Portada :: Espaa :: Izquierda Unida en el rubicn
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2008

El descalabro de IU y el modelo cataln

Llus Rabell
Rebelin


Tras el fracaso cosechado por Izquierda Unida en los comicios del 9 de marzo, surgen por todas partes anlisis y comentarios, tratando de comprender sus causas y su alcance. En ese marco, no habra que considerar sin embargo los pronunciamientos de los organismos dirigentes de IU y de EUiA, por lo que respecta a Catalunya - como una opinin ms, sino integrarlos en la reflexin colectiva como un elemento revelador de la extrema gravedad de la crisis en que se debate esta formacin. Ante un descalabro de estas proporciones, cualquier esperanza de recuperacin radica en la capacidad de reaccin, en la lucidez del diagnstico y en la valenta poltica para asimilar enseanzas y girar hacia dnde corresponda. Pero, por lo pronto, quienes dirigen o aspiran a dirigir IU o lo que quede de ella estn dando en la mayora de los casos muestras de una inquietante superficialidad y de una no menos alarmante ausencia de autocrtica. Hay ms preocupacin por salvar como sea el magro aparato de la organizacin, por redistribuir las influencias y posiciones de las distintas familias polticas que por ir al fondo de las cosas. O mejor dicho: ese esfuerzo de conciliacin est comportando a pesar del electroshock que debera haber supuesto el 9-M! - poner sordina a la crtica poltica, dejar los balances a medio camino, diluir las razones del fracaso Malos naipes se estn repartiendo de cara a la prxima Asamblea Federal.

Nada caracteriza tanto los balances oficiales como el objetivismo. Se destaca la exacerbacin del bipartidismo y de la americanizacin de las contiendas electorales; se clama al cielo por la injusticia de una ley electoral que penaliza a la izquierda contestataria; se subraya el efecto devastador del voto til al PSOE frente a la amenaza de una derecha ultramontana Incluso se habla de las mutaciones que ha sufrido la base social tradicional de la izquierda transformadora bajo el impacto de la desindustrializacin y las polticas neoliberales, de la fragmentacin del mundo del trabajo y del individualismo propiciado por la precariedad, de la cultura del ladrillo, etc. Esos fenmenos, constitutivos de la derechizacin que imprime el capitalismo globalizado a las sociedades occidentales y que han encontrado una traduccin particularmente aguda en el modelo espaol de crecimiento -, son ciertos. Y, desde luego, merecen estudio y reflexin. Pero, tanto nfasis en esos factores adversos oculta el debate acerca de la poltica con que los hemos encarado.

As pues, generalmente se pasa de puntillas sobre una legislatura caracterizada por la subalternidad y el seguidismo respecto al gobierno de Zapatero, sobre el voto favorable a los presupuestos neoliberales de Solbes, a la Ley de Defensa, a la LOE y hasta al canon digital, como colofn de una oposicin exigente e influyente que a pocas cosas se ha opuesto y en menos ha logrado influir mediante la fuerza del verbo de su reducido grupo parlamentario. Algunos interesantes artculos, como el de Manolo Monereo, han sealado con acierto la imposibilidad de imprimir giro alguno hacia polticas progresistas ni de fortalecer a la izquierda si no es desde el conflicto social y la movilizacin. De hecho, como se apunta en esas reflexiones, hay dos maneras de encarar el reto del neoliberalismo desde la izquierda. Un camino ha sido el escogido por la mayora federal de IU: consiste en considerar que la ofensiva globalizadota es de tales proporciones que slo cabe ya asociarse a la socialdemocracia, acompandola crticamente como una suerte de conciencia social y medioambiental, tratando de influir sobre sus orientaciones desde la colaboracin parlamentaria y, apenas fuese posible, desde la participacin gubernamental. Pues bien, sa es la orientacin que ha fracasado estrepitosamente.

La otra va, indita, es la de la independencia poltica frente a ese reformismo de contrarreformas en que se ha convertido una socialdemocracia entregada a los dogmas neoliberales y en profunda simbiosis con sus instituciones. Es la va de la movilizacin, de las resistencias sindicales y sociales, de la construccin de un referente y una alternativa anticapitalistas en todos los terrenos del conflicto. Pero quizs valga la pena referirse al ejemplo cataln, que ilustra perfectamente esa disyuntiva.

Un partido que ni lucha, ni gobierna

Durante la campaa electoral, al tiempo que reclamaba algn ministerio en un futuro gobierno del PSOE, Gaspar Llamazares propugnaba el gobierno tripartito cataln que preside Montilla como el ejemplo de colaboracin entre las izquierdas, como el modelo a extender al conjunto del Estado. Incluso desde sectores opuestos a Llamazares y desde el propio PCE, la actitud hacia el govern dentesa ha sido y es, por lo menos, ambigua. Sin embargo, en Catalunya tenemos la ms clara demostracin prctica de que la asociacin gubernamental de la izquierda transformadora con el social-liberalismo dominante es letal para la primera. El 9-M as lo ha certificado, con un potente voto obrero y popular hacia el PSC y con el hundimiento de ICV-EUiA y ERC, que han visto a su electorado decantarse por la abstencin o transferir sus sufragios a la candidatura socialista.

