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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2004

La poltica del imperialismo:
Neoliberalismo y poltica de clases en Amrica Latina

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por Marina Trillo


Introduccin: Un Marco Analtico

Los arrolladores e ignorantes excesos retricos sobre cambios de civilizaciones, de poca, globales y las proyecciones histricas mundiales de un siglo de duracin estn basados, en el mejor de los casos, en datos anecdticos selectivos y, en el peor de los casos, en emotivas exclamaciones vacas diseadas para dar prominencia a opiniones personales. Los practicantes de este estilo de retrica son lo que yo denomino charlatanes ideolgicos. La mayor parte de su arrolladora retrica es en gran medida inspiradora - para dar a sus lectores y oyentes el sentido de que son testigos de, o participantes en, un magnfico proceso inclusivo que, si siguen los preceptos de los charlatanes ideolgicos, les permitir comprender y comprometerse. Las poderosas imgenes que ruedan de la locuaz lengua demuelen contingencias, tiempo y sitan condicionamientos vinculados - porque, segn nos aseguran nuestros propios charlatanes ideolgicos, estas contradicciones, excepciones, contra tendencias carecen de importancia frente a la mstica Gran Perspectiva Histrica.

Los cambios a largo plazo y gran escala que atraviesan los continentes raras veces ocurren sin profundos procesos de cambios acumulativos y heterodoxos en el nivel de las relaciones de clase de mbito local, regional y nacional. Del mismo modo la propagacin de nuevas ideas, organizaciones, luchas y polticas a travs de las fronteras nacionales no es simplemente un proceso de comunicacin o una revolucin tecnolgica, sin el resultado de la emergencia de organizaciones polticas que ya comparten perspectivas bsicas e intereses con los actores principales.

La globalizacin o expansin imperialista no es simplemente la diseminacin de una ideologa y su imposicin por la fuerza o la persuasin. Hay una condicin previa - la existencia de lites polticas y burocrticas e importantes sectores de la clase dirigente que tienen un inters poltico y econmico comn y la capacidad para articular la ideologa e implementar las polticas pro imperiales.

El vnculo entre el poder imperial o global y su control de las economas nacionales, recursos naturales y financieros, mercados y tesoreras es por medio de la ascendencia de configuraciones de poder poltico-econmicas nacionales. El eslabn bsico de la cadena imperial - lo que ahora llaman errneamente globalizacin - est basado fundamentalmente en el resultado de la lucha de clases. Sin un resultado exitoso en la lucha de clases, no hay ninguna elite poltica o clase dominante capaz de vincularse al proyecto imperial. Sin un vnculo nacional los poderes imperiales no se pueden expandir, o globalizar el mundo. Incapaces de globalizarse o expandirse, los poderes imperiales deben intervenir directamente, es decir, militarmente para cambiar el equilibrio en la lucha de clases nacional, por medio de invasiones, golpes militares y colonizacin.

La expansin imperialista, casi en todas partes, ocurre en primer lugar por la fuerza. El imperativo imperial es conquistar la resistencia nacional, a fin de destruir a los adversarios de clase de sus clases dominantes vinculadas al imperio. Posteriormente se usa la fuerza para imponer y defender a las familias dirigentes de la clase dominante, clientes polticos, grupos financieros, etc., que forman la lite poltica. Se usa la fuerza para defender formaciones militares y paramilitares, polica y funcionarios judiciales que sern los defensores de los grupos econmicos vinculados al imperio.

La hegemona imperial es establecida sobre la clase dirigente y su aparato estatal no simplemente por la persuasin ideolgica como sostienen muchos presuntos Neo-Gramscianos, sino por intereses econmicos y enemigos comunes compartidos. Sin las recompensas econmicas y el acceso privilegiado a la tesorera pblica y prstamos financieros, es cuestionable lo efectiva que sera la ideologa imperial para influir en el comportamiento de la clase dirigente. Considerando la violencia y explotacin histrica inducidas por la intervencin imperial y la concentracin de riqueza en manos de los colaboradores imperiales, la ideologa imperial no ejerce la hegemona sobre las masas populares. En todos los casos la introduccin de polticas imperiales - privatizaciones, polticas de ajuste estructurales, libres mercados - es rechazada por la inmensa mayora de la poblacin. El ejercicio del poder imperial no est basado en la hegemona, sino ms bien en la fuerza y el control poltico organizativo y la manipulacin ejercidos por las lites poltico econmicas locales vinculadas al imperio.

Si bien los poderes imperialistas de nuestro tiempo EEUU y la Unin Europea son incapaces de establecer la hegemona directa, en sentido estricto, sobre las masas de Ibero Amrica, cuentan con las lites colaboradoras con las que comparten intereses, propiedades y riquezas. Dada la creciente polarizacin, y la agudizacin de las crisis polticas y econmicas la influencia de la clase dirigente colaboracionista sobre las masas se ha vuelto muy tenue. En este contexto la clase poltico social crucial que entra para ejercer el poder es la pequea burguesa por medio de su aparato electoral de partido, su papel en la burocracia estatal y en las organizaciones cvicas, sus estrechos lazos con la burocracia sindical, las ONGs y los movimientos sociales. Combinando una retrica populista de ataque al neoliberalismo y la globalizacin con un servilismo incondicional a la poltica electoral, y al orden institucional y legal, esta clase ejerce realmente la hegemona sobre sectores importantes de las masas durante perodos de tiempo ms o menos largos.

Las luchas de los trabajadores y los campesinos por el poder poltico encuentran sus obstculos ms serios para avanzar hacia una transformacin social en los partidos electorales organizados de la pequea burguesa. Por medio de alianzas polticas, cooptacin, relaciones clientelares y diversas desviaciones ideolgicas, la clase electoral pequeo burguesa y sus organizaciones afiladas subordinan la accin popular directa a la poltica electoral, con promesas demaggicas y falaz chalaneo democrtico. Al mismo tiempo la clase poltica pequeo burguesa es inducida a pactos con la clase dominante en los que acepta su subordinacin a los intereses de la clase dirigente - tanto nacional como imperial. Los polticos pequeo burgueses pactan con las clases dirigentes a fin de lograr legitimidad poltica, oportunidades para conseguir puestos polticos, (sin desestabilizacin abierta, amenazas de golpes, etc.), acceso a la tesorera pblica (para enriquecimiento personal, familiar y de red), y la posibilidad de ascenso a la clase media-alta o a la clase dirigente. A cambio, la clase dirigente consigue la proteccin de las relaciones de clase y propiedad, prontos pagos de deuda y diversas polticas econmicas favorables.

