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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2008

La impregnacin en los discursos oenegestas: con quin se coopera?

Ddac P. Lagarriga
Pueblos



No se trata de hablar de corruptos ni de depravados que bajo las siglas de determinadas ONG acumulan capital y muerte. Hablemos de las buenas intenciones, de los conceptos impregnados que funcionan desde la omisin, de cmo desatascar inercias totalmente perjudiciales. Palabras-tapadera que han empapado tanto los huesos de nuestra cotidianeidad que apenas consideramos curables las dolencias reumticas de ese calado. Adolecidos, continuamos. El principal de los problemas es que, en este trayecto, en esta visita de cortesa a nuestros vecinos, la nube nos acompaa y empapa todo lo que encuentra.

Vivimos y soamos impregnados. Un perfume, las costumbres de los antepasados, una inercia que acta desde algn que otro recoveco y que ni tan siquiera sabemos reconocer... La impregnacin no slo es inevitable, sino que aparece innata como una de las caractersticas de esa tensin con la que nos formamos. Difcilmente impermeables, esta constitucin elemental de cualquier ser humano debera, por s misma, desmontar cualquier discurso poltico sobre la integracin.

Nadie es refractario, nadie es una esponja indiferente. No se nos escapa que ante la mal sonante asimilacin (que encubre a la todava ms mal sonante sumisin), la integracin funciona como herramienta de trabajo intercambiable entre la (mano) derecha y la izquierda. Una palabra-tapadera que suele acompaar otros camuflajes ambidiestros, como por ejemplo la ensalzada cooperacin.

tica y ONG: un bucle?

Issa G. Shivji, profesor de derecho en la Universidad de Dar es Salaam (Tanzania) y uno de los intelectuales africanos que ms ha escrito sobre desarrollo y cooperacin desde una perspectiva radical, afirma:

Los discursos de las ONG parecen haber interiorizado las idioteces sin sentido de los intelectuales de derecha, como Francis Fukuyama, que propagan el fin de la historia donde el presente (es decir, el capitalismo global bajo la hegemona del Norte imperialista) es de-clarado permanente. (...) No dudo de las nobles motivaciones y de las buenas intenciones de los activistas y dirigentes de algunas ONG. Pero no juzgamos el resultado de un proceso por las intenciones de sus autores. Debemos analizar los efectos objetivos de las acciones al margen de sus intenciones. (...) Preguntmonos: Cules son los mecanismos polticos, morales, ideolgicos, econmicos y culturales que producen, refuerzan y provocan que este mundo no slo sea posible, sino que parezca aceptable? [1]

Es evidente que a las organizaciones humanitarias serias (no hablamos de sectas, mafias ni trastiendas con enorme afn de lucro bajo la coartada caritativa) la impregnacin de este discurso les sobrepasa. Desgraciadamente, una crtica como la que realiza Shivji tiende, por un lado, a estigmatizar todo el trabajo de todas las organizaciones; en segundo lugar, provoca la reafirmacin de los posicionamientos, por reaccin, de la mayora de los miembros de estas ONG. Es til una crtica de este tipo? A mi parecer, est completamente justificada si se acompaa de una reflexin como la que introduce sus tesis y todo su trabajo intelectual: Antes de continuar debo hacer dos confesiones. Primero, mi posicin es indudablemente crtica, a veces incluso grosera, pero no es cnica. Segundo, esta crtica es tambin una autocrtica, ya que me he implicado en el activismo de las ONG durante unos quince aos.

No se trata de resentimiento, ni de agotamiento intelectual o moral. Todo lo contrario: para que desaparezca el penetrante olor de la fritanga, lavmonos. Lejos del bao ritual y de la purificacin, la accin cotidiana de impregnarse, desimpregnarse y reimpregnarse puede resultar montona o, por el contrario, una oportunidad de reflexin y decisin. Si optamos por utilizar bales-concepto donde almacenar nuestras ambiciones y compasiones, que no sea ni por inercia ni por herencia. Serge Latouche, en su libro La otra frica, complementa sus anlisis econmicos (sobre qu es el desarrollo y cmo sobrevivir a l, qu entendemos por pobreza y riqueza, cmo recuperar el vnculo social, etc.) con el replanteamiento de esa ayuda humanitaria tan en boga cuando nos referimos al continente africano:

