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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2004

Discurso completo pronunciado por en San Francisco, California
Con qu detergente lavas? El poder pblico en la era del imperio

Arundhati Roy
Znet


Me han pedido que hable acerca del "poder pblico en la era del imperio". No acostumbro hacer lo que se me dice, pero por una feliz casualidad eso es precisamente de lo que quiero hablar hoy.

Cuando vemos cmo se destripa y se desangra el lenguaje, qu entendemos por "poder pblico"? Cuando la libertad significa ocupacin; la democracia, capitalismo neoliberal; la reforma, represin; y palabras como "emancipacin" y "misin de paz" le hielan a una la sangre, entonces una expresin como "poder pblico" puede significar lo que quiera cada uno. Por ejemplo, una mquina para desarrollar los bceps o un producto de limpieza. As que voy a tener que definir el "poder pblico" por el camino, digamos que arrimando el ascua a mi sardina.

En la India, la palabra "public" est incorporada a la lengua hind. Significa pueblo. En hind tenemos "sarkar" y "public", el gobierno y el pueblo. Este uso implica la suposicin de que el gobierno es algo aparte de "el pueblo". La distincin tiene mucho que ver con el hecho de que la lucha por la libertad en la India, aunque magnfica, no fue ni mucho menos revolucionaria. La lite india se calz con facilidad y elegancia los zapatos que dejaron los imperialistas britnicos. Una sociedad extremadamente empobrecida y esencialmente feudal se convirti en una nacin estado independiente y moderna. Hoy, cuando han pasado cincuenta y siete aos exactos, los verdaderos vencidos todava ven al gobierno como "mai-baap", el padre y proveedor. El sector ligeramente ms radical, los que todava tienen fuego en las entraas, lo ven como "chor", el ladrn, el que arrebata todas las cosas.

Sea como sea, para la mayora de los indios, "sarkar" es algo muy diferente de "public". Sin embargo, a medida que se suben los peldaos de la escala social, la distincin entre "sarkar" y "public" se diluye. A la lite india, como a todas las lites del mundo, le cuesta separarse del estado. Ve lo que ve el estado, piensa como el estado, habla como el estado.

En contraste, en Estados Unidos la distincin entre "sarkar" y "public" se ha difuminado a niveles mucho ms profundos dentro de la sociedad. Esto podra ser indicativo de una democracia robusta, pero desgraciadamente el asunto es un poco ms complicado y menos lindo. Entre otras cosas est relacionado con la intrincada trama de paranoia urdida por el "sarkar" estadounidense y difundida por las corporaciones mediticas y por Hollywood. Los estadounidenses normales se han visto manipulados hasta imaginar que son un pueblo en estado de sitio cuyo nico refugio y proteccin provienen de su gobierno. Si no son los comunistas, es Al Qaeda. Si no es Cuba, es Nicaragua. El resultado es que la nacin ms poderosa del mundo, con su inigualable arsenal, su historial de combate y financiacin de innumerables guerras, y la nica nacin que ha hecho uso de la bomba atmica, est habitada por una ciudadana aterrorizada que se asusta hasta de su sombra. Un pueblo atado al estado, no por las prestaciones sociales, la sanidad pblica o las garantas laborales, sino por el miedo.

Este miedo de fabricacin sinttica se utiliza para conseguir el apoyo del pueblo a ms actos de agresin, y as se va construyendo una espiral de histeria autoreplicante, ya calibrada oficialmente por el gobierno estadounidense en su programa Alertas Terroristas en Rutilante Tecnicolor: fucsia, azul turquesa, rosa salmn.

A los que la miramos desde afuera, esta fusin de "sarkar" y "public" en EEUU a veces nos hace difcil distinguir entre las acciones del gobierno de EEUU y las del pueblo estadounidense. Esta confusin es lo que alimenta al antiamericanismo en el mundo. Entonces el gobierno estadounidense se aferra al antiamericanismo y lo amplifica por medio de sus leales medios de comunicacin. Ya conocen la rutina: "Por qu nos odian? Odian nuestras libertades"... etc, etc. De esta forma se refuerza la sensacin de aislamiento de la poblacin de EEUU y hace ms estrecho todava el abrazo entre "sarkar" y "public". Como Caperucita Roja buscando el calorcito de la cama del lobo.

El uso de la amenaza de un enemigo externo para unificar a la poblacin en favor de uno es un burro viejo al que se suben los polticos desde hace siglos para entrar por las puertas del poder. Pero a lo mejor la gente normal est harta de ese pobre burro y busca otra cosa. Una antigua cancin de pelcula hind dice: "yeh public hai, yeh sab jaanti hai" (el pueblo s lo sabe todo). No sera estupendo si la cancin tuviera razn y los polticos no?

Antes de la invasin ilegal de Irak por Washington, una encuesta de Gallup International indicaba que en ningn pas europeo el apoyo a una guerra unilateral superaba el 11%. El 15 de febrero de 2003, pocas semanas antes de la invasin, ms de diez millones de personas se manifestaron en contra de la guerra en los distintos continentes, Amrica del Norte inclusive. Y an as los gobiernos de muchos pases supuestamente democrticos se unieron a la guerra.

La cuestin es si la "democracia" sigue siendo democrtica.

Los gobiernos democrticos tienen que rendir cuentas a las personas que los eligieron? Y, crucialmente, el "public" de los pases democrticos es responsable de las acciones de su "sarkar"?

Si nos ponemos a pensar, la lgica en la que se basa la guerra contra el terrorismo y la lgica en que se basa el terrorismo es exactamente la misma. Ambas obligan a los ciudadanos a pagar por las acciones de sus gobiernos. Al Qaeda oblig al pueblo de los EEUU a pagar con sus vidas las acciones de su gobierno en Palestina, Arabia Saud, Irak y Afganistn. El gobierno estadounidense ha obligado al pueblo afgano a pagar con miles de vidas las acciones de los talibanes, y el pueblo iraqu est pagando con cientos de miles ms las acciones de Sadam Husein.