La secuencia tpica del ascenso de la pequea burguesa comienza con el compromiso en la lucha popular (como abogados laboralistas, asesores etc...) y ganando capital poltico por medio de convocatorias populares y organizacin. Este capital poltico es invertido en las elecciones (racionalizado como la combinacin de muchas formas de lucha). Una vez elegido el lder popular de orgenes humildes inicia una serie de transacciones con la clase dirigente, cambiando la popularidad en votos por el reconocimiento poltico y el acomodo. Esto es racionalizado por la pequea burguesa ascendente con la retrica de realismo, pragmatismo, posibilismo - y la necesidad de ensanchar la base electoral para alcanzar puestos ms altos (la presidencia). El doble discurso se hace dominante en esta frase. La pequea burguesa ascendente realiza visitas discretas a las embajadas y capitales imperiales proporcionando garantas a los intereses imperiales, promesas de prontos pagos de deuda, promocin de las privatizaciones y libres mercados y designaciones de ministros neoliberales. Estos compromisos son dados a cambio de la certificacin imperial.

El pequeo burgus, una vez elegido como jefe de estado, se empotra en la periferia de la clase dirigente. Los ministros designados de la clase dirigente disean y promueven los intereses imperiales mientras el recin elegido Presidente proclama una poltica de disciplina fiscal, crecimiento de la exportacin, ajustes de salarios, reformas de los beneficios sociales y legislacin laboral y social. El candidato del pueblo garantiza pagos prontos y totales a los acreedores extranjeros y locales, subvenciones a las lites agro-mineras y manufactureras para exportacin y reduce los salarios, aumenta el paro y elimina los programas de asistencia social de la clase obrera. Las organizaciones electorales pequeo burguesas cooptan a burcratas laborales para que se opongan a la accin colectiva, y disciplinen a los trabajadores. Desde el aparato estatal crean organizaciones antipobreza para construir una base electoral clientelar que reemplace la prdida de trabajadores con conciencia de clase desilusionados.

La izquierda de la mquina electoral pequeo burguesa neutraliza los movimientos sociales populares crticos, argumentando que el rgimen tiene dos proyectos: El gobierno cambiar del Plan A (neoliberalismo) al Plan B (asistencia social) cuando reconozca el fracaso de su poltica original. Esto es una impostura y un deliberado engao diseado por los electoralistas de izquierdas para justificar la continuacin de sus puestos en oficinas secundarias mientras conservan la afiliacin del partido a fin de ser reelegidos. Los electoralistas de izquierdas estn en dilogo constante con lderes crticos de los movimientos sociales, presionando a estos ltimos para que se abstengan de construir una poderosa alternativa poltica a la clase dirigente pro imperialista del Presidente del Pueblo.

El liderazgo pequeo burgus, integrado polticamente en la poltica y la economa de la clase dirigente, convierte los puestos polticos en riqueza econmica privada comenzando la transicin de pequeo burgus a clase burguesa. El paso final en la ascendencia de los polticos pequeo burgueses es su aceptacin por los crculos sociales de la clase alta, la invitacin a las grandes plantaciones, las fiestas con todas las celebridades y gente famosa, las cenas en Wall Street, las grandes recepciones polticas y diplomticas... El pequeo burgus ha llegado, aunque de vez en cuando se cambie de ropa, se ponga una gorra de bisbol y visite un barrio de chabolas o un pueblo sin tierras para salir en la foto. Siendo lder de la perpetuacin de la pobreza, el Presidente del Pueblo plantea en foros internacionales y Naciones Unidas la necesidad de luchar contra la pobreza mundial y pide a las naciones ricas que cooperen, lo que evoca el aplauso pblico y cnicas risitas privadas entre los inversores que estn al tanto.

El imperialismo gobierna por medio de una cadena de vnculos polticos que en la cima juntan a las lites de la clase dirigente y a tecncratas autoritarios que disean las estrategias y polticas a poner en prctica por los electoralistas pequeo burgueses. La lite establece los parmetros nacionales institucionales dentro de los cuales la mvil clase poltica electoral de la pequea burguesa ascendente moviliza y desmoviliza a las masas. La clase imperialista establece hegemona sobre la clase dirigente; la clase dirigente ejerce hegemona sobre la pequea burguesa y sta mantiene influencia sobre sectores del liderazgo de los movimientos sociales populares. El punto terico es que el imperialismo gobierna por medio de hegemona indirecta. Sus intereses son articulados por polticos subordinados pequeo burgueses mediante ideologas modificadas para acomodar las demandas de los de abajo. Por ejemplo, la clase dirigente imperial le habla a la clase dirigente colaboracionista de libres mercados, crdito fcil, prstamos, beneficios recprocos en libre comercio y empresas conjuntas. La clase dirigente le habla al pequeo burgus de democracia, elecciones, partidos, reparto de poder, oportunidades econmicas, comisiones y ascenso social. El pequeo burgus electoralista berrea a las masas contra el neoliberalismo, la globalizacin, la necesidad de alternativas y la corrupcin y venalidad del viejo orden. Los electoralistas de izquierda vociferan la retrica de un nuevo modelo, de presionar a las lites y de recuperar el partido. Los lderes de los movimientos sociales que estn vinculados a los electoralistas le dicen a sus bases populares que las circunstancias no estn maduras para una ruptura, tenemos que volver a las bases y tenemos que concentrarnos en las reformas sectoriales. El pequeo burgus convence a los lderes de los movimientos sociales para que se abstengan de la lucha de clases independiente por el poder poltico.

Estrategias Imperiales en tiempo de Crisis

Cuando el poder imperialista se enfrenta a la oposicin popular consciente, o cuando ha sufrido un fracaso electoral importante que haya desarticulado las estructuras poltico econmicas normales, el imperialismo no puede funcionar por medio del marco electoral.

Los estrategas imperialistas utilizan varios mtodos no electorales, violentos e ilegales. Lo primero y ms importante es dividir a la oposicin o a la oposicin potencial en facciones enfrentadas - la clsica tctica imperialista de divide y vencers. En Irak, Washington e Israel estn profundamente implicados en el proceso dividir Irak en 3 mini estados: el norte para los Kurdos, el centro para los Sunnes y el sur para los Shas. Israel y EEUU han armado hasta los dientes a los Kurdos, establecieron de facto un rgimen Kurdo, expulsaron de la regin por la fuerza a los no Kurdos y organizaron las milicias ms grandes y mejor armadas de Irak con la promesa de la virtual independencia. En el centro han establecido el rgimen de Allawi formado por la antigua polica secreta de Saddam apoyada por los militares estadounidenses. En el sur, Washington busca a clrigos Sha dciles que se fusionen con antiguos exiliados para administrar las reservas y pozos de petrleo para los inversores estadounidenses.

