Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2008

Atilio, la puta y los miserables

Alberto Cruz
Rebelin


Un ex no tiene por qu ser necesariamente un miserable. En una ruptura de pareja suele suceder que el ex sea un amigo respetuoso o un ser deplorable que litiga por los nios, por la casa, por los libros. En una ruptura poltica suele suceder que el ex sea un desencantado que se va dejando hacer o un traidor que reniega de todo lo que hizo y litiga por la ideologa, por las siglas, por la historia de la organizacin. Pero cuando ese ex poltico figura como consultor internacional o como experto en resolucin de conflictos viviendo de las becas de una universidad elitista tipo Oxford y dando consejos a gobiernos tan democrticos como el de El Salvador, o el de Mxico, o el de Colombia hay que pensar que ese ex es un provocador, un agente infiltrado, un traidor; en definitiva, un miserable. Y cuando ese ex aparece de la mano de probos prohombres demcratas como los que representan a la nunca bien ponderada oligarqua venezolana, o colombiana, o mexicana, o salvadorea ya no cabe duda alguna. Ese ex es un perfecto miserable.

Un miserable en el sentido que dio Vctor Hugo a su novela Los miserables, o sea, aqul que a los 20 aos ha sido revolucionario pero que ahora, pasados los 40, es un conservador. Lo dice el personaje del que hablamos en su ltimo artculo: Durante la guerra no me preocupaba tanto morir en combate como envejecer de guerrillero. Viendo la juventud de mis compaeros y la ma propia en fotografas de los primeros aos del conflicto salvadoreo, conclu que las insurgencias no eran una solucin, sino el sntoma de un problema. Ms que un proyecto poltico, fuimos una generacin que se alz ante la prepotencia del poder antes de cumplir 20 aos, pero que al llegar a los 40 entendimos que habamos transformado al pas y firmamos la paz. Conmovedor.

Nuestro personaje est hablando de un pas, El Salvador, y unos acuerdos de paz que s, tuvieron logros importantes al tiempo que carencias muy notorias. Entre los primeros est el fin de la guerra civil, la reduccin y depuracin del Ejrcito, la Procuradura para la Defensa de los Derechos Humanos y la Polica Nacional Civil (la de entonces, no la de ahora). Nuestro miserable dice que estos logros seran impensables sin la firma de la paz. Pero el problema es que no basta con un acuerdo de carcter poltico para lograr un ordenamiento social ms incluyente y equitativo. Y eso es lo que no dice nuestro miserable puesto que aqu est una de las principales carencias de ese acuerdo por el que suspira cuando echa la vista atrs tras haber cumplido los 40 aos: la reforma econmica. Aunque, bien mirado, l dice ahora que nunca tuvo un proyecto poltico y que slo fue un rebelde contra la prepotencia del poder. Ahora que forma parte de ese poder ya no es un rebelde, por eso es un conservador. De conservar lo que tiene, que no es poco. No todo el mundo vive en Oxford y la reforma econmica pendiente en El Salvador le trae al fresco. l ya tiene aire acondicionado en verano y calefaccin en invierno.

Por lo tanto, en El Salvador existe hoy, lo mismo que entonces, cuando este miserable tena 20 aos, un modelo econmico que, por la exclusin y la pobreza que genera, socava y debilita el avance de la democracia. Es decir, se ha consolidado un modelo econmico que, lejos de ser coherente con los logros polticos de los Acuerdos de Paz, es una amenaza para los mismos. Este es el drama de El Salvador actual: se vive una paz violenta, no la violencia de la guerra, sino la de la pobreza, la exclusin y la marginacin. Pero nuestro miserable, si la ve, no la sufre. Y menos en Oxford.

Por esta razn cuando este ex revolucionario y ahora converso conservador recibe el amparo, cobijo y sueldo de probos defensores de la libertad de expresin suya que no nuestra- como El Pas, El Diario de las Amricas, La Prensa, El Universal El Nacional, El Tiempo y otros dignos exponentes del periodismo global, independiente, equilibrado, no tendencioso y no manipulador que representa la Sociedad Interamericana de Prensa, Reporteros sin Fronteras y otros adalides del bien hacer periodstico y la prctica deontolgica ya no cabe duda alguna. Es un miserable que ha sido bien acogido en el club de los miserables. En este caso, y al contrario de lo que hizo Roma con los asesinos del luchador antiimperialista Viriato, s se paga a los traidores.

Porque nuestro personaje no slo es un traidor a sus camaradas, vivos o muertos, sino que es un asesino. Y tiene nombre: Joaqun Villalobos, ex comandante Atilio del Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP) de El Salvador. El ERP se preciaba de ser uno de los grupos poltico-militares ms revolucionarios de El Salvador de la poca guerrillera de los aos 1970-1990. En esa poca el xito se atribua no tanto al arrojo de los guerrilleros del Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional donde se encuadraba el ERP- y a las operaciones militares, sino al jefe, al gran estratega militar, al comandante Atilio.

