Portada :: frica :: Sahara: 40 aos de exilio y lucha
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2008

La cadena humana frente al muro de la vergenza en el Sahara

Jess de Manuel Jerez
Rebelin



La parte de la columna de los 1000 que sali de Madrid el pasado 17 de marzo regres anteanoche con ms de un da de retraso. An no hemos tenido mucho tiempo para descansar, pero no quiero enfriarme mucho antes de contar algunas cosas sobre lo que hemos vivido en este viaje de convivencia y solidaridad con el pueblo saharaui.

Intentar ser breve porque las tareas que me esperaban al regreso no dejan tiempo para ms y obviar las ltimas 24 horas en el aeropuerto militar de Tinduf para centrarme en lo que nos interesa: la movilizacin contra el muro marroqu, la convivencia con el pueblo saharaui y con su lucha.

Algunos datos geopolticos para situarse Supongo que lo mejor es empezar contextualizando, como mandan los cnones, pero como supongo al lector bien informado de otros antecedentes, me limitar a ofrecer aqu algunos datos del pasado y presente del conflicto del Sahara, empezando por la portada de un peridico argelino que nos dieron al subir al avin de Air Algrie rumbo a Tinduf va Argel. Se vea una foto enorme del ministro saharaui de asuntos exteriores que la vspera, 16 de marzo, haba dado una rueda de prensa en la capital argelina: 'Ils veulent la guerre' (quieren la guerra) era el contundente resumen de sus declaraciones, justo despus del fracaso de la ltima ronda (y ya van 4) de negociaciones bilaterales entre Marruecos y el Polisario que suceden, ahora sin mediadores, a otros fracasos anteriores de los planes auspiciados por la ONU desde el acuerdo de alto el fuego de 1991. Este acuerdo prevea un referndum de autodeterminacin que deba celebrarse en 1992 y que sigue sin vislumbrarse 16 aos despus, sin que la ONU, que lo auspici, ni ninguna potencia con capacidad de influir parezca poner demasiado empeo en que se haga realidad. El hecho es que leyendo la entrevista nos enteramos de que este gobierno espaol que acaba de revalidar su mayora fagocitando parte de lo que quedaba a su izquierda acaba de vender 1.200 blindados y un buen nmero (no especificado) de lanzaderas de bombas de racimo a Marruecos, es de suponer que para que se dediquen a la caza de gacelas en el desierto. A eso se aaden las recientes maniobras militares marroques, navales y terrestres, en los territorios saharauis ocupados. La partida de ajedrez se alarga y ya parece que slo queda por saber quin ser el que cargue con la responsabilidad de la vuelta al enfrentamiento blico. A Marruecos le va bien con la prolongacin sine die de esta situacin. El tiempo corre a su favor ya que controla el territorio y mientras no haya guerra ahorra dinero y bajas que podran acabar convirtindose en un problema poltico para la monarqua feudal que all gobierna. Adems, es de suponer que interpreta que el tiempo tambin juega a favor del otorgamiento de derechos a los colonos marroques que ocupan el Sahara Occidental desde hace ms de 30 aos y donde ahora son mayora. Por su parte entre los saharauis, especialmente los ms jvenes, hay cierta impaciencia ante un futuro que se les ha robado y al que no estn dispuestos a renunciar sin ms. Un caso especialmente desalentador es el de los miles de profesionales formados en Cuba tras entre 12 y 15 aos de ausencia de su tierra, sin poder ver a sus familias desde los 12 aos de edad y que de regreso a los campamentos de refugiados no slo se encuentran con la dureza de las condiciones de vida, sino tambin con que no pueden aplicar, en muchos casos, sus conocimientos al servicio de su pueblo ni de sus familias o su desarrollo personal. No hay puentes que construir para los ingenieros, ni empresas que gestionar para los economistas, ni tantos y tantos oficios para los que se han preparado con tanto sacrificio y en los que los conocimientos van quedando obsoletos al pasar los aos sin la necesaria prctica y actualizacin.

Los campamentos de refugiados

La llegada a los campamentos supone un shock en muchos sentidos: trmico (al menos el da que llegamos haca mucho calor, pero luego hubo tambin das fros), cultural, poltico, humano. Pero lo que todo el mundo nos haba dicho y nosotros mismos comprobamos es que el pueblo saharui parece haber hecho un milagro en el desierto: da lecciones de hospitalidad en el terreno ms inhspito; de organizacin en un lugar donde el exilio tras la ocupacin y una travesa bajo las bombas con fsforo de los aviones marroques haba dejado slo caos; de generosidad cuando no hay nada propio que pueda ofrecerse porque los han privado de la posibilidad de crear y producir sobre un suelo libre; de amabilidad y ternura cuando todo, incluido el Sirocco lanzando continuamente arena a los ojos, la nariz, la boca, invitara a la gresca; de dignidad y rebelda frente a la invasin de unos y la traicin de otros.

