El pasado jueves 13 de marzo fue una jornada
significativa para el proceso de cambios revolucionarios que
experimenta Bolivia bajo el gobierno de Evo Morales, el Presidente
Indígena. La abogada aymara Amalia Morales Rondo, quien desempeña
funciones en el sistema judicial desde hace 12 años, fue ascendida por
el régimen al posesionarse como Jueza de Instrucción en lo Penal para
la provincia de Yungas, constituyéndose en la primera magistrada
“chola” (mujer mestiza de pollera) que registra la historia del país.
Posteriormente, el nuevo Ministro de Obras Públicas, Óscar Coca,
posesionó a un profesional indígena ligado a la milicia de los Ponchos
Rojos —el auditor financiero Marvel Vargas Ortiz— como el nuevo gerente
general de la Empresa de Correos de Bolivia (Ecobol), hecho también muy
significativo ya que incorpora en el aparato administrativo del Estado
boliviano, de manera real, a la facción aymara más radical y
consecuente que respalda al presidente Morales.
Sobre
la primera posesión, la prensa reaccionó tal cual habitualmente lo hace
en estos casos, mostrando a la jueza aymara como “otra pintoresca
anécdota” de incorporaciones indígenas en la administración pública de
Bolivia. Respecto a la entrega de Ecobol a manos de los Ponchos Rojos,
los medios de comunicación privados alzaron grito al cielo criticando
que el juramento del posesionado no fue ante la Biblia sino ante los
mismísimos Ponchos Rojos, hecho calificado por algún periodista como
“herejía”. Pero lo realmente insólito fue que los medios informativos
del Gobierno, como ABI y Canal 7, minimizaron y prácticamente ocultaron
la presencia de los milicianos indígenas en la posesión del nuevo
gerente de Ecobol, incurriendo en una inadmisible desinformación.
DESINFORMACIÓN OFICIAL
La
crónica oficial de la posesión difundida por ABI se limitó, muy
escuetamente, a reflejar un fragmento del discurso del ministro Óscar
Coca y a un resumen del currículum del nuevo gerente de Ecobol,
omitiendo deliberadamente detalles del acto central que consistió en el
compromiso de los Ponchos Rojos para fiscalizar rigurosamente la
gestión institucional que asume esta milicia indígena no armada. La
labor de las autoridades informativas del Gobierno en este caso, devela
la inconsistencia del aparato comunicacional estatal que incurre en
actos de desinformación y manipulación al mismo estilo de regímenes
pasados.
Los
Ponchos Rojos arrastran una especie de “estigma” por un acto televisado
el pasado 22 de noviembre, que consistía en ahorcar públicamente a
indefensos perros como un modo simbólico de advertir al fascismo
separatista que si los líderes de la “media luna” quieren derribar a
Evo Morales por la fuerza, ahí estarán estas milicias aymaras
oponiendo, a la violencia fascista, la violencia de una vanguardia
indígena. Sin duda fue un error aquel acto canicida; causó estupor y
justo repudio entre una mayoritaria opinión pública boliviana que clama
por la pacificación del país. Pero es también de suponer que los
Ponchos Rojos, revolucionarios como son, han sabido asumir
autocríticamente aquel error y no hay indicio alguno de que se volverá
a incurrir en tal exceso. Sin embargo, los encargados de la información
oficial ejercen una censura contra este grupo, del mismo modo en que lo
hacen los enemigos separatistas. El antecedente de los canes no es
motivo valedero para omitir de las crónicas oficiales el hecho de que
los Ponchos Rojos, al asumir control de la Empresa de Correos, asumen
el reto de la Transparencia en esta gestión indígena. Minimizarlo desde
los medios de comunicación del Gobierno, además de suponer escaso rigor
periodístico en el tratamiento del tema, resulta un acto de prejuicio
racista que es insólito se produzca dentro el propio Gobierno de Evo
Morales. Algo está fallando en la Vocería Presidencial.