La diferencia esencial es que en realidad nadie haba votado a Al Qaeda, a los talibanes o a Sadam Husein. Pero el presidente de los Estados Unidos s que haba ganado elecciones (bueno, por decirlo de alguna manera).

Los jefes de gobierno de Italia, Espaa y Reino Unido haban ganado elecciones. No podra decirse, entonces, que los ciudadanos de estos pases son ms responsables de las acciones de sus gobiernos que lo son los iraques de las acciones de Sadam Husein, o los afganos de las de los talibanes?

Cul de sus respectivos dioses decide si sta o la otra es una "guerra justa"? George Bush padre dijo una vez: "Yo nunca pedir disculpas en nombre de EEUU. No me importa lo que haya pasado". Cuando el presidente del pas ms poderoso del mundo no necesita que le importe lo que haya ocurrido, por lo menos podemos estar seguros de que hemos entrado en la era del imperio.

As que, qu significado tiene el poder pblico en la era del imperio? Tiene algn significado? Existe en realidad?

En estos tiempos presuntamente democrticos el pensamiento poltico convencional afirma que el poder pblico se ejerce en las urnas. Docenas de pases de todo el mundo irn a las urnas este ao, y la mayora (no todos) tendrn los gobiernos a los que hayan votado. Pero conseguirn tener los gobiernos a los que aspiran?

En la India este ao votamos la derrota de los nacionalistas hindes. Sin embargo, mientras estbamos celebrndolo, sabamos ya que en lo que se refiere al armamento nuclear, el neoliberalismo, la privatizacin, la censura, los grandes pantanos, es decir, en todas las cuestiones importantes, aparte del nacionalismo hind descarado, el Partido del Congreso y el BJP no presentan grandes diferencias ideolgicas. Sabemos tambin que fueron los cincuenta aos de existencia del Partido del Congreso los que abrieron el camino, cultural y polticamente, a la extrema derecha. Tambin fue el Partido del Congreso el que abri los mercados de la India a la globalizacin corporativa.

En su campaa electoral, el Partido del Congreso aseguraba que estaba dispuesto a revisar parte de su poltica econmica. Millones de personas, de las ms pobres de la India, salieron a votar en masa en estas elecciones. El espectculo de la gran democracia india se televis en directo: los agricultores pobres, los ancianos y enfermos, las mujeres cubiertas de velos con sus hermosas joyas de plata, acudiendo a los colegios electorales sobre elefantes, camellos y carros de bueyes en un espectculo encantadoramente anacrnico. En contra de las predicciones de todos los expertos y encuestadores de la India, el Congreso obtuvo ms votos que ningn otro partido. Los partidos comunistas consiguieron el mayor nmero de votos de su historia. Los pobres de la India votaron claramente en contra de las "reformas" econmicas del neoliberalismo y el fascismo creciente. En cuanto se contaron los votos, los grandes medios de comunicacin los despacharon como si fueran figurantes baratos en un rodaje. Los canales de televisin desplegaban pantallas partidas: en la mitad de la pantalla apareca el caos que se haba formado a la puerta de la residencia de Sonia Gandhi, lder del Partido del Congreso, mientras se improvisaba un gobierno de coalicin.

La otra mitad mostraba, a las puertas del Bombay Stock Exchange, a los corredores de bolsa frenticos por la preocupacin, por si al Partido del Congreso se le ocurra cumplir sus promesas y llevar a cabo las propuestas electorales que lo haban llevado al poder. Vimos el ndice burstil Sensex subir, bajar y dar tumbos. Los medios de comunicacin, cuyos propios valores estaban cayendo en picado, daban la noticia del colapso burstil como si Pakistn acabara de lanzar misiles balsticos intercontinentales sobre Nueva Delhi.

Antes incluso de la toma de posesin del nuevo gobierno, hubo polticos de primera fila del Partido del Congreso que hicieron declaraciones pblicas en las que aseguraban a los inversores y a los medios que la privatizacin de los servicios pblicos continuara. Entretanto, el BJP, al pasar a la oposicin, ha comenzado a poner objeciones, de forma tan cnica como cmica, a la inversin extranjera directa y a una mayor apertura de los mercados indios.

Esta es la falsa dialctica que est adoptando la democracia electoral.

En cuanto a los indios pobres, una vez que han suministrado los votos, carretera y manta, que la poltica se decidir sin contar con ellos.

Y en las elecciones de EEUU? Tienen opcin los votantes?

Es cierto que si John Kerry llega a ser presidente, cambiarn algunos de los magnates del petrleo y fundamentalistas cristianos de la Casa Blanca. Sern pocos los que sientan perder de vista a truhanes descarados como Dick Cheney, Donald Rumsfeld o John Ashcroft. Lo que s es preocupante es que la nueva administracin conservar su poltica. Que tendremos Bushismo sin Bush.

Los que estn realmente en el poder - los banqueros, directivos etc - no son vulnerables al voto (y de todas formas financian a ambos lados).

Por desgracia, la importancia de las elecciones estadounidenses ha degenerado en una contienda entre personalidades. Una trifulca para dirimir quin sera el mejor capataz del imperio. John Kerry cree en la idea del imperio con el mismo fervor que George Bush.

El sistema poltico de EEUU est cuidadosamente confeccionado para impedir que cualquiera que cuestione la bondad natural de la estructura de poder militar-industrial-corporativa pueda entrar por las puertas del poder.

