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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2008

Respuesta a algunas crticas
ETA tambin mata

Santiago Alba Rico
Rebelin


Para devolverle de entrada el cumplido, dir que he ledo a menudo con instruccin y placer- los artculos que Mikel Arizaleta suele publicar en Rebelin, particularmente la serie dedicada a la historia de la Iglesia. Fino humor, gil erudicin y pluma fresca, sus textos se mueven con soltura por el pasado para iluminar los descosidos del presente. Como adems confiesa leerme con fruicin, no puedo dejar de tomarme seriamente su Pamphlet (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64395), escrito en respuesta al comunicado de emergencia que firmamos Carlos Fernndez Liria y yo dos horas despus del asesinato de Isaas Carrasco en Mondragn (ETA tambin vota http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64291).

A Arizaleta, que cita algunas frases nuestras, el articulito le parece una justificacin bastante imbcil investida de un cierto regusto panfletario. No me siento herido por la agresividad de los calificativos; puede que tenga razn y todos merecemos de vez en cuando una reprimenda. Lo que me preocupa es que semejante enmienda a la totalidad no merezca una explicacin, no vaya acompaada de una argumentacin, no condescienda luego a la magnanimidad de una leccin. Arizaleta nos llama imbciles y panfletarios y luego, cuando uno espera que razone sus mazazos, se pone tranquilamente a escribir otro artculo con el que, por lo dems, estoy completamente de acuerdo.

Qu nos dice en este segundo artculo? Comienza por contarnos, punto y seguido y en la misma pgina, que paseaba por la playa de Lekeitio leyendo a Russell y recordando un libro de Peter Weiss publicado por la editorial Hiru de Eva Forest (le agradezco mucho que haga propaganda de mi editorial y rinda homenaje a mi editora). A continuacin y a partir de la muy recomendable lectura del jurista italiano Danilo Zolo, Arizaleta encadena una avalancha de datos que revelan la atroz violencia de los Estados contra los pueblos del mundo: de Vietnam al Shara, de Palestina a las torturas y encarcelamientos indiscriminados en Euskal Herria. Como Carlos Fernndez Liria y yo dedicamos una buena parte de nuestro tiempo a denunciar precisamente estas cosas, lo nico que puedo objetar es que la lista es demasiado corta: Arizaleta se olvida de Iraq, de los kurdos, de los chechenos, de los mapuches y de un largo etctera. Se olvida asimismo, como instrumentos de exterminio, de Shell, Repsol, Monsanto, Bayern, Coca-Cola y un largo etctera. Se olvida tambin, como causa de muerte planetaria, de las leyes contra la inmigracin, de los accidentes laborales, de la violencia de gnero, del cambio climtico y de un largo etctera.

Lo que me inquieta es el pensamiento fundado de que esta lista de tropelas no constituye un segundo artculo dentro del primero sino que mantiene algn tipo de relacin orgnica inesperada con l. Desde luego, no puede tratarse de demostrar la imbecilidad y carcter panfletario de nuestros argumentos (que, insisto, no descarto): una enumeracin de crmenes estatales las ilumina tanto y de la misma forma en que lo hara una acumulacin de frmulas qumicas o una gua de telfonos. Lo inquietante porque procede de un hombre refinado y porque otros hombres tambin refinados comparten su punto de vista- es el modo en que esta coleccin de infamias contra las que protesta Arizaleta ilumina su posicin no la nuestra- en relacin con el atentado de ETA y con el conflicto de Euskal Herria. Tras la expeditiva descalificacin de nuestro textito y el chaparrn de denuncias que le sigue, se vislumbra claramente este turbador ejercicio de ergotismo: en medio de las agresiones imperialistas, mientras Palestina es cercenada e Iraq degollada, con los kurdos, los chechenos y los saharauis privados de sus derechos, sometidos los vascos a una persecucin policial y judicial arbitraria, a la sombra de multinacionales que asedian por hambre y enfermedad a los pueblos de la tierra, bajo una economa que desplaza poblaciones, arruina familias y corroe toda estabilidad antropolgica y psicolgica; en medio de toda esta atroz, ininterrumpida violencia estructural:

