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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2008

Otra Colombia es posible

Emir Sader
elturbion.modep.org


Recuerdo la preocupacin de Garca Mrquez cuando vea lo que estaba ocurriendo en Argentina, alrededor de 1977, porque Colombia no se transformase en otra Argentina. l, que no haba recibido todava el Premio Nbel que dio a su pas un relieve mundial, haba advertido el camino por el que se diriga Colombia.

Tres dcadas despus, Colombia contina siendo uno de los epicentros de la guerra infinita del gobierno de George W. Bush. lvaro Uribe es producto de esa poltica: el aliado ms estrecho uno de los pocos con que cuenta en Amrica Latina de la poltica belicista de Washington. Uribe fue electo con la promesa de la famosa mano dura, en la bsqueda, para Colombia, de una solucin iraqu, bushiana, que consideraba que las tentativas de pacificacin de los anteriores presidentes mediante negociaciones haban fracasado.

Un pas cansado de la violencia vio como un presidente, en connivencia con los grupos paramilitares y, a travs de ellos, con los crteles del narcotrfico, concentraba recursos militares puestos a su disposicin por el gobierno norteamericano en unas operaciones militares pretendidamente capaces de allanar el camino del triunfo de la democracia en el pas. El aislamiento de las guerrillas favoreci la consolidacin de Uribe, quien como otros presidentes neoliberales del continente, como Fujimori o Cardoso reform la Constitucin del pas durante su mandato para poder optar a la reeleccin, y ahora intenta conseguir un tercer mandato.

Hizo una poltica interna ortodoxamente neoliberal, sin percatarse del agotamiento de la misma en todos los pases del continente. Llev a la prctica una poltica represiva que interfiri claramente en los derechos democrticos de la poblacin, contando como ocurre con todas las polticas antipopulares con el apoyo de los grandes medios de comunicacin oligrquicos. Asimismo, se aisl de los procesos de integracin regional intentando firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, no cerrado hasta ahora slo por las objeciones que el Partido Demcrata formul contra las precarsimas condiciones de los Derechos Humanos en Colombia bajo su presidencia.

Uribe no quiere que se concrete el canje de prisioneros de las FARC por los prisioneros de su gobierno. Su apoyo interno depende de la demonizacin de las FARC, que le permite aparecer como el hombre del orden. Cuando su reeleccin, Uribe tuvo como principal oponente a Carlos Gaviria, candidato del Polo Democrtico Alternativo, un partido de izquierda que desbanc a los partidos Liberal y Conservador, constituyndose en la mayor amenaza para la continuidad de Uribe. [] Uribe naci de la violencia, y sabe que su supervivencia poltica depende de que la violencia no termine. Los diversos intentos de desbloquear la propuesta de las FARC de intercambio de presos de la guerrilla por presos del gobierno revela el papel de cada gobierno del continente, muestra quin busca soluciones pacficas y democrticas para las crisis, y quin, en cambio, desea perpetuar la espiral de violencia en Colombia. La situacin pudo ser desbloqueada gracias a la actuacin del presidente de Venezuela, Hugo Chvez. Cuando el proceso estaba en curso, Uribe ech mano de un pretexto menor para excluir a Chvez de la negociacin, a sabiendas de que la mediacin de ste desde el comienzo ya haba acumulado el crdito necesario para que el acuerdo prosperara. A favor de Chvez estn la confianza de los familiares de los presos, el dilogo con las FARC, su capacidad de iniciativa y la declarada simpata de los sectores polticos democrticos de Colombia y de muchos gobiernos de la regin.

Para disgusto de Uribe, las FARC devolvieron al presidente venezolano a las negociaciones, disponindose a entregarle tres de los detenidos, a modo de desagravio ante la actitud arbitraria del presidente colombiano. Ese primer gesto, que despejaba el camino para que todos los presos pudieran ser canjeados, permiti que Chvez confirmase toda su capacidad de iniciativa poltica y de movilizacin de apoyos, revelando el papel de cada quien en la regin.

Mientras el gobierno norteamericano, el colombiano y el conjunto de la gran prensa oligrquica hacan todo lo que podan para que las negociaciones fracasaran, los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Cuba y Ecuador con apoyo de los gobiernos europeos participan activamente del proceso de pacificacin y de liberacin de los cautivos de ambos lados. [] El ex presidente argentino, Nstor Kirchner, y Marco Aurelio Garca, asesor del presidente brasileo Lula, representaron directamente a sus gobiernos, hacindose merecedores del apoyo de la izquierda y de todos los sectores democrticos que hasta ahora asisten pasivamente a los acontecimientos. Mostrando su compromiso consecuente con la pacificacin de Colombia, primer paso para que otra Colombia sin violencia, sin narcotrfico, sin paramilitares, sin secuestros sea posible, Hugo Chvez se dispone a dar cobertura al proceso, apelando incluso a operaciones clandestinas, con tal de conseguir la libertad de los prisioneros.

De la suerte de esas negociaciones depende el destino futuro de Colombia. Un futuro de pacificacin, soluciones negociadas, democratizacin e integracin continental, o al contrario, de perpetuo enquistamiento del clima de violencia y de guerra. A favor de la primera alternativa est la gran mayora de los gobiernos de la regin, que pueden contar con la simpata de la mayora del pueblo colombiano, identificado con los familiares de los cautivos. A favor de la segunda, los Estados Unidos y el gobierno colombiano. Una solucin de liberacin de todos los secuestrados apunta a otra Colombia posible y necesaria para su pueblo y para el continente todo.



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