El arma principal de la instigacin de la particin son las provocaciones polticas organizadas por los servicios secretos: La decapitacin de Kurdos diciendo que la realizaron Arabes Iraques; el asesinato de clrigos Sunnes arrojando los cuerpos en barrios Sha; la colocacin de bombas en mezquitas Sha. Incapaces de derrotar a un movimiento de liberacin nacional Iraqu unificado, la estrategia estadounidense e israel es crear mini estados dbiles que guerreen entre s - y recprocamente se debiliten, prestndose a convertirse en colaboracionistas del imperio.

En el caso de Venezuela, EEUU ha fallado cuatro veces en su intento de derrocar al gobierno de Chvez desde el interior por medio de un golpe militar, un cierre empresarial, un referndum y mediante la infiltracin de numerosos terroristas paramilitares Colombianos. El siguiente paso es provocar una guerra fronteriza con Colombia. El Pentgono estimula el cruce de la frontera por parte de fuerzas paramilitares colombianas que ponen emboscadas a los soldados venezolanos. Promueven las reclamaciones del gobierno colombiano sobre los yacimientos petrolferos venezolanos a cierta distancia de la costa. Como en el pasado, la poltica imperial implica la reorganizacin de fronteras, redefinicin de clanes, grupos tnicos, y entidades tribales como naciones, mientras destruyen a las naciones existentes que se oponen a la dominacin imperial.

La violencia imperial, no la hegemona, desempea el papel fundamental en la desintegracin de estados-naciones y en la creacin de mini estados clientes del imperio. El resultado de estas mini-entidades es la extensin de puestos militares avanzados para el imperio, nuevos oleoductos seguros y rutas de transporte para mover el petrleo y el gas y el control de los enclaves ricos en recursos.

El eslabn clave los escudos avanzados de esta expansin imperial son los guerreros separatistas, clrigos, polticos e intelectuales, pequeos burgueses por lo general en ascenso, cuyo camino hacia las riquezas, reconocimiento e influencia local est basado en su utilidad a los estrategas imperiales. Todo un ejrcito de expertos imperiales, idelogos neoconservadores e imperialistas liberales humanitarios proporcionan cobertura ideolgica a los separatistas patrocinados por el imperio. Repiten los mismos lemas libertarios, se burlan cuando son denunciados por los autnticos movimientos nacionales de liberacin. Su objetivo es desacreditar a los regmenes contrarios al imperialismo y que defienden la cohesin de sus naciones. La tctica imperial es presionar a los estados nacin para que entren en negociaciones con los separatistas pro imperialistas mientras proporcionan apoyo diplomtico y poltico a los separatistas civiles y apoyo militar a sus homlogos armados.

Las estrategias imperiales de divide, fragmenta y vencers, reciben fuerte apoyo moral y poltico de los libertarios y los sectores de la izquierda progresista. sta participa en el coro que apoya a los separatistas, pidiendo negociaciones, autodeterminacin y el reconocimiento de las reclamaciones legtimas de la progenie del imperio.

El punto terico es que las tcticas de construccin imperial combinan guerras directas de ocupacin colonial por el petrleo y el control poltico de regiones estratgicas, con la conquista indirecta por medio de separatistas subrogados y lderes clientes que desintegran y debilitan la cohesin nacional de los estados naciones antiimperialistas.

El objetivo de la construccin imperial no es simplemente conseguir el monopolio del control de las fuentes de energa mundiales, sin construir una red mundial de bases militares y clientes polticos para afianzar rutas de comunicacin y transporte. La construccin imperial implica la desintegracin de estados naciones real o potencialmente antiimperialistas y la integracin de las entidades separatistas en el imperio.

Una teora de la construccin imperial debe tener en cuenta no slo el papel de las corporaciones y bancos imperiales estatales y multinacionales las fuerzas mviles en el centro del Imperio - sin los terroristas separatistas, gngsteres, demcratas piadosos y clrigos profanos que operan en los fondos del imperio. En el medio hay funcionarios internacionales, polticos, idelogos globalistas y antiglobalistas que debaten cuestiones de guerras y autodeterminacin en foros inconsecuentes. Los foros sociales son inconsecuentes porque la resolucin de la cuestin de si Washington o Europa extendern su Imperio o no, es resuelta en los campos de batalla de Afganistn, Irak y Colombia, en los barrios de chabolas de Venezuela y Palestina, en las aldeas y pueblos del Cucaso. En el Oriente Medio los Kurdos, los Israeles, los monarcas Hashemitas y los expatriados ricos se alinean detrs del imperio contra la gran mayora de trabajadores rabes cada vez ms empobrecidos, agricultores, comerciantes y juventud desarraigada y sin futuro.

Vivimos en un tiempo de guerras imperiales, no de guerras civiles. Sociedades enteras son saqueadas y todos los recursos nacionales son usurpados o privatizados. En medio de la desesperacin y la miseria absoluta inducidas por el imperio, los lderes imperiales reclutan a soldados y policas de entre las masas empobrecidas. Estos reclutas nacionales son simplemente mercenarios imperiales, legionarios extranjeros en su propio pas. No luchan por un orden civil; defienden un orden imperial. No estn ligados a una clase dominante; son dirigidos y financiados por el estado imperial que defiende a un gobierno ttere colonial e ilegtimo. La idea de una guerra civil es una invencin ideolgica imperial para distraer la atencin hacia divisiones tnico-religiosas instigadas por Washington.

La desintegracin de Irak, Afganistn, Sudn, Chechenia, y el Cucaso es la tctica de transicin diseada para lograr el objetivo estratgico de reintegrar las nuevas entidades dentro de un imperio Mayor del Oriente Medio y Asia Meridional y Central dominado por Estados Unidos.

EEUU no consigui fragmentar Irak con la guerra y el separatismo en la Primera Guerra del Golfo, aunque lo intent en el norte y el sur. En la Segunda Guerra del Golfo busca formar una colonia federada basada en un rgimen ttere en Bagdad, un rgimen Kurdo de seores de la guerra en el Norte y un rgimen administrativo clerical Sha en el Sur. Esta estrategia ha tenido xito slo en el Norte. Los Kurdos figuran de forma prominente en la poltica expansionista imperial en el Oriente Medio - con separatistas Kurdos activos en Siria, Irn, Turqua y Rusia. Tanto Washington como Israel promueven la idea de Gran Kurdistn para usar a los Kurdos como armas para desestabilizar a sus adversarios y crticos potenciales en los pases contiguos. La visin irredentista del Gran Kurdistn lo convertira en un reino vasallo del imperio estadounidense.

Imperialismo y Revolucin en Ibero Amrica

El avance del imperialismo y la aparicin de movimientos revolucionarios son procesos polticos constantes en Ibero Amrica. Pero no son procesos lineales: hay perodos ms largos o ms cortos de retroceso y consolidacin en una relacin inestable. Ni est siempre inversamente relacionada la relacin entre expansin imperial y poltica revolucionaria: Hay momentos en los que en diferentes tiempos y lugares ambas avanzan o ambas retroceden - y, al menos temporalmente, surge una tercera fuerza. El desigual desarrollo del imperialismo y la revolucin significa que son imprudentes las amplias generalizaciones referidas a actividades en todo el continente durante perodos largos o incluso cortos.

Las condiciones econmicas ptimas para la expansin imperial son las economas abiertas que permiten a flujos irrestrictos de capital estadounidense, mercancas, ganancias y pagos de intereses. Las mejores condiciones polticas son los regmenes que facilitan la privatizacin de empresas pblicas, desnacionalizacin del comercio exterior, desnacionalizacin de sectores lucrativos de la economa e infraestructura pblicas. Lo ms importante desde la perspectiva de los inversores imperiales son los pases que tienen un confiable y cohesivo aparato poltico (militar-dictatorial o civil-electoral) que controle a las potenciales clases sociales adversarias. Los inversores imperialistas prefieren electoralistas honestos que trabajen a jornada completa por sus intereses de clase antes que a dictadores corruptos que exijan posiciones privilegiadas para ellos, sus familias y amigos. Sin embargo ante la opcin entre un populista honesto, socialista o nacionalista y un dictador cruel pro libre mercado, Washington siempre apoya y promueve a ste. Washington slo acepta la cada de dictadores cuando surge una crisis revolucionaria que amenace sus intereses estratgicos (el aparato de estado cliente, inversiones estadounidenses, alineamiento automtico internacional con EEUU) - en cuyo momento apoya y promueve el cambio de rgimen, la eleccin de un rgimen conservador civil.

Estrategias Imperiales en Perspectiva Histrica

Entre 1946 y 1958 Washington apoy a regmenes dictatoriales y autoritarios liberales en todo el Caribe e Ibero Amrica - y trabaj para minar los regmenes nacional populistas de Guatemala, Bolivia, Brasil y Argentina. Los estrategas imperiales apoyaron a las dictaduras de Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Trujillo en Repblica Dominicana, Prez Jimnez en Venezuela, Duvalier en Hait, Odria en Per, Armas en Guatemala, Stroessner en Paraguay y los regmenes autoritarios civiles de Videla en Argentina e Ibez en Chile.

Este perodo dictatorial neoliberal encaj perfectamente con las necesidades imperiales estadounidenses en trminos de comercio, inversin y alineacin diplomtica y poltica internacional contra el avance del socialismo y el nacionalismo en el resto del mundo. La ola contra revolucionaria de despus de la segunda Guerra Mundial se enfrent a las fuerzas opuestas de los nacionalistas en Brasil durante el rgimen de Vargas, en Argentina durante el de Pern, en Guatemala durante el de Arbenz y en Bolivia despus de la revolucin de 1952 de los mineros armados socialistas revolucionarios.

Estos desafos nacionalistas fueron parcialmente derrotados por una alianza de agencias de espionaje estadounidenses, que trabajaban con los militares locales y la clase dirigente: Derrocaron a Arbenz en un golpe de la CIA en 1954, a Pern en un golpe militar en 1955, Vargas sucumbi a la presin y se suicid. En Bolivia, Washington logr cooptar a los nacionalistas pequeo burgueses del (MNR) Movimiento Nacionalista Revolucionario. Mientras Washington prosegua minando a sus adversarios desde mediados hasta finales de los aos 1950, sus clientes por su parte se enfrentaban cada vez ms a nuevos desafos revolucionarios que culminaron con el derrocamiento revolucionario de Batista en Cuba, y Prez Jimnez en Venezuela, y la salida de Odria en Per y Trujillo en la Repblica Dominicana.

El brote revolucionario simultneo desde finales de los aos 1950 hasta mediados de los 1960 reflej varias importantes caractersticas nuevas en relacin con la oposicin nacionalista de finales de los aos 1940 y 1950. El brote revolucionario tena un fuerte componente radical socialista que iba ms all del anterior populismo nacional de Pern, Vargas, el MNR y Arbenz. En segundo lugar se apoy en la lucha extraparlamentaria - guerrilla, insurrecciones y huelgas generales. Tercero cuestion las anteriores alianzas con los electoralistas pequeo burgueses - como el MNR en Bolivia. En cuarto lugar, los nuevos movimientos revolucionarios fueron un desafo a los rapaces regmenes de exportacin autoritarios liberales de Amrica Central y el Caribe y al estancamiento de la importacin-sustitucin de regmenes nacional populistas de Sudamrica. En quinto lugar, aunque los orgenes de esta ola revolucionaria estaban arraigados en las especificidades de cada nacin, las semejanzas regionales impuestas por las tcticas de contrainsurgencia estadounidenses y el punto de referencia comn revolucionario de la Revolucin Cubana crearon un punto de convergencia entre varios movimientos revolucionarios. El xito relevante de la Revolucin Cubana al alcanzar la igualdad, soberana, poder popular y al derrotar la intervencin estadounidense tendi a crear un polo comn de lucha poltica en todos los sectores de la izquierda revolucionaria. Este nuevo contexto llev a Washington a formular un nuevo programa (Alianza para el Progreso) que estaba tcticamente orientado hacia la alianza con los partidos reformistas pequeo burgueses para prevenir nuevas revoluciones sociales y derrotar a la insurgencia popular y a los movimientos populares. Estas alianzas temporales fueron diseadas para lograr el objetivo estratgico de establecer regmenes pro estadounidenses. Washington busc estratgicamente forzar la retirada de los nacionalistas, socialistas y los logros populistas de los aos 1950 y primeros 1960 y reestablecer y extender el modelo Centro Americano / caribeo liberal a toda Sudamrica.

Tcticamente, Washington adopt una poltica mltiple la promesa de reformas por medio de la Alianza para el Progreso, la prctica de la intervencin directa armada (Cuba, Repblica Dominicana) y una estrategia militar de perfil alto que implic contra-insurgencia, golpes militares, misiones militares en el exterior y ayuda militar y programas de adoctrinamiento. Un importante papel en este esfuerzo de contencin imperial de la revolucin fue desempeado por los lderes electorales pequeo burgueses locales de Venezuela (Betancourt), Colombia, Per (Belaunde), Chile (Frei), Bolivia (Paz Estensoro), Argentina (Frondizi), y Brasil (Quadros), que siguieron la batuta de Washington en la co-coordinacin de la contra-insurgencia, inversin de los logros nacionalistas o prometiendo reformas en vez de revolucin. Este perodo de tcticas mltiples, sin embargo, qued finalmente reducido a la primaca de la opcin militar. El cambio de tcticas reflejaba las dudas de Washington sobre la eficacia de los regmenes civiles electorales y las reformas para contener la emergente ola revolucionaria. Washington opt por apoyar una serie de golpes militares - Repblica Dominicana en 1962, Brasil 1964, Argentina 1966, y Bolivia 1964 para eliminar las fuerzas revolucionarias emergentes y sentar las bases para forzar la retirada de las reformas nacionalistas populistas y para aislar a la Cuba revolucionaria internacionalista.