1. Matar a un seor que pasa por la calle es normal.

No ser yo que tanto he escrito contra el terrorismo de la normalidad- el que diga que no. Se puede decir que es normal, que es explicable, que es incluso inevitable. Pero es peligroso deslizarse por este camino. ETA y los que de un modo u otro la apoyan- siguen insistiendo en que su lucha y sus objetivos son polticos. Lo son? Si matar a un seor que pasa por la calle es la respuesta mecnica, automtica, a la violencia ambiental, a la presin atroz de los gobiernos del mundo, entonces el asesinato de Isaas Carrasco merece la misma consideracin y el mismo rango explicativo- que los tiroteos indiscriminados en las Universidades de EEUU o las matanzas en serie de los veteranos locos que vuelven de Iraq. Es eso lo que quiere decir Mikel Arizaleta?

En medio de las agresiones imperialistas, mientras Palestina es cercenada e Iraq degollada, con los kurdos, los chechenos y los saharauis privados de sus derechos, sometidos los vascos a una persecucin policial y judicial arbitraria, a la sombra de multinacionales que asedian por hambre y enfermedad a los pueblos de la tierra, bajo una economa que desplaza poblaciones, arruina familias y corroe toda estabilidad antropolgica y psicolgica; en medio de toda esta atroz, ininterrumpida violencia estructural:

2. Matar a un hombre que pasa por la calle es en todo caso una violencia pequea.

Tampoco ser yo el que lo niegue. Se puede decir que, como violencia y por contraste, es incluso muy pequea. El problema es cuando, bajo esta violencia ambiental intolerable, bajo esta presin atroz de los gobiernos del mundo, uno no lamenta que la nuestra sea demasiada violencia sino demasiado pequea. Contra crmenes tan grandes, si ETA tuviera misiles, bombas de racimo y hasta una bombita nuclear, ETA tendra tambin el derecho a usarlas para alcanzar sus objetivos. Es eso lo que quiere decir Mikel Arizaleta?

En medio de las agresiones imperialistas, mientras Palestina es cercenada e Iraq degollada, con los kurdos, los chechenos y los saharauis privados de sus derechos, sometidos los vascos a una persecucin policial y judicial arbitraria, a la sombra de multinacionales que asedian por hambre y enfermedad a los pueblos de la tierra, bajo una economa que desplaza poblaciones, arruina familias y corroe toda estabilidad antropolgica y psicolgica; en medio de toda esta atroz, ininterrumpida violencia estructural:

3. Matar a un hombre que pasa por la calle es un puro acto de reciprocidad o, si se prefiere, de venganza: ellos encarcelan indiscriminadamente a nuestros militantes y nosotros matamos indiscriminadamente a los suyos.

No digo que no comprenda la venganza. Pero es tambin peligroso deslizarse por esta pendiente. Como es sabido, sistemas de equivalencias slo los hay fuera del Derecho y dentro del mercado: el Derecho y la revolucin slo reconocen las proporciones. Si se trata de equivalencias, el asesinato de Isaas Carrasco puede decirse que vale lo mismo que el encarcelamiento masivo de dirigentes y militantes abertzales: a la arbitrariedad poderosa de un Estado corresponde la arbitrariedad impotente de un grupo armado. Es eso lo que quiere decir Mikel Arizaleta?

