Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2008

Cada 29 de marzo, marchamos, cantamos, discurseamos, declamamos y peleamos

Reinaldo Troncoso
Rebelin


Por la alegra he vivido,
por la alegra he ido al combate,
por la alegra muero.
Que nunca el ngel de la tristeza 
sea unido a mi nombre.
Hombres velen porque yo os am.

 (
Julius Fucik
. Combatiente comunista Checoslovaco*)


CON LA MENTE FRIA Y EL CORAZN ARDIENTE

El dolor, la esperanza y la lucha, siempre se funden dialcticamente en la vida de los pueblos. Hace ya 23 aos de aquel momento estremecedor. A travs de los medios de comunicacin o de boca en boca, ese da y el siguiente nos enterbamos de la terrible noticia y slo nuestras miradas hablaban del real significado que tena para nosotros aquel tiempo aciago, pero paradjicamente fecundo a la vez, y tambin casi interminable. Con Rafael y Eduardo aumentaban a dos las bajas en el campo obrero y popular. Esa vez se trataba de dos muchachos que llamados por la historia, decidieron andar los caminos del compromiso y la lucha revolucionaria y como toda vocacin, este llamado les arranca del sosiego, del afecto y la calidez de su familia. La adolescencia de Rafael y la juventud de Eduardo, se transforman precozmente en vida de adultos, y la inocencia y candidez se baten en retirada para dar lugar a la agudeza de los sentidos pues el peligro estaba agazapado en todas las esquinas y rincones de nuestra patria. Ellos como muchos revolucionarios y pese a sus cortas edades debieron construirse una voluntad de hierro, pero, sin dejar de cargar la generosidad proletaria que aprendieron de su pueblo. De este modo asumieron las tempestades de la lucha de clases y los ejemplos del Che, de Miguel y del Cristo de la historia, brillaron animando y acompaando esas jornadas de jvenes quijotes.

No fue esa rebelda primitivamente biolgica, no fue ese descontento ciego, infame, iracundo, lo que los condujo a la lucha revolucionaria. Sin duda, como a muchos de los hijos de nuestro pueblo, las condiciones materiales objetivas, como el hambre y la miseria, las carencias y los atropellos a la vida y la dignidad humana, vividas como un destino trgico cada da, sin duda, esa realidad de opresin e injusticia, se encontraban en la base de aquella opcin poltica. Sin embargo, estos factores de por s importantes, no constituyeron las nicas razones que a estos hermanos les condujo al compromiso de clase. A la luz de los recuentos, muchos que con el correr de los aos se extraviaron hacia el pantano, hubiesen querido un recuerdo vaco de conflicto, vaco de cuestionamiento, inmaculado de los odios y de la violencia que contienen los antagonismos histricos, en fin; un recuerdo ahistrico. Slo podemos decir que es imposible tapar el sol con un dedo. Rafael y Eduardo se plantearon recorrer un camino difcil, complejo; que les exigi audacia, compromiso, madurez y por sobre todo humildad. Ellos no antepusieron la soberbia para negociar su incorporacin a la lucha revolucionaria. a pesar de su juventud, generosamente se subordinaron a una organizacin vertical en sus orientaciones y mando y con orgullo y disciplina asumieron la militancia marxista-leninista. Los hermanos Vergara Toledo se sumaron racionales y con plena conciencia de su compromiso de clase, a un proyecto de carcter revolucionario en su proceso y de carcter socialista en su objetivo estratgico. Jams rond por sus cabezas la idea de que estuviesen siendo utilizados por elementos inescrupulosos porque ellos tuvieron siempre claro donde estaba y quien era el enemigo.

La vida de entonces nos apuraba el tranco, la dictadura de los monopolios pesaba de forma terrible en las espaldas de nuestro pueblo y tambin cansaba, pero Rafael, Eduardo, la Paulina Aguirre, el Oscar Fuentes, el Patricio Manzano, el Carlos Godoy, el Mauricio Maigret; todos ellos, no se rendan, no capitulaban y seguramente por esos empeos la historia los hace jvenes combatientes.

