Portada :: Colombia :: Crimen de guerra e invasin de Ecuador
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2008

El mandato de sangre de Uribe

Emir Sader
La Jornada


La liberacin de los cuatro parlamentarios colombianos confirma cul es la va de pacificacin de Colombia: la negociacin poltica, con la participacin de mediadores internacionales. El xito del presidente venezolano Hugo Chvez y de la senadora colombiana Piedad Crdoba muestra que sa es la nica tentativa que ha logrado abrir los canales para llevar la paz.

La posicin de los cuatro parlamentarios, adems del reconocimiento del papel de Hugo Chvez y de Piedad, es acusar al presidente de Colombia, lvaro Uribe, de ser hoy el obstculo para el intercambio pacfico de prisioneros, al insistir en no aceptar la liberacin temporal de un territorio para que se efecten los intercambios.

Uno de ellos le pregunta a Uribe si le parece que su poltica de pacificacin es realmente efectiva, como l anuncia, si no consigue ceder por un tiempo determinado un territorio para salvar vidas humanas. Pregunta tambin si las vidas humanas no valen ms que una cesin temporal de territorios.

Los familiares de los que an permanecen prisioneros insisten en esa direccin, reiterando que las ofensivas militares slo llevan a poner en riesgo a los rehenes, adems de no haber solucin militar, sino solucin poltica para Colombia.

Existe la propuesta de formacin de un Grupo de Amigos de Colombia para intentar mediar en el intercambio humanitario de los rehenes por los presos que tiene el gobierno colombiano, del que participaran gobiernos como los de Brasil, Argentina, Nicaragua y Francia, entre otros.

El presidente colombiano demuestra toda su inflexibilidad y reitera su lnea de accin militar la misma de la guerra infinita de Bush, rechazando los trminos de la negociacin y retomando ofensivas militares.

En una de ellas fue muerto el segundo dirigente de las FARC, Ral Reyes, quien actuaba tambin como portavoz de la organizacin. El temor es que las FARC tomen represalias, y que de ah el proceso posible de negociaciones para el intercambio de prisioneros se vuelva completamente inviable.

Es la lnea dura de Uribe, que precisa de los enfrentamientos militares para mantener su popularidad interna y conseguir nuevas reformas de la Constitucin, para poder obtener un tercer mandato. Perdi las elecciones municipales internas en las principales ciudades del pas, como Bogot, Medelln y Cali. Por esto precisa desviar la atencin de los colombianos, para que no evalen a su gobierno, sino que se mantengan bajo el chantaje de la guerra, con l representando supuestamente la paz. Cuando en realidad, Uribe representa y precisa de la continuidad de la guerra.

ste es el juego de Uribe: producir ms sangre como combustible para un tercer mandato, a costa de la paz y de la solucin poltica para la ya tan sufrida Colombia. Resta que los gobiernos de los pases preocupados con la paz, y el propio pueblo colombiano, en la manifestacin convocada por el fin de todo tipo de violencia, acten para obligar al gobierno a parar las acciones militares y aceptar los nicos trminos posibles para que Colombia pueda volver a vivir en paz.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter