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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2008

Respuesta al artculo "En defensa del voto", de Santiago Alba Rico y Carlos Fernndez Liria
Viva la democracia formal, viva el capital

Alfredo Torrado
Rebelin


El motivo principal de esta respuesta al artculo "En defensa del voto" (http://www.rebelin.es/noticia.php?id=64258) es una discrepancia entre comunistas. Quizs no una discrepancia de fondo (o al menos eso me gustara creer), pero s, al menos, una discrepancia en cuanto a la estrategia. A mi juicio, desde una posicin comunista, la defensa de la "democracia" slo puede ser estratgica y debe ir siempre unida a su crtica. No se trata, por otro lado, de caer en el izquierdismo, sino de sostener a la "democracia" "como la soga sostiene al ahorcado", utilizando la metfora de Lenin. Lo que los comunistas defienden, siguiendo a Marx y a Lenin, es la dictadura del proletariado. Pero Rico y Liria no dicen nada acerca de la dictadura del proletariado, limitndose a defender la "democracia", sin ms.

En un artculo anterior ("Contra la democracia": http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64447) he tratado, en primer lugar, de justificar la denominacin de "oligarquas burguesas populares" para los actuales regmenes polticos, llamados "democracias". Lo fundamental al respecto es comprender que la eleccin de magistrados, como ya sealaba Aristteles, no es un procedimiento democrtico, sino oligrquico (o aristocrtico). Como dice Rousseau: "La idea de los representantes es moderna: nos viene del gobierno feudal, de ese inicuo y absurdo gobierno en el que la especie humana queda degradada, y en el que el nombre de hombre es un deshonor. En las antiguas repblicas, e incluso en las monarquas, jams tuvo el pueblo representantes; no se conoca esa palabra" (Del contrato social). Para comprobarlo, basta con estudiar mnimamente la democracia ateniense y los soviets rusos. Por tanto, la denominacin "democracia representativa" es sencillamente contradictoria. Por otro lado, la denominacin "democracia formal" es equivocada y no hay por dnde cogerla. Se pretende decir con ella, comnmente, que las actuales "democracias" lo son slo (y slo pueden serlo) formalmente, bajo el modo de produccin capitalista. Pero, como ya hemos dicho, la eleccin de representantes (que es el procedimiento poltico fundamental en las actuales "democracias") no tiene nada que ver con la democracia, sino con la oligarqua. Por tanto, ni siquiera formalmente los actuales regmenes son democracias. Pero adems, las democracias reales (y hay que decirlo en plural) son democracias de clase. La democracia es una forma de Estado, es decir, de dominacin de una clase sobre otra(s). Pero lo especfico de la democracia es que la dominacin la realiza el conjunto de una clase. Este es el quid de la cuestin. En segundo lugar, en dicho artculo trat de justificar una conclusin de lo anterior: una democracia real en la sociedad capitalista slo puede significar dos cosas: democracia burguesa o democracia obrera. Esta es la disyuntiva fundamental que debemos plantearnos con respecto a la democracia. A efectos prcticos, esta alternativa se traduce en lo siguiente: o defendemos la "democracia", sin ms (en general), o defendemos la democracia obrera, es decir, la dictadura del proletariado. Lo primero sera defender una verdadera democracia burguesa. Lo segundo es la opcin de los comunistas o, al menos, de los comunistas marxistas. No nos engaemos: lo que los comunistas defienden no es la "democracia", ni siquiera una "democracia de los trabajadores", sino la democracia obrera, que es una dictadura del proletariado.

Los comunistas no pueden escamotear (como ya lo intentara Kautsky, en su texto "La dictadura del proletariado") el trmino "dictadura", escogido por Marx. No es slo que la democracia obrera sea una dictadura del proletariado para la burguesa, sino que, juntamente con ello, y como el propio Kautsky reconoce, la dictadura significa un "poder no coartado por la ley" y de "carcter transitorio". La primera caracterstica es identificada ya por Aristteles como propia de la tirana. Pero Aristteles achaca a la democracia esta misma caracterstica. As, la crtica tradicional a la democracia, desde Aristteles hasta Kautsky, pasando por Rousseau, apunta precisamente a su carcter tirnico, a su abuso de los decretos. Rousseau lo expresa de forma clara:

"Cuando el pueblo de Atenas, por ejemplo, nombraba o depona a sus jefes, discerna honores para uno, impona penas para otro, y mediante multitud de decretos particulares ejerca indistintamente todos los actos del gobierno, el pueblo entonces no tena ya voluntad general propiamente dicha; no actuaba ya como soberano, sino como magistrado" (Del contrato social, libro II, cap. IV). Y "no es bueno que quien hace las leyes las ejecute, ni que el cuerpo del pueblo desve su atencin de las miras generales para volver a los objetos particulares" (libro III, cap. IV).

