Portada :: Iraq :: Cinco aos de la ocupacin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2008

Irak: slo aprendemos que nunca aprendemos

Robert Fisk
La Jornada


Han pasado cinco aos y todava no aprendemos. Con cada aniversario los escalones se desmoronan bajo nuestros pies, las piedras se agrietan ms, la arena se vuelve ms fina. Cuatro aos de catstrofe en Irak y pienso en Churchill, que al final llam a Palestina un desastre infernal.

Pero ya antes nos hemos valido de estos paralelismos y se han dispersado en la brisa del Tigris. Irak est empapado en sangre. Sin embargo, cul es nuestro estado de contricin? Claro, tendremos una consulta pblica, pero todava no! Ojal la inadecuacin fuera nuestro nico pecado.

Hoy estamos empeados en un debate intil. Qu sali mal? Cmo fue que los miembros del senado romano de nuestra era no se rebelaron cuando les contaron mentiras sobre armas de destruccin masiva, sobre vnculos de Saddam Hussein con Osama Bin Laden y el 11 de septiembre? Cmo dejamos que ocurriera? Y cmo fue que no previmos lo que vendra despus de la guerra?

S, claro, los britnicos intentamos que los estadunidenses escucharan, nos dice ahora Downing Street. De veras, en serio lo intentamos, antes que supiramos de manera total y absoluta que era bueno embarcarnos en esta guerra ilegal. Ahora existe vasta literatura sobre la debacle de Irak y existen precedentes de planeacin para la posguerra volver ms tarde sobre esto, pero no se trata de eso. Nuestro predicamento en Irak est en una escala mucho ms terrible.

Cuando los estadunidenses entraron a sangre y fuego en Irak, en 2003, con sus misiles crucero zumbando sobre la tormenta de arena hacia un centenar de poblados y ciudades, yo sola sentarme en mi sucia habitacin del hotel Bagdad Palestina, incapaz de dormir por el estruendo de las explosiones, y hojeaba los libros que haba comprado para sortear esas horas oscuras y peligrosas. La guerra y la paz de Tolstoi me recordaba que un conflicto puede ser descrito con sensibilidad, gracia y horror recomiendo la batalla de Borodin, junto con un archivo de recortes de peridico. En esa pequea carpeta hay una larga arenga de Pat Buchanan, escrita cinco meses antes, y todava siento su poder, su premonicin y su absoluta honestidad histrica: Con nuestra regencia estilo McArthur en Bagdad, la pax americana llegar a su apogeo. Pero luego la marea bajar, porque la nica empresa en la que los pueblos islmicos sobresalen es en expulsar a las potencias imperiales mediante el terrorismo o la guerra de guerrillas.

Sacaron a los britnicos de Palestina y Adn, a los franceses de Argelia, a los estadunidenses de Somalia y Beirut, a los israeles de Lbano. Hemos emprendido el camino hacia el imperio y pasando la prxima colina nos encontraremos con quienes fueron antes que nosotros. La nica leccin que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia.

Con cunta facilidad los hombrecitos nos llevaron al infierno, sin ningn conocimiento de historia o al menos sin ningn inters por ella. Ninguno ley de la insurgencia iraqu contra la ocupacin britnica de 1920, ni del brusco y brutal arreglo que dio Churchill al conflicto el ao siguiente.

En nuestros radares histricos ni siquiera aparece Craso, el ms rico de los generales romanos, quien exigi ser emperador luego de conquistar Macedonia misin cumplida y en venganza se propuso destruir Mesopotamia. En un lugar del desierto, cerca del ro ufrates, los partos antecesores de los actuales insurgentes iraques aniquilaron las legiones, le cercenaron la cabeza a Craso y la enviaron de vuelta a Roma, llena de oro. En estos tiempos habran grabado en video la decapitacin.

