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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2008

La cada en combate de Ral Reyes pone en evidencia otra vez la dimensin criminal del gobierno de Uribe

Carlos Aznrez
Resumen


Ha sucedido lo que ms se tema de la actitud del gobierno colombiano. Justamente en momentos en que las negociaciones por el canje de prisioneros se hallaba mejor encaminada que nunca, los halcones guerreristas de Uribe han lanzado una nueva ofensiva militar asesina contra los combatientes de las FARC.

All est el mundo de testigo: Cualquiera que conozca el territorio colombiano puede imaginar lo que significa mover prisioneros, trasladarlos vivos y sanos hasta el punto fijado por la mediacin internacional y la Cruz Roja, en un terreno hiper militarizado, donde el ejrcito, la fuerza area y los paramilitares aliados de los dos primeros, realizaban continuos patrullajes buscando quebrar la espina dorsal a la guerrilla.

Sin embargo, las FARC se arriesgaron a que sus campamentos fueran localizados, que la inteligencia satelital captara sus comunicaciones, que los miles de soldados del ejrcito colombiano contactaran con sus combatientes que trasladaban a los retenidos, para finalmente lograr en dos oportunidades hacer un gesto ms que importante y cumplir la promesa realizada al comandante venezolano Hugo Chvez, de entregar a un grupo de rehenes.

En la primera ocasin, a fines de 2007, mientras se movilizaba un grupo de guerrilleros para entregar pruebas de vida de los retenidos, el ejrcito de Uribe lanz una operacin militar que termin con el asesinato de un jefe intermedio de la guerrilla, y ahora, pocas horas despus de que cuatro parlamentarios en manos de la guerrilla fueran liberados, la maquinaria belicista de Uribe bombarde -con apoyo de la inteligencia satelital norteamericana- el campamento guerrillero situado al sur del Putumayo, incluso violando la soberana territorial ecuatoriana.

Son dos formas de actuar totalmente elocuentes.

Por un lado, el fascismo uribista saboteando cualquier posibilidad de negociacin poltica y humanitaria, pateando el tablero, en su momento al negar la mediacin de Hugo Chvez, y luego, lanzando toda su parafernalia militar contra los campamentos guerrilleros, justamente en un momento en que el mundo le peda no mover sus tropas.

Por el otro lado, la coherencia, el compromiso, el patriotismo y la seriedad del Secretariado de las FARC quien a pesar de saber a sus fuerzas amenazadas militarmente, autoriz poner en marcha el exitoso operativo de entrega de rehenes, y volvi a llamar la atencin del mundo sobre la necesidad de que finalmente se lleve adelante la idea del despeje del rea territorial en la zona de Florida y Pradera, para encaminar un canje que, entre otros, termine con la libertad de numerosos guerrilleros que se hacinan en crceles colombianas.

Por ltimo, es necesario rendir un homenaje a los revolucionarios cados en combate en el Putumayo. Y es imprescindible hacerlo porque en las actuales circunstancias no hay espacio para especulaciones timoratas. Ral Reyes, Julin Conrado y los combatientes de las FARC asesinados por las bombas uribistas forman parte de una importante legin de luchadores y luchadoras de las FARC que desde hace 50 aos pelean por todos los medios para dar vuelta la realidad criminal que la oligarqua y el establecimiento colombiano han aplicado a una sociedad que los rechaza.

Reyes, cuya trayectoria sindical primero, y su adscripcin a la guerrilla fariana despus, lo llevaron a comprometerse radicalmente e ir construyendo una militancia estrechamente encadenada a las aspiraciones populares, fue siempre uno de los grandes sostenes de la insurgencia. Tras tres dcadas de permanecer clandestinamente en las montaas de Colombia, su figura alcanz dimensin internacional, al representar junto con otros dirigentes, la delegacin internacional de las FARC que tom contacto con diversos gobiernos y organizaciones populares. Le cupo a Reyes, jugar un importante papel como portavoz internacional de la guerrilla y tambin en las conversaciones de la zona de despeje de El Cagun, y por ltimo, ahora era una de las figuras claves en las negociaciones por el canje humanitario.

En su fanfarronada exitista, Uribe y sus halcones, suponen equivocadamente que al asesinar a Ral Reyes, se han ubicado en un punto favorable para derrotar a las FARC. Nunca ms lejos de esa presuncin, ya que una organizacin guerrillera que ha resistido durante casi medio siglo no basa su podero en un solo hombre o en un pequeo ncleo de dirigentes. Es parte de una propuesta integral que persigue una causa justa -en este caso la toma del poder y la construccin de una Nueva Colombia- y su camino hacia la victoria est, por lgica, horadado por golpes trgicos y dolorosos como el actual.

Tambin, recordar al combatiente Julin Conrado, quien adems de ser un hombre ligado a la lucha guerrillera, se destac en el frente cultural de su organizacin e integr el grupo musical "Los Compaeros", cuyos vallenatos, cumbias y canciones populares reivindicativas son conocidas mundialmente.

Colombia necesita en estos momentos ms que nunca, de la solidaridad internacional con su lucha contra el fascismo uribista y el andamiaje militar pro imperialista construido a lo largo de los ltimos aos. De all, que el prximo da 6 de marzo, es necesario ganar las calles en todos los pases del planeta, para frenar el avance del paramilitarismo, marcar a fuego a la estructura belicista del gobierno colombiano y por ltimo, en cada uno de nuestros corazones rebeldes, homenajear a los que luchan pacficamente o con las armas en la mano -como el comandante Ral Reyes, Julin Conrado y el resto de los combatientes cados en combate al sur del Putumayo- por la liberacin nacional y social de Colombia y Latinoamrica toda. Parafraseando al inolvidable trovador venezolano Al Primera, decimos:

"Los que mueren por la Patria no pueden llamarse muertos...".

Carlos Aznrez es director de Resumen Latinoamericano



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