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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2008

A punto de cumplir los 100 aos, el arquitecto brasileo sigue creyendo en la revolucin
Oscar Niemeyer, inventor de un futuro con curvas

Eric Nepomuceno
Nmada



Con un siglo a cuestas conserva sus convicciones revolucionarias y las ganas de trabajar a diario en su estudio de arquitectura de Ro de Janeiro. En ese refugio contra la soledad, tambin recibe a sus amigos y dialoga con los recuerdos de una existencia enfrentada a la rigidez de los ngulos rectos, como lo demuestra su invencin ms famosa, Brasilia. A punto de cumplir 100 aos el prximo 15 de diciembre, acaba de ser notificado que se construir en Espaa un gran centro cultural diseado por l, con su nombre.

* * *

 

Hace unos quince aos, cierto atardecer de pereza, cercado de amigos en su estudio de Copacabana, Oscar Niemeyer dijo cmo le gustara aparecer en las enciclopedias y libros de arquitectura. Un registr corto, que no dijera nada ms: Niemeyer, Oscar: brasileo, arquitecto; vivi entre amigos, crey en el futuro. Sin embarg, a esa altura, las enciclopedias y libros ya registraban pginas y pginas sobre ese brasileo inquieto, amigo de sus amigos, que cree en el futuro mientras sigue persiguiendo, a los 99 aos de una vida vivida a cada minuto, la gracia y la levedad. Solamente sobre su trabajo hay alrededor de 40 libros en idiomas tan lejanos como el griego o el japons. Nunca ley ninguno.

En las obras que cre y esparci por medio mundo, aparecen la obstinacin con que persigue lo nuevo y la asombrosa capacidad de inventar espacios cada vez ms amplios para los osados vuelos de su imaginacin.

Brasilia es el marco ms conocido de su obra. La confluencia de lo que hizo antes y el anuncio de lo que hara despus. Pero para Niemeyer no es ms que eso: un marco. Brasilia no es fundamental en mi trabajo, dice el autor de sus palacios. Me ha gustado hacer lo que hice porque fue un momento de optimismo, cuando todos crean que Brasil iba a mejorar, pero es una parte de mi trabajo. Una arquitectura diferente, por cierto. En Brasilia, los palacios pueden gustarle o no, pero jams podr decir que antes haba visto algo igual. Un Congreso como aqul, una catedral como aqulla... Puede que haya visto mejores, pero iguales, no. Eso es Brasilia.

Oscar NiemeyerAutor de alrededor de mil proyectos, de los cuales ms de la mitad se construyeron, sigue trabajando sin pausas. El 15 de diciembre prximo cumple su primer centenario. Y mientras los cien aos no llegan, contina con su rutina rigurosa.

Va todos los das, de lunes a sbado, a eso de las nueve y media de la maana, a su estudio, en la ltima planta de un edificio de los aos 30 en el final de la playa de Copacabana. Y all se queda hasta pasadas las ocho de la noche, cuando suele dirigirse al restaurante Terzetto, en el vecino barrio de Ipanema, para cenar siempre en la misma mesa -la primera a la derecha de quien entra- acompaado por amigos con quienes comparte comida, vino tinto, bromas y recuerdos. Fuma unos puritos holandeses pequeos, suaves y raros, come poco, toma vino tinto con el comedimiento recomendado por el tiempo, oye ms de lo que habla, no pierde el humor. A las diez y algo se retira al amplio piso que ocupa en el mismo barrio, llevado por el motorista en un Mercedes Benz blanco. Hace aos que dej de manejar y cuando lo haca -es el primero en admitirlo- era un peligro ambulante.

 

Imaginando lo que vendr

Cuando le preguntan por qu an sigue trabajando tanto, la respuesta es siempre la misma: El trabajo me distrae. A mi edad, ms vale estar ocupado, para no pasar el tiempo pensando tonteras. Cuenta que le gusta quedarse solo en su despacho, repasando la vida e imaginando lo que vendr. A veces, el pasado aparece y recuerdo mis hermanos, los amigos ya perdidos para siempre, y entonces una tristeza mansa y silenciosa me invade. Otras veces lo que irrumpe es la miseria del mundo, esa miseria inmensa que los ms ricos aceptan, indiferentes.

Soy radical, afirma y reitera, con ligeras variantes, a lo largo de las ltimas muchas dcadas. Y para no dejar ninguna duda, escribi a mano, en la pared que est justo a la entrada de su estudio: Cuando la vida se degrada y la esperanza huye del corazn de los hombres, la revolucin es el camino a seguir.

Antes, hubo otras frases. l mismo las renueva cada tanto. sta, la de ahora, fue modificada; deca: Cuando la miseria se multiplica y la esperanza huye del corazn de los hombres... Slo la revolucin. Quiso ser ms explcito.

