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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2008

Egunkaria, solidaridad

Bernardo Atxaga, Laura Mintegi, Carlos Garaikoetxea, Jose Elorrieta, Baltasar Errazti, Xabier Arzall
noticiasdegipuzkoa.com



Ya es suficiente. Hay un tiempo para cada cosa y hay materias que no se pueden mezclar salvo con riesgo evidente de reaccin tan imprevista como perniciosa.

El debate meditico propiciado estos das sobre el caso Egunkaria , paradjicamente entre quienes supuestamente consideran ste una injusticia, es algo incomprensible.

Alguien debe poner freno a este sinsentido. Y esto es as porque tal debate adems no tiene nada que ver con el consenso solidario real en torno al caso, desde diferentes niveles de discrepancia con el medio, cuando existi, o desde diferentes niveles de consonancia con el mismo.

De hecho, de no hallarse la intervencin de un alto cargo de la administracin autonmica vasca en su origen, ni siquiera estaramos discutiendo sobre esta cuestin. Afortunadamente, la posicin del Gobierno Vasco respecto al caso Egunkaria , en los trminos ya conocidos y bien distintos de los expresados por dicho alto cargo, haba quedado previamente refrendada ante la opinin pblica y, por lo que nosotros sabemos, responde tambin al criterio del partido al que pertenece el mismo alto cargo.

La solidaridad ha sido en el caso referido siempre de procedencia plural, como muy pocas en este pas. Masiva, generosa y al unsono. Fue as desde aquel 20 de febrero de 2003, en que tuvo lugar el cierre del medio y la posterior incomunicacin prolongada de los detenidos, los testimonios de tortura que nosotros creemos, los largos e injustificados encarcelamientos preventivos. La movilizacin social que entonces se dio es una buena muestra de cuanto decimos. Y la solidaridad es hoy la misma porque no slo nadie ha enmendado aquel fatal atropello, sino que ha sido agravado prolongndolo irresuelto en el tiempo, con una espada de Damocles que pende cruelmente desde hace ya cinco aos.

Ante esta situacin, por parte de quienes vivimos y entendemos todo aquello como una tropela, no cabe ms que la solidaridad con los afectados y una disposicin de compromiso para que nunca ms vuelva a ocurrir algo as.

No es, desde luego, la nica desgracia en la esfera poltica que debe suscitar en la sociedad vasca la misma actitud solidaria y de compromiso con un futuro diferente, diametralmente opuesto. Pero a nosotros, como Grupo de Apoyo a Egunkaria , nos toca hablar de este tema.

Decamos solidaridad. Solidaridad sin apellidos. Ni crtica, ni acrtica. Solidaridad a secas, pero con maysculas. Y el que tenga dudas sobre ella, al menos que no entorpezca.

La crudeza de los hechos es tal que sobre la misma o con ella no cabe construir ni cruzar debates extemporneos sobre polticas culturales, tan discutibles tanto en una direccin como en otra. Y mucho menos cabe convertirse en aliado objetivo de la acusacin, aunque sea involuntariamente, a travs de argumentos fcilmente rebatibles en escenarios polticos y judiciales comunes, pero que podran resultar letales ante un tribunal de excepcin como es la Audiencia Nacional. All, en casos como ste, se tiende a condenar el pensamiento, las ideas, no los hechos. All las bases probatorias jurdicamente rigurosas, ligadas a actos determinados, se sustituyen por la especulacin supuestamente indiciaria, como lo prueba este caso y tantos otros.

sta es, precisamente, la clave central de nuestra respuesta a algunas de las opiniones publicadas estos das a este respecto. Algunos de quienes firmamos este artculo sabemos de leyes y de tribunales, y todos sabemos de la Audiencia Nacional. Y ni siquiera sera necesario dicho requisito. Simplemente resulta incomprensible, absolutamente incomprensible, que quienes han escrito lo que rebatimos a travs de estas lneas no calcularan este efecto de los argumentos exhibidos. Entindase, si es verdad que se han hecho desde una posicin solidaria. Y preferimos pensar que s, a pesar de todo.