Villalobos es uno de los que con ms virulencia fustigan a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Su calidad de ex guerrillero le concede tribunas y hasta crdito (poltico, del otro, el econmico, ya tiene desde que dio el bandazo). Y, comparando al FMLN con las FARC, dice que ellos nunca realizaron secuestros. Pero veamos: las FARC realizaron secuestros, retenciones, de polticos que formaban parte del sistema al que combaten. Porque supongamos que nuestro hombre est hablando de los retenidos polticos y no de los prisioneros de guerra, o sea, que no considere a los policas y militares capturados en combate como secuestrados. Como es sabido, las FARC plantean su canje por medio millar de sus camaradas presos. Algo similar a lo que hizo una de las organizaciones que formaban parte del FMLN, la Fuerza Armada de Liberacin, el brazo armado del Partido Comunista de El Salvador.

Un comando de la FAL secuestr ni ms ni menos que a una de las hijas del entonces presidente de El Salvador, Napolen Duarte. La accin del secuestro de Ins Duarte se desarroll limpiamente en la Universidad y dur un minuto y medio. Desde que se encontr en manos del comando hasta que fue llevada a un sitio seguro transcurrieron quince minutos ms. En el ao 2002 uno de los guerrilleros que participaron en esa accin me contaba, sentados en un restaurante de San Salvador, un chascarrillo ocurrido, segn l, en la presidencia del gobierno: cuando un general le dio la noticia al presidente de que haban secuestrado a su hija, este respondi con una expresin coloquial La puta!- a lo que el azorado general habra respondido la puta no, presidente, la otra. Es una ancdota que puede no ser cierta, pero que est en boca de muchos de los participantes en ese secuestro y de componentes del FMLN en aquella poca de guerra. Y en ella se hizo esta accin militar, como dicen quienes la perpetraron y fue en realidad: una accin militar.

El caso es que el secuestro permiti la liberacin de presos polticos del FMLN, entre ellos la comandante Nidia Daz, y lisiados de guerra. Eso fue un canje, diga Villalobos lo que quiera y oculte lo que quiera ocultar. Como tambin quiere ocultar el hecho de que nunca ha cumplido lo que dijo de forma pblica tras la firma del Acuerdo de Paz: la devolucin de los restos del poeta Roque Dalton, asesinado por l y otros miembros del ERP en 1975. Nunca lo hizo, tal y como reconoca con amargura el hijo del poeta, Jorge, en la revista salvadorea Cultura el mes de octubre de 2005.

A Villalobos le viene como anillo al dedo una estrofa de la La vida no vale nada, una conocida cancin del cubano Pablo Milans: la vida no vale nada/ si ignoro que el asesino / cogi por otro camino / y prepara la celada. Villalobos oculta, y quienes le amparan y pagan, tambin, que ese pomposo ttulo de consultor internacional experto en resolucin de conflictos se debe a que presta sus servicios a gobiernos inmersos en graves crisis internas (Colombia, Mxico, El Salvador), a nauseabundas oposiciones (Venezuela) y no es descartable que pronto aparezca en Bolivia. O que se le vea en EEUU aconsejando a Bush sobre la forma de combatir a la guerrilla iraqu o a la afgana y que lo tome como consejo para su consultora: en Afganistn ha crecido el cultivo de opio con el muy democrtico gobierno de Karzai, tan democrtico como el de Uribe, pero no ser el gobierno el responsable, sino la insurgencia talibn y ya no estaremos ante una lucha contra la ocupacin del pas sino ante una narcoguerrilla, otra ms, que amenaza la estabilidad de todo Asia y de todo el mundo al igual que, segn Villalobos, hacen las FARC-. As que, tambin a por ellos. Ms tropas, ms OTAN, ms muertos porque siempre habr un sector de la izquierda que considere que esta gente, talibanes o no pero siempre narcoguerrilla, se est enfrentando a los ocupantes de su pas o a los perpetuadotes de un sistema econmico que genera miseria e injusticia social y esa es una apreciacin equivocada. Como lo es, para Villalobos, que las FARC tengan un proyecto poltico.

A fin de cuentas, Villalobos es como una puta que cuenta con bastantes proxenetas que la explotan y protegen, al mismo tiempo. Ni siquiera tiene el valor de comportarse como una puta que vende su cuerpo ella misma, decidiendo cundo, dnde, con quin y cuntas veces. En eso, como en otras muchas cosas, tampoco es autogestionario. A buen seguro que he utilizado una palabra de cuando tena 20 aos, as que perdn, esa terminologa ya no se estila, no es moderna.

Villalobos es un fracasado poltico que, como consecuencia de su fracaso, decidi venderse al mejor postor. Tras la firma del Acuerdo de Paz de 1992, el FMLN pas a ser partido poltico y Villalobos form parte de l hasta 1994, cuando perdi la batalla interna por convertir a la ex guerrilla salvadorea en una organizacin socialdemcrata. Al igual que el EPL o el M19 de Colombia, que se prestaron a firmar acuerdos de paz casi a costa de cualquier cosa, se crey esa teora de Fukuyama del fin de la historia tras la desaparicin de la URSS y pens que sin referentes ideolgicos la cosa no tena futuro. Pero quien no tuvo futuro fue l. Junto a otros dirigentes del EPR, abandon el FMLN para formar el Partido Demcrata, que busc alianzas con la derecha y termin desapareciendo como partido al no conseguir el 3% de los votos en las elecciones de 1999. Es entonces cuando aparece como consultor. Y desde entonces, es uno de los protegidos ms rentables del club de los miserables, como en su momento lo fue Vargas Llosa. Slo que sin su talento literario.

http://elzurriago.blogia.com/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter