crmenes de lesa humanidad es inadmisible y podra concluir en la libertad de este asesino ni bien llegue de Espaa. O muerto como Febres, ya que hay muchos interesados en que no hable.
 
El juicio a la Triple A abrir una caja de Pandora. De ella pueden salir nombres insospechados como participes de sus crmenes de lesa humanidad. Es necesario detener las influencias que, desde dentro y fuera del gobierno, quieren detener la causa para evitar el juzgamiento de todos los responsables.
 
Es una obligacin de las organizaciones de DDHH, democrticas, de izquierda, el movilizarse para evitar que esto ocurra. La inminente llegada al pas del asesino Almirn es una oportunidad para ello. No la desperdiciemos.
 
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(*) Carlos Petroni Editor de Izquierda Punto Info, querellante y testigo en la "Causa Triple A"


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