LA ÉTICA INDÍGENA A PRUEBA
Según
la crónica del conservador periódico La Razón , durante el acto de
posesión de Marvel Vargas, los Ponchos Rojos le regalaron al ministro
Coca un poncho y un “chicote”, este último “para castigar al nuevo
gerente de Ecobol en caso de que no cumpla en forma adecuada con su
gestión”.
Ese
acto emblemático minimizado desde los propios medios gubernamentales,
tiene un significado estratégico y trascendental para el proceso que se
vive en Bolivia. Es primera vez que un grupo indígena organizado toma
control directo de una repartición estatal en un ámbito administrativo
enteramente institucional, de alcance nacional, con el explícito
objetivo de imponer una gestión transparente. La Empresa de Correos de
Bolivia es una de las entidades más corrompidas de la administración
pública. Fue durante décadas un “botín de pegas” del gonismo y el
banzerismo, al extremo de que esta empresa fue utilizada para el
tráfico de drogas por narcotraficantes que militaban en el MNR, MIR y
ADN, perdiendo eficiencia en su servicio y permitiendo que el mercado
postal sea controlado por empresas privadas de “courrier”.
El
ministro Coca anunció que Ecobol, bajo la nueva gestión controlada por
los Ponchos Rojos, debe desplazar del mercado postal a las empresas
privadas de “courrier” y brindar un servicio eficiente, moderno y
accesible a la mayoría de la población boliviana, especialmente en las
provincias y ciudades intermedias del país.
Aquel
objetivo sólo puede ser alcanzado mediante una política radical de
transparencia, donde la ética indígena que encarnan los Ponchos Rojos
debe articulase con una institucionalidad que garantice racionalidad y
eficiencia administrativa. Este modelo inédito en la gestión pública
debe ser asumido por el Gobierno como un Proyecto Piloto de
Transparencia Indígena con la eventualidad, en caso de ser exitoso, de
replicarse en otras áreas estatales. Para ello, deberán los Ponchos
Rojos contemplar las siguientes políticas de gestión institucional
transparente:
1.-
Apoyar a la Contraloría General de la República en su labor
fiscalizadora, respetando la independencia de aquel organismo técnico
en sus específicas competencias constitucionales.
2.-
Involucrar a la Superintendencia del Servicio Civil para
institucionalizar cargos y eliminar los índices de nepotismo, dentro
una política de recursos humanos basada en los méritos profesionales y
laborales, y no sólo en la militancia partidaria.
3.-
Impulsar mecanismos de Autofiscalización en la Empresa de Correos de
Bolivia, creando una Unidad de Transparencia y Fortalecimiento
Institucional bajo los principios indígenas de honestidad, respeto a
las personas y ética de trabajo.
Con
la aplicación de aquel programa mínimo de Transparencia, la presencia
indígena en el aparato estatal, en este caso a través de los Ponchos
Rojos, habrá producido una de las señales más importantes que espera la
sociedad civil del régimen que preside Evo Morales.
Con
la aplicación de aquel programa mínimo de Transparencia, la presencia
indígena en el aparato estatal, en este caso a través de los Ponchos
Rojos, habrá producido una de las señales más importantes que espera la
sociedad civil del régimen que preside Evo Morales.
Aunque
fue insólitamente minimizada por los propios medios oficiales de
información, la decisión de los Ponchos Rojos de administrar la Empresa
Boliviana de Correros con una propuesta explícita de transparencia
indígena en la gestión, ha generado una expectativa que guarda íntima
relación con el futuro del proceso libertario que vive Bolivia. Si bajo
este control indígena Ecobol desplaza del mercado postal a las empresas
privadas de “courrier’s” y elimina la corrupción que se hereda en esta
empresa pública desde los pasados regímenes neoliberales, los Ponchos
Rojos se habrán reivindicado de aquella imagen canicida que espantó al
país en noviembre del 2007.
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