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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2008

Misin, discursos, contradicciones y prcticas sobre el codesarrollo

Rafael Maur Victoria
Pueblos



Las migraciones estn modificando aceleradamente la estructura y la fisonoma de las sociedades planetarias, representando asimismo un reto importante para el modelo de Estado-nacin hegemnico a lo largo de la historia moderna y contempornea. Este intenso movimiento internacional de personas es motivo de preocupacin y atencin crecientes por parte de numerosos organismos multilaterales, gobiernos, entidades financieras y organizaciones y movimientos sociales de todo tipo. El codesarrollo es una pieza de este rompecabezas y como tal tiene asignada una determinada misin dentro del conjunto. Nuestro pas no es una excepcin en este sentido. Por el contrario, en estos ltimos aos estamos asistiendo a una autntica moda que lo ha convertido en uno de los temas estrellas de la ayuda al desarrollo [1].

Al igual que sucede en la cooperacin internacional, tambin en el codesarrollo se juega una dura batalla por el significado de las palabras y el control de las prcticas. En el plano oficial predomina una versin que, como retrica poltica, cumple la funcin ideolgica principal de dar forma al magma migratorio inestable de la globalizacin proyectando sobre el mismo la imagen social complaciente del supermigrante deseado frente al resto de los posibles: una persona responsable, trabajadora, propietaria y ciudadana con derechos y obligaciones que contribuye al desarrollo de sus pases.

El optimismo llega en ocasiones al extremo de concebir la migracin como un nuevo paradigma que no slo contribuye a superar el subdesarrollo sino que, adems, convierte a la persona que migra en herona de esta pelcula con final feliz.

Tal enfoque es coherente con los principios individualistas y neoliberales de las nuevas polticas de migraciones y lucha contra la pobreza. En el primer caso, el binomio emigracin legal integracin incluyente nos devuelve el falso reflejo en forma de rostro amable de un mercado despiadado y unas sociedades atemorizadas por el terrorismo e incapaces, incluso en sus versiones ms progresistas, de ofrecer alternativas que vayan ms all de la contencin policiaco-represiva de la emigracin ilegal, el canje de ayuda por el control de fronteras, la regulacin de los flujos por el mercado, la integracin marginal sin derechos de ciudadana, el fomento de los retornos y el aprovechamiento de las remesas. Las segundas, por su parte, han sustituido las antiguas medidas asistencialistas por otras de carcter privatizador cuya prioridad es la gestin de los activos de las personas empobrecidas, para que ellas mismas superen las situaciones de vulnerabilidad en las que subsisten cotidianamente.

Sobre discursos y prcticas

Apoyado en este discurso, el despliegue del codesarrollo est generando algunos efectos colaterales no deseables. La creciente atencin prestada al tema, as como el desmedido afn por etiquetar con esta denominacin un conjunto de actuaciones diversas cuando no contradictorias y la proliferacin de todo tipo de instrumentos para su promocin, entre otras cuestiones, ha aterrizado en una realidad social compleja y en construccin sin mayores miramientos. Tales propuestas llegan en ocasiones de la mano de una parodia de su concepto que mitifica el protagonismo de los y las migrantes y pretende resolver toda su problemtica operativa con una capacitacin acelerada en gestin empresarial y/o asociativa y diseo de proyectos segn el enfoque del marco lgico.

Esta manera de entender y poner en prctica el codesarrollo tiene mltiples implicaciones de diverso tipo que afectan, entre otros aspectos, a la eleccin de los actores y la definicin de sus roles, a la participacin en la toma de decisiones y a la gestin de los procesos. Un primer grupo tiene que ver con las dificultades de las organizaciones participantes para reconocerse mutuamente y establecer mecanismos de trabajo adecuados.

En este sentido, hay que tener presente que su universo de trabajo es ms amplio y complicado que el de la cooperacin. El nmero de planetas se incrementa y las interacciones entre sus distintas constelaciones se tornan ms sensibles e inestables. Organizarlas, sincronizarlas y equilibrarlas no es tarea fcil. Cada pieza del mecano responde a la racionalidad del conjunto de manera diferente y se encuentra en funcin de sus caractersticas orgnicas y de las coyunturas por las que atraviesan en cada momento, aunque siempre dentro de las resistencias al cambio propias de toda estructura. Fortalezas y contradicciones

El ncleo central de esta tela de araa est representado por las relaciones entre la migracin organizada y el tejido asociativo local. En la base subyace un conflicto original que condiciona la evolucin de cualquier proceso y sus formas posibles. Por un lado, no hay codesarrollo sin redes transnacionales, es decir, sin ese conjunto de flujos y vnculos econmicos, sociales y culturales que constituyen la argamasa de las actuales migraciones y en cuya esencia se encuentra muchas veces el deseo de regresar con independencia de que llegue a realizarse.