De hecho, las crticas a las que estamos haciendo alusin revelan fortaleza ante el ms dbil y debilidad frente al ms fuerte. Es decir, los argumentos esgrimidos alientan a la acusacin y de nada sirven los reproches a la misma. Haran bien los destinatarios de este escrito en revisar sus posiciones. Rectificar es de sabios. Llegados a este punto, bastara con hacerlo a travs de hechos. No es necesaria la proclama.

No por obvio vamos a dejar de declarar, sin embargo, que no pretendemos evitar debates sobre polticas y criterios culturales. Mucho menos pretendemos cercenar ejercicio crtico ninguno. Cmo lo bamos a hacer, si es la base de una sociedad democrtica.

Que se debata sobre polticas culturales dnde, cundo y entre quienes proceda. Que se critique lo que deba ser objeto de tal, por quien as lo considere. Pero tngase en cuenta que en esta ocasin se est procediendo sobre un caso judicialmente irresuelto, o con ste como soporte base, que bastante tiene con afrontar la amenaza de un tribunal de excepcin.

El debate y la crtica democrticos, cuando provienen de una responsabilidad institucional, no pueden estar reidos con un ponderado sentido de la oportunidad, del rigor argumental y del ordenamiento de la discusin, todo ello precisamente en beneficio de la calidad democrtica que todos afirmamos pretender.

El caso Egunkaria , finalmente, no es el dao colateral puntual de una estrategia general supuestamente ms selectiva, como alguien al parecer considera. Muy al contrario, con elcaso Egunkaria , aun cuando el proyecto responde al diseo de un colectivo determinado, como todos los proyectos sociales, se coarta la libertad de expresin y de eleccin de medio, el uso normalizado del euskera, el consenso social en torno al mismo, el reconocimiento del conjunto del pas, se coartan derechos civiles y polticos, el derecho a decidir, se coarta en definitiva la democracia, con maysculas, que es patrimonio de todos nosotros. Este es el resultado de aquella operacin, de esta operacin an inconclusa.

La cosa ahora podra ser incluso peor si hubiera una sentencia condenatoria. A los perjuicios propios del caso habra que aadir el riesgo de sentar criterio jurdico, y quin sabe si hasta jurisprudencia, de cara al futuro. Un futuro nada halageo para el mbito social del euskera, de prosperar las tesis de la acusacin. Un temor ms que razonable, tratndose de la Audiencia Nacional.

Los responsables de esta estrategia general son los que se hallan en el impulso poltico y en el mantenimiento judicial de este caso, as como en el de otras ilegalizaciones y cierres de medios de comunicacin, y sus correspondientes consecuencias personales; el encausamiento o la condena a los ms altos responsables de algunas de nuestras instituciones autonmicas como el lehendakari Ibarretxe o los casos de Atutxa, Krr y Bilbao

No se olvide que en el impulso poltico de la poca se hablaba tambin de suspender la autonoma vasca, de poner la Ertzaintza a las rdenes del Ejrcito o la Polica espaoles, entre otras cosas.

Por ello consideramos que el caso, todos estos casos, agreden al conjunto de nuestra sociedad, a los derechos de nuestro pas, a la democracia. Lo pensamos as, compartidamente, todos los miembros de este grupo. De variado color poltico, como es bien sabido.

As que vayamos reiterando posiciones. Estamos en la recta final, procesalmente hablando, aunque sta pueda resultar an larga en el tiempo. Pongamos cada cosa en su sitio y refijemos el norte, ntido, sin aditamentos ni distracciones que lo desdibujen. El proceso a Egunkaria slo tiene una resolucin justa posible. Es el sobreseimiento y el archivo del caso, sostenido incluso por el fiscal del mismo. Que nada ni nadie nos reste fuerzas en ese afn. Que nada ni nadie nos desve de ese objetivo.

* Bernardo Atxaga, Laura Mintegi, Carlos Garaikoetxea, Jose Elorrieta, Baltasar Errazti, Xabier Arzalluz, Rafa Dez y Jonan Fernndez. Miembros del Grupo de Apoyo a 'Egunkaria'



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