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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2008

Obscenidades

Mariano Sanz Royo
Rebelin



El PBLICO del lunes, 17 de marzo de 2.008, publica un artculo de Amparo Estrada en el que se nos da cuenta de que la canciller Angela Merkel calific de obscenas las indemnizaciones a responsables empresariales que haban fracasado en sus respectivas gestiones. La noticia da mucho que pensar. Las indemnizaciones a buenos gestores nunca son obscenas?; quin fija el criterio para calificar la gestin?; si se obtienen pinges ganancias, la gestin ha sido siempre buena?; etc., etc.

Pero, adems, da que pensar en mbitos ms amplios de aplicacin del concepto de obscenidad. El diccionario de la R.A.E. nos dice que obsceno es lo impdico, torpe, ofensivo al pudor. Normalmente el concepto se aplica al mundo de lo sexual; sin embargo, el pudor es una virtud exigible en muchos otros campos de la actividad humana, hasta el punto de que caben actos impdicos en materia econmica, social, poltica, jurdica y hasta religiosa; el empleo del adjetivo que hace Merkel no es ni mucho menos inadecuado.

De hecho, todos somos ms o menos impdicos. Nos sentimos inclinados muchas veces a ostentar poder econmico y a pensar en la envidia que suscitamos. Un cochazo, un viaje, un golpe de fortuna y nos dejamos llevar por una especie de hybris de superioridad. De ello resulta que muchas pequeas obscenidades, que deberan provocar nicamente una condescendiente sonrisa, funcionan indirectamente como resorte legitimador de grandes obscenidades llamadas naturalmente a suscitar vehementes indignaciones. Ocurre as como a nivel sociolgico ocurre con la clase media en nuestras clasistas sociedades; esta clase media, en su mezquindad moral, no es normalmente consciente de su funcin de escudo de la clase prepotente y dominante contra la presin inevitable que ejercen desde abajo las clases inferiores y, muy especialmente, la famlica legin.

Y ya, puesto a poner ejemplos de grandes obscenidades, voy a mencionar unos cuantos.

Jean Ziegler, en su obra Los nuevos amos del mundo, nos cuenta que el patrimonio personal del Bill Gates equivale al de los 106 millones de norteamericanos ms pobres. No es eso una enorme obscenidad? 106 millones de personas!; dos veces y media la poblacin de Espaa! Y eso que, segn la revista Forbes, ya no es el hombre ms rico del mundo, ya que al parecer ha sido desbancado del puesto por un mejicano. Por cierto, que la citada revista public hace algn tiempo (quiz dos aos) que uno de los hombres ms ricos del mundo era Fidel Castro; al saberlo, el Comandante se limit a comentar lo absurdo de la noticia diciendo: y para qu querra yo tanto dinero?; de todos modos, si dicen que lo tengo, sabrn dnde est; que me lo digan, porque yo no lo s. La finalidad difamatoria de la noticia qued tan palmariamente al descubierto que la revista, que yo sepa, no insisti en la vil calumnia.

Otro caso de Ziegler: el tiranuelo de un pas africano (no recuerdo cul, ni quin, ni falta que hace para el propsito de este escrito) desvi varios miles de millones de dlares a cuentas en bancos suizos en la forma de depsitos a su disposicin. Mas hete aqu que un golpe de Estado triunfante derrib a tiranuelo y acab con su vida y la de sus allegados, de tal modo que los citados depsitos no pudieron ser reclamados por nadie a ttulo de sucesin mortis causa. El Gobierno derrocante trat de reclamar el dinero alegando que era fruto del saqueo del erario pblico del pas, y, al parecer, pudo rescatar algunos cientos de millones; pero el resto, protegido por el sacrosanto principio del secreto bancario, qued de facto en poder de los bancos depositarios, crendose as una apropiacin sin causa jurdica alguna. Cmo calificar esta realidad sino de obscena?

No hay, sin embargo, que irse tan lejos para encontrar obscenidades as. Aqu, en Espaa, tenemos casos como el de El Pocero de Sesea; un yate en el Mediterrneo de ms eslora que el del Rey (dejemos en paz a S.M.) y su cnico comentario hacia la actitud honesta del Alcalde no seas gilipollas, que as lo nico que va a pasar es que me sales ms barato, puede haber mayor obscenidad?. Pues s; la obscenidad poltica de una manifestacin de apoyo de los trabajadores de El Pocero a su patrn, sin considerarse por nadie que su actividad vamprica, apropindose de las plusvalas generadas por su trabajo, era la que provocaba su prepotente posicin. Eso aun resultaba ms obsceno.

Los Albertos. Autores de una descomunal estafa, segn dos sentencias de altos Tribunales. Al declararse extinguida por prescripcin del delito su responsabilidad penal, se disponen al parecer a reclamar decenas de millones de euros como si hubieran sido vctimas de un error judicial. Es de esperar que los Tribunales de Justicia diferencien entre responsabilidad penal y responsabilidad civil y se frustre su pretensin; pero tambin es posible que no sea as y que se genere una gigantesca obscenidad jurdica.

Por ltimo, la Iglesia. El protonazi e inquisidor Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, parece que ha declarado pecado la acumulacin excesiva de riquezas. No conozco, ni me importa, el texto de semejante declaracin; pero supongo que para su aplicacin penitenciaria ser necesario precisar dnde comienza el exceso y si el pecado ser exclusivo de las personas fsicas o si tambin ser pecaminosa la acumulacin a travs de personas jurdicas. De no ser as, si la acumulacin por personas jurdicas puede ser moralmente ilimitada, me parece evidente que la trampa moral queda montada al mismo tiempo que la jurdica. Y si no, el recuerdo de los inmensos tesoros que la Iglesia tiene en su poder a lo largo y ancho del mundo catlico, slo nos puede llevar, parodiando la vieja sabidura del Eclesiats, a clamar con desconsuelo: obscenidad de obscenidades y todo obscenidad!.


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