Portada :: Colombia :: Crimen de guerra e invasin de Ecuador
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2008

Sobre cmplices y cipayos

Carlos Fazio
La Jornada


Uno. El asesinato selectivo de Ral Reyes, principal negociador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fue una accin planificada al detalle por los gobiernos de George W. Bush y lvaro Uribe, en el contexto de una vasta operacin de guerra sicolgica inscrita en el Plan Colombia y desarrollada en dos tiempos y varios escenarios.

No fue una persecucin en caliente ni una accin militar de legtima defensa. Las ejecuciones de Reyes y sus compaeros, incluidos cuatro estudiantes mexicanos, no se produjeron en combate. Cuando la aviacin del eje Washington-Bogot bombarde el campamento, Reyes y sus acompaentes dorman. Se trat de un golpe quirrgico, de un asesinato selectivo como los que suelen realizar la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y el Mossad israel al margen del derecho internacional. Varios malheridos recibieron tiros de gracia. Fue, pues, una masacre, un acto genocida.

Ms all del necroflico show meditico con fines diversionistas montado por Uribe y el Pentgono, Colombia viol el espacio areo y el territorio de Ecuador de manera deliberada. A travs del cipayo Uribe, la administracin de Bush ha decidido dar visibilidad a su doctrina de guerra preventiva en el hemisferio. Washington ha convertido a Colombia en su portaviones terrestre en el corazn de Amrica del Sur, en su nuevo enclave poltico-militar en la subregin. Junto con Israel y Egipto, Colombia es el pas que recibe ms ayuda militar estadunidense.

En los ltimos siete aos, a un costo de ms de 6 mil millones de dlares, Washington ha venido militarizando Colombia, brindado entrenamiento especializado a sus fuerzas armadas (200 mil hombres) y policiales (30 mil), y dotndola de un sofisticado equipo blico (armamento, helicpteros Black Hawk, una red de siete radares), lo que ha sido complementado con la presencia in situ de mil 500 asesores y fuerzas de elite de la CIA y el Pentgono; docenas de comandos e instructores israeles, y la subcontratacin de corporaciones privadas de seguridad, como DynCorp y TRW, que, entre otras labores, se encargan de producir informacin de inteligencia. Lo que ha llevado a una mercenarizacin o tercerizacin del conflicto interno colombiano. A lo que se suma el uso del paramilitarismo, bajo control del Ejrcito gubernamental.

Dos. En forma paralela y, como parte de la misma estrategia, el eje Washington-Bogot mont un verdadero circo meditico, recurriendo a los clsicos trucos sucios de las acciones encubiertas y la propaganda de guerra, para presentar al pas agresor como vctima e intentar involucrar a diferentes actores regionales con las FARC.

Escudados en la seguridad nacional, durante los conflictos blicos los gobiernos mienten, tergiversan los datos y calumnian al enemigo, queriendo hacer pasar por informacin objetiva lo que en realidad es propaganda y/o acciones de guerra sicolgica. Para construir la verdad oficial se utilizan genricamente tres tipos de propaganda: blanca, gris o negra.

La propaganda negra es aquella que aduce otra fuente y no la verdadera. Afirma algo que no es posible corroborar con certeza y de esa manera la informacin (propaganda) queda plantada como si fuera una noticia. Para encubrir su origen y sus intenciones se la rodea de ambigedades, secretos y misterios. Verbigracia, la laptop de Reyes.

La guerra sicolgica utiliza una caracterizacin simplista y maniquea (negro/blanco, terrorismo/democracia) para estereotipar al enemigo y aislarlo, recurso efectivo en una opinin pblica que ha sido religiosamente adoctrinada sobre el bien y el mal desde la cuna. Al utilizar el mito de la guerra, el propagandista busca satanizar al adversario, arrancarle todo viso de humanidad y cosificarlo, de tal modo que eliminarlo no equivalga a cometer un asesinato.

Tres. En la segunda fase de la agresin militar extraterritorial qued exhibido, una vez ms, el papel colaboracionista de los grandes medios electrnicos e impresos de la regin, con las operaciones subversivas de Estados Unidos. En la coyuntura, destaca el papel jugado por los diarios afiliados a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), primer eslabn creado y financiado por la CIA a finales de la Segunda Guerra Mundial para homogeneizar a la opinin pblica de las Amricas.

De origen panamericanista y permeada por el espritu de Coolidge el presidente de Estados Unidos que en los aos 20 del siglo pasado envi los marines a Nicaragua para aplastar a Sandino y a Sacco y Vanzetti a la silla elctrica, durante la guerra fra la SIP fue utilizada por Washington para convertir a la prensa libre en ecos metlicos de la voz del norte; en mera repetidora de informacin tergiversada o inventada por la CIA y distribuida por la Agencia de Informacin al Pblico de Estados Unidos (USIA). Washington proporcionaba los argumentos y los medios, y los grandes diarios, como ocurre hoy, prestaban sus nombres.

En nuestros das ha sido vergonzoso el papel colaboracionista de varios diarios y comentaristas mexicanos que han seguido al pie de la letra el guin del eje Washington-Bogot. Con el linchamiento meditico y la criminalizacin de Luca Morett y sus compaeros asesinados bajo el silencio cmplice de Felipe Caldern, socio poltico e ideolgico de Bush y Uribe, y mediante la fabricacin de los presuntos nexos estudiantes de la UNAM-FARC-Crculos Bolivarianos-EPR-narcoguerrilla, la prensa clasista abona el aterrizaje del Plan Mxico, funcional a Estados Unidos para consolidar un bloque militarizado de Canad hasta Colombia. Con un agregado: la militarizacin del pas y la privatizacin de Pemex son las dos caras de una misma moneda. Las armas para la represin permitirn al clan Bush y sus compinches apropiarse del tesoro escondido en las aguas del Golfo y en todo Mxico.



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