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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2008

Carta de su hija Camila y de su esposa, Marta Harnecker, escritas el 11 de marzo de 1998, tras su repentina muerte
En memoria del comandante guerrillero cubano, Manuel Pieiro Losada, combatiente de todas las causas justas

Rebelin



CARTA DE CAMILA PIEIRO

Padre,

quizs si fueses eso tan slo para m, mi dolor hoy no sera tan grande. La prdida de un padre no es solamente la causa de mis lgrimas, no es lo que me ha hecho entregar corazas de esta manera. Junto con mi dolor de hija tengo el de todos los que te acompaaron da a da en tu quehacer revolucionario, cubanos y de cualquier parte del mundo, planificando y construyendo sueos, en Cuba y fuera de ella, en los buenos momentos en que la oscuridad se quera hacer luz y ya cuando la luz qued renegada al tiempo -porque ms tarde o ms temprano confi en que se har la luz, por ti y por los muchos otros que han dedicado su vida a ello as tendr que ser-.

Recin estaba descubriendo la inmensidad de persona que escondas detrs del padre que nunca estaba; dentro del padre tan tierno y tmido que te me mostrabas. Qu increble modestia la tuya! Todo lo que me contaste de tu obra siempre vena cargado de humor, incluso tus errores de campaa (la vez que le disparaste por error a Camilo, la vez que le escondiste el libro al Ch, la vez que te quitaste las botas para dormir y te sorprendi un bombardeo); y muy pocas veces contaste el esfuerzo de la labor diaria que ejecutaste, ni siquiera hablaste de tu papel individual. Me encantaba cuando chica que me contaras "tus cuentos" -como yo te deca-, y tena que pedrtelo casi siempre aprovechando las ocasiones en que despus de comida nos quedbamos hablando en la mesa. A dnde se irn todos "los cuentos" que quedaron por contar? Siento que te me fuiste de entre las manos, como el agua que se escurre y deja huellas para que la recuerden. Te tuve tan cerca ltimamente y no supe aprovechar los ltimos momentos que me brindaste. Por qu alguien no me avis que tu camino en esta vida se estaba acabando? Me da rabia notar que es precisamente en estos momentos cuando me siento ms cerca de ti que nunca. Ahora te he abierto mi alma y slo t ests en toda ella, desbordndome.

Quizs si me hubieses contado tus hazaas, junto con las ancdotas graciosas, habra encontrado razones de sobra para perdonarte tu presencia intermitente, tu dificultad en asumir las tareas de la casa, tu debilidad con el tabaco, tus vanas promesas de cambiar tu estilo de vida y comenzar a cuidarte. Qu son ahora para m esos defectos que tanto me molestaban consciente o inconscientemente? Nada. Ahora slo podran ser vergenza por no entenderte, y ganas de que me perdonaras por no haberte hecho ms agradable tu estancia a mi lado. Son tambin las cosas que ante m hoy te hacen ms grande: porque no eres un hombre perfecto, como todos los hombres, pero supiste construirte en cada instante de tu vida con las virtudes humanas que ms admiro y, por encima de todo ello, escogiste el empedrado camino de servir a las causas de liberacin de los pueblos del mundo.

Por eso, porque ya no se pasear entre nosotros un luchador infatigable de las batallas de los explotados, porque Cuba pierde alguien que apuesta y se juega por su futuro, porque los movimientos de liberacin estn de luto, porque la gracia y la cubana nunca se sentirn igual en esta casa, porque es una prdida colectiva, es que lloro con todas mis fuerzas. Est bien, ahora no te tendr de carne y hueso -y no es porque me conforme con ello-, pero estars en cada rbol, en cada pjaro, en cada energa palpitante de un amanecer; ahora tu ser no tiene fronteras y te tendr en todo y a toda hora. Ya lo siento.

Quizs lo que ms duele es saber lo tanto que t amabas la vida, sus placeres, sus desafos, y que an te habra gustado hacer muchas cosas ms. S, s que sigues vivo en el corazn de incontable gente en todo el mundo, que no has muerto y ahora tu vida es un ejemplo para muchos; pero yo te quiero aqu junto a m sencillamente, al menos un poco ms, y prometo que dispuesta a compartirte. Siento que no me diste tiempo de demostrarte todo lo que te admiro, todo, sin que pueda encerrar su real magnitud, todo lo que te quiero y por siempre.

Vas a ser mi luz en la adversidad. Como lo es ahora recordar tu sonrisa tan pura e infantil, incluso en estos momentos: los ms tristes de mi vida. Los recuerdos felices de mi infancia son ahora todos aquellos intensos momentos de juego que supiste darme en medio de tus tareas. Las sensaciones de tus cosquillas, de la euforia del juego, de tu mirada embobecida de amor paternal, de tu orgullo por tu hija estudiosa -aunque me habra gustado darte otras cosas para admirar-, de tus celos por el novio, son ahora mis mayores tesoros.