Rousseau, uno de los padres del moderno Estado de derecho, criticaba as a la democracia. Para l, la democracia deba limitarse al poder legislativo. No hay Estado de derecho desde el momento en que, como se quejaba Aristteles refirindose a la democracia: "el pueblo se ha hecho a s mismo dueo, y todo lo gobierna mediante votaciones de decretos y por medio de los tribunales, en los que el pueblo es soberano" (Constitucin de los atenienses).

Pero Marx no escogi el trmino "tirana", no escribi "tirana del proletariado", sino "dictadura del proletariado". La razn ya la hemos apuntado, con Kautsky (y a pesar de Kautsky): debido al carcter transitorio de la dictadura. Marx dice: "A este perodo corresponde tambin un perodo poltico de transicin, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado". Pero el carcter transitorio de la dictadura del proletariado no est determinado por una ley formal, sino por su contenido de clase.

Pero para continuar con esta respuesta debera repetir todo lo dicho en el artculo "Contra la democracia". Naturalmente, me voy a ahorrar siquiera el resumir las conclusiones presentadas en dicho artculo, que no valen nada sin los argumentos. All argumento no slo en contra de la "democracia formal" o, mejor dicho, de la "democracia representativa", sino sobre todo contra la "democracia", sin ms, contra la "democracia en general", como deca Lenin, contra la democracia en sentido literal, como "poder del pueblo".

Ahora bien, Rico y Liria pueden responderme a su vez que su nica pretensin con su artculo "En defensa del voto" ha sido la de defender la llamada "democracia representativa" (pondremos siempre entre comillas esta expresin absurda), el Estado de derecho y las "libertades", frente a la ilegalizacin de la izquierda abertzale, que significa directamente un Estado de excepcin. Pero justamente mi crtica es que se limiten con su artculo a defender la "democracia representativa", el Estado de derecho y las libertades. Mejor dicho, mi crtica es que se limiten a defender la "democracia representativa", etc., como comunistas... Ni siquiera desde un punto de vista estratgico, coyuntural, puede pasar por comunista la sola defensa de la "democracia representativa". Por supuesto, se debe defender la "democracia representativa", etc., frente a la excepcin implicada por la ilegalizacin de Batasuna. Pero los comunistas no se distinguen precisamente por esta defensa.

Pero el motivo de nuestra respuesta no es slo que Rico y Liria den a entender con su artculo que los comunistas se limitan a defender la "democracia formal". Al final de su artculo, los autores afirman que, "en condiciones de libertad, votaramos contra ETA". Uno podra interpretar inmediatamente que votaran a Batasuna, en tanto que es la nica fuerza poltica que defiende claramente la autodeterminacin de Euskadi. Pero no, porque previamente los autores han afirmado que "si pudiramos votar a Batasuna, no les votaramos". Se trata, por tanto, para los autores, de defender ahora la "democracia" frente a ETA.

Es contrario al sentido de la auto-determinacin de un pueblo el subordinar su ejercicio a su reconocimiento como derecho por parte de otro pueblo. Pero, lgicamente, la autodeterminacin de un pueblo no puede ejercerse mientras un Estado se lo impida. La solucin slo puede consistir en forzar al Estado a reconocer el ejercicio de la autodeterminacin. Su reconocimiento como derecho, como siempre, vendr despus. Con esta breve deduccin resumira mi respuesta.

La inversin de esta lgica, es decir, poner el reconocimiento del derecho de autodeterminacin por el Estado como condicin para su ejercicio por parte de un pueblo determinado, conduce al absurdo de pretender que corresponde al Estado decidir por dicho pueblo. Me parece que a este absurdo apuntan Rico y Liria cuando hablan de "votar contra ETA". Esta conclusin contrasta con lo que afirman al comienzo de su artculo: "Miles de trabajadores quizs millones- han muerto durante siglos para conquistar este triple acceso al espacio pblico [democracia, derecho, y elecciones] y no deberamos bromear al respecto". Habra que preguntarles a los muertos por qu luchaban; pero lo que me interesa resaltar es que los autores afirman que miles de trabajadores lucharon y murieron para conseguir determinados fines polticos.



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