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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2008

Atxulo

Mikel Arizaleta
Rebelin


Al asomarse uno a los 60 la cosa se torna ms gris, si cabe. Los agujeros de muerte se le vuelven a uno ms prietos y cercanos. Amigos, conocidos..., que fueron ayer y hoy ya no estn. Si antes Martn Heidegger defina a la persona como un ser para la muerte, a estas alturas nos dirigimos a ella a trote gorrinero. Xabier Atxulo, con su cncer en el cuerpo, se va despidiendo de la vida en las calles de Bilbao con un txakoli en la mano en una silla de ruedas empujada por su Miren del alma, al tiempo que indaga sobre la vida de un viejo gudari, preso en el campo de concentracin de las Escuelas de Unamuno de Madrid, un viejo gudari, que fue su aita Jess Larreategi. Atxulo es un pura sangre con un bigote rubio ya rendido sobre la boca y a punto de decirnos agur.

El cncer es un agente secreto de la muerte, que a veces te cita y te hace pasarlas putas tras eternas sesiones de quimioterapia, una cita inesperada surgida del polvo del camino y del adis, sombra gorda del viajero. Alfonso Sastre en La batalla de los intelectuales nos recuerda aquel dilogo de Friedrich Nietzsche entre el viajero y su sombra:

La sombra.- Hace mucho tiempo que no te oigo hablar; ahora te ofrezco la ocasin para que rompas ese silencio tuyo.

El viajero.- Quin habla as? Dnde ests? Es como si me oyera hablar a m mismo, slo que con una voz ms dbil que la ma.

La sombra.- No te alegras de tener una ocasin de hablar?

El viajero.- S, pero.

A estas alturas ste parece ser un dilogo inaplazable, que nos presenta esa sombra de muerte, agrandada ahora en nuestra vida. Pero fuera dramas de ombligo y de no s qu. Porque morimos como todo bicho viviente, tripaarriba, como el elefante de la selva, el pero casero del vecino o la becada de los ribazos. Un buen da la vida se acaba y uno dice agur. Luego polvo. Y yo me ir. Y se quedarn los pjaros cantando; y se quedar mi huerto, con su verde rbol, y con su pozo blanco. Todas las tardes, el cielo ser azul y plcido; y tocarn, como esta tarde estn tocando, las campanas del campanario, escribi Juan Romn Jimnez. Toda parida termina en muerte.

Tambin hace tiempo que los abertzales descubrieron un tumor maligno en Txema Montero. El resultado de su tratamiento lo verti el 17.2.2008 en una entrevista en El Correo de Vocento. Son varios los que viniendo de la izquierda, tras procesos de quimio, se han asentado sobre una columna en Vocento, Kepa Aulestia y Xabier Gurrtxaga son dos de ellos. En La batalla de los intelectuales (Hiru), en el dilogo entre la sombra y Sastre ante la afirmacin de ste: o comunismo o barbarie, nos recuerda la sombra: Una barbarie apadrinada hoy, adems de por una intelligentsia de siempre, por una multitud de intelectuales, que se han desplazado desde la izquierda (ms o menos izquierda) a la derecha con todos sus bagajes, como lo hicieron aquellos ridculos maostas franceses del mayo del 68, luego nuevos filsofos y ahora decididos apstoles de la derecha ms rancia. Casos equivalentes a otros muchos como lo fueron, en su momento, los de Ramiro de Maeztu, del anarquismo a la mstica de la Hispanidad; o el de Ramn Gmez de la Serna, que acab haciendo gregueras para el diario falangista Arriba; o el de Azorn, que llam camarada directoral de este diario, y termin una carta (que nosotros lemos) con un rotundo Arriba Espaa!; o del filsofo Ortega y Gasset, que cuando volvi a Madrid en los aos cuarenta, dio una conferencia en el Ateneo (ocupado como todo por el Rgimen), en la que dijo, para empezar, que por fin Espaa tena suerte, refirindose al franquismo, naturalmente... Ms prximos nos son otros casos, como el de Jorge Semprn, alto dirigente comunista y estalinista notorio en su juventud, y despus ministro en un gobierno de socialdemcrata Felipe Gonzlez; o tan curioso como el de Fernando Savater, que se deca anarquista y hoy est, sonriente, en las filas de la derecha ms patritica y ca... Tiempo de canallas, en el que, por cierto, hoy seguimos.

Nunca la vida y la dignidad de nadie fue fcil, ni antes ni ahora. Rastreando la historia encontramos desde antao cambios de chaqueta, pantalones rojos desteidos e imposturas, siervos de sus seores y buenos vasallos. El profesor Michael Zweig dice del gobierno de USA: Este Gobierno trata a sus soldados del mismo modo que la mayora de grandes empresas trata a su fuerza de trabajo: como un medio invisible, despreciado y desechable para conseguir un fin que va en contra de los intereses de los trabajadores. Los miembros de las Fuerzas Armadas provienen en su mayor parte y de manera desproporcionada de la clase trabajadora y de zonas rurales y pequeas ciudades de Estados Unidos, en las que las oportunidades no abundan. El reclutamiento econmico permite, en efecto, incorporar a filas a jvenes de estas comunidades movidos por su deseo de conseguir la capacitacin profesional, la experiencia y las oportunidades educativas que no tienen en su vida civil. Algo que lo mismo podemos ver entre las fuerzas armadas del gobierno espaol. La misma experiencia que padecieron, por ejemplo, los cruzados a tierra santa en la Edad Media.

Alfonso Sastre nos ofreci en la biblioteca de Bidebarrieta el martes pasado una reflexin brillante sobre el teatro rojo en nuestros das, sobre la persona y su sombra y, sobre todo, sobre la dignidad de un escritor en nuestro tiempo, aunque para ello subiera los tres escalones apoyado en su bastn y en el hombro del fornido Carlos Gil. El corolario que nos presenta Atxulo desde la silla de ruedas, mirando a la muerte con el vaso de txakoli en la mano, y Alfonso desde el gran hueco de Eva es que la muerte est ah, se presenta inevitable, pero la dignidad y la hombra uno la gana a pulso en la vida, aunque se le caiga a uno el bigote rubio sobre la boca o le ignoren en Vocento.



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