En este contexto, no sorprende a nadie que en estas elecciones los dos contendientes sean licenciados de la Universidad de Yale, ambos miembros de la sociedad secreta "Skull and Bones" (La calavera), ambos millonarios que juegan a los soldaditos, ambos pregonando la guerra y discutiendo de manera casi pueril cul de los dos sera el caudillo ms eficiente en la guerra contra el terror.

Al igual que su predecesor el presidente Clinton, Kerry continuar la expansin del poder econmico y militar de EEUU en el mundo. Dice que hubiera votado a favor de la guerra de Bush en Irak an sabiendo que Irak no tena armas de destruccin masiva. Promete asignar ms tropas a Irak. Recientemente ha dicho que apoya al cien por cien la poltica de Bush en relacin con Israel y Ariel Sharon. Dice que mantendr el 98% de los recortes fiscales de Bush.

As que, por debajo del histrico intercambio de insultos, el consenso es casi absoluto. Parece que, incluso si el electorado americano vota a Kerry, de todas formas seguir estando Bush: El presidente John Kerbush o el presidente George Berry.

La posibilidad de elegir no es real, sino aparente. Es como elegir una marca de detergente. Compres Tide o compres Ivory Snow, los dos son de Procter and Gamble.

Esto no significa que la posicin de cada uno no tenga sus matices, que el Congreso y el BJP, los neolaboristas y los conservadores, los demcratas y los republicanos sean lo mismo. Claro que no lo son. Tampoco lo son Tide y Ivory Snow: Tide tiene oxgeno activo y Ivory Snow es un jabn suave.

En la India, hay diferencias entre un partido abiertamente fascista (el BJP) y otro que taimadamente enfrenta a una comunidad con otra (Congreso), sembrando las semillas del comunalismo que luego cosecha hbilmente el BJP.

Existen diferencias en los niveles de inteligencia e insensibilidad de los actuales candidatos a presidente de los EEUU. El movimiento contra la guerra en EEUU ha realizado una labor extraordinaria al poner de manifiesto las mentiras y la venalidad que dieron lugar a la invasin de Irak, a pesar de la propaganda e intimidacin a las que se enfrentaban.

Esta accin prest un gran servicio no slo al pueblo estadounidense, sino al mundo entero. Pero ahora, si el movimiento contra la guerra se une abiertamente a la campaa de Kerry, el resto del mundo pensar que est de acuerdo con su poltica de imperialismo "sensible". Es preferible el imperialismo de EEUU si lo apoyan la ONU y los pases europeos? Es preferible que la ONU pida soldados a India y Pakistn para que maten y mueran en Irak en lugar de los soldados estadounidenses? Es verdad que el nico cambio que pueden esperar los iraques es que las compaias francesas, alemanas y rusas participen en el saqueo de su pas?

Es esto mejor o peor para los que vivimos en naciones vasallas? es mejor para el mundo tener un emperador ms listo en el poder, o uno ms tonto? Es sa nuestra nica alternativa?

Perdnenme, ya s que estas son preguntas incmodas, incluso brutales, pero es necesario plantearlas.

Lo cierto es que la democracia electoral se ha convertido en un proceso de manipulacin cnica. Ofrece un espacio poltico muy reducido, y sera ingenuo creer que en este espacio hay opciones reales.

La crisis de la democracia moderna es profunda.

En el escenario global, ms all de la jurisdiccin de los gobiernos soberanos, los instrumentos internacionales de comercio y finanzas supervisan un complejo sistema de leyes multilaterales y acuerdos que han consolidado un sistema de apropiacin que dara vergenza a los colonialistas. Este sistema permite la entrada y salida sin restricciones de cantidades ingentes de capital especulativo - dinero caliente - de los pases del tercer mundo, que acaba prcticamente por dictar su poltica econmica. Utilizando la amenaza de la fuga de capital como palanca, el capital internacional penetra cada vez ms en todos los niveles de estas economas. Las gigantes corporaciones transnacionales estn tomando las riendas de sus infraestructuras esenciales y sus recursos naturales, sus minerales, su agua, su electricidad. La Organizacin Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones financieras como el Banco Asitico de Desarrollo, prcticamente escriben la poltica econmica y la legislacin parlamentaria. Arrogantes y despiadados, blanden sus mazas contra sociedades histricamente complejas, frgiles, interdependientes, y las asolan.

Todo esto, por cierto, bajo el alegre ondear de la pancarta de la "reforma".

Como consecuencia de esta reforma, en Africa, Asia y Amrica latina, miles de negocios e industrias de pequea envergadura han quebrado. Millones de trabajadores y agricultores han perdido sus empleos y sus tierras.

La revista "The Spectator", de Londres, nos asegura que "vivimos en la era ms feliz, sana y pacfica de la historia de la humanidad". Miles de millones de personas preguntaran de qu "nosotros" habla? Dnde viven? Cmo se llaman?

Lo que hay que comprender es que la democracia moderna est cimentada por una aceptacin casi religiosa de la nacin-estado. Pero la globalizacin de las corporaciones no lo est. El capital lquido no lo est. Por tanto, aunque el capital requiera el poder de coercin de la nacin estado para acallar las revueltas en las habitaciones de los sirvientes, el sistema garantiza que ninguna nacin pueda oponerse a la globalizacin por su cuenta y riesgo.

Un cambio radical no puede ser ni ser nunca algo negociado por los gobiernos: slo lo puede ejecutar el pueblo, el pblico. Un pblico capaz de darse la mano a travs de las fronteras.

As, cuando hablamos del "poder pblico en la era del imperio", espero que no parezca presuntuoso asumir que lo nico que vale la pena debatir en serio es el poder de un pblico que disiente, un pblico que est en desacuerdo con el propio concepto de imperio, un pblico que se enfrenta con los que ocupan el poder: los gobiernos e instituciones internacionales, nacionales, regionales o provinciales que apoyan y prestan servicios al imperio.

