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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2008

El sicario de Estados Unidos

Gilberto Lpez y Rivas
La Jornada


El comandante Ral Reyes era un hombre afable y modesto, un revolucionario congruente y convencido de la justeza de su causa que fue forzado a transformarse de dirigente sindical en comandante guerrillero por el terrorismo de Estado puesto en prctica por los gobiernos colombianos oligrquicos, en estrecha colaboracin subordinada con Estados Unidos. Su historia como sobreviviente de la lucha legal en la sociedad civil colombiana es la de miles de sus compatriotas que han trastocado drsticamente sus vidas ante la cerrazn y la violencia estatal narcomafiosa, de cuyas estructuras castrenses se integran los grupos paramilitares que cometen un comprobado y documentado genocidio de crueldad inusitada contra el pueblo colombiano.
 
Ral cumpla a cabalidad su papel de relacionador pblico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), como responsable de su comisin internacional. l fue quien en enero de 1999 invit al entonces senador Carlos Payn y a quien escribe como miembros de la Comisin de Concordia y Pacificacin a ser testigos de la firma inicial del, en ese momento, prometedor proceso de paz entre las FARC y el gobierno del presidente Andrs Pastrana, en San Vicente del Caguan, Caquet.
 
En esa ocasin, varios invitados de distintas partes de Amrica Latina tuvimos la oportunidad de conversar con la dirigencia mxima de las FARC, incluyendo al comandante Reyes. Guardo en la memoria su grata presencia, su entusiasmo vital y la sencillez de su trato, as como la franqueza de sus respuestas a interrogantes, dudas e incluso cuestionamientos sobre la poltica de su organizacin en varios temas capitales en los que no coincidamos necesariamente.
 
En una carta fechada el ao pasado, Reyes me manifestaba premonitoriamente: La condiciones de la guerra que sostenemos en Colombia contra el rgimen de la oligarqua y el imperio, as como la persecucin encarnizada contra nuestros representantes en el exterior, nos dificultan hacer llegar nuestras propuestas polticas y visiones sobre el conflicto social y armado que desangra a nuestro pueblo desde hace ms de cuatro dcadas Las pretensiones del imperio y del gobierno narcomilitar de lvaro Uribe de aislarnos y difamarnos ante la opinin pblica internacional no pueden triunfar.
 
Para los servicios estadunidenses y colombianos de inteligencia era archisabido que Reyes cumpla el papel de negociador con muy diversos actores polticos, con el propsito de lograr el acuerdo humanitario de intercambio de prisioneros entre las FARC y el gobierno colombiano. El sicario del imperio, lvaro Uribe, conoca perfectamente de los contactos que el comandante Reyes mantena con enviados del presidente francs Nicolas Sarkozy para lograr la pronta liberacin de la ciudadana franco-colombiana Ingrid Betancourt y 12 rehenes ms. Las FARC reconocen, en un mensaje reciente, que sa era la misin de Reyes al momento del ataque. Por ello, el artero asesinato del jefe guerrillero y sus compaeros en territorio de Ecuador constituye no slo la violacin de la soberana de este pas y un crimen de guerra que internacionaliza peligrosamente el conflicto interno, sino tambin un ataque directo a la realizacin del intercambio de prisioneros. Se trata de una operacin premeditada y efectuada con alevosa y ventaja que muestra al desnudo la catadura moral de Uribe, su desprecio por el derecho internacional y la decisin de l y sus cmplices estadunidenses de no consumar dicho acuerdo humanitario.
 
La masacre de los guerrilleros se realiz mientras dorman y sin mediar combate alguno. Despus del ataque areo desde el sur, esto es, desde el interior del territorio de Ecuador, muchos fueron rematados en el terreno por comandos transportados en helicpteros, quienes llevaron a Colombia el cadver del guerrillero como un macabro trofeo de guerra, y supuestamente unas computadoras porttiles milagrosas que resisten bombardeos y ametrallamientos y que contenan todo tipo de documentos comprometedores que sern la fuente inagotable de acusaciones de los voceros colombianos, en particular de Uribe y el controvertido jefe de la Polica Nacional, Oscar Naranjo.
 
La matanza de los militantes de las FARC, por la forma de su realizacin y sus caractersticas tcnico- militares, logsticas, de inteligencia (que incluyen la ubicacin de las coordenadas geogrfico-espaciales del campamento guerrillero, en la provincia amaznica de Sucumbos) fue seguramente ordenada y dirigida por personal de Estados Unidos, y guarda grandes semejanzas con los operativos de terrorismo de Estado que Israel lleva a cabo para asesinar a dirigentes palestinos y libaneses. Es conocido, por cierto, que Israel vende asesora especializada y sofisticados equipos para la guerra sucia a los gobiernos represores en el mundo, con la anuencia y complacencia de sus aliados estadunidenses.
 
La violacin de la soberana ecuatoriana y el homicidio de Reyes y sus compaeros buscan una peligrosa regionalizacin del conflicto colombiano, con el objetivo de desestabilizar los procesos democrticos y revolucionarios en Bolivia, Venezuela y en el propio Ecuador. Ante los fracasos poltico-militares de Bush en Irak y Afganistn y en el umbral de elecciones presidenciales en su pas, el imperio pretende crear las condiciones para abrir un frente de guerra en el sur de nuestro continente, a travs del gobierno de Colombia.
 
Mi solidaridad y apoyo a quienes marcharon el da de ayer en favor de la paz con dignidad, justicia, libertad y democracia y contra el terrorismo de Estado en esa nacin hermana.


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