En la coyuntura de finales de los aos 1960 la estrategia imperialista de reversin no logr asegurar el control de Washington. En Brasil hubo una revuelta popular en 1968-69, en Argentina hubo brotes insurreccionales nacionales en 1969 (incluido el famoso Cordobazo), en la Repblica Dominicana una masiva insurreccin popular-militar que derroc al rgimen cliente en 1965. A finales de los aos 1960 y a principios de los 1970 en Bolivia, Per y Ecuador oficiales militares nacionalistas se aliaron con la poblacin para reemplazar a los regmenes electorales pro EEUU. En Chile la izquierda electoral gan las elecciones en 1970. En Cuba, el rgimen revolucionario consolid el poder. Todo esto demostr que la poltica militar y electoral estadounidense podra ser derrotada temporalmente; que podan ser puestos en prctica programas sociales ms all del populismo nacionalista; que podan realizarse nuevas formas de representacin popular.

La respuesta de Washington a estos fracasos fue replantearse sus opciones y proceder a radicalizar su ejrcito y tcticas polticas y econmicas a fin de avanzar hacia su objetivo estratgico de imponer regmenes neoliberales por todo el continente bajo el control imperial estadounidense. En Brasil Washington apoy la sangrienta represin de la dictadura de Costa Silva; en Argentina Washington trabaj por medio de batallones de la muerte Peronistas (la TripleAAA) y, despus del golpe de 1976, los dictadores terroristas (1976-82) que asesinaron e hicieron desaparecer a 30.000 Argentinos. En Chile, Washington promovi un golpe militar apoyado por la lite econmica y la Democracia Cristiana, poniendo a Pinochet en el poder durante ms de 16 aos. Procesos similares funcionaron en Uruguay y Bolivia a principios de los aos 1970. Washington apoy a dictaduras de larga duracin a fin de reestructurar totalmente el sistema legal, econmico y poltico para conseguir finalmente su objetivo estratgico el estado neoliberal integrado en el imperio.

Dictaduras de Larga Duracin y Clientes Bi-partido: aos 1964-1980

El comienzo de las dictaduras de larga duracin apoyadas por EEUU en Sudamrica fue acompaado por el fracaso y el desafo a los dictadores cliente estadounidenses de Amrica Central. En Nicaragua, una insurreccin popular derroc a la dictadura Somoza, cuya familia tiraniz al pas durante casi medio siglo. En El Salvador y Guatemala las guerrillas populares desafiaron a los regmenes terroristas apoyados por EEUU y sus polticas econmicas liberales. En contraste, en Sudamrica asumieron el poder dictaduras duraderas apoyadas por EEUU. Ha habido poco anlisis de la especificidad de las dictaduras de larga duracin (DLD), sobre todo en trminos de intereses estratgicos estadounidenses. Las DLD ordenaron el desmontaje total de las instituciones representativas, las organizaciones populares de la sociedad civil, el asesinato fsico de los lderes populares y el desplazamiento, exilio y encarcelamiento de los polticos electorales de centro-izquierda y de centro. Esta represin masiva y sistemtica fue realizada con asesores militares y civiles, ayuda financiera y apoyo poltico estadounidenses. El objetivo de la represin masiva era permitir la nueva etapa de regmenes dictatoriales y manos libres para imponer la transformacin a gran escala y a largo plazo del estado, la economa y la sociedad. Estos cambios estaban en lnea con el inters estratgico estadounidense para establecer un nuevo orden liberal o neoliberal bajo dominacin estadounidense. El proceso comenz bajo los regmenes militares: Cayeron las barreras comerciales, comenzaron las privatizaciones de empresas pblicas, fue estimulada la inversin extranjera, los planes de presupuestos y las polticas fiscales favorecieron a los inversores locales y estadounidenses y fue desregulado el sector financiero. El alcance y la profundidad de los cambios requeridos para revertir casi 50 aos de legislacin e instituciones nacionales populares fueron ms all del marco de tiempo de los regmenes militares. Lo que Washington consigui durante las dictaduras militares fue la creacin de los fundamentos legales, ideolgicos e institucionales para la economa neoliberal. Los parmetros poltico-econmicos para la dominacin estadounidense fueron implantados cuando los regmenes militares comenzaron a deteriorarse a principios de los aos 1980 enfrentados a un nuevo brote de movimientos sociopolticos populares. Washington y el imperialismo europeo, sin embargo, no confiaron simplemente en la sola tctica de gobierno militar sin que tambin cortejaron a polticos exiliados y polticos desplazados de los partidos populistas tradicionales, socialdemcratas, y socialistas, sobre todo aquellos que decan estar renovados, es decir, que haban rechazado su pasado estatista a favor de soluciones de mercado. Washington y Europa subvencionaron a los futuros partidos electorales, proporcionaron lucrativos puestos profesionales y participaciones a lderes electorales exiliados, y los prepararon ideolgicamente para una vuelta a la poltica electoral cuando la accin popular directa de masas pusiera al rgimen militar en crisis.

El punto clave terico es que la vuelta del centro izquierda y centro derecha electoralistas ocurri dentro de los parmetros neoliberales establecidos por el estado imperialista militar. El objetivo de las antiguas lites electorales populistas, socialistas y nacionalistas era desmovilizar el movimiento antidictadura y encauzarlo hacia canales electorales mientras profundizaban y ampliaban las polticas liberales del dictador. Si los militares sentaron los fundamentos del rgimen neoliberal, los electoralistas civiles construyeron la estructura mediante privatizaciones masivas de todos los sectores estratgicos, desregularizacin total, pago de deudas perpetuas, y redistribucin de la riqueza hacia arriba y hacia afuera.

Los electoralistas pequeo burgueses tuvieron xito en la realizacin de los intereses estratgicos del imperio estadounidense - una economa liberal de amplitud continental.

Entre los aos 1980 y 2004 el impacto liberal prosigui a pesar del brote revolucionario de los aos 1990 y principios del nuevo milenio. La quiebra del modelo neoliberal en Argentina (2001) y Bolivia (2003) y la severa crisis de Brasil (1997/8) fueron desvos temporales en el camino para completar la colonizacin estadounidense.