Ayudar a la otra frica pasa ms bien por una autolimitacin de nuestras sociedades del Norte y por un cambio profundo de nuestros modelos y un cuestionamiento del desarrollo, que por la injerencia humanitaria. (...) Un refrn ingls dice que si uno quiere que se cumpla una tarea, debe confiarla a alguien muy ocupado. En la misma lnea podramos decir que si queremos ayudar a alguien, hace falta empezar por tener algo que pedirle. No hay ningn misterio en esta paradoja. Pidiendo a la otra frica que nos ayude a resolver nuestros problemas materiales, sociales y culturales, la reconocemos como un socio autntico, de igual a igual. Es as como podemos contribuir de la mejor manera a reforzarla. Si frica es pobre es porque nosotros somos ricos; en cambio, el continente africano todava es rico de lo que nosotros somos pobres [2].

Cuntas veces escuchamos en los discursos de las ONG estas reflexiones? Imaginemos por un momento que los aparatos publicitarios de las grandes (y pequeas) ONG aplicaran el consejo de Latouche. Qu no lo hace posible, si no es esa aceptacin interiorizada del presente como permanente? Es poco realista pedir ayuda a los africanos o, sencillamente, es ms fcil imponer que recibir? El marketing humanitario, apndice y sustento de los verdaderos fundamentos de cada organizacin, no parece estar muy dispuesto a dar ese giro, ms bien todo lo contrario [3]. Autodefensa o realismo inocuo?

En ese podio de conceptos pringosos, el desarrollo ocupa el nmero uno. En un reciente e interesante informe realizado por IANSA, Oxfam Internacional y Saferworld [4], queda patente, una vez ms, el predominio de esa visin economicista del mundo cimentando una supuesta crtica. No es mi intencin anular un trabajo de vital importancia como ste, donde se denuncia que al menos el 95 por ciento de las armas ms utilizadas en frica provienen del exterior.

Ya en un anterior informe (Municiones: el combustible de los conflictos), destacaban que Espaa es el principal exportador mundial de municiones al frica Subsahariana. Estos estudios fundamentados son cruciales para denunciar la perversidad de un sistema deshumanizado. Si en el Estado espaol se gastan cada da 52 millones de euros en preparar o hacer la guerra [5], es imprescindible saberlo, denunciarlo y, en el mejor de los casos, conseguir su reduccin. Dicho esto, mi intencin es subrayar esas impregnaciones que llegan a desvirtuar las intenciones y soluciones propuestas.

El informe asegura, por ejemplo, que la violencia armada representa una las mayores amenazas para el desarrollo de frica. Sin embargo, los pases ms desarrollados (para seguir su terminologa) son los que ms armamento fabrican: la violencia armada y el conflicto permanente no slo son necesarios, sino fundamentales, en la historia del crecimiento econmico de nuestras sociedades del bienestar. La industria armamentstica es la base de nuestro progreso, y sin sometimiento y explotacin, nuestra prosperidad carecera de complementos.

Entre las propuestas factibles que propone el informe est la aplicacin de un Tratado sobre Comercio de Armas (TCA) riguroso y eficaz. Como las ONG autoras de la peticin son conscientes de que este tratado debe aplicarse lo ms rpido posible, deciden amoldarlo a los discursos gubernamentales: Este tratado no impedira la transferencia responsable de armas a la polica, para su uso en actividades de defensa, para el mantenimiento de la paz u otras finalidades legtimas.

Esta reivindicacin de la autodefensa estatal al criticar la fabricacin de armamento tambin la encontramos en otras campaas de ONG contra la proliferacin de armamento. Quiz con el nimo de resultar realistas, promueven algunos de sus usos, eso s, nicamente en manos de los aparatos de Estado. Pero, qu significa la autodefensa? El arma que ms se utiliza en frica es el AK-47. Su creador, el octogenario Mikhail Kalashnikov, duerme tranquilo: Lo cre para defender mi patria. Y posteriormente muchos lo han utilizado tambin para defenderse [6]. El seor Kalashnikov sola inventar herramientas para que fueran tiles para su comunidad, como por ejemplo maquinaria agrcola. Cuando la Segunda Guerra Mundial estall, aplic el concepto de cooperacin para la autodefensa.