Manifestar su indignacin es, para Niemeyer, algo tan esencial como el aire de cada maana. En los aos de la dictadura militar, en uno de los tantos interrogatorios a que fue sometido, sus inquisidores quisieron saber cmo pretenda cambiar la arquitectura. No quiero cambiar la arquitectura, lo que quiero es cambiar esa sociedad de mierda, contest con serenidad. Fue fichado como corresponda: subversivo del ms alto grado. Y, encima, comunista.

Nunca me call. Nunca ocult mi posicin de comunista. Es necesario protestar contra la miseria, las injusticias, las desigualdades. La arquitectura no cambia la vida de los pobres, para cambiarla hay que salir a la calle y protestar, aclar poco despus de cumplir los 99.

 

El desafo de inventar

Almuerza todos los das en la mesa de la sala principal de su estudio. Suele invitar a uno o dos amigos para compartir la comida. Una cosa no cambia nunca en esos almuerzos: el postre que Niemeyer dice haber inventado, crema de palta con helado de vainilla.

Trabaja solo, creando los trazos generales de sus proyectos, que luego son detallados por otro equipo de profesionales. Se queda parado frente a la mesa de arquitecto. Disea con plumones gruesos, de tinta negra. Los trazos nacen sueltos, veloces, siempre enamorados de las curvas, del desafo de inventar algo nuevo y bello. Los ojos ya no son lo que eran, es verdad, pero los trazos siguen naciendo con la atrevida soltura de otrora. No se repiten, no hacen ms que realzar la marca ineludible de la mano irremediablemente inquieta de ese desafiador de todo.

Asegura que cuando encuentra la solucin en el dibujo, de inmediato escribe la explicacin. Si esa explicacin no le parece clara y convincente, es porque el trazo est equivocado. Entonces empieza otra vez. Recibe pedidos de proyectos de varias partes del mundo. Los de Espaa, Noruega, Italia, Alemania e Inglaterra estn entre los ms recientes.

En los fondos del estudio cuenta con una pequea sala atiborrada de libros. Es su refugio ntimo. All oye msica, all tiene sus conversaciones personales ms profundas con el silencio. Por las maanas se ocupa de la vasta correspondencia que recibe. Dicta las respuestas. Cada tanto recibe periodistas que vienen de todo el mundo. Hace una seleccin rgida. Seala que, de no ser as, pasara la vida contestando las mismas preguntas de la prensa. Adems, recibe caravanas de arquitectos que entran al estudio como a un templo de peregrinacin. Con la muerte de su mujer, Anita, se torn el patriarca de una familia compuesta por una hija nica, Ana Mara -galerista de arte-, cuatro nietos, catorce bisnietos y cuatro tataranietos. Algunos trabajan en la fundacin que lleva su nombre. Todos gravitan, de una o de otra manera, a su alrededor.

Hay sorpresas creadas por sus proyectos. El Museo de Arte Contemporneo de Niteroi, al otro lado de la baha de Guanabara, exactamente frente a Ro de Janeiro, logr algo inslito: desde su creacin, en 1996, recibe un pblico superior al de Maracan, el templo del ftbol en un pas de futboleros.

La marca de Niemeyer es indefinible, segn muchos arquitectos. Otros, los estudiosos, buscan races y explicaciones. Dicen, por ejemplo, que bebi en las fuentes del barroco o mencionan la influencia de Le Corbusier, con quien Niemeyer trabaj en los comienzos de su carrera, all por los aos 20, y luego otra vez, cuando el proyecto de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Para l, eso no importa. Arquitectura, sostiene, es nada ms que proyectar el espacio vaco. Es lo que hizo en Brasilia y en todas sus obras.

Otro de los grandes de la arquitectura brasilea, Sergio Bernardes, sola decir que los genios como Niemeyer suelen acabar en s mismos: Rodias no hizo escuela, ni Da Vinci, ni Michelngelo. Oscar tampoco cre una escuela.

Trabaj, desde siempre, con libertad. Jams recibi rdenes, sino encargos. El comunista convicto, el ateo irreductible, proyect iglesias y catedrales para los ms distintos credos. La ms hermosa es la de Brasilia, con sus 16 columnas curvas, idnticas, diseadas en crculo, que se levantan hacia el cielo como manos que se encuentran con un tono de splica. No hay cruz, no hay imgenes tradicionales de santos. En otra catedral, la proyectada para Niteroi, distinta ha sido la osada: el edificio se eleva sobre columnas, en un terreno cercado por el mar. Dentro, las personas tendrn la sensacin de planear sobre las aguas. A Niemeyer le gusta la idea de una catedral suspendida en el aire, para crear una atmsfera serena y que los creyentes puedan hablarle a Dios.