Ascenso y Cada de la Insurgencia Popular de los aos 1990

Durante los aos 1990 los regmenes neoliberales patrocinados por EEUU y las economas de Ibero Amrica experimentaron una serie de quiebras, crisis graves y estancamiento crnico. Los fracasos econmicos de los regmenes neoliberales generaron la base popular para una nueva oleada de movimientos sociales radicales, que sustituyeron a la generacin anterior de partidos electorales de centro izquierda y antiguos radicales de los aos 1980 como principales opositores al imperialismo estadounidense. CONAIE en Ecuador, el MST en Brasil, los Cocaleros en Bolivia, los desempleados piqueteros en Argentina, y los Zapatistas de Mxico todos ellos vinculados a movimientos urbanos para desafiar las polticas neoliberales y en algunos casos para derrocar regmenes. Estos movimientos y sus polticas de accin directa extraparlamentaria hicieron detonar el apoyo en las ciudades entre una minora de sindicalistas militantes.

Adems de los nuevos movimientos de accin popular directa, las guerrillas colombianas (FARC y ELN) aumentaron su control territorial e influencia, rodeando la capital, Bogot. En Venezuela, un nuevo tipo de poltica nacionalista que combin la movilizacin popular y la polarizacin de clases, con la poltica electoral encabezada por Chvez, gan la Presidencia en 1998 sobre la base de su oposicin a la poltica imperialista estadounidense. Los puntos culminantes de estos movimientos ocurrieron en diferentes momentos de los aos 1990 alcanzando su cnit alrededor de 2001.

En respuesta, Washington aceler su programa de militarizacin por una parte, y, por otra parte, ajust su estrategia poltica a la promocin y cooptacin de una nueva generacin de polticos de centro izquierda al servicio de sus planes neoliberales.

La militarizacin abarca un amplio repertorio de tcticas incluso dentro del mismo pas. En Venezuela, Washington sigui una serie de polticas desde promover un golpe militar, un golpe civil-militar, un cierre empresarial, un referndum fraudulento y la contratacin de fuerzas paramilitares Colombianas para actividades terroristas transfronterizas. Las tcticas ofensivas de Washington fueron derrotadas en todos los casos por una alianza entre los pobres urbanos y las fuerzas militares constitucionales. Los conflictos radicalizaron a las bases populares del movimiento Chvez, aumentaron el nivel organizativo de las bases, llevando a la expansin de los programas sociales, pero no hicieron radicalizar las polticas del rgimen hacia los banqueros, industriales o los dueos de los medios de comunicacin.

EEUU aument inmensamente su ayuda militar al rgimen colombiano y a las fuerzas paramilitares del Plan Colombia y ampli sus bases militares por toda la regin Andina. Como consecuencia de una poltica de tierra quemada, el cerco guerrillero de las ciudades principales result debilitado y el rgimen de Uribe sobrevive apoyado por EEUU. Sin embargo, el Plan Colombia no ha podido infligir ninguna derrota estratgica a las guerrillas, y el nivel de descontento social urbano y rural y la organizacin social han aumentado.

Paradjicamente, aunque el aumento de las tcticas estadounidenses de militarizacin no han logrado alcanzar objetivos estratgicos, sus tcticas polticas s han tenido xito: El apoyo a Washington por parte de polticos electorales de centro izquierda ha producido varias victorias estratgicas en Brasil, Argentina, Bolivia, Per, Ecuador y muy probablemente en Uruguay en un futuro prximo.

En cada uno de estos pases, los poderosos movimientos polticos sociales han sido fragmentados, aislados, divididos y debilitados por el ascenso al poder de antiguos partidos de izquierdas anteriormente considerados aliados de los movimientos. El caso ms asombroso es el del rgimen de Lula en Brasil, la economa ms grande y ms importante en Amrica Latina. Da Silva ha proporcionado a EEUU un rgimen de sueo dejando aparte un remanente de presupuesto de ms del 4,25% para pagar a los acreedores extranjeros, acuchillando pensiones, invirtiendo la legislacin laboral, negociando a favor del ALCA, dirigiendo la ocupacin militar de Hait para apoyar al rgimen ttere impuesto por EEUU. Lula prcticamente ha congelado el salario mnimo por debajo del nivel de inflacin y ha ampliado la privatizacin para que incluya la infraestructura bsica. Polticas similares han sido puestas en prctica por los pseudo populistas Gutirrez en Ecuador, Toledo en Per, y Mesa en Bolivia.

En Argentina el rgimen conservador moderado de Kirchner ha neutralizado y ha dividido al movimiento piquetero, contuvo la privatizacin radical y las polticas de libre comercio implementadas por sus precursores, al tiempo que proporcionaba repartos de subsistencia al enorme ejrcito de desempleados y conceda pequeas subidas a los jubilados empobrecidos.

La Dinmica de los Electoralistas Pequeo Burgueses y los Lderes de los Movimientos Sociales

La relacin entre los electoralistas pequeo burgueses y los movimientos sociales es cambiante, dependiendo mucho de la coyuntura poltica. En el perodo previo a la toma del poder, en particular en momentos de profundo conflicto social y poltico, los electoralistas buscan el apoyo poltico de los lderes de los movimientos sociales radicales para que sustenten el sistema electoral contra la amenaza de un levantamiento popular. Los electoralistas utilizan la demagogia popular para engaar al movimiento popular y hasta prometen un calendario para poner en prctica reformas progresistas e incluso reformas econmico-sociales nacionalistas. A los lderes de los movimientos sociales les ofrecen un pacto social y la promesa de futuras oportunidades electorales. El objetivo est claro: animar a los lderes de los movimientos sociales a que sirvan de bomberos para desmovilizar a las masas, para dividir al movimiento y para oponerse a cualesquiera protestas a gran escala. Este giro a la izquierda tctico en tiempos de crisis permite que los electoralistas pequeo burgueses consoliden su control del estado y su relacin con la embajada estadounidense antes de proceder a implementar el programa neoliberal. Una vez que ha tenido lugar la desmovilizacin y el movimiento ha sido dividido, los electoralistas pequeo burgueses tienen las manos libres para reprimir, primero a aquellos lderes populares no cooptados, y luego para proceder contra la base social del movimiento de sus lderes colaboracionistas. Posteriormente los electoralistas lanzan su ofensiva neoliberal, desechando a sus compaeros sociales como condones usados.

Esto queda perfectamente ejemplificado en Bolivia bajo el Presidente Carlos Mesa, en su relacin con Evo Morales. Primero el Presidente Mesa se asegur el apoyo de Morales para consolidar su rgimen con la promesa de futuras elecciones presidenciales y una tregua en la erradicacin de la coca. Morales realiz sus tareas lealmente para Mesa: su movimiento cocalero, sindicatos y partido poltico se opusieron a una huelga general, apoyaron el referndum de Mesa a favor de las compaas petroleras privadas, y se aline con el Presidente en el Congreso, an cuando Mesa puso explcitamente su rgimen bajo la supervisin y la direccin del Embajador estadounidense, John Greenlee. Con el apoyo pleno del Embajador estadounidense, Mesa lanz una violenta campaa militar contra los campesinos cocaleros y su sindicato bajo el liderazgo de Morales, matando e hiriendo a docenas y destruyendo miles de acres cultivados. Morales facilit esta represin al descentralizar la oposicin a cada sindicato local, y al rechazar organizar un bloqueo regional de carreteras. Para encubrir sus fracasos polticos amenaz verbalmente con retirar el apoyo en el Congreso, que todava mantiene hasta los ltimos hilos de esperanza para las elecciones presidenciales dentro de tres aos.