Tu ejemplo lo llevar conmigo para siempre, cada da, porque gran parte de lo que soy hoy te lo debo a ti y te lo deber por siempre. Porque ahora el deseo de hacerte un padre orgulloso es una meta de mi vida. Porque cada vez que algn compaero me hable de ti se que te tendr ms presente reluciendo entre todas mis estrellas. Porque eres y siempre sers mi padre, mi nico padre, mi padre por siempre.

Hoy creo en la eternidad.

Camila Pieiro
12 de marzo 1998

TRICONTINENTAL

CARTA DE MARTA HARNECKER A SU ESPOSO

A Manuel, combatiente de todas las causas justas

Se fue una noche para volver muy pronto y no regres. El viaje era por pocos das, la despedida fue corta. Manuel tena todava que leer algunos papeles antes de partir al II Frente Oriental "Frank Pas" ‑para conmemorar el 40 aniversario de su creacin‑ y yo tena que recuperar energas para continuar un trabajo urgente al da siguiente. Le prepar su maletn y me desped. "Preprame libros tuyos para algunos compaeros" ‑me dijo‑. (Se refera a mi libro: "Haciendo posible lo imposible: La izquierda en el umbral del siglo XXI"). Era gran propagandista y divulgador de mi obra. Yo tena conciencia de cuanto l valoraba mi trabajo y eso era muy importante para m. Como tena que levantarse a las cinco de la maana y no quera despertarme durmi algo ms de una hora en la hamaca de la terraza y parti silenciosamente. Esa noche fue la ltima vez que lo vi sentado en la cocina‑comedor de nuestra casa, donde sola trabajar por las madrugadas leyendo papeles y mirando simultneamente videos. Para un fumador empedernido como l ese era uno de sus espacios ‑habamos llegado al acuerdo de que desde el pasillo que queda prximo a la cocina y hacia el interior de la casa no se poda fumar‑.

Tres das antes de cumplir sesenta y cinco aos, un lamentable accidente termin con su vida ‑una vida completamente dedicada a apoyar las luchas por construir un mundo mejor, ms justo y solidario‑. Cuando llegu a la clnica con nuestra hija, Camila, estaba semiconsciente y en menos de una hora inesperadamente muri. Por ello no pudimos despedirnos, pero nos queda el consuelo de saber que al menos no sufri.

Muchos de los que haban compartido con l en la Embajada de Mxico poco antes, no podan creer la noticia. "Se vea tan vital, tan contento, de tan buen humor" -me decan. Yo saba que no era para consolarme, l me haba hablado por telfono al llegar de Santiago de Cuba. Regresaba emocionado y feliz de ese encuentro con tantos compaeros de lucha. Revivir recuerdos, escuchar y contar ancdotas que el tiempo no haba podido borrar de su memoria, admirarse del trayecto recorrido y de los cambios sufridos por aquella zona de combate debido a las transformaciones revolucionarias, sentirse cerca de todos esos hombres y mujeres que, con su entrega y espritu de lucha, hicieron posible el triunfo de enero del 59, haba llenado su alma de clidas sensaciones que se expresaban a travs de su rostro y de sus gestos.

La noche anterior lo habamos visto en el noticiero de la televisin cubana irradiando simpata y alegra, y planteando, con el humor que lo caracterizaba: "Ahora el peligro que corremos todos estos veteranos es que cuando empecemos a hacernos cuentos de la historia veamos hasta donde mantenemos una buena memoria e inconscientemente no exageramos los hechos en que todos hemos participado."

Lo haba conocido en Cuba, en 1972, en la celebracin de un 26 de julio. Fue un amor a primera vista. Soy una de las pocas personas a las que el golpe militar contra Salvador Allende en Chile favoreci en su vida personal. Lo que en ese verano cubano pareca una relacin imposible, se transform muy pronto en una posibilidad real.

El exilio me condujo al lado de aquel hombre que era capaz de planificar las ms audaces y arriesgadas empresas y al mismo tiempo tener una gran sensibilidad para las cosas pequeas. Recuerdo sus diarias llamadas en el momento mismo en que el sol se comenzaba a esconder en el horizonte. Pareca quererme decir: se va luz, pero quedo yo que soy tu luz.

Poco a poco tuve que aprender a convivir con un hombre cuya vida personal estaba completamente subordinada a los intereses de la revolucin. Son incontables las veces en que nuestros planes fueron derrumbados por inesperados acontecimientos que obligaban a modificarlos. Yo, una mujer organizada, tuve que adaptarme a esa constante incertidumbre y confieso que nunca llegue a lograrlo totalmente.