Cules son las vas de protesta que pueden emplear las personas que desean resistir al imperio? Cuando digo "resistir" no me refiero slo a expresar nuestro desacuerdo, sino a forzar un cambio real. El imperio tiene una amplia gama de tarjetas de visita. Utiliza distintas armas para descerrajar los distintos mercados, ya saben, como el talonario o el misil crucero.

Para los pobres de muchos pases, el imperio no aparece siempre en forma de misiles o tanques, como en Irak, Afganistn o Vietnam. Aparece en sus vidas en forma de avatares muy locales: la prdida del empleo, recibos de la luz impagables, cortes en el suministro de agua, desahucios de viviendas, desalojos de tierras... todo esto supervisado por la maquinaria represora del estado, la polica, el ejrcito, el poder judicial. Se trata de un proceso de empobrecimiento implacable que los pobres conocen muy bien a lo largo de su historia. Lo que hace el imperio es reforzar y exacerbar las desigualdades existentes.

Hasta hace bastante poco a la gente le costaba a veces verse a s mismos como vctimas de las conquistas del imperio. Pero actualmente los conflictos locales estn viendo cada vez ms claro su propio papel. Por muy grandilocuente que suene, lo cierto es que se estn enfrentando al imperio, cada uno a su manera, que es muy diferente en Irak, Sudfrica, India, Argentina y, cmo no, en las calles de Europa y de Estados Unidos.

Los movimientos de resistencia de masas, los activistas, periodistas, artistas y cineastas se han unido para quitarle brillo al imperio. Han atado cabos, han convertido los flujogramas y los discursos de los consejos de administracin en historias reales sobre personas reales y desesperanzas reales. Han demostrado cmo el proyecto neoliberal lo ha pagado la gente con sus viviendas, sus tierras, sus empleos, su libertad, su dignidad. Han hecho tangible lo intangible. El que antao pareca un enemigo incorpreo se ha hecho carne.

Esto es una gran victoria, forjada gracias a la unin de grupos polticos diferentes, con estrategias muy variadas. Pero lo que todos comprendieron es que el objeto de su rabia, de su activismo y su empeo es el mismo. Este fue el principio de la verdadera globalizacin: la globalizacin de la inconformidad.

En general, hoy en da hay dos tipos de movimientos de resistencia de masas en los pases del tercer mundo. El movimiento de los sin tierra de Brasil, el movimiento anti-pantanos en la India, los zapatistas de Mjico, el foro anti-privatizacin de Sudfrica y varios cientos ms estn luchando contra sus propios gobiernos soberanos, que han pasado a ser agentes del proyecto neoliberal. La mayor parte de stos son conflictos radicales, en los que se lucha por cambiar la estructura y el modelo elegido para el "desarrollo" de sus sociedades.

Los otros son los que luchan contra ocupaciones neocoloniales tan oficiales como brutales en territorios disputados, cuyas fronteras dibujaron las potencias imperialistas en el siglo pasado. Los pueblos de Palestina, Tbet, Chechenia, Cachemira y varios estados del nordeste de la India mantienen una lucha por la autodeterminacin.

Algunas de estas luchas podran haber sido radicales, e incluso revolucionarias, en sus comienzos, pero a menudo la brutalidad de la represin con que se encuentran las empuja hacia reas conservadoras e incluso retrgradas, en las que las estrategias de violencia y el lenguaje de nacionalismo religioso y cultural que se emplean son idnticos a los de los estados que pretenden sustituir.

Muchos de los soldados rasos de estas contiendas se encontrarn, al igual que los que lucharon contra el apartheid en Sudfrica, que una vez venzan a la ocupacin van a tener otra guerra en las manos, una guerra contra el colonialismo econmico encubierto.

Entretanto, a medida que el abismo entre ricos y pobres se profundiza y la batalla por el control de los recursos terrestres se intensifica, el colonialismo econmico por medio de la agresin militar cabalga de nuevo.

El Irak de hoy proporciona una ilustracin trgica de este proceso. Una invasin ilegal; una ocupacin brutal en nombre de la liberacin. La reelaboracin de leyes que permiten la apropiacin desvergonzada de la riqueza y los recursos del pas por las corporaciones aliadas a la ocupacin, y ahora la farsa de un "gobierno iraqu" local.

Por estas razones, es absurdo condenar la resistencia a la ocupacin de Irak por EEUU basndose en que est organizada por terroristas, insurgentes o partidarios de Sadam Husein. Despus de todo, si alguien invadiera y ocupara Estados Unidos, seran todos los que lucharan por su liberacin terroristas, insurgentes o bushistas?

La resistencia iraqu lucha en los frentes de la batalla contra el imperio, y en ese caso su lucha es la nuestra.

Como la mayora de los movimientos de resistencia, est formado por una serie de facciones de distinto pelaje. Antiguos baathistas, liberales, islamistas, colaboracionistas descontentos, comunistas etc. Como es de esperar, est plagado de oportunismo, rivalidades locales, demagogia y delincuencia. Pero si slo vamos a apoyar a los movimientos inmaculados, entonces ninguna resistencia merecer nuestra pureza.

Esto no significa que no debamos criticar nunca a los movimientos de resistencia. Muchos de ellos adolecen de falta de democracia, de idolatra de sus lderes, de falta de transparencia, de falta de visin y direccin. Pero sobre todo sufren por la demonizacin, la represin y la falta de recursos.

Antes de decidir cmo debera dirigir una resistencia iraqu inmaculada su batalla laica, feminista, democrtica y no violenta, deberamos apuntalar la resistencia por nuestro lado obligando a EEUU y sus aliados a retirarse de Irak.

