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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2004

Petrleo por sangre en Nigeria

Adrin Mac Limn
Argenpress


El lder rebelde Muhajid Dakubo Asari no es un tipo de fiar. Por eso, cuando hace quince das anunci la firma de una tregua con el gobierno central de Nigeria los analistas prefirieron esperar a que la noticia fuese confirmada por el presidente Olusegun Obasanjo. Slo entonces los mercados financieros respiraron tranquilos. La tregua garantiza el mantenimiento de las cuotas de produccin petrolfera de Nigeria (algo ms del 3 por ciento sobre el total mundial) y soluciona una de las causas que han situado el precio del barril de crudo en 50 dlares. Desde la firma del acuerdo, la atencin de la comunidad internacional ha ido decreciendo y Nigeria vuelve poco a poco al olvido tradicional que sufren los estados africanos.

Nigeria es el paradigma de los pases que sufren la llamada 'maldicin del petrleo'. Es decir, ese fenmeno por el que un pas lleno de riquezas fsiles se ve inmerso en la miseria, arrasado por mltiples conflictos, carcomido por la corrupcin de la elite dirigente que tan gustosamente se deja sobornar por las multinacionales extranjeras. Nigeria produce al da ms de dos millones de barriles de crudo y es el sexto exportador mundial de esta materia. Sin embargo, su renta per cpita no supera el dlar diario, ms de el 70 por ciento de sus 130 millones de habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza y la esperanza de vida no llega a los 50 aos.

Los grandes yacimientos petrolferos se sitan en el sur del Delta del Nger, el gran ro que recorre el oeste del pas hasta Port Harcourt, ciudad costera que se ha convertido en el epicentro de la actividad petrolfera en Africa Occidental. El actual conflicto, desatado a principios de 2004, enfrenta a la Fuerza Voluntaria del Pueblo de Nger (dirigida por Dakubo Asari) contra el Grupo de Autodefensa del Delta del Nger (dirigido por Ateke Tom) y a ambos con el ejrcito nigeriano. No obstante, no se trata del primer enfrentamiento armado en la regin. En 1967, una guerra por la independencia de las regiones del sur provoc ms de un milln de muertos en menos de tres aos. En 1995, la dictadura del general Sani Abacha ejecutaba al poeta Saro Wiwa y otros ocho defensores de los derechos humanos y el medio ambiente. Su delito: denunciar los crmenes cometidos por la petrolera angloholandesa Shell. En 1997, el propio Asari se levant en armas y ocup varias sedes de Shell en la conocida como 'Guerra del Alquitrn'. Por ltimo, en marzo de 2003, una revuelta rebelde en el sur del pas provoca una reduccin de 800.000 barriles de crudo en las exportaciones nigerianas. El petrleo, siempre el petrleo.

Sin embargo, en las races del conflicto se confunden motivos tnicos, injusticias histricas y ambiciones econmicas. En efecto, minoras tnicas como los ogonis o los ijaws (a la que pertenecen los dos lderes rebeldes) han sido maltratadas desde hace dcadas. El descontento de estas poblaciones es capitalizado por los rebeldes para erigirse como liberadores de su pueblo. Pero, en realidad, poco les importa ms all de los rditos polticos y econmicos que les aporta su rol de piezas en un tablero en el que se juegan suculentos intereses.

La omnipresente Shell controla gran parte de la produccin petrolfera del estado africano. Sin embargo, no es la nica que participa en el juego. Despus de la muerte del dictador Sani Abacha en 1999, la petrolera belga-francesa Total, y con ella Francia, perdan a su talismn y vean disminuida su influencia en el pas. De ah que en la actualidad no sean pocos los analistas que ven en estas rebeliones, siempre dirigidas contra las instalaciones de Shell, la tradicional mano negra de la antigua Elf. Mientras, Estados Unidos cuida de que Texaco contine con la extraccin de los varios cientos de miles de barriles diarios que la primera potencia mundial importa de Nigeria.

En este oscuro juego de influencias y malversaciones el fin justifica todos los medios. As, la corrupcin se ha convertido en el verdadero lastre para el desarrollo del pas. A pesar de los increbles mrgenes de beneficio obtenidos por las multinacionales extranjeras, gracias a su riqueza petrolfera, desde 1956 el estado nigeriano ha ingresado ms de 300.000 millones de dlares. Una fortuna que se ha evaporado. Slo el dictador Sani Abacha rob ms de 4.300 millones de dlares. El despotismo llega hasta tal punto que la mitad de esta suma la obtuvo de una manera muy simple: transport el dinero desde el banco central hasta su mansin en un camin. Desde luego, no es el nico. Obasanjo ha sido acusado en varias ocasiones de poseer cuentas secretas en Suiza. Shell reconoci el pasado junio el pago, durante aos, de millones de dlares en concepto de 'arreglos con las autoridades locales'. Segn el diario britnico The Independent, la multinacional estadounidense Halliburton consigui el contrato para la construccin de la terminal de gas de Bonny Island (valorado en 12.000 millones de dlares) gracias al pago de 132 millones de dlares en concepto de comisiones injustificadas. La lista es interminable.

La paz momentnea a la que se ha llegado en Nigeria no supone el arreglo de ninguna de las causas estructurales que provocan el conflicto y sumen a la mayora de la poblacin en la miseria. Los rebeldes han cedido despus de que se aceptasen varias condiciones: el reconocimiento del derecho de autodeterminacin para las regiones del sur del Delta del Nger y el establecimiento de una conferencia nacional para firmar un acuerdo definitivo. En estas condiciones, hay quienes apuntan que Obasanjo no ha hecho sino abrir la caja de Pandora y que el conflicto no ha hecho ms que empezar. En cualquier caso, ser una guerra olvidada ms, sin inters para el civilizado mundo occidental. A no se que vuelva a afectar a la produccin del dichoso oro negro.



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