El compromiso de los y las migrantes con la mejora de las condiciones de vida de su pas natal es directamente proporcional a las expectativas de dicho retorno, de ah que difcilmente trascienda su unidad familiar, convertida en destinataria preferente, cuando no nica, de las acciones. As pues, las mismas redes sociales que alientan y fortalecen el codesarrollo son las que lo dificultan y constrien en ocasiones.

Esta contradiccin tiene que ver obviamente con el problema de los actores y su participacin sobre el que tanto se polemiza en el Norte. Sin embargo, su importancia va ms all de este debate y nos remite a la cuestin de fondo, sobre la que se reflexiona menos: quines son sus beneficiarios y beneficiarias directas? De la respuesta a este interrogante depende la orientacin general de un proceso que puede llegar a excluir consciente o inconscientemente a los sectores ms vulnerables, que no emigran, que ni siquiera pueden migrar, incrementando as las diferencias sociales intracomunitarias y limitando nuestro trabajo a una iniciativa privada ms que nicamente beneficia a un determinado grupo de familias. El papel de las ONGD

El codesarrollo representa al mismo tiempo una importante interpelacin para las ONGD que lo acompaamos, pues nos obliga a tomar posicin ante unos cambios que sitan a parte de nuestros socios en nuestro propio terreno. Ante este panorama, las organizaciones de desarrollo podemos legtimamente negarnos a jugar la partida y continuar haciendo lo que supuestamente sabemos hacer mejor que nadie, o aceptar el reto de asociarnos responsablemente con la migracin en un proceso de transformacin social basado en metodologas de trabajo equitativas, participativas y transparentes.

Lo que no es de recibo, cuestiona nuestra coherencia y nos resta credibilidad es usar a las personas y organizaciones de migrantes de floreros o conejillos de indias, competir con ellas por el control de los recursos existentes, o convertirnos nicamente en intermediarias y asistentes tcnicas de las mismas ante las entidades donantes. En cuanto al resto de actores posibles y deseables, hay que sealar que el clima propicio que encontramos en algunas sociedades de recepcin choca con la falta de inters, recursos y capacidades de todo tipo que se evidencia en otras de emisin. Esta circunstancia representa un serio cuestionamiento a la sostenibilidad de las acciones propuestas, que no pueden fructificar sin la cobertura de unas polticas de desarrollo firmes y adecuadas. Formalizacin y tecnificacin

Otra cuestin poco analizada es la dialctica existente entre las redes transnacionales informales y la formalizacin organizativa que proponen algunas modalidades de codesarrollo. Sin embargo, sera importante conocer mejor el funcionamiento de la relacin entre estas dos dinmicas en principio autnomas, de naturaleza diferente, que responden a pautas distintas y cuya importancia tampoco es la misma.

En efecto, son los vnculos informales los que sustentan tanto la migracin como el propio codesarrollo, de forma que, a nuestro entender, es la formalizacin la que debe partir de ellos, reconociendo su papel vital y estableciendo diseos estructurales y mecanismos operativos que garanticen la armona del conjunto. Finalmente, no hay que olvidar que tanto los unos como la otra varan en cada caso, y ni todas las redes informales son idnticas ni todas las estructuras funcionan igual y responden a los mismos objetivos.

Con respecto a esto ltimo, nuestra impresin es que las actuales polticas de codesarrollo estn induciendo la creacin de un determinado tipo de organizaciones orientadas a la gestin y promocionando liderazgos en los que priman las capacidades gerenciales, lo cual puede entrar en contradiccin con la dimensin de movimiento social representativo y reivindicativo al que aspiramos. De entrada deberamos preguntarnos por el impacto de los proyectos y por los ritmos y la metodologa de trabajo que les son propios, tanto sobre las propias entidades como sobre los puentes transnacionales sobre los que descansan.