El primer enfrentamiento militar que se dio en EEUU entre el movimiento para la justicia global y la junta neoliberal tuvo lugar en la famosa conferencia de la OMC en Seattle en diciembre de 1999. Para muchos movimientos de masas en pases en vas de desarrollo que llevaban mucho tiempo librando batallas aisladas y solitarias, Seattle fue la primera seal de alivio, que demostraba que su rabia y su visin de un mundo distinto tambin existan entre la gente de los pases imperialistas.

En enero de 2001, en Porto Alegre, Brasil, se reunieron 20.000 activistas, estudiantes, cineastas - algunas de las mejores mentes del mundo - para poner en comn sus experiencias e intercambiar ideas sobre cmo hacer frente al imperio. As naci el ya histrico Foro Social Mundial. Esta era la primera reunin oficial de un tipo distinto de "poder pblico": estimulante, anrquico, nada indoctrinado, activo. El lema del FSM es "Otro mundo es posible". El foro se ha convertido en una plataforma en la que cientos de conversaciones, debates y seminarios han ayudado a templar y refinar una visin de cmo sera ese mundo.

En enero de 2004, se celebr el cuarto FSM en Mumbai, India, al que acudieron 200.000 delegados. Yo nunca haba participado en una reunin tan vibrante. Una de las pruebas del xito del foro social es que los medios de comunicacin principales de la India lo ignoraron completamente. Pero ahora el FSM est amenazado por su propio xito. El ambiente seguro, abierto y ldico del foro ha permitido participar y ha dado voz a polticos y organizaciones no gubernamentales implicados en los sistemas polticos y econmicos a los que se opone el foro.

Otro peligro es que el FSM, cuyo papel ha sido tan vital en el movimiento por la justicia global, corre el riesgo de convertirse en un fin en s mismo. Solamente organizarlo todos los aos consume las energas de algunos de los mejores activistas que tenemos. Si las conversaciones en torno a la resistencia sustituyen a la autntica desobediencia civil, el FSM podra tornarse en algo valioso para aqullos contra los que se cre. El foro se debe celebrar y tiene que crecer, pero tenemos que encontrar formas de canalizar esas conversaciones hacia acciones concretas.

A medida que los movimientos de resistencia se han estirado cruzando fronteras y han comenzado a suponer una amenaza real, los gobiernos han desarrollado sus propias estrategias para derrotarlos, sea por medio de la asimilacin o la represin.

Voy a hablar de tres de los peligros actuales que afectan a los movimientos de resistencia: el difcil punto de encuentro entre los movimientos de masas y los medios de comunicacin de masas; los riesgos de la ONG-izacin de la resistencia; y el enfrentamiento entre los movimientos de resistencia y los estados cada vez ms represivos.

El lugar en que los medios masivos se encuentran con los movimientos de masas es bastante complicado.

Los gobiernos se han dado cuenta de que unos medios que funcionan de crisis en crisis no se pueden permitir quedarse mucho tiempo en el mismo sitio. Al igual que los negocios requieren liquidez de dinero, los medios requieren liquidez de crisis. Pases enteros se convierten en noticias pasadas: dejan de existir y la oscuridad se vuelve ms profunda que antes de que los focos se detuvieran brevemente sobre ellos. Lo vimos en Afganistn cuando se retiraron los soviticos, y ahora, una vez que la operacin Libertad Duradera puso a Hamid Karzai, de la CIA, en el poder, Afganistn ha quedado una vez ms en manos de sus guerreros feudales.

En Irak se ha instalado otro agente de la CIA, Iyad Allawi, as que quiz haya llegado la hora de que los medios se vayan tambin de all.

Mientras los gobiernos refinan el arte de esperar a que pase cada crisis, los movimientos de resistencia se estn enmaraando cada vez ms en una espiral de produccin de crisis, buscando las formas de fabricarlas en formatos de fcil consumo a medida de los espectadores.

Todo movimiento popular que se respete, todo "tema", ha de tener su propio globo publicitario en el aire anunciando su marca y su propsito.

Por esta razn, los muertos de hambre son ms eficaces a la hora de dar publicidad a la pobreza que millones de personas desnutridas, que no llegan a dar la talla. Los pantanos no dan mucho juego como noticia hasta que la devastacin que producen queda bien en televisin - cuando ya es demasiado tarde.

Pasarse das de pie en el agua mientras se va llenando el pantano, viendo cmo tu casa y tus posesiones se van flotando, sola ser una estrategia eficaz, pero ya no lo es. Ya aburre mortalmente a los medios. As que, para capturar su atencin, los cientos de miles de personas desplazadas por las presas tendrn que buscarse nuevos trucos o abandonar la lucha.

Las concentraciones coloridas y las manifestaciones de fin de semana son esenciales, pero por s solas no son lo bastante potentes para parar las guerras. Las guerras slo terminarn cuando los soldados se nieguen a luchar, cuando los trabajadores se nieguen a cargar armas en los buques y aviones, cuando el pueblo boicotee los centros econmicos del imperio diseminados por todo el globo.

Si queremos reclamar el espacio de la desobediencia civil, tenemos que liberarnos de la tirana del periodismo de crisis con su miedo a lo mundano. Tenemos que usar nuestra experiencia, nuestra imaginacin y nuestro arte para interrogar a los instrumentos del estado que garantizan que la "normalidad" sea lo que es: cruel, injusta, inaceptable. Tenemos que sacar a la luz las polticas y procesos que hacen que las cosas de cada da - la comida, el agua, la vivienda y la dignidad - sean un sueo distante para la gente normal. El verdadero ataque preventivo es comprender que las guerras son el resultado final de una paz imperfecta e injusta.

En lo que se refiere a los movimientos de resistencia, lo cierto es que no hay cobertura de los medios comparable a la fuerza de las masas en accin sobre el terreno. No hay otra opcin, de veras, que la agotadora movilizacin poltica.