En trminos estadsticos, el AK-47 ha logrado ms justicia social en frica que los miles de millones de los fondos de la Ayuda Pblica al Desarrollo de Francia, el primero en la lista del G8 en trminos de aportacin segn su PIB (0,5 por ciento, aumentando hasta el 0,7 en el 2010) [7]. En ese lmite entre la autodefensa y el ataque, entre la supervivencia y la devastacin, replanteemos y replantemonos hasta replantar. Armas, turismo e inmigracin

En este mismo informe se sostiene que las guerras son perjudiciales para la industria del turismo, supuesta fuente de desarrollo econmico para frica. Como lamentablemente no nos podemos extender, quedmonos con una reflexin de Hakim Bey [8]:

Las verdaderas races del turismo se encuentran en la guerra. La violacin y la expoliacin fueron las primeras formas del turismo; o ms an, los primeros turistas siguieron directamente los rastros de la guerra como buitres humanos. (...) El turismo surgi como el sntoma de un imperialismo total, econmico, poltico y espiritual. El turista y el terrorista son quizs los ms alienados de todos los productos del capitalismo postimperialista. (...) El turismo es la quintaesencia del fetichismo mercantil.

Merece la pena hacer el ejercicio de desimpregnacin y revisar los conceptos para determinar con cules nos quedamos? O mejor permanecemos como estamos, reproduciendo los tpicos y contribuyendo a la propagacin de una imposicin altamente corrosiva? El eslogan de la necesidad de la inmigracin

Un ltimo apunte para terminar: revisemos la necesidad de la inmigracin, un eslogan que se quiere antirracista y progresista. Segn el informe citado de Oxfam Internacional y Safeworld, los costes mdicos son uno de los costes directos ms evidentes causados por la violencia armada. (...) En las regiones rurales de Ghana, slo el 51 por ciento de las personas con heridas por armas de fuego reciben atencin en un hospital o clnica. Ahora bien: actualmente existen ms mdicos de Ghana trabajando en Estados Unidos que en su propio pas. La fuga de cerebros (y de todo el resto de rganos, vivos y muertos, con test de ADN o sin ellos) es una de las mayores catstrofes que padece frica.

Es necesario apoyar el discurso polticamente correcto sobre la necesidad de la inmigracin, o lo aadimos a la lavadora? S, efectivamente las armas matan, pero las palabras lapidan y los conceptos entierran.

Notas

[1] Shivji, Issa G (2007): Silences in NGO discourse: The role and future of NGOs in Africa, Oxford, Fahamu. Descargable en www.oozebap.org/biblio.

[2] Latouche, Serge (2007): La otra frica. Autogestin y apao frente al mercado global, oozebap, Barcelona.

[3] Lagarriga, D. (2006): "frica, las ONG y la vulneracin de la tica". Disponible en: www.oozebap.org

[4] IANSA, Oxfam Internacional y Safeworld (2007): Los millones perdidos de frica. El flujo internacional de armas y el coste de los conflictos.

[5] Los vnculos entre la banca y el mercado de las armas, en www.justiciaipau.org

[6] Paton Walsh, Nick: I sleep soundly, entrevista con Mikhail Kalashnikov, The Guardian, 10/10/2003.

[7] El famoso 0,7... Para un anlisis de la APD francesa ver France-Afrique. Qui aide vraiment qui? Les dessous de laide publique au dveloppement (10/2007). Disponible en http://survie-france.org

[8] Bey, Hakim (1994): Voyage intentionnel - Overcoming tourism, Carcasona, Muse Lilim.


* Ddac P. Lagarriga es editor de oozebap.org, Web de la asociacin cultural Oozebap, creada con la intencin de divulgar - traducir - descubrir - profundizar - estudiar - reclamar frica, sin paternalismo. Es autor del libro Afroresistncies, afroressonncies. Teixint les altres friques, oozebap / Libed, 2006. Publicado originalmente en el n 30 de la revista Pueblos, febrero de 2008, especial COOPERACIN.



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