Los saharauis

La familia que nos acogi puso nombres y apellidos a un conflicto lejano. Se llaman Malainin Jatri y Leila Said, los padres, Abdalahi, Sid y Menn, los hijos de ambos, Mohamed, el hermano de Leila, formado en Cuba como monitor de educacin especial. Me haban hablado de la mirada de los nios saharauis, pero verla de cerca supera cualquier descripcin. Y me haban hablado de lo inteligentes y despiertos que son, lo que respetan a sus mayores, la ternura que derrochan y cmo saben comunicarse contigo aunque apenas hablen tu idioma ni t el suyo. Y del papel activo de las mujeres en la organizacin social, muy superior a la media del mundo rabo-musulmn. Todo lo que me haban contado era cierto y ahora lo he comprobado de cerca, en ejemplos concretos. Podra extenderme mucho hablando de la hospitalidad de las familias, de cmo siempre buscan un hueco para hacerte un t, de cmo te esperan con la cena aunque la ltima actividad te devuelva a casa cerca de la medianoche, de cmo en pocos das te hacen sentir como si fueras de su familia, pero no lo voy a hacer porque promet ser breve.

Las actividades


Los das transcurren a la espera del principal motivo que nos lleva a los campamentos entre visitas a las instalaciones que el Frente POLISARIO ha sabido crear y administrar ejemplarmente frente a las mayores dificultades (escuelas de discapacitados, huertos, hospitales, radio, televisin, museos, entre otras), charlas polticas que nos hablan de dnde estamos y nos recuerdan a qu hemos venido y tambin momentos para la msica de all y de aqu, para el intercambio de bailes, cantos y abrazos. Llegamos agotados cada noche a casa. Algunos sucumben a los problemas intestinales, a otros nos rondan sin atacarnos del todo, otros vuelven a casa con ganas de ms fiesta. Siempre hay alguna jaima o casa de adobe donde alguien canta y alguien baila, en espaol o en hasana, con acento cubano, rabe, cataln o andaluz. El viernes nos damos un bao de dunas y sirocco. Casi se echa de menos el mar, pero se acoge con gusto la inmensidad del desierto, las ondas de dunas que se suceden en el horizonte y se deshilachan por las cspides como algodones de azcar azotadas por el viento.

La cadena humana frente al muro


El sbado por fin llega el momento ms esperado. Nos dicen que seremos muchos ms que los 1000 que Voluntad y Determinacin se haba marcado como objetivo para su columna. Han llegado aviones de Alicante, Zaragoza, Barcelona, Madrid, Bilbao, gentes de las dos Castillas, y tambin italianos y argelinos. Salimos en decenas de Toyotas todoterreno y algunos camiones, fruto de donaciones de ONG y gobiernos autonmicos espaoles en su mayora, que el POLISARIO gestiona para la logstica de los campamentos. En nuestro vehculo entramos a presin, literalmente, 14 personas (tres delante y 11 atrs). Todos los dems van igual. El viaje es incmodo y se hace largo a travs de pistas de tierra, arena y baches, pero emociona mirar hacia atrs y ver la caravana solidaria que se moviliza con la nube de polvo que va quedando atrs y con las banderas saharauis que nos han distribuido asomando por las ventanas. Por fin llegamos junto al muro. Nos han dicho que la zona ya es segura, pero que por si acaso, si vemos algo metlico brillando no se nos ocurra darle patadas. Al bajar la gente se va olvidando, se va relajando, mira cara a cara, aunque a unos 200 m de distancia por no asumir 'riesgos innecesarios' como nos dicen los polisarios, ese muro con algunos militares marroques bien visibles que pasean sobre l. Tras nosotros, y no entre nosotros y los marroques como nos haban dicho, un par de vehculos de la MINURSO (Misin de Naciones Unidas para el Referendum en el Sahara Occidental). Unimos nuestras manos en la cadena humana. Cada [email protected] lleva una bandera saharaui con la inscripcin Sahara LIbre. Hay un poco de caos al principio pero la cadena acaba formndose, desplazndose hacia la izquierda, avanzando sin miedo (yo confieso que miraba el suelo a cada paso por si las flies ), gritando consignas como 'Mohamed, capullo, el Sahara no es tuyo. Algunos saharauis avanzan en solitario unos pasos mirando de frente el muro, en silencio. Quin sabe qu recuerdos encierran esos pasos y esas miradas, qu compaeros o familiares se quedaron en algn combate tal vez all mismo o en otro fragmento de esos 2.700 km de vergenza de arena, minas y espino.

Las mujeres saharauis del barrio 4 de la Daira Tifariti nos dijeron la ltima noche que tenamos una carta para los espaoles. Esta es parte de la ma: no los olvidemos. Somos su nica baza poltica externa. Nos han enseado mucho. Ahora toca no olvidarlo, extenderlo, entregar su carta a cuantas personas nos encontremos, propagarla por los movimientos sociales y recordar siempre que se nos presente la ocasin al gobierno espaol la responsabilidad que le corresponde, ante la historia y ante un pueblo que se siente hermano del pueblo saharaui.

Jess de Manuel Jerez
Ecos, traductores e intrpretes por la solidaridad



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