Deb aprender a controlar los celos que senta por tantos compaeros que me robaban el escaso tiempo que tenamos para estar juntos. Noches y fines de semana entraba y sala gente de nuestra casa. Eran compaeros cubanos, latinoamericanos o de otras latitudes, que venan a buscar consejos y orientaciones, mientras l satisfaca su avidez de informacin acerca de sus pases. Manuel saba darse tiempo para escucharlos con atencin y nunca olvidaba preguntarles por sus asunto personales: la familia, el hijo enfermo, el problema ntimo. El envo de libros y peridicos era una demanda constante al despedirse.

No conozco a nadie que haya sido su subordinado en alguna de las distintas etapas de su vida que no guarde de l los mejores recuerdos: mientras l fue jefe jams un funcionario amonestado o sancionado dej de contar con su especial atencin. La mayor parte de ellos, pasada la sancin, continuaron siendo sus fieles colaboradores. Lo vi apoyar a muchos compaeros cuando consideraba que haban sido tratados injustamente sin tener en cuenta las consecuencias que de ello se podran derivar.

Durante muchos aos trabaj muy cerca de Fidel y siempre fue su ms fiel defensor. Si alguna vez tuvo opiniones discrepantes nunca lo manifest pblicamente. Su lealtad a la revolucin no tena lmites. Tanto empeo puso en colaborar con el movimiento guerrillero latinoamericano, en momentos en que la direccin de la Revolucin estimaba que ese era el camino a seguir ‑tanto por la situacin explosiva del rea, como por la misma necesidad de consolidar la solitaria revolucin caribea‑, como en convocar a empresarios de la regin a invertir en Cuba, dada nueva situacin econmica creada por la cada del bloque sovitico.

Era una persona que jams buscaba protagonismo y que nunca reivindic para s los xitos que inspiraba. Mantuvo su anonimato hasta unos meses atrs, cuando dio su primera entrevista sobre el Che en la revista Tricontinental. Desde entonces sufri el asedio de periodistas de todas partes del mundo.

Manuel trabajaba duramente pero tambin gozaba intensamente en los pocos monentos que le quedaban libres. Una comida sencilla pero sabrosa, una siesta en la hamaca en medio de una agradable brisa, unas horas en la playa, una buena pelcula, los bellos atardeceres tropicales, no le eran indiferentes. Bailaba maravillosamente bien, con ese ritmo caribeo que no es fcil de seguir por nosotros, los del sur del continente.

Su fino sentido del humor era una de sus rasgos ms destacados. No haba reunin social en la que l no fuera centro de un animado grupo que celebrara sus inesperadas salidas con fuertes carcajadas. En la casa, por el contrario, era muy poco comunicativo. Jams permiti que aflorara ninguna de sus preocupaciones o sufrimientos. Su radical optimismo le llevaba a ver salidas aun a las mayores dificultades.

Su creatividad era asombrosa. Quien vena a consultarle una o dos ideas sala cargado de un fardo de nuevas ideas. Si algo le molestaba era la inercia de algunos compaeros que reaccionaban demasiado lentamente ante las cambiantes situaciones.

Senta una especial inclinacin por los nios pequeos, lograba establecer con ellos un dilogo extraordinariamente frtil; para muchos de estos nios el to de la barba era el to preferido. Fue eso lo que me decidi a tener hijos con l aunque mi decisin inicial era no tenerlos. Supe que no haba podido gozar de los primeros momentos de la vida de Manolito, su primer hijo con Lorna, debido a sus responsabilidades guerrilleras. Luego su primera mujer se accident y no pudo tener ms hijos. Manuel guardaba esa frustracin en el corazn y yo decid subsanarla. Fue la determinacin ms importante de mi existencia. Camila llen nuestras vidas de ternura y alegra. Los escasos pero intensos momentos que l poda dedicarle convirtieron su existencia en algo ms pleno. Eramos una familia feliz, la pequea familia que constituimos con Camila, la familia mayor en la que incluamos a Manolito, su esposa Liliana, su hijita Gabriela y su primera esposa, Lorna, que lleg a ser una gran amiga para m, y la gran familia de todos los fieles compaeros y amigos que se extenda hasta tierras lejanas del planeta.

Para todos nosotros, como para todos los compaeros que lo conocieron y aprendieron a respetarlo, admirarlo y quererlo como a un hermano y amigo, l no ha muerto, el vive y vivir para siempre porque sus combates sern nuestros combates y sus sueos sern nuestro sueos.

Gracias Manuel por el ejemplo de tu vida, ya nadie te podr separar jams de nuestras esperanzas.

La Habana, 14 de marzo de 1998

 



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