Lo que llamamos poltica -y ms una poltica emancipatoria- es la no acpetacin de la normalidad, la inevitabilidad y las equivalencias. Confesar que lo que me ofende en el artculo de Mikel Arizaleta, como en el de otras crticas que he recibido directa o indirectamente en los ltimos das, es el desprecio por las proporciones. Tanto en Pamphlet como en otros textos publicados estos das en Gara y Rebelin se oye la voz severa y un poco perdonavidas del que considera que los izquierdistas que se indignan, se enrabietan y se escandalizan por el asesinato de ETA son gente blanducha, burguesa, idealista, moralizante. Como Margaret Thatcher y Aznar, nos dicen: La guerra es as. O como Ben Gurion, nos dicen: Hay que dejar a un lado la moral. De la misma manera que he escrito mucho contra el terrorismo de la normalidad, he escrito tambin mucho contra la indignacin moral, pero lo he hecho cuando me pareca inmoral (y, por lo tanto, en defensa de la moral). Si EEUU invade Iraq en nombre de la democracia, entonces es que la democracia es mala; si Israel nombra la justicia mientras arroja bombas sobre Gaza, entonces la justicia es criminal; si Aznar condena a ETA en nombre de la moral, entonces la moral es un obstculo hipcrita. Por esta pendiente, acabamos llamando poltica precisamente a lo que queda cuando hemos restado la democracia, la justicia y la moral; es decir, cuando hemos renunciado a toda forma de poltica. Eso es lo que hacen precisamente los imperialistas y sus gobiernos. Eso es lo que llamamos realismo. En el texto de Mikel Arizaleta y en otros semejantes detecto, s, un olmpico, bravucn, musculado realismo que, como todos los realismos, se limita a reproducir la realidad sin aadirle nada real, ni siquiera una pizca de conocimiento. As funciona el realismo, en literatura y en poltica. No hay ninguna diferencia entre un comunicado del gobierno y uno de ETA: los dos son tan realistas, los dos estn tan atrapados en la realidad que se han vuelto locos. Realismo y negociacin son, en todo caso, trminos antagnicos e incompatibles. Acepto que Arizaleta repute imbciles nuestros argumentos; culto y refinado como es, entiendo que con ello evoca slo la etimologa latina del trmino: dbiles en grado extremo (y abusando un poco, por homofonia, sin bastn, insostenibles). Pero me permitir a cambio que le diga que los suyos son idiotas, esta vez en su sentido griego original; es decir, privados, sin mundo, completamente despojados de realidad pblica.

En ETA tambin vota decamos que bamos a abstenernos frente a este doble realismo. El asesinato de Isaas Carrasco sirvi, entre otras cosas, para que todas las fuerzas polticas del Estado apremiaran a los ciudadanos a acudir a las urnas para dejar clara bajo el sol la normalidad democrtica de Espaa. Nosotros no nos tragamos eso. Normalidad democrtica? Eso es precisamente lo que sostenemos que no hay y por lo que hicimos ese llamado -angustiado y vacilante- a la abstencin. No puede haber normalidad democrtica y tortura. No puede haber normalidad democrtica y tres partidos ilegalizados o suspendidos. No puede haber normalidad democrtica y activistas no-violentos encarcelados. No puede haber normalidad democrtica y negacin del principio de autodeterminacin. No puede haber normalidad democrtica y peridicos y medios de comunicacin cerrados. No puede haber, en fin, normalidad democrtica y "doctrina Garzn"; es decir, aceptacin rutinaria del "principio de analoga" como criterio de actuacin penal potencialmente extensible, apenas se vuelva un poco ms de izquierdas, si se volviera un poco ms de izquierdas, a la propia IU y a sus votantes (cosa que stos no acaban de comprender). Pero contra esta normalidad democrtica, a m me interesan, precisamente, la democracia, la justicia y la moral. Si hay que seguir luchando por esto, no podemos invocar el realismo de una guerra de equivalentes: si hay que seguir luchando por esto, no podemos ver nada bueno, nada justificable, nada revolucionario, nada ni siquiera til, nada ni siquiera vasco, en matar a un seor que pasa por la calle. ETA no es ya una organizacin armada; es una organizacin democrtica -inmoral e injusta- dedicada a armar a sus presuntos enemigos y a desarmar a sus presuntos aliados. Yo reivindico mi derecho anti-realista, como defensor izquierdista del principio de autodeterminacin de los pueblos, a sentirme asqueado frente al moralismo inmoral de los torturadores del Estado y frente a la inmoralidad impoltica de ETA.Y aunque unos y otros se resistan a aceptarlo, hay que decir que en Euskal Herria muchas de las abstenciones han sido de las nuestras.



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