Con su monumental arrogancia, esos hombrecitos que nos llevaron a la guerra hace cinco aos ahora demuestran que no han aprendido nada. Anthony Blair como siempre debimos llamar a ese abogado de ciudad pequea debera ser sometido a juicio por su mendacidad. En cambio presume de llevar la paz a un conflicto rabe-israel que tanto ha contribuido a exacerbar. Y ahora el hombre que cambi de parecer sobre la legalidad de la guerra y que lo hizo en una sola hoja de papel carta se atreve a sugerir que deberamos examinar a los inmigrantes que solicitan la ciudadana britnica. La pregunta 1, propongo, debera ser: qu procurador general empapado en sangre ayud a enviar 176 soldados britnicos a la muerte por una mentira? Pregunta 2: cmo sali impune de ese acto?

Pero en cierto sentido la naturaleza facilona y boba de la propuesta de lord Goldsmith es una pista sobre la estructura transitoria y de cartn de todo nuestro proceso de toma de decisiones. Los grandes temas que nos confrontan Irak o Afganistn, la economa estadunidense o el calentamiento global, las invasiones armadas o el terrorismo no se abordan segn calendarios polticos serios, sino segn los horarios de la televisin y las conferencias de prensa.

Los primeros ataques areos en Irak llegarn a la televisin estadunidense en horario triple A? Por fortuna s. Las primeras tropas estadunidenses en Bagdad aparecern en los noticieros de la hora del desayuno? Desde luego. La captura de Saddam Hussein ser anunciada simultneamente por Bush y Blair?

Pero todo esto es parte del problema. Cierto, Churchill y Roosevelt discutieron sobre la hora del anuncio de que la guerra en Europa haba terminado. Y los rusos se les adelantaron. Pero dijimos la verdad. Cuando los britnicos se replegaban hacia Dunquerque, Churchill anunci que los alemanes haban penetrado profundamente y sembrado alarma y confusin en sus filas.

Por qu Bush o Blair no nos dijeron eso cuando los insurgentes iraques comenzaron a asaltar a las fuerzas de ocupacin? Vaya, estaban muy ocupados dicindonos que las cosas iban a mejorar, que los rebeldes no eran ms que desesperados.

El 17 de junio de 1940, Churchill dijo al pueblo britnico: Las noticias de Francia son muy malas y estoy consternado por el galante pueblo francs, que ha cado en esta terrible desgracia. Por qu Blair o Bush no nos dijeron que las noticias de Irak eran muy malas y que estaban consternados bueno, siquiera unas lgrimas durante un minuto por el pueblo iraqu?

Porque sos fueron los hombres que tuvieron la temeridad, el genuino descaro de vestirse como Churchill, como hroes que escenificaran una redicin de la Segunda Guerra Mundial, en tanto la BBC obedientemente llamaba los aliados a los invasores y pintaba al rgimen de Saddam Hussein como el Tercer Reich.

Desde luego, cuando yo iba a la escuela nuestros lderes Attlee, Churchill, Eden, Macmillan o Truman, Eisenhower y Kennedy en Estados Unidos haban tenido experiencia real de guerra. Ni un solo lder occidental actual tiene experiencia de primera mano del conflicto. Cuando comenz la invasin angloestadunidense de Irak, el opositor europeo ms prominente a la guerra era Jacques Chirac, quien combati en el conflicto argelino. Pero ahora ya no est. Tambin Colin Powell, veterano de Vietnam, que fue hecho a un lado por Rumsfeld y la CIA.

Sin embargo, una de las terribles ironas de nuestros tiempos es que los ms sedientos de sangre de los polticos estadunidenses Bush y Cheney, Rumsfeld y Wolfowitz jams han escuchado un disparo hecho con furia y se aseguraron de no tener que combatir por su patria cuando tuvieron oportunidad de hacerlo. No es extrao que ttulos de Hollywood como conmocin y pavor resulten atractivos para la Casa Blanca. Las pelculas son su nica experiencia de conflicto humano; lo mismo se puede decir de Blair y Brown.

Churchill tuvo que rendir cuentas por la prdida de Singapur ante una Cmara atestada. Brown ni siquiera rendir cuentas por Irak hasta que la guerra termine.