Nuestra opinin es que la reproduccin mimtica de las metodologas de la cooperacin clsica y los crecientes niveles de exigencia profesional y recursos de todo tipo para competir en las convocatorias anuales de subvenciones tienden a rebajar el perfil crtico de las organizaciones y sus responsables, favoreciendo derivas hacia la tecnocracia y el proyectismo.

Asimismo, se trata de una lgica competitiva que no es apropiada a la realidad actual del tejido asociativo de la migracin, necesariamente dbil y que tiende a quedar excluido, y explica tanto que las distancias iniciales entre las ONGD y las organizaciones de migrantes hayan desembocado en un conflicto abierto por el protagonismo en el sector, como los ejemplos de instrumentalizacin de las segundas por las primeras con los que nos encontramos algunas veces. En estas condiciones el choque de trenes est servido.

La accin se antepone a la reflexin estratgica y la planificacin participativa, convirtindose en activismo; el proyecto pierde su capacidad de formar parte del proceso, obstaculizndolo y favoreciendo que las organizaciones comiencen a gestionar acciones sin haber definido un marco poltico de referencia y experimentado prcticas transnacionales de codecisin. Esta falta de visin de medio y largo plazo est en la raz de las pugnas por la direccin de los proyectos y el control de los recursos caractersticas de las fases iniciales de algunas actuaciones de codesarrollo. Colocar lo transnacional en el centro de las agendas

En definitiva, la reconstruccin de las relaciones solidarias que demandan los actuales tiempos no es cosa que se vaya a producir espontneamente por el curso natural de los acontecimientos. Por el contrario, la decisin de colocar lo transnacional en el centro de las agendas es una apuesta complicada que sigue pendiente en muchos casos. Los cambios a realizar son muchos y de gran calado y su conduccin exige visin estratgica, voluntad institucional y fuerte dedicacin de recursos por parte de unas organizaciones que, dicho sea de paso, han de realizar la travesa entre la indiferencia social y unas medidas de apoyo insuficientes, no siempre bien concebidas e, incluso, orientadas en ocasiones a la cooptacin partidaria o la captacin de clientes.

Sea por lo que fuere, las instituciones pblicas y las entidades sociales estamos demostrando ms dificultades de adaptacin y menos capacidad de reaccin que, por ejemplo, empresas, partidos polticos o medios de comunicacin. Y es que como suele suceder, el mercado viaja ms rpido que la democracia a travs de la historia, aunque no siempre llega ms lejos.

En este contexto, nuestro particular modo de entender el codesarrollo como la creacin de un nuevo sujeto de cambio social, la migracin organizada, capaz de incidir sobre la globalizacin para transformarla en trminos de justicia, derechos humanos, democracia y sostenibilidad puede estar equivocado, pero no es caprichoso ni ha sido tomado irreflexivamente al azar.

Ms bien es un intento de adecuar los escasos medios disponibles a la ambicin de los objetivos que nos hemos marcado, una respuesta a los imperativos globales y, desde nuestro punto de vista, la nica va para hacer del mismo una oportunidad de renovacin y actualizacin a los nuevos tiempos de los principios de la solidaridad y las prcticas del internacionalismo. No estamos ante una opcin entre alternativas opuestas. Podemos elegir el camino, pero no el sentido del viaje.

Nota

[1] Este artculo es fruto de una experiencia prctica de participacin en un proceso de lo que hoy denominamos en Espaa codesarrollo. Su anlisis crtico nos sirve de base para plantear una serie de reflexiones con las que pretendemos contribuir al necesario debate sobre las nuevas formas de internacionalismo en los marcos transnacionales creados por las migraciones caractersticas de la actual fase de la globalizacin. Todas las opiniones expresadas en el artculo forman parte del Programa de Codesarrollo del Pueblo Saraguro Wipala, siendo deudoras, por tanto, de su proceso de reflexin accin y, ms concretamente, de las organizaciones que lo han protagonizado, INTI AN y Fundacin Jatari, verdaderas titulares de los derechos colectivos de propiedad intelectual. El autor se ha limitado a aportar sus habilidades de obrero cualificado para ordenar las ideas en un discurso lo ms lgico posible, asumiendo en todo caso la responsabilidad que le corresponda en caso de error u omisin.

* Rafael Maur Victoria forma parte de ACSUR Las Segovias del Pas Valenci. Publicado originalmente en el n 30 de la revista Pueblos, febrero de 2008, especial COOPERACIN.

 


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