No ha habido ni entusiasmo por las polticas del PSOE, ni exclusivamente temor al PP. En los debates del ltimo Consell Nacional de EUiA algn compaero sealaba con perplejidad que el PSC hubiese obtenido sus mejores resultados en los barrios ms castigados por la desastrosa gestin de las infraestructuras ferroviarias, o que un buen nmero de conductores de TMB, en conflicto con el gobierno municipal, acudiesen a votar por Carme Chacn. En ese gesto no slo est el reflejo de los consabidos factores objetivos, sino tambin un juicio implacable hacia la izquierda transformadora por parte de la que debera ser su base social natural: esta izquierda, nos indica semejante comportamiento electoral, es percibida como una fuerza secundaria que ni modula la poltica de los socialistas, ni influye sobre ella para mejorarla ni tampoco esboza alternativa alguna ante los acuciantes problemas de la vida cotidiana de la ciudadana. Los movimientos contestatarios y la juventud, por su parte, tienen sobre todo noticias de esa izquierda a travs de las intervenciones represivas de los Mossos desquadra, que dirige Joan Saura. As pues, si se trata de cerrar el paso a la derecha en las urnas, es normal mal que nos pese que la poblacin trabajadora prefiera votar al partido social-liberal, incluso si anda a la grea con los gobiernos que dirige, antes que a sus impotentes aclitos.

Quizs nada escenifique tanto el desencuentro del gobierno tripartito con los movimientos como el reciente Foro social cataln. La resolucin final de la asamblea de movimientos, en su listado de campaas, estableca una letana de conflictos con las orientaciones y la prctica de este gobierno: en lo tocante a la defensa del territorio (contestando proyectos agresivos como la interconexin elctrica con Francia o el Cuarto cinturn); en la defensa de las empresas en lucha (cuyas plantillas se han visto desamparadas o chantajeadas por propia Conselleria de Treball); en cuanto a las reivindicaciones planteadas en empresas gestionadas por la izquierda (como la reivindicacin de los dos das en TMB); en el terreno de la defensa de los servicios pblicos (frente a las polticas privatizadoras de la entesa en sanidad, enseanza o transportes) por no hablar de las libertades. Hay que recordar que los Mossos apalearon a los estudiantes de la UAB que protestaban pacficamente contra el Plan de Bolonia dos das antes de las elecciones?

ERC e ICV-EUiA han tragado con todas esas polticas, se han hecho cmplices de las mismas. Y el electorado se lo ha hecho pagar. Por lo que a nosotros respecta, es EUiA quien se ha llevado la peor parte. Los dirigentes de ICV han tratado de hacer trampa atribuyendo el descalabro a la crisis interna de IU, pretendiendo que el proyecto ecosocialista gozaba de buena salud. Se trata de una gran mentira, que contiene no obstante un parte de verdad. La cada de la coalicin ICV-EUiA en Catalunya es de muy parecidas proporciones a la que ha sufrido IU en el conjunto del Estado. Y, por supuesto, es abusivo atribuir a la incapacidad de EUiA para conectar con su electorado el hundimiento espectacular registrado en el primer cinturn de Barcelona, el de la clase obrera tradicional: en el caso de Badalona, lHospitalet, o Santa Coloma estamos hablando de alrededor de un 50 % de sufragios perdidos. La parte de verdad, sin embargo, es que ah est el pblico ms genuino de EUiA. (Hace mucho que ICV ha renunciado a disputar esa franja de la poblacin al PSC, orientndose hacia otros segmentos: capas superiores de los sindicatos, profesiones liberales, intelectualidad progresista, etc. Esas franjas han permanecido relativamente ms fieles a la coalicin que los sectores ms plebeyos, castigados en sus condiciones de vida y demandantes de un discurso social creble). En otras palabras: a cambio de una presencia residual en el organigrama del tripartito, EUiA se ha encontrado en la primera trinchera, dando la cara por polticas que no eran las suyas e impregnndose hasta la mdula de un espritu pragmtico y posibilista que era ante todo patrimonio de ICV.

Un partido de lucha y de gobierno. Esa fue la divisa tradicional del comunismo cataln, que anduvo siempre con los ojos puestos en el gran hermano italiano. Ahora hemos llegado a un partido que ni gobierna, ni lucha ni sabe a dnde ir. Porque lo peor de todo es que la direccin de EUiA saca como conclusin que hay que seguir aferrndose al gobierno y a la coalicin.

Hacia otra humillante derrota?

