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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2008

A quin sirven los marxistas?

Ferran Full
Rebelin


El marxismo es una herramienta de conocimiento social que slo puede ser asimilada, manejada y enriquecida por aquella parte de la sociedad vitalmente interesada por acabar con la opresin y la explotacin clasista. De hecho, se ha convertido en la primera teora social capaz de explicar cientficamente su ligazn con una clase, el proletariado, y con los pases oprimidos. Por esta razn, las clases explotadoras no pueden hacer otra cosa que combatirlo, aunque a veces se inspiren en alguno de sus elementos, como el recurso a distintas formas de socializacin de la propiedad, ya sean las nacionalizaciones, hace dcadas o el accionariado popular, ms tarde.

Todas las dems teoras cientficas han nacido vinculadas tambin al desarrollo de una u otra clase social. En los siglos XVII y XVIII, la aparicin de las modernas ciencias de la naturaleza fue inseparable del ascenso de la burguesa como clase que necesitaba apoyarse en esas ciencias, desgajarlas de la mezcla de conocimientos prcticos, creencias mgicas y religiosas que dominaron en siglos anteriores, para edificar un tipo de sociedad capaz de revolucionar constantemente la produccin, gracias a las innovaciones tcnicas. Muchos cientficos pagaron con la vida su audacia de poner en duda las creencias del viejo mundo feudal. Slo ms tarde, con el feudalismo casi barrido de la Tierra, la fsica, la qumica o la biologa han pasado a ser patrimonio comn de la humanidad.

Pero en el caso del marxismo existe una relacin mucho ms estrecha con el proletariado. Mientras la burguesa poda teirse de mentalidad y poltica feudales y reducir el impacto revolucionario de las ciencias naturales al terreno exclusivo de la tcnica y la produccin, los trabajadores dependen totalmente del marxismo para alcanzar el poder y avanzar en su liberacin: ninguna otra teora social gui las dos grandes oleadas revolucionarias del siglo pasado ni inspira hoy en da la construccin de un socialismo embrionario en una serie de pases que engloban a ms de la quinta parte de la humanidad.

No puede haber, pues, movimiento obrero plenamente consciente de sus intereses que no sea marxista, y el marxismo, o las tesis tericas de los comunistas -como sealan Marx y Engels en "El Manifiesto"- "no se basan en modo alguno en ideas o principios inventados o descubiertos 'por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresin del conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histrico que se est desarrollando ante nuestros ojos".

A pesar de sus errores y retrocesos, de la misma confusin que hoy existe sobre la utilidad del marxismo, ninguna otra concepcin del mundo y teora social puede atribuirse la representacin de los intereses del proletariado durante ms de un siglo y a escala mundial.

LA VERDAD DEL MARXISMO ESTA EN LOS HECHOS

Para establecer su vnculo esencial con el movimiento obrero, el marxismo tena que dar una respuesta satisfactoria al viejo problema filosfico de la relacin entre teora y prctica, entre pensamiento y accin: en qu consiste la verdad de una teora?, de dnde provienen las ideas?. Y esto es algo que la burguesa revolucionaria no poda resolver puesto que, para instaurar su poder y mantenerlo, tena que jugar con doble baraja: defender el principio de igualdad, como derecho igual para todos a ser patrn u obrero, como identidad de derechos para todas las naciones, por un lado, y, por otro, hacer lo necesario para que la minora de patronos imponga su ley a la mayora de obreros, y para que las naciones ms fuertes opriman a las ms dbiles.

El marxismo, en cambio, puede proclamar ese principio revolucionario que la burguesa slo acepta en el terreno de las ciencias naturales: la verdad de toda teora est en los hechos. De esta manera, el marxismo -o el movimiento marxista- es capaz de encajar, sin desmoronarse, los cambios constantes en la realidad, y puede dar cuenta de sus mismos errores cuando una experiencia prctica concluyente deja en falso algunos de sus planteamientos.

Al afirmar que la prctica es, por regla general, lo determinante, la fuente de que nace todo pensamiento, y el rasero por el que se mide la verdad de ste, el marxismo es materialista y est a la escucha de la realidad.

Y gracias a este materialismo, el movimiento marxista o una parte de l ha escapado una y otra vez de la tentacin dogmtica, se ha orientado en las situaciones ms difciles y complejas y ha actuado en consecuencia. Tal fue el caso de Lenin cuando defendi la posibilidad de tomar el poder en un pas atrasado, frente a aquellos marxistas que repetan que la revolucin tena que empezar en el occidente capitalista desarrollado porque as lo haba escrito Marx.

UNA GUIA PARA LA ACCIN

Pero si la verdad no est en la cabeza de la gente, sino que se manifiesta por medio de la prctica, cmo puede el pensamiento mandar, dirigir, o guiar la prctica? He aqu un asunto en el que se embrollan muchos intelectuales crticos, espiritualmente marxistas. Algunos sostienen que el anlisis marxista no puede determinar ninguna lnea de accin y slo sirve de estmulo moral al revelar la miseria de hoy y permitir vislumbrar un futuro libre para la humanidad. Nos proponen, de hecho, que dejemos en manos de otros el tomar las decisiones prcticas polticas y econmicas, con lo cual volvemos a encontrar la vieja impotencia de la burguesa revolucionaria para ligar teora y prctica.

