Portada :: Iraq :: Cinco aos de la ocupacin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2008

Un lustro de guerra

Giuliana Sgrena
Il Manifesto

Traducido del italiano por Gonzalo Hernndez Baptista


Cinco aos de patraas. Bush ha querido la guerra contra Iraq basndose en una mentira (la presencia de armas de destruccin masiva) y sigue encubriendo la derrota bajo presuntas victorias infundadas. La realidad se esconde tras un muro de falsedades. Ayer, en el quinto aniversario del inicio de la guerra, Bush ha hablado de "una gran victoria en la guerra contra el terrorismo". Qu desliz. La CIA ya ha negado tambin la existencia de vnculos de Saddam con al Qaeda, mientras que es ahora cuando el terrorismo inunda Iraq. Los nicos que estn a la altura de derrotar el terrorismo son los ex militares de Saddam, los grupos que Petraeus ha financiado y ha armado contra al Qaeda. Un matrimonio de conveniencia: los terroristas se haban convertido en un aliado molesto e impopular para la guerrilla (por la indiscriminada masacre de iraques). Pero la separacin podra ser inminente y el general, por lo tanto, se va a encontrar frente a un enemigo ms fuerte: Petraeus no ha acercado la paz, sino que la ha alejado.. Pero Bush no quiere admitirlo.

La tregua temporal en Bagdad ha sido impuesta por los grupos sunes sahwa, pero no durar mucho. Los atentados suicidas de los ltimos das han provocado que el pas vuelva a caer en el miedo. La novedad ha sido las mujeres kamikazes, la nica igualdad reconocida entre las iraques que han perdido derechos y dignidad. Cada vez es ms comn que las mujeres de los secuestrados estn obligadas a sufrir reiteradas violaciones a cambio de ver de nuevo vivo a su marido, el cual quiz luego la abandone porque ella ha perdido el honor.

Las vctimas aumentan, sobre todo entre los civiles. Cuntas son las vctimas iraques? Las cifras son disparatadas. Van desde cien mil hasta un milln. Nadie cuenta los muertos. La nica leccin aprendida en Vietnam: si los muertos no se cuentan, no existen. En los Estados Unidos ni siquiera se pueden ver los atades que llegan desde Bagdad. Y si no se ven los atades, los cadveres tambin son invisibles.

Quien ha entrado ilusionado en la ciudad, con la idea de que haba cambiado y que mereca la pena, ha encontrado, por el contrario, una ciudad fantasmal. Los bloques de cemento ya no protegen -salvo la zona verde-, sino que dividen barrios tnicamente exterminados. Los bloques de cemento ya no dan seguridad. La gente est aterrorizada. Ya nadie se atreve a opinar delante de un extrao, aunque este sea iraqu, por el miedo a que pertenezca a cualquiera de los partidos o a las milicias que secuestran a la poblacin. Hablar en ingls comporta inmediatamente la sospecha de que estn en contacto con los extranjeros, lo que se entiende como colaboracionismo. Los reporteros de Bagdad viven en la zona verde o atrincherados en el hotel Hamra, convertido en todo un bnker tras haber sido objeto de un ataque. El hotel est completo, pero ya nadie se detiene, como antes, junto al borde de la piscina, protegida por altos muros de cerco. Los periodistas caminan escoltados continuamente y nunca se paran ms de quince minutos en ningn sitio. Nunca antes una guerra se haba intentado ocultar con tanta tenacidad. Pero podra ser de otro modo? Una guerra y una ocupacin basada en patraas nunca pueden tolerar el derecho a la informacin, especialmente si esta es independiente.

Gonzalo Hernndez Batista es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

URL original del artculo:
http://ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/20-Marzo-2008/art2.html

Artculo relacionado: Sin verdad, por Giuliana Sgrena (28/4/2005).


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