Es grotesco que hoy, despus de todas las posturas de nuestros enanos polticos hace cinco aos, se nos permita tener siquiera un encuentro espiritista vlido con los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial. Las estadsticas son el mdium, y la habitacin tendr que estar a oscuras. Pero es un hecho que el total de muertos estadunidenses en Irak (3 mil 978) est muy por encima del nmero de bajas estadunidenses sufridas en los desembarcos iniciales del da D en Normanda (3 mil 384 entre muertos y desaparecidos), el 6 de junio de 1944, o ms de tres veces las bajas totales britnicas en Arnhem, ese mismo ao (mil 200).

Representan poco ms de un tercio de las muertes totales (11 mil 14) de toda la fuerza expedicionaria britnica desde la invasin alemana de Blgica hasta la evacuacin final de Dunquerque, en junio de 1940. El nmero de britnicos cados en Irak (176) es casi igual al total de las fuerzas britnicas perdidas en la batalla del Bolsn en 1944-45 (poco ms de 200). El nmero de estadunidenses heridos en Irak 29 mil 395 es ms de nueve veces el de los lesionados el da D (3 mil 184) y ms de la cuarta parte de la cuota total de heridos en la guerra de Corea de 1950-53 (103 mil 284).

Las bajas iraques permiten una comparacin an ms cercana con la Segunda Guerra Mundial. Aun si aceptamos la ms conservadora de las estadsticas sobre civiles muertos van de 350 mil a un milln, sta rebas hace mucho tiempo el nmero de civiles britnicos muertos en los bombardeos alemanes a Londres en 1944-45 (6 mil) y ahora excede con mucho la cifra total de bajas civiles en bombardeos en todo el Reino Unido 60 mil 595 muertos, 86 mil 182 heridos graves de 1940 a 1945.

De hecho, la cuota mortal iraqu desde nuestra invasin es hoy ms grande que el nmero total de bajas militares britnicas en la Segunda Guerra Mundial, que lleg a la asombrosa cifra de 265 mil muertos (algunos historiadores hablan de 300 mil) y 277 mil heridos. Las estimaciones mnimas de iraques muertos significan que los civiles de Mesopotamia han sufrido seis o siete Dresdes o ms terrible an dos Hiroshimas.

Y sin embargo, en cierto sentido todo esto es una distraccin respecto de la terrible verdad de la advertencia de Buchanan. Hemos despachado nuestros ejrcitos a la tierra del Islam. Lo hicimos con el solo respaldo de Israel, cuyos propios informes falsos sobre Irak han sido discretamente olvidados por nuestros amos mientras derraman lgrimas de cocodrilo por los miles de iraques muertos hasta ahora.

El enorme prestigio militar estadunidense ha sufrido un dao irreparable. Y si hoy, como ahora calculo, se encuentra en el mundo musulmn 22 veces la cifra de soldados occidentales que fueron all durante las cruzadas de los siglos XI y XII, debemos preguntarnos qu estamos haciendo. Estamos all por el petrleo? Por la democracia? Por Israel?

Alegremente conectamos Afganistn con Irak. Segn se dice, si Washington no se hubiera distrado con Irak, el talibn no se habra restablecido. Pero Al Qaeda y el nebuloso Osama Bin Laden no se distrajeron. Y eso explica por qu expandieron sus operaciones en Irak y luego usaron esta experiencia para acosar a Occidente en Afganistn con el atacante suicida, del cual no se haba sabido antes en aquel pas.

Voy a aventurar una presuncin terrible: que hemos perdido Afganistn como sin duda hemos perdido Irak y como de seguro vamos a perder Pakistn. Es nuestra presencia, nuestro poder, nuestra arrogancia, nuestra renuencia a aprender de la historia y nuestro horror s, horror al Islam lo que nos precipita al abismo. Y en tanto no aprendamos a dejar en paz a esos pueblos musulmanes, nuestra catstrofe en Medio Oriente se volver ms grave. No hay conexin entre el Islam y el terror. Pero s hay conexin entre nuestra ocupacin de tierras musulmanas y el terror. No es una ecuacin tan complicada. Y no necesitamos una consulta pblica para entenderla bien.

The Independent

Traduccin: Jorge Anaya



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