LA SANGRE Y LA ESPERANZA

La lucha callejera, la marcha, las piedras, todas estas expresiones elementales de la rebelda popular, siendo importantes, no definen del todo el perfil de un revolucionario; ni siquiera las armas o esa infaltable capucha que resguarda la identidad enfrente del enemigo. Todos esos muchachos y muchachas alcanzaron la estatura del revolucionario porque asumieron un proyecto de transformaciones radicales, como lo es el proyecto de construir para Chile una sociedad socialista. La faena de todos ellos no fue solamente la resistencia y lucha antidictatorial, ellos al hacer suyo el norte socialista, estaban asumiendo un desafi ms profundo y ms integral que simplemente derrocar un tirano de turno. Esa apuesta vena de lejos y ellos toman generosa y conscientemente ese legado, ellos eran los nuevos comunistas. Y todos estos jvenes se aliaron a ese pasado de lucha y combate del movimiento obrero y popular, porque fueron cruzados por las mismas condiciones histricas y materiales, fueron provocados por las circunstancias a dar una lucha sin cuartel contra el hambre y la miseria de su clase, las mismas condiciones con las que el capitalismo gener lderes y dirigentes proletarios. Todo ese importante legado que proviene de la prctica organizadora y educadora de Luis Emilio Recabarren, del esfuerzo militante de Elas Lafferte, de la perseverancia unitaria y conductora de Salvador Allende, de la decisin armada de Miguel Enrquez, ejemplos que constituyeron una forma de mirar el mundo; opuesta, antagnica, enemiga del capital. As y todo, siendo esta visin socialista, una perspectiva histrica luminosa para nuestro pueblo, no dej de moverse como en las imgenes literarias de Nicmedes Guzmn: entre la sangre y la esperanza.

Nos encontrbamos parapetados en las trincheras de la esperanza, desde all con los sentidos alertas, respondamos a nuestros enemigos con las armas que ellos ms teman: la conciencia, la organizacin y la disposicin a darlo todo incluso la vida; por nuestros hermanos de clase. No fue el dedo de Lagos lo que aterroriz a Pinochet, no, ya mucho antes los jvenes revolucionarios desafiando peligros reales construan conciencia, unidad, organizacin y estimulaban a los sectores oprimidos a movilizarse contra la dictadura. Ellos dieron los primeros pasos de la reactivacin popular, desde la clandestinidad organizaron las primeras formas de resistencia a la ofensiva sanguinaria de los patrones, estuvieron en la primera lnea de combate rearmando la conciencia, reconstruyendo la voluntad de lucha del pueblo y rehaciendo la confianza en su propia fuerza. Esto fue as, desde el mismo momento del golpe y Chile hoy posee un listado numeroso pero incompleto de muertos y sobrevivientes que lucharon con todas sus fuerzas por una sociedad justa e igualitaria para nuestro pas. Nuestros muertos, no estuvieron jams en un espacio televisivo, a no ser sus cuerpos acribillados a balas y adems escarnecidos por el sadismo dictatorial. Nuestros hermanos, con su herosmo y consecuencia revolucionaria, si prepararon condiciones que posibilitaron en los aos 80 generalizar y extender la lucha democrtica y popular, condiciones que obviamente el pragmatismo y oportunismo pequeo burgus de la renovacin socialista y la oposicin burguesa, aprovecharon para ponerse a la cabeza de la conciliacin (Acuerdo Nacional) con la dictadura.

Sobrevino la derrota, nos atomizamos, nos fragmentamos, nos dispersamos. La memoria histrica se exilia de la cabeza de millones de personas de nuestra propia condicin, la identidad de clase se convierte en un producto hbrido de naturaleza imperialista. Nos introducimos en un gran parntesis, no sabemos qu hacer ni qu decir.

Sin embargo, nunca dej de ocurrir que muchos, aunque no todos, de los que ayer nos encontrbamos parapetados en las trincheras de la esperanza, muchos; sentimos y decidimos no abandonar y menos olvidar a nuestros muertos. Y por eso, cada 29 de marzo; cada 1 de mayo; cada 11 de septiembre; cada 5 y 8 de octubre; marchamos, cantamos, discurseamos, declamamos y peleamos por que algn da la justicia que por tantos aos nos han negado, podamos nosotros definitivamente instalarla en el corazn de nuestra patria.

Mientras tanto, como un homenaje diario a cada uno de nuestros hermanos cados por la justicia y el socialismo; cumplamos la tarea de unir, organizar, movilizar. Levantemos como banderas de lucha todas las demandas populares, impulsemos con los trabajadores y los sectores populares organizaciones democrticas independientes, y que estas organizaciones democrtica-populares expresen en cada frente social el esfuerzo de reconstruccin real del movimiento obrero y popular.

Porque la lucha contina...

HONOR Y GLORIA A LOS JOVENES REVOLUCIONARIOS CAIDOS EN LA LUCHA

MOVIMIENTO POR LA CONVERGENCIA REVOLUCIONARIA

(*) Julius Fucik: Miembro del Comit Central del Partido Comunista Checoslovaco, detenido durante la invasin nazi, sometido por varios meses a prisin y torturas para finalmente morir decapitado por sus verdugos. Dej escrito un testamento poltico que aos despus sera publicado por su compaera Gusta Fucikova con el titulo de Reportaje al pi del Patbulo

Reinaldo Troncoso  - Movimiento por la Convergencia Revolucionaria (MCR)



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter