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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2008

De un vasco de izquierda a dos espaoles de izquierda

Jess Valencia
Rebelin


El atentado de Arrasate reaviv un debate siempre abierto respecto a las estrategias del Estado y, en especial, de ETA. Leyendo las rplicas y contrarplicas, es evidente que el mayor punto de discrepancia se centra en la lectura que se hace de las acciones de la organizacin armada, y del juicio que merecen tanto sus acciones como la propia organizacin. Carlos Fernndez y Santiago Alba han reiterado su pensamiento, muy conocido entre nosotros, en una nota de urgencia (ETA tambin vota: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64291) y en una respuesta a las crticas recibidas (ETA tambin mata: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64556). Tomando como referencia ambos escritos, aporto esta reflexin que pretende ser respetuosa y enriquecedora. Y que no incluye a otras organizaciones de izquierda del Estado que, con su praxis, demuestran no compartir ni el fondo ni la forma de ambos textos.

Santiago y Carlos, acostumbrados a cuestionar al poder, se consideran especialmente legitimados para cuestionar a ETA. Aunque su actitud pueda dar la apariencia de equidistancia, a m me parece que no es tal. Estn identificados con una de las partes en conflicto: el Estado. Y, desde esa preubicacin realizan su prejuicio: crtico respecto a los abusos del espaolismo, absolutamente descalificatorio respecto a la organizacin armada. A aquel, le reprochan sus excesos y a sta su propia existencia. Las crticas al Estado, cuando se producen, suelen ser tardas, espordicas y medidas. Las descalificaciones de ETA suelen ser inmediatas, habituales y furibundas. Crtica plausible en su censura a los abusos del Estado y beligerancia mxima en sus arremetidas contra la organizacin armada.

Una prueba de esa actitud parcial es la lectura que hacen del atentado de Arrasate. Era de suponer que intentaran despojar el hecho de todo contenido poltico, pero recurrir para ello a calificar a Carrasco como una persona que pasaba por la calle me parece un enfoque incorrecto y tendencioso; tal anlisis no se corresponde con la trayectoria de la organizacin armada ni con la trayectoria de ambos escritores. Habitualmente, su lectura de la realidad suele ser mucho ms equilibrada y objetiva pero la furia de aquel da les hizo perder equilibrio y objetividad. Quien quiera saber si el atentado tena o no un componente poltico que analice la descomunal reaccin poltica que suscit en todo el Estado, incluidos los dos escritores. Y cmo se quiso instrumentalizar lo ocurrido para infligir un severo castigo poltico a ETA. La reaccin hubiera sido muy distinta si el autor de los disparos hubiera sido un estudiante despechado.

Es normal que Carlos y Santiago negaran entidad poltica al atentado ya que se la niegan a la propia organizacin. No es la primera vez que se combate al adversario negndole su condicin de parte contendiente. Las descalificacines de ETA no son mayores que las que Espaa dedicara a Abd El Krim, lder en la sublevacin del Rif; se trataba de un perro miserable, sanguinario, traidor, cobarde, que eluda el enfrentamiento abierto, cruelTodo aquel cmulo de insultos no alter el desarrollo de los acontecimientos. Respecto a ETA, el negarle toda legitimidad poltica es tan viejo como la propia organizacin. Es llamativo que en este ejercicio descalificatorio coincidan la izquierda y la derecha espaolas. Unos y otros hacen prevalecer en este empeo los intereses patriticos comunes sobre las sensibilidades ideolgicas diferenciadas. No se produjo una complementacin similar entre la derecha y la izquierda francesas frente al movimiento independentista de Argelia? A la izquierda espaola le pedira algo ms de humildad y respeto. Pueden tener mucho de cierto en sus reflexiones pero no tienen toda la verdad. Me gustara ver a esa izquierda desempaando un papel mucho ms activo que el que desarrolla en la bsqueda conjunta de alguna solucin. Quiz entonces sera ms fcil encontrar puntos de encuentro. Tambin nosotros estamos dispuestos a someter a contraste nuestros planteamientos pero con unos activistas que estn en sus correspondientes barricadas. Las recomendaciones de una izquierda espaola que no est haciendo sus deberes, tienen poca fuerza y merecen poco crdito.

En cualquier caso, quienes le niegan a ETA todo reconocimiento puede que tengan muchas razones pero no tienen la competencia para dar credenciales de legitimidad. Esa depende de la caracterizacin de que se dote cada organizacin y del reconocimiento social con que cuente. Estoy pensando en esa parte de la ciudadana (y no slo vasca) que hoy oculta lo que siente; pero tambin en agentes sociales, sindicales, organismos internacionales de mediacin, otras fuerzas en conflicto, partidos polticos, Estados, el propio Estado espaol.que han mantenido, mantienen y mantendrn lneas abiertas de interlocucin a pesar de lo que ellos mismos y los detractores de ETA digan en pblico.

Carlos y Santiago, como es habitual en esa izquierda espaola, tambin niegan a ETA toda legitimidad tica. Quiz un da podamos abrir en pblico este debate que hoy no es posible por razones obvias. Es la ventaja que tiene dicha izquierda espaola y todos los terceristas vascos, que juegan con el rbitro de su lado. En cualquier caso, unos y otros se sitan en una corriente de pensamiento muy extendida en el mundo actual: asociar la tica exclusivamente a los comportamientos no violentos y a la promocin de una discutible paz genrica. (Baketik se llama el centro de educacin para la paz que promueve el derechoso Gobierno Vasco; trmino compuesto de dos iniciales: Bake- Etika). Quienes han elegido otros caminos son personas desalmadas? Cuando abordemos pblicamente este debate podremos hablar del telogo B. Hring, de Marcuse y de muchos ms. Por hoy, me limito a citar a Celia Hart, mujer, cubana, revolucionaria y escritora, que hace pocos das escriba: (las FARC) junto con el ELN pueden ensear a esta plida izquierda actual que la violencia revolucionaria es tica; de no serlo, tendramos que acusar no slo a Fidel y al Che, sino a Lenin a Mao y a Trotsky



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