La globalizacin de las corporaciones ha aumentado la distancia entre los que toman las decisiones y los que sufren las secuelas de esas decisiones. Los foros como el FSM permiten a los movimientos locales de resistencia reducir esa distancia y tomar contacto con los movimientos correspondientes en los pases ricos. Esta es una alianza importante y formidable. Por ejemplo, cuando el primer pantano privado de la India, el Maheshwar Dam, estaba en construccin, las alianzas creadas entre la Narmada Bachao Andolaan (NBA), la organizacin alemana Urgewald, la Declaracin de Berna en Suiza y la Red Internacional sobre Ros de Berkeley en EEUU, se unieron para conseguir que una serie de bancos internacionales y corporaciones abandonaran el proyecto. Esto no hubiera sido posible si no hubiera existido sobre el terreno un movimiento de resistencia slido como una piedra. La voz de ese movimiento local se vio amplificada por los que los apoyaban a nivel global, causando la desercin de los inversores, avergonzados.

Si se formaran infinitas alianzas similares, dirigidas a proyectos especficos y a corporaciones especficas, se podra crear un mundo diferente. Deberamos empezar por las corporaciones que hacan negocios con Sadam Husein y ahora se aprovechan de la devastacin y ocupacin de Irak.

Otro peligro que amenaza a los movimientos de masas es la ONG-izacin de la resistencia. Ser fcil distorsionar lo que voy a decir para que parezca una acusacin a todas las ONG. Eso sera falso. En las sucias aguas de las ONG de pega montadas para chupar subvenciones o eludir impuestos (en estados como Bihar se regalan como dote) tambin existen ONG que realizan labores valiosas. Pero es importante observar el fenmeno de las ONG en un contexto poltico ms amplio.

En la India, por ejemplo, el apogeo de las ONG subvencionadas comenz a finales de los aos 80 y en los 90, coincidiendo con la apertura de los mercados indios al neoliberalismo. En aquel momento, el estado indio, cumpliendo los requisitos del ajuste estructural correspondiente, estaba retirando su apoyo financiero al desarrollo rural, la agricultura, la energa, el transporte y la sanidad pblica. A medida que el estado abdicaba su funcin tradicional las ONG se pusieron a trabajar en estas reas especficas. La diferencia, evidentemente, es que los fondos que tienen a su disposicin son una fraccin minscula del recorte que se realiz en el gasto pblico. La mayora de las grandes ONG subvencionadas estn financiadas y patrocinadas por las agencias de ayuda y desarrollo, que a su vez dependen para su financiacin de los gobiernos occidentales, el Banco Mundial, la ONU y algunas corporaciones multinacionales. Aunque no sean exactamente las mismas agencias, siguen siendo parte del mismo mundillo poltico que supervisa el proyecto neoliberal y que exige el recorte drstico del gasto pblico.

Cul es la razn por la que estas agencias financian a las ONG? Podra ser a causa del anticuado afn misionero? Ser el sentido de culpabilidad? En realidad, es algo ms que eso. Las ONG dan la impresin de estar llenando el vaco creado por el estado en retirada. S que lo hacen, pero de forma materialmente inconsecuente. Su contribucin real es que por medio de ellas se descarga la rabia poltica y que reparten como asistencia o caridad lo que corresponde al pueblo por derecho.

Las ONG alteran la psique pblica. Convierten a las personas en vctimas desvalidas y mellan las puntas de la resistencia poltica. Las ONG forman una especie de parachoques entre el "sarkar" y el "public". Entre el imperio y sus sbditos. Se han convertido en rbitros, intrpretes, mediadores.

En ltima instancia, las ONG son responsables de sus acciones ante los que las financian, no ante las personas con las que trabajan. Son lo que llamaran los botnicos especies indicadoras. Es como si, cuanto ms devastacin produzca el neoliberalismo, ms ONG surgen. No hay ilustracin ms pertinente que el fenmeno de EEUU preparndose a invadir un pas y simultneamente preparando a las ONG para que fueran a limpiar los despojos.

Con el fin de asegurarse la financiacin y conseguir que los gobiernos de los pases donde trabajan les permitan actuar, las ONG tienen que presentar su trabajo dentro de un marco superficial ms o menos exento de contexto histrico o poltico. Por lo menos, de un contexto histrico o poltico inconveniente.

Las llamadas de socorro apolticas (y, por lo tanto, extremadamente polticas en realidad) que envan los pases pobres y las regiones en guerra acaban por formar una imagen en la que aquellas gentes (oscuras) de aquellos pases (oscuros) aparecen como vctimas patolgicas. Otro indio desnutrido ms, otro etope que se muere de hambre, otro campo de refugiados afganos, otro sudans mutilado... todos los cuales necesitan la ayuda del hombre blanco. Estas imgenes refuerzan sin querer los estereotipos racistas y reafirman las hazaas, las comodidades y la compasin ("es todo por tu bien") de la civilizacin occidental. Son los misioneros seglares del mundo moderno.

A la larga, a menor escala pero de una forma ms traicionera, el capital de que disponen las ONG tiene la misma funcin en la poltica alternativa que el capital especulativo que entra y sale de las economas de los pases pobres: empieza a dictar el orden del da, convierte el conflicto en negociacin, despolitiza a la resistencia, interfiere con los movimientos populares locales que tradicionalmente se han mantenido por s solos. Las ONG disponen de fondos para dar empleos a personas que, de no ser as, trabajaran en los movimientos de resistencia, pero que de esta manera sienten que estn haciendo algo inmediata y creativamente bueno, y encima se ganan la vida. La autntica resistencia poltica no tiene atajos de esos.