No es necesario tener dotes de adivinacin para vislumbrar el nuevo y humillante fracaso que se avecina para EUiA. Las elecciones del 9-M han dejado un panorama poltico netamente desplazado hacia la derecha. El PSOE planea asentar su legislatura sobre pactos con la derecha nacionalista vasca y catalana. Probablemente, en un primer momento el acuerdo explicito sea con el PNV y el BNG. Pero, tanto por razones polticas como de simple aritmtica parlamentaria, CiU tiene todos los nmeros para convertirse en la garanta de estabilidad gubernamental que reclama Zapatero ante la crisis econmica que se nos echa encima. La crisis del tripartito cataln est servida. Sera tan ocioso como aventurado tratar de pronosticar sus episodios. Pero es evidente que la presin del giro al centro de Zapatero (la acentuacin de las polticas liberales, de las restricciones presupuestarias e incluso el cicateo del autogobierno) acabar por hacerse insoportable para la entesa. Es posible que ERC sea una vez ms su eslabn ms dbil y que la crisis de la formacin republicana y sus nuevos alineamientos internos desestabilicen definitivamente al tripartito Sea cual sea el camino, parece evidente que un entendimiento entre CiU y Zapatero en Madrid deber comportar cambios en Catalunya. No bastar con un ministerio para Durn: ser necesario a travs de elecciones anticipadas o de otro mecanismo parlamentario abrir por fin a Mas las puertas de la Generalitat - cuando menos como conseller en cap, si no lograse desbancar al PSC en las urnas.

Aunque sera prolijo extenderse sobre el tema, no est de ms recordar que, por cobarda poltica, EUiA malgast una oportunidad de hacer visible su proyecto que pudo ser decisiva y que nunca ms volver a presentarse. Fue durante la crisis abierta en la anterior legislatura en torno a la reforma estatutaria, cuando, plegndose a las exigencias de ICV, EUiA acept el pacto Mas-Zapatero y el humillante y mutilado texto que acab saliendo de las Cortes. (Cuyo despliegue legislativo y competencial, dos aos despus de su aprobacin, sigue an paralizado). Sobre EUiA, a pesar de sus limitadas fuerzas, recay por un momento la posibilidad de cargar las aspiraciones democrticas al autogobierno y la perspectiva de la autodeterminacin de un profundo contenido social progresista y solidario. Es cierto que haba y hay mucho rancio centralismo en IU detrs de algunos discursos federalistas que casi podramos llamar de obligada adhesin a la unidad de Espaa. Pero no lo es menos que a la direccin de EUiA le temblaron las piernas y que opt rpidamente por las migajas que le procuraba la sumisin. La frustracin de la reforma catalana fue el preludio del fracaso del proceso de paz en Euskadi. Pero, una vez ms tambin, ha remitido la reivindicacin de los derechos nacionales bajo su forma ms chata, patriotera y mercantil entre las manos de esa derecha meapilas que representa CiU; ha fracturado discurso social y anhelo democrtico y allanado el camino a la sociovergencia.

O mucho cambian las cosas, o ICV-EUiA y ERC pueden recibir dentro de poco un solemne puntapi en el trasero en agradecimiento por los servicios prestados. Para EUiA, se podra ser el golpe definitivo. Hace tiempo tambin que su impulso fundacional como movimiento poltico y social anticapitalista se agot, naufragando en las aguas del institucionalismo y la subordinacin a un gobierno social-liberal. Su expulsin de la entesa certificara el fracaso de toda una estrategia y la propia futilidad de EUiA como entidad poltica. Por lo que a su direccin actual se refiere, resulta ms fcil imaginar una desbandada en busca de cargos de supervivencia de la mano de ICV o del propio PSC que un retorno a los movimientos, a las luchas, a los barrios Con qu credibilidad, despus de haber hundido el proyecto de izquierdas ms esperanzador de los ltimos aos?

Ha empezado la cuenta atrs. Habr reaccin en las filas de EUiA? Quizs sea ya demasiado tarde. Muchas de las fuerzas militantes que animaron sus comienzos llevan tiempo alejndose de una formacin en cuya deriva les resulta cada da ms difcil reconocerse. Sin embargo, el propsito con que naci EUiA sigue siendo actual. Y sigue existiendo un espacio social que resiste a las polticas neoliberales y que necesita un referente poltico transformador. La evolucin hacia la derecha del panorama poltico se combina con una agudizacin de las contradicciones sociales en el marco de una nueva y profunda crisis del capitalismo mundial. Ms que nunca est a la orden del da la construccin de una izquierda anticapitalista, combativa y plural, enraizada en las filas de la clase trabajadora y en simbiosis con los movimientos sociales. Est por ver con qu fuerzas y bajo qu forma se dar esa reconstruccin. Pero, desde luego, deber incorporar el balance del curso subalterno que ha carcomido IU y de su lamentable modelo cataln.

*Llus Rabell es miembro del Consell Nacional de EUiA y de la Coordinadora Confederal de Espacio Alternativo



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter