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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2008

Carta abierta a un amigo perplejo
El significado de la condena

Carlo Frabetti
Rebelin


Querido amigo:

Como bien sabes, tengo pocas dudas sobre tu honradez y menos an sobre tu inteligencia, por lo que tu perplejidad e indignacin ante la negativa de la izquierda abertzale a condenar los ltimos atentados de ETA me han parecido especialmente preocupantes. Porque si la perversa lgica de la condena ha calado en personas como t, me temo que estamos an peor de lo que pareca.

No hace falta que te diga que no apoyo a ETA, no pertenezco a Batasuna y ni siquiera soy vasco, por lo que las razones que yo veo para no condenar los atentados del 30 de diciembre de 2006 y del pasado 7 de marzo (ni ningn otro) tal vez te ayuden a comprender las de quienes se ven afectados por el conflicto (es decir, por la represin) de forma mucho ms directa y dolorosa que nosotros. En los ltimos aos he expuesto esas razones en al menos media docena de artculos (cf., por ejemplo, Condenados condenantes, www.nodo50.org/contraelimperio/rtf/125.rtf), pero, dadas las circunstancias, creo que es oportuno repetirlas una vez ms.

1. Si usamos el trmino en su estricto sentido jurdico, solo los jueces, y solo tras un juicio justo y un veredicto de culpabilidad, pueden condenar a alguien. Si lo usamos en el sentido religioso, condenar equivale a mandar al infierno, es decir, a demonizar. Y si lo usamos en sentido figurado (como cuando se condena una puerta o una ventana), equivale a bloquear de forma definitiva, a incomunicar. No es casual que el poder intente imponernos un trmino cuya polisemia permite, de un solo golpe, criminalizar (sin juicio previo), demonizar (equiparar al mal absoluto) e incomunicar (negar toda posibilidad de dilogo).

2. Y aun en el caso de que fuera lcito condenar pblicamente ciertas acciones, con qu criterio habra que elegirlas? No habra que condenar tambin la inconcebible negligencia de quienes hicieron explosionar la bomba de la T-4 sin antes asegurarse de que no hubiera nadie en el aparcamiento? Y hablando de negligencia, no habra que condenar todos los das los accidentes laborales evitables, que en el Estado espaol duplican la media europea (sale ms barato enterrar a un trabajador que pagar las medidas de seguridad que podran salvar su vida), o los accidentes de trfico debidos a intolerables deficiencias de la red viaria? Con qu autoridad y con qu criterio nos puede decir nadie lo que debemos y no debemos condenar?

3. Pero vamos a suponer por un momento que, como deca Aznar a todas horas (y tambin Bono, por cierto), el problema de Espaa es ETA. Olvidmonos de las pateras, la especulacin inmobiliaria, el empleo precario, el paro, la violencia de gnero, el envo de tropas a Afganistn y a Lbano, las bases militares estadounidenses... Aunque ETA fuera realmente el nico o el mayor-- problema del Estado espaol, para intentar solucionarlo y antes de condenar, no habra que analizar las causas de la existencia de una organizacin de esas caractersticas? Somos muchos, dentro y fuera de Euskal Herria, los que pensamos que si la tortura no fuese una prctica sistemtica e impune (es decir, sistmica), ETA habra muerto de inanicin hace tiempo, porque lo que alimenta sus filas es, sobre todo, el odio y la desesperacin que inevitablemente genera el terrorismo de Estado. Esto no justifica (ni siquiera las explica) barbaridades como la bomba de Barajas o el asesinato de Isaas Carrasco; pero s explica el hecho de que algunos no condenen la violencia disidente cuando nadie condena la violencia institucional, infinitamente ms grave. Si el carnicero que secuestr, tortur, asesin y enterr en cal viva a Lasa y Zabala no estuviera tranquilamente en su casa escribiendo sus memorias; si Felipe Gonzlez se hubiera sentado en el banquillo de los acusados por la infamia de los GAL; si Iaki de Juana no hubiera sido condenado a catorce aos de crcel por un artculo de opinin; si no se hubiera perpetrado la aberracin jurdica del 18/98; si no se pusieran (en vano) ms de setecientas denuncias por torturas al ao; si los presos polticos no fueran dispersados y segregados de forma inconstitucional... Si esto fuera realmente un Estado de derecho, a lo mejor la izquierda abertzale condenara un atentado como el del 7 de marzo. Aunque en ese caso ya no sera necesario, porque seguramente no habra habido ningn atentado.



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