La ONG-izacin de la poltica amenaza con hacer de la resistencia un trabajo corts, razonable, con su salario y su jornada de 9 a 5, ms algunos extras. La verdadera resistencia tiene consecuencias de verdad. Y no paga salarios.

As llegamos a un tercer peligro que quiero mencionar hoy: el carcter letal del enfrentamiento real entre los movimientos de resistencia y los estados cada vez ms represivos. Entre el poder pblico y los agentes del imperio.

Siempre que la resistencia civil ha mostrado la ms mnima seal de pasar de la accin simblica a parecer, aunque sea remotamente, una amenaza, la represin se vuelve despiadada. Ya hemos visto lo que ocurri en las manifestaciones de Seattle, Miami, Gthenberg, Gnova.

En Estados Unidos tienen el USA PATRIOT Act, que se ha convertido en un esquema para la elaboracin de leyes antiterroristas promulgadas en todo el mundo. Se recortan las libertades con el pretexto de proteger la libertad. Y una vez que cedemos nuestras libertades, ser necesaria una revolucin para conseguir que nos sean devueltas.

Algunos gobiernos tienen mucha experiencia en recortar libertades y seguir quedando bien. El gobierno indio, veterano en este juego, alumbra el camino.

A lo largo de los aos el gobierno indio ha promulgado infinidad de leyes que le permiten tratar a casi cualquier persona de terrorista, insurgente, militante. Tenemos la Ley de Poderes Especiales de las Fuerzas Armadas, la Ley de Seguridad Pblica, la Ley de Seguridad de Areas Especiales, la Ley de Gangsters, la Ley de Areas Terroristas y Levantiscas (que oficialmente ya no est en vigor, pero todava hay personas a la espera de juicio por su causa) y, la ms reciente, la POTA, Ley de Prevencin del Terrorismo, el antibitico de amplio espectro para curar la inconformidad.

Tambin se estn tomando otras medidas, como sentencias de tribunales cuyo efecto es sustraer la libertad de expresin, el derecho de los funcionarios a la huelga, el derecho a la vida y al sustento. En la India los tribunales han comenzado a microgestionar nuestras vidas. Y encima, criticar a los tribunales es un delito.

Sin embargo, volviendo a las iniciativas contra el terrorismo, en los ltimos diez aos el nmero de personas que han muerto a manos de la polica y las fuerzas de seguridad alcanza las decenas de miles. En el estado de Andhra Pradesh (la nia bonita de la globalizacin corporativa en la India) muere cada ao una media de 200 "extremistas" en lo que se suelen llamar "encuentros". La polica de Bombay presume del nmero de "gangsters" que han matado en estos "tiroteos". En Cachemira, cuya situacin es casi de guerra, han muerto unas 80.000 personas desde 1989. Miles de personas simplemente han "desaparecido". En las provincias del nordeste la situacin es similar.

En los ltimos aos la polica india ha abierto fuego contra personas desarmadas, en su mayora de las castas dalit y adivasi. Su mtodo preferido es matarlos y a continuacin llamarlos terroristas. India no es la nica, por cierto. Hemos visto ocurrir lo mismo en pases como Bolivia, Chile y Sudfrica. En la era del neoliberalismo, la pobreza es un crimen y protestar contra ella se define cada vez ms a menudo como terrorismo.

En la India, la POTA (Ley de Prevencin del Terrorismo) se denomina a menudo Ley de Produccin del Terrorismo. Es una ley verstil, un patrn nico que puede aplicarse a cualquiera, desde un agente de Al Qaeda a un conductor de autobs descontento. Como es el caso de todas las leyes contra el terrorismo, lo genial de la POTA es que puede ser lo que quiera el gobierno. Tras el pogromo de 2002 en Gujarat ayudado por el gobierno, en el que se calcula que 2.000 musulmanes fueron asesinados brutalmente por multitudes hindes y 150.000 tuvieron que abandonar sus hogares, 287 personas han sido acusadas bajo la POTA, de las cuales 286 son musulmanas y una es sikh.

La POTA permite utilizar como evidencia en un juicio las confesiones extradas mientras el reo se encuentra en custodia de la polica. En la prctica, la tortura tiende a sustituir a la investigacin. El Centro de Documentacin sobre Derechos Humanos del Sur de Asia informa que la India presenta el nmero ms alto del mundo de fallecimientos en custodia y bajo tortura. Los archivos del gobierno indican que slo en 2002 hubo 1.307 muertes en custodia judicial.

Hace unos meses form parte de un jurado bajo la POTA. A lo largo de dos das escuchamos testimonios espeluznantes de lo que est ocurriendo en nuestra magnfica democracia. Hay de todo: desde las personas a las que obligan a beber orina, a las que desnudan, humillan, aplican electroshock, queman con colillas o insertan barras de hierro en el ano, hasta las que matan a palos y patadas.

El nuevo gobierno ha prometido abolir la POTA. Me sorprendera que esto se llevara a cabo antes de aprobar otra legislacin con un nombre diferente. Si no es la POTA ser la MOTA o algo as.

Cuando se cierran todas las vas al inconformismo no violento y se acusa de terrorista a toda persona que protesta contra la violacin de los derechos humanos, de verdad deberamos sorprendernos al ver que amplias zonas del pas estn cuajadas de personas que creen en la lucha armada y estn ms o menos fuera del control del estado? Esto ocurre en Cachemira, en las provincias del nordeste, en grandes comarcas de Madhia Pradesh, Chattisgarh, Jharkhand y Andhra Pradesh. La gente normal de estas regiones est atrapada entre la violencia de los militantes y la del estado.

En Cachemira, el ejrcito indio calcula que hay entre 3.000 y 4.000 militantes activos en un momento dado. Con el objeto de controlarlos el gobierno indio enva unos 500.000 soldados. Est claro que el ejrcito no slo pretende controlar a los militantes, sino a la poblacin entera de infelices que ven al ejrcito indio como una fuerza de ocupacin.

La Ley de Poderes Especiales de las Fuerzas Armadas permite no slo a los oficiales de alto rango, sino incluso a los suboficiales del ejrcito, utilizar la fuerza y hasta matar a cualquier persona bajo sospecha de alterar el orden pblico. Primero se impuso en ciertos distritos del estado de Manipur en 1958. Hoy en da se aplica en prcticamente todo el nordeste y en Cachemira. La documentacin de casos de tortura, desapariciones, muertes en custodia, violaciones y ejecuciones sumarias a manos de las fuerzas de seguridad es capaz de revolverle el estmago a cualquiera.

En Andhra Pradesh, en el corazn de la India, el grupo militante Marxist-Leninist People's War Group, que llevaba aos en la lucha armada violenta y ha sido el principal foco de atencin de muchos de los falsos "encuentros" que cita la polica de Andhra, celebr su primer mtin pblico el da 28 de julio de 2004, en la ciudad de Warangal.

Asistieron a la concentracin cientos de miles de personas. Segn la POTA, todos ellos son terrorristas. Van a detenerlos a todos en algn equivalente indio a Guantnamo?

Todo el nordeste de la India y el valle de Cachemira estn a punto de explotar. Qu va a hacer el gobierno con estos millones de personas?

Hoy por hoy no hay en el mundo un tema de debate tan crucial como la cuestin de las estrategias de resistencia, y la eleccin de estrategias no est enteramente en manos del "public": tambin est en manos del "sarkar".

Despus de todo, cuando EEUU invade y ocupa Irak como lo ha hecho, con una fuerza militar tan desmesurada, se puede pedir que la resistencia sea de tipo militar convencional? Para empezar, incluso si fuera convencional seguira siendo calificada como terrorista. Parece extrao, pero el arsenal armamentstico del gobierno de EEUU, su potencia area y su artillera hacen del terrorismo una reaccin prcticamente ineludible. El pueblo compensa la falta de dinero y poder con estrategias y astucias.

En estos tiempos de ansiedad y desesperacin, si los gobiernos no hacen lo posible por respetar la resistencia no violenta, estn favoreciendo por omisin a los que optan por la violencia. La condena del terrorismo por los gobiernos no es creble si no se muestran dispuestos a cambiar ante el inconformismo no violento.

Sin embargo se hace lo contrario: reventar los movimientos de resistencia; comprar, destruir o sencillamente ignorar cualquier movilizacin u organizacin poltica de masas.

Entretanto, los gobiernos y los grandes medios de comunicacin, sin olvidar la industria cinematogrfica, prodigan su tiempo, atencin, tecnologa, investigacin y admiracin en la guerra y el terrorismo. Es la deificacin de la violencia.

El mensaje que lanzan es angustioso y peligroso: si quieres expresar una queja de carcter pblico, la violencia es ms eficaz que la no violencia.

A medida que se ensancha el abismo entre el rico y el pobre; a medida que se hace ms urgente la necesidad de aduearse de los recursos mundiales y controlarlos con el fin de alimentar a la ingente maquinaria capitalista, el descontento no har ms que aumentar.

Para aquellos de nosotros que nos encontramos en el bando contrario al imperio, la humillacin se est haciendo insoportable.

Cada uno de los nios iraques asesinados por Estados Unidos era hijo nuestro. Cada uno de los prisioneros torturados en Abu Ghraib era compaero nuestro. Cada uno de sus gritos era nuestro. Cuando se les humillaba, se nos humillaba a nosotros. Los soldados estadounidenses que luchan en Irak, la mayora voluntarios reclutados en los pueblos y en los barrios pobres, son tan vctimas como los iraques del horrendo proceso que les exige morir por una victoria que nunca ser la suya.

Los mandarines del mundo de las corporaciones, los directivos, los banqueros, los polticos, los jueces y los generales nos observan desde arriba meneando la cabeza con severidad: "No Hay Alternativa", sentencian, y sueltan a los perros de la guerra.

Y entonces, de las ruinas de Afganistn, de los escombros de Irak y Chechenia, de las calles de Palestina y las montaas de Cachemira, de los montes y altiplanos de Colombia y de las selvas de Andhra Pradesh y Assam, surge una escalofriante respuesta: "No hay otra alternativa que el terrorismo". Terrorismo. Lucha armada. Insurgencia. Llmenle como quieran.

El terrorismo es desalmado, feo y deshumanizante tanto para los que lo perpetran como para sus vctimas. Pero tambin lo es la guerra. Podra decirse que el terrorismo es la guerra privatizada. Los terroristas son los comerciantes en el libre mercado de la guerra. Personas que no creen que el estado tenga el monopolio del uso legtimo de la violencia.

La sociedad humana se dirige a un lugar terrible.

Evidentemente, hay una alternativa al terrorismo: se llama justicia.

Ha llegado la hora de reconocer que por muchos armamentos, segadoras de margaritas, sistemas de dominacin total o falsos consejos de gobierno y loya jirgas que se tengan, la paz no se puede comprar a costa de la justicia.

La ambicin de algunos por la hegemona y la preponderancia tendr como contrapartida el anhelo, an ms intenso, de los otros por la dignidad y la justicia.

La forma en que se manifieste la batalla, el que sea hermosa o cruenta, depende de nosotros.

Discurso completo pronunciado por en San Francisco, California, el 16 de agosto de 2004

Copyright 2004 Arundhati Roy. Para reimpresin contactar con [email protected]

Ttulo original: Tide? Or Ivory Snow? Public Power in the Age of Empire

Traducido por Mara Fernndez y revisado por Alfred Sola



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