El movimiento marxista, en cambio, sostiene que la teora recoge las leyes segn las que se mueve una sociedad, o sea las formas regulares con que aparecen, se desarrollan, se influyen entre s y mueren los diferentes ingredientes de la sociedad: las clases, el Estado, los factores econmicos, las ideas y comportamientos,..., y gracias a ese conocimiento extrado de la prctica se puede orientar la misma prctica de una manera mucho ms precisa, mucho menos ciega que antes para que concuerde con el movimiento de la sociedad y facilite el nacimiento de lo avanzado, en vez de oponerse a su despliegue. En esto radica en general la funcin de gua para la accin que posee la teora marxista.

DIALCTICA Y REVOLUCIN

Ahora bien, hay algo ms que aadir respecto de la influencia del pensamiento sobre la accin y la realidad social: en ciertas condiciones, el papel determinante no lo desempea la prctica sino precisamente la teora, el pensamiento. Por ejemplo, la prctica revolucionaria de los trabajadores es anterior al nacimiento del marxismo, pero, por tratarse de una prctica influida por las distintas corrientes burguesas o pequeo burguesas revolucionarias, no poda llevar al movimiento obrero hacia la victoria. Entonces, la aportacin terica de Marx cumpli una funcin determinante cuyos resultados se empezaron a obtener en el siglo XX.

Esto nos lleva a una reflexin ms general. Por lo comn, es el funcionamiento economicosocial (las condiciones objetivas) lo que se impone sobre la disposicin consciente de los hombres para cambiar la sociedad (las condiciones subjetivas). Pero, a veces, ocurre exactamente lo contrario: la accin consciente de una o ms clases trastoca el funcionamiento social y genera una nueva sociedad. Lo subjetivo pasa a ser objetivo: un rasgo tpico de las situaciones revolucionarias, a las que el marxismo es capaz de responder porque concibe la realidad como unidad de dos aspectos opuestos en constante movimiento, en que ambos aspectos se condicionan, se influyen mutuamente, y en que, bajo ciertas circunstancias, el aspecto normalmente secundario se convierte en su contrario, pasa a ser el principal.

MARXISMO Y LUCHA DE CLASES

Y el marxismo acaso no es una unidad de contrarios? S, lo es. Es una unidad de teora y prctica, de teora y movimiento de clase. Pero tambin es una unidad de corrientes diversas. Lo fue en la II Internacional entre socialistas de varias tendencias, fundamentalmente entre reformistas y revolucionarios, antes de que esta unidad estallase a raz de la I Guerra Mundial y de la victoria de la Revolucin de Octubre. Lo fue incluso en la III Internacional, mucho ms unificada. Y ms tarde, la oposicin entre estas diferentes tendencias se agrav hasta llegar al conflicto abierto entre ellas y a sucesivas rupturas de la unidad anterior. Entre las causas que provocaron tales divisiones estn las actitudes dogmticas -como se dijo antes- y empiristas (que slo ven los hechos aislados entre s), y est la incomprensin de la unidad de los contrarios por ejemplo, de la unidad entre lo subjetivo y lo objetivo. A veces, una parte del movimiento marxista, rechazando la necesidad del golpe de timn de las fuerzas revolucionarias, ha reducido el cambio social a la maduracin de las condiciones objetivas. Su determinismo le ha convertido en espectador de la revolucin o, an peor, en cmplice de los reaccionarios. En otros casos, ha habido marxistas que creyeron que la revolucin estaba al alcance de la mano, que los revolucionarios podan apretar a placer el acelerador de la historia y provocar el cambio a medida de su voluntad y su esfuerzo. Y ese voluntarismo, esa fe ciega en la fuerza de lo subjetivo, los ha aislado de los trabajadores o, incluso, ha dado pie a que fuesen manipulados.

En general, para el marxismo como para las ciencias naturales, es inevitable la aparicin de puntos de vista distintos ante nuevos problemas y situaciones, lo cual da lugar a varias tendencias, opiniones o enfoques dentro de la unidad bsica del movimiento marxista. Pero a diferencia de las ciencias naturales, excepto en parte la biologa, el marxismo est sometido al fuego directo de la lucha de clases, y aquellos puntos de vista que no concuerdan con la realidad se convierten a veces en agarradera de las clases explotadoras para utilizar una parte de la teora y del movimiento marxista en beneficio propio. De ah que, en ciertos momentos, el desarrollo histrico del marxismo se manifieste en rupturas abiertas de su unidad.

Pero, gracias a su ligazn esencial con la clase obrera y con el movimiento de emancipacin de los pueblos, a su concepcin dialctica del materialismo, el marxismo ha ido superando las visiones miopes, deterministas o voluntaristas, dogmticas o empiristas, derechistas o izquierdistas que constantemente lo acechan. Ha trazado en cada circunstancia histrica una frontera tajante con las posiciones ms dainas para el progreso del socialismo nacidas de sus mismas entraas, y ha enriquecido su patrimonio en cada una de estas rupturas.

Ante cualquier partido o pensador que proclame su adhesin al marxismo, siempre se debe preguntar a quin sirve hoy en concreto.



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