 

Mejorar el ser humano

Que nadie le pregunte cul es su obra favorita, o sobre la importancia de la arquitectura. Se queja de que ya no aguanta decir siempre las mismas cosas. La arquitectura no tiene ninguna importancia, fulmina con voz suave y cansada. De Le Corbusier, o cierta vez que arquitectura es invencin y lo tom como regla para mi trabajo. Pero lo ms importante no es la arquitectura sino la vida, los amigos, y este mundo injusto que debemos modificar. Lo importante es mejorar el ser humano, sentir su fragilidad.

A veces, muy de tanto en tanto, deja escapar que de Brasilia le gusta especialmente la catedral, el conjunto del Congreso, con sus dos cpulas invertidas, las columnas del Palacio da Alvorada -la residencia presidencial- o el predio del Ministerio de la Justicia. Pero enseguida recuerda que el Memorial de Amrica Latina, en So Paulo, le agrada mucho y tambin la universidad que proyect para Constantine, en Argelia, y ya no vuelve a mencionar la capital creada en tres aos en medio de la nada e inaugurada en abril de 1960.

De todo lo que hizo, reitera que el marco fundacional ha sido el conjunto arquitectnico del barrio de Pampulha, en Belo Horizonte. Brasilia es consecuencia de aquel trabajo. Y lo que vino despus, y sigue viniendo, es consecuencia de todo.

Gan los premios ms importantes del mundo. Dice que el reconocimiento es, siempre, algo agradable, pero que no se deja impresionar demasiado. Repite, una y otra vez, lo del valor de los amigos y la necesidad de cambiar el mundo. Recuerda que hace algunos aos Fidel Castro coment: Parece mentira, pero ya no quedan en el mundo ms que dos comunistas, Oscar Niemeyer y yo. Muestra ms orgullo por la frase que por los premios.

Tiene, en todo caso, y ms an a estas alturas de la vida, plena conciencia del respeto que su obra conquist mundo afuera.

En 1989, cierta tarde, me llam a su estudio de Copacabana. Quera preguntarme algo importante. Es que me han dado un premio en Espaa y debo decir si lo acepto o no, me coment. Luego dijo cul era el premio: el Prncipe de Asturias. Expliqu que era el ms importante de Espaa y que l deba sentirse honrado y orgulloso. Qu va!, me contest coqueto a sus entonces 81 aos. Si fuese importante de verdad, no me lo hubieran dado.... Se entusiasm cuando supo que, adems de una cantidad en dinero y el diploma correspondiente, ganara tambin una escultura de Joan Mir. Es que siempre quise tener algo de Mir, explic.

 

La importancia de la vida

Construir una ciudad ha sido fantstico. Le dio al pueblo brasileo I; idea clara de que poda lograr lo que se propusiera. Pude hacer una arquitectura que sorprenda. Pero luego el sueo se acab, precisamente en el da de la inauguracin. No sub al palco de las autoridades: mi qued abajo, con los peones que haban trabajado para construir un; ciudad donde no podran vivir. El mundo soado era imposible. Dejbamos de ser iguales, evoca el inventor de Brasilia.

Andr Malraux dijo un da que Niemeyer tena su propio museo de curvas, de recuerdos, de las formas ms amadas. Eduardo Galeano escribi que Niemeyer odia el capitalismo y el ngulo recto. Contra el capitalismo, no es mucho lo que puede hacer. Pero contra el ngulo recto, opresor del espacio, triunfa su arquitectura libre y sensual y leve como las nubes. De uno de sus mejores amigos, el antroplogo Darcy Ribeiro oy lo siguiente: Oscar es la realizacin, hasta el lmite, de la capacidad humana de crear belleza.

Para l, se equivocaron todos. No tiene ninguna importancia, nada de eso tiene importancia. La vida es un soplido. Todo acaba. Me dice que despus que yo muera, otras personas vern mi obra. Pero esas personas tambin morirn. Y vendrn otras, que tambin se irn. La inmortalidad es una fantasa, una manera de olvidar la realidad. Lo que importa, mientras estamos aqu, es la vida, la gente. Abrazar a los amigos, vivir feliz. Cambiar el mundo. Y nada ms.

Este artculo ha aparecido en NMADA, revista de la UNSAM (Universidad Nacional de General San Martn), Argentina. Nmero 8 / ao 2 / diciembre de 2007.

 

Eric Nepomuceno (Brasil, 1948) Escritor y periodista, autor de los libros de cuentos La palabra nunca, 40 dlares y otras historias, Cosas del mundo, Contradanza y otras historias, Antes del invierno y Mircoles. Tradujo al portugus obras de Juan Rulfo, Julio Cortzar, Eduardo Galeano, Gabriel Garca Mrquez y Juan Gelman.


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