Mesa, apoyado por los militares, la embajada y la lite econmica, ya no necesit ms a Morales, desech a Evo, que ha quedado desacreditado a escala nacional e incluso entre algunos sectores de los sindicalistas cocaleros.

Las multinacionales petroleras imperialistas y el poder imperial estadounidense se enfrentaron al desafo de una insurreccin en octubre de 2003. Lograron consolidar de nuevo el control debido al vnculo poltico con los electoralistas pequeo burgueses y su capacidad poltica para reclutar, utilizar y desechar a lderes de los movimientos sociales en funcin de las cambiantes coyunturas polticas.

Construccin Imperial: Los Vnculos Frreos

El poder imperialista es ejercido por medio de una cadena de vnculos econmicos y polticos, que estn sostenidos por adaptaciones tcticas a coyunturas polticas especficas a fin de sostener intereses estratgicos. El punto clave terico es que esta nueva ola de polticos electorales neoliberales, anteriormente alineados con los principales movimientos extraparlamentarios, ha logrado encauzar temporalmente el apoyo poltico a regmenes que adoptan los planes imperiales. El resultado es un desencanto profundo de las bases populares de estos movimientos (como en Ecuador), la cooptacin poltica de algunos lderes del movimiento (Bolivia), la divisin de los movimientos (Argentina) y un grave declive temporal de las capacidades del movimiento.

No ha tenido lugar ninguna confrontacin nacional importante desde que el predominio de estos nuevos regmenes neoliberales asumi el poder aunque, con el tiempo, se hayan reactivado en todas partes huelgas sectoriales e importantes manifestaciones, y es probable una nueva oleada de levantamientos sobre todo en Bolivia. Mientras EEUU opera con generales latinoamericanos, comandantes de grupos paramilitares, y lites de agro-negocios y bancarias, sus victorias polticas ms significativas se han acumulado gracias a sus vnculos con los partidos y polticos electorales pequeo burgueses. Han sido mucho ms eficaces para desmoralizar a las masas que todos los artculos de propaganda de los medios de comunicacin; han sido ms eficaces para dividir y debilitar a los movimientos que todos los programas de contra insurgencia; han sido ms eficaces para cooptar a lderes y descabezar movimientos que todos los batallones de la muerte paramilitares.

No se debera subestimar ni sobreestimar la importancia de este vnculo pequeo burgus electoral-imperialista. El vnculo no es una simple imposicin sobre la ex centro-izquierda, sin el resultado de la dinmica interna de una derechizacin de estos partidos y lderes cuando buscan mayor movilidad social, enriquecimiento familiar, influencia poltica y estatus social. Las presiones del imperialismo refuerzan las inherentes tendencias reaccionarias entre los electoralistas arribistas pequeo burgueses.

Sin embargo, el vnculo no es sostenible a medio plazo - porque las polticas neoliberales erosionan el apoyo popular inicial; la desilusin con algunos lderes del movimiento conduce a la aparicin de nuevos lderes y nuevos movimientos; y algunos lderes del movimiento, que estn comprometidos con las fracasadas polticas electorales, retornan a las bases y reaniman la poltica de la accin directa. Un nuevo ciclo de movilizacin popular se extiende en todas partes de Ibero Amrica y era visible a mediados de 2004 en varios pases (Bolivia, Argentina y Brasil). Sin embargo, estas luchas emergentes se centran sobre todo en demandas a corto plazo, aunque podran intensificarse en el futuro prximo.

Globalizacin o Re-Divisin Imperial del Mundo

El movimiento a gran escala y a largo plazo del capital en cada regin del mundo ha llevado a muchos escritores a hablar de globalizacin - un fenmeno que, segn se dice, describe una nueva fase histrica del desarrollo capitalista o imperialista. Algunos escritores incluso hablan de un mundo interdependiente, postimperial. Sin embargo, la magnitud y hondura de las desigualdades sociales econmicas de naciones, clases, razas y gneros, y la enorme concentracin de poder militar (y su uso en guerras de conquista) han conducido a que un creciente nmero de escritores vuelvan a la teora del imperialismo. Esto es un avance terico y emprico para la clarificacin de la naturaleza de las relaciones interestatales y de clases. An con el reconocimiento de que el imperialismo es la fuerza motriz de la poca actual - y a la inversa, los movimientos antiimperialistas son el desafo principal - hay poca claridad sobre la importancia e impacto principal del imperialismo.

El solo hecho ms significativo acerca del imperialismo (en todas sus manifestaciones, sea el viejo imperialismo estadounidense, el reavivado imperialismo Europeo y Japons o el recin emergente imperialismo Chino) es la nueva divisin del mundo. Estamos en medio de una importante lucha entre mayores y menores, viejos y nuevos imperialismos, para hacerse con el control de regiones, regmenes, energa y recursos estratgicos, por medio de guerras (unilaterales y multilaterales), acuerdos de libre comercio regionales o bilaterales, alianzas militares y asociaciones econmicas.

Las varias potencias imperiales se estn dedicando en todas partes a incorporar a antiguos pases comunistas y nacionalistas en el seno de sus imperios. Europa del Este es incorporada al imperio econmico de la Unin Europea mientras EEUU incorpora a los mismos pases bajo su tutela a travs de la OTAN y de coaliciones en tiempos de guerra como mercenarios de su imperio. En Amrica Latina, EEUU trabaja para incorporar economas liberalizadas y regmenes a su imperio por medio de acuerdos comerciales y de inversin, mientras las inversiones europeas y las compras de empresas privatizadas entran para repartirse sectores de las economas. Europa procura hacerse con el control de sectores del mercado Mercosur a travs de un nuevo pacto comercial / de inversin, mientras EEUU avanza en su esquema colonial por medio del ALCA.

En el Cucaso, Europa y EEUU compiten para repartirse enclaves de control: EEUU a travs de regmenes clientes y bases militares y los europeos por medio de compras corporativas de recursos energticos y sobornos a gobernantes corruptos.

En Oriente Medio, Europa aspira a enclaves de inversin / comerciales con regmenes compradores y rentistas, mientras EEUU se mueve hacia la conquista colonial militar directa para establecer gobiernos coloniales. La diferencia entre las tcticas europea y estadounidense en Oriente Medio est enormemente influenciada por la influencia israel sobre la poltica estadounidense para Oriente Medio, especialmente por medio de sus agentes sionistas en el Pentgono.

En frica, las Grandes Potencias compiten para repartirse los estados ricos en petrleo y minerales, instigando guerras regionales en Sudn, Nigeria, Guinea Ecuatorial y otras partes. Las identidades religiosas, tribales y tnicas son instrumentalizadas por cada centro imperial para socavar a los gobiernos centrales y crear mini estados, dirigidos por clientes para los principales intereses corporativos.

Estamos en un perodo similar a la Gran Re-divisin de frica de los aos 1870 y 1880 cuando las principales potencias europeas se repartieron sus territorios coloniales. Hoy, a mucho mayor escala, estamos asistiendo a un proceso similar acelerado por la forzada desintegracin de la Unin Sovitica, Yugoslavia y el movimiento Pan Arabe. Rusia est siendo dividida por medio de movimientos separatistas patrocinados por el imperio. Las agresivas acciones militares de EEUU en Oriente Medio son instigadas por la visin subimperialista sionista de una esfera de co-prosperidad. El objetivo es monopolizar los pases petroleros estratgicos. Esto ha conducido a la oposicin de las potencias imperiales europeas excluidas. Repartirse naciones y regiones, y la necesidad de consolidar a los clientes recin incorporados a sus imperios respectivos requiere una dilatada presencia militar, y una fuerza militar de despliegue ms o menos rpido. Posteriormente es esencial establecer la eleccin de un rgimen ttere para satisfacer a los ciudadanos del pas imperial y tranquilizar a los ruidosos pero inconsecuentes disidentes social-demcratas y liberales. En tanto que EEUU y Europa son sistemas electorales, los ciudadanos que votan a favor del rgimen imperialista son tambin responsables del genocidio imperialista.

El reparto del mundo es la caracterstica dominante de la expansin del imperio en el perodo actual. Se realiza mediante acuerdos entre las potencias imperiales (consultas multilaterales, acuerdos del Consejo de Seguridad, y coaliciones), y con la activa y pasiva conformidad de una mayora de sus votantes. Los acuerdos imperiales, sin embargo, no impiden la competicin por esferas regionales de influencia, contratos de reconstruccin colonial, permisos de explotacin de petrleo y toma de los recursos estatales privatizados.

El reparto del mundo mediante la fuerza unilateral maximiza las potenciales ventajas para el poder imperial (monopoliza las relaciones cliente y los recursos) pero aumenta los riesgos de aislamiento poltico, guerras coloniales prolongadas y caras. Puede debilitar la capacidad imperial para actuar en otras regiones del mundo. Esto queda mejor ilustrado hoy con el golpe de estado colonial estadounidense en Irak.

Cada pas imperial intenta debilitar a sus rivales caracterizando sus actividades como imperialistas, ilegtimas y contra el derecho internacional sobre todo en tiempos de ocupacin colonial unilateral. De ah la alta posicin moral adoptada por Europa en relacin con la guerra colonial estadounidense de Irak. Sin embargo en el caso de Hait, Afganistn, y Sudn donde ambos grandes centros imperiales decidieron colectivamente compartir influencia, emiten conjuntamente solemnes declaraciones de altos principios morales a favor de las guerras coloniales.

Reparto del Mundo: Ibero Amrica

La lucha imperial para repartirse Ibero Amrica tiene varias particularidades. Una es la presencia imperial a largo plazo de EEUU en la regin y los consiguientes lazos profundos existentes desde hace mucho tiempo con la clase dirigente y los militares. El reingreso de Europa durante las dos dcadas pasadas, particularmente pero no exclusivamente Espaa, ha llevado a rivalidades competitivas, aunque no muy conflictivas, sobre el control de sectores estratgicos de la economa privatizada. Las negociaciones prolongadas e inconcluyentes entre la Unin Europea y MERCOSUR son menos el resultado de la obstruccin estadounidense y ms el resultado de la respuesta negativa europea a sacrificar sectores agrcolas minoritarios para ganar acceso a sectores industriales, de servicios, financieros y comerciales Ibero Americanos. Problemas similares han surgido en negociaciones entre EEUU e Ibero Amrica sobre el ALCA.

El reparto de Ibero Amrica ocurre entre algunos pases que tienen una base industrial importante o un sector agrcola grande de subsistencia de campesinos e Indios - los cuales son obstculos para la explotacin colonial basada en plataformas maquiladoras de exportacin, pillaje financiero por medio del pago de deudas y agro exportaciones a gran escala basadas en corporaciones de negocios agrcolas vinculadas con gigantescas corporaciones comerciales imperiales.

Las consecuencias de repartir con xito Ibero Amrica sern convertir la regin en una plataforma exportadora para agro-negocios, agro-minera, mano de obra barata manufacturera, capaz de sostener pagos perpetuos de deudas. Esta es una enorme tarea que requiere esfuerzos sostenidos por la clase poltica de polticos electoralistas capaces de desviar y fragmentar la inevitable resistencia popular a esta regresin de 100 aos de historia. Desde la perspectiva imperial hay numerosos signos positivos - los polticos de la Nueva Derecha encabezados por Lula han tomado medidas importantes para integrar a Brasil en el ALCA, mientras se encaminan hacia un acuerdo por medio del MERCOSUR con la Unin Europea. En cierto modo Brasil ser la primera colonia conjunta de las dos potencias imperiales principales. Procesos similares estn en marcha en los pases Andinos de Ecuador, Per, Bolivia y Colombia. La oposicin de Venezuela al proceso del reparto ha tenido como consecuencia el apoyo conjunto estadounidense y europeo a una restauracin colonial violenta.

Hasta ahora el reparto de Ibero Amrica procede por los cauces legales de polticos electos pequeo burgueses, no mediante guerras o movimientos tnicos separatistas. Los obstculos principales para la re-divisin de Ibero Latina son los movimientos nacionales de resistencia popular y el potencial de insurreccin de los movimientos de las clases populares, as como regmenes revolucionarios socialistas como Cuba y gobiernos nacionalistas como Venezuela.

El reparto de Ibero Amrica no ocurre en medio de un severo conflicto inter imperial - sin por medio de actividades conjuntas y competitivas de corporaciones estadounidenses y europeas y gobiernos. La principal fuerza y debilidad del proceso de reparto imperial se encuentra en el eslabn poltico que facilita el proceso. Los electoralistas pequeo burgueses promueven la re-divisin colonial, pero quedan gravemente comprometidos y se deterioran rpidamente enfrentndose a la oposicin masiva y a levantamientos. A diferencia de otras regiones, el reparto colonial ha conducido al aumento de la guerra de clases que une vitales cuestiones de clase de transformacin socioeconmica con las luchas antiimperialistas. En ese sentido Ibero Amrica proporciona un poderoso punto de referencia para los trabajadores del mundo que sufren la re-divisin imperial de sus pases.

Setiembre 2004



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