Portada :: Colombia :: Crimen de guerra e invasin de Ecuador
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2008

Se escribe Uribe, se lee petrleo

Guillermo Almeyra
La Jornada


Una breve declaracin de la Shell, la compaa petrolera angloholandesa, una de las Siete Hermanas, que fue publicada en Estados Unidos para los especialistas, nos da la clave de interpretacin del ataque criminal contra el territorio ecuatoriano lanzado por el ejrcito de Colombia. Segn ella, dada la previsible disminucin constante de la produccin petrolera mexicana, es esencial para la seguridad de Estados Unidos contar permanentemente con el abastecimiento en petrleo venezolano. Ahora bien, precisamente se es el que est en peligro ante los intentos repetidos del gobierno de Washington de desestabilizar y derribar al de Hugo Chvez. ste, en efecto, declar ya con todas las letras y no es hombre de fanfarronear que si la agresin continuase y se agravese podra cortar el suministro petrolero a su principal cliente actual Estados Unidos, que es, adems, el que ofrece ms ventajas (un gran mercado, diferencias en los fletes, por ejemplo) que los dems.

Por eso, si el presidente derechista colombiano lvaro Uribe provoca una situacin blica con Ecuador no es tanto para golpear militarmente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sino para dar un fuerte golpe poltico a la oposicin de izquierda colombiana, que crece sin cesar, que no se identifica con las FARC ni con los mtodos de stas, que ya ha ganado las elecciones en Bogot, Medelln, Cali, y que repudia los lazos de Uribe y del ejrcito con los paramilitares y, por medio de stos, con el narcotrfico. Una de las razones de la incursin militar en Ecuador para asesinar a Ral Reyes, es la necesidad de cortar de raz el movimiento por la liberacin de los rehenes (incluidos entre stos los que tiene en sus manos el gobierno, que ascienden a ms de 500) y por un acuerdo poltico de paz entre el gobierno y las FARC. Este movimiento es mucho ms peligroso que la fuerza militar del enemigo, tanto para los fascistas militares respaldados por Estados Unidos que quieren continuar la guerra y esperan ganarla utilizando una mayor represin, como tambin para los aventureros militaristas en las propias FARC.

Pero la razn esencial reside en el acatamiento a la voz del amo, la del gobierno de Estados Unidos. Porque el equipo estadunidense gobernante no puede entrar en una fase de recesin, que provocar inquietud social, con el abastecimiento petrolero dependiente del radicalismo de Chvez y con la perspectiva de que el precio del combustible sea cada vez ms caro y no disminuya ni siquiera en el caso de que cayese el consumo. Adems, la combinacin de su crisis de hegemona (el empantanamiento en Irak), de su crisis econmica y de la crisis poltica (posibilidad de triunfo de los demcratas) crea una mezcla explosiva que la chispa venezolana podra ayudar a detonar. La Casa Blanca no se cansa de repetir en todos los tonos delenda est Caracas, delenda est La Habana. Como Catn, con su Carthaginem est delenda, no hay discurso de Bush en el que no hable de la necesidad de destruir la revolucin cubana y, ahora, la bolivariana. Uribe es simplemente el instrumento de esa poltica provocadora y busca crear una situacin de guerra en la regin para justificar golpes de mano fronterizos, bombardeos (de aviones estadunidenses disfrazados de colombianos) e infiltraciones de saboteadores con el objetivo de ayudar a la burguesa venezolana, incluida la boliburguesa nueva y a la derecha de las fuerzas armadas de Venezuela para que den un golpe contra Chvez. Independientemente de los errores de la poltica econmica de Caracas, las dificultades que enfrenta Venezuela, desde el desabastecimiento hasta el mercado negro y el aumento de la delincuencia, tienen su principal base en la desestabilizacin provocada e inducida, tal como sucedi desde la Revolucin Francesa hasta hoy en todo proceso revolucionario.

En la OEA nada menos que en esa organizacin que siempre ha sido el ministerio de colonias latinoamericanas de Washington! el repudio al do Bush titiritero-Uribe marioneta descascarada ha sido demasiado grande como para que Bogot pueda seguir adelante con sus matanzas y provocaciones. En lo inmediato, al hacer imposible la liberacin de Ingrid Betancourt, ya resuelta por las FARC, Bogot incluso se opone al gobierno francs, que es de derecha, pero de la derecha nacionalista, y su oposicin al intercambio de rehenes alimentar la protesta militante de la oposicin. Washington, que ha aplaudido el bombardeo a Ecuador, se mantiene incluso con una poltica de perfil bajo y podra dejar a Uribe como chivo expiatorio, contentndose con el reforzamiento del ala fascista del ejrcito colombiano. Una guerra en la que ste debiese combatir a la vez contra las FARC, contra Venezuela y contra el ejrcito ecuatoriano, fogueado hace poco en los combates victoriosos contra Per, es muy poco probable. En cambio es previsible que siga la desestabilizacin del gobierno de Chvez (y tambin de los de Evo Morales y Rafael Correa) con otros medios ms sutiles, y que el interlocutor de Washington en Colombia, mucho ms que un Uribe desenmascarado y debilitado, sea la alianza militar-paramilitar-narcotraficantes, que es el factor de poder real en Bogot. La lucha de la oposicin civil colombiana por la paz, por una solucin poltica al problema de los secuestrados por las FARC y de los presos polticos que tiene el gobierno en su poder, al concentrarse contra Uribe, podra permitir un recambio en el gobierno, para que todo siga igual, o sea, para que el bloque de clase poltico y social que hoy es representado por Uribe pueda seguir en el poder incluso sin ste, si las papas quemasen demasiado.



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