Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2008

Capitalismo de pnico

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Quin puede an dudarlo? La crisis que est contagiando al resto del mundo es ya "la ms dolorosa desde el final de la Segunda Guerra Mundial". No lo afirma cualquiera, sino el propio Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal estadounidense (1). Dos cifras bastan para dar una idea de ese "dolor": En slo sesenta das, las mil principales empresas del planeta han perdido 158.000 millones de euros, es decir, ms que el Producto Interior Bruto (PIB) anual de pases como la Repblica Checa o Colombia. Y el valor burstil de esas mismas mil grandes corporaciones, en los ltimos ocho meses, ha disminuido en unos tres billones de euros, o sea ms que la suma de los PIB anuales de Alemania y Brasil (2).

Espaa no est a salvo. La crisis de los sectores ligados al "ladrillo" (lase, p. 3, el artculo de Aleksandro Palomo Garrido) empieza a trasladarse a las entidades financieras. Segn el Banco de Espaa, al cierre de 2007, las Cajas de Ahorro acumulan ya 1.600 millones de euros en crditos dudosos concedidos a constructoras e inmobiliarias.

Y todo parece acelerarse. El verano pasado, cuando estall la burbuja de las hipotecas basura, la Reserva Federal estimaba que las prdidas de los bancos se elevaran a unos 100.000 millones de euros. Hoy se calcula que se sitan entre 200.000 y 300.000 millones aunque diversos analistas consideran que alcanzan, en realidad, los 600.000 millones. Y algunos expertos hasta sostienen que el volumen real de las prdidas no es inferior a los dos billones de euros... (3).

Tan dispares apreciaciones -del uno al veinte!- de la verdadera dimensin de la crisis, contribuyen a agravarla. Traducen nerviosismo, ignorancia. Nadie parece saber nada, lo cual enloquece ms al sistema. Y deja perplejos a los ciudadanos. Algunos analistas sealan lo siguiente: comparadas con un presupuesto familiar ordinario, las cifras citadas pueden parecer ocenicas y demenciales. Sin embargo, referidas a la vida ordinaria de la Bolsa, son por as decirlo normales y banales. Por ejemplo, si tomamos la cifra ms generalmente admitida de 300.000 millones de euros de prdidas, y si la comparamos con el volumen del mercado financiero, representa apenas una cada del 1% del mercado de acciones estadounidense (4). Algo que se produce habitualmente en Wall Street. Sin que nadie se preocupe. Y que banqueros y agentes de bolsa absorben de modo rutinario.

Por qu entonces ese granito de arena ha podido engendrar semejante crisis? Porque ha habido tanta especulacin y tanto engao, que ahora domina la desconfianza. Se extienden como regueros de plvora los rumores. Y toca el slvese quien pueda.

Lo cual no impide, en medio de lo que empieza a parecer un naufragio, que los carroeros financieros sigan al acecho. Conducidos por su instinto depredador, sin importarles el destino de un sistema que se tambalea. Ellos son los culpables de la espectacular cada de Bear Stearns, el quinto banco de inversin del mundo.
Detalladamente, el New York Times (5) ha relatado cmo una jaura de especuladores que el diario califica de "Gang de Wall Street" y del cual formaban parte "algunas de las personas ms poderosas de Wall Street y de Washington", organiz, en apenas tres das, la cada de Bear Stearns. Y, con la complicidad de la Reserva Federal, favoreci su compra -que el peridico llama "latrocinio"- en favor de JPMorgan Chase.
Metdicamente, desde la sede de este banco se lanz una campaa de rumores, insistiendo en una pretendida falta de liquidez de Bear Stearns. Con llamadas telefnicas personales a grandes inversores, aterrorizndoles y empujndoles a retirar de inmediato sus fondos. En menos de cien horas, el precio de la accin se hundi de 70 a 2 dlares. El presidente de Bear Stearns, Alan Schwartz trat de lanzar una contraofensiva, demostrando, con documentos y pruebas, la falsedad de los rumores. No lo consigui.

El propio Secretario del Tesoro (equivalente a ministro de Finanzas), Henry Paulson Jr, ex director ejecutivo del banco Goldman Sachs y que algunos sospechan que forma parte de la conspiracin, intervino cerca del presidente de Bear Streans para darle el golpe de gracia. Dice el New York Times : "Le puso el can de la pistola en la sien: o aceptas un acuerdo con JPMorgan, o abrimos expediente de bancarrota".

Da pnico. Al borde del volcn, estos especuladores an aprovechan la inquietud reinante para obtener ganancias, a costa de quien sea. Encarnan la versin ms infernal del capitalismo. Y lo peor es que hacen escuela. Ahora, muchos quieren cometer el mismo crimen: conseguir que el valor de un establecimiento bancario, en slo tres das, se divida por 15. Y pueda ser adquirido a precio de ganga.

Desde entonces, a base de campaas de rumores, el valor del banco hipotecario Halifax Bank of Scotland (HBOS), por ejemplo, se ha desplomado un 18%. El del Lehman Brothers ha perdido un 20%. Y Union des Banques Suisses (UBS), atacado tambin por la especulacin, ha tenido que desmentir que est a punto de ser comprado por el Crdit Suisse.

Los especuladores saben que arriesgan poco. Estn ahora seguros -es la otra leccin del asunto Bear Streans- de que, en caso de dificultad, los Estados intervendrn. Porque los Gobiernos le tienen pnico a la posibilidad de que el derrumbe de un banco, por efecto domin, sea capaz de hundir el sistema.

Hace unas semanas, renegando de su fe absoluta en el mercado, el Gobierno britnico se vio obligado a nacionalizar el banco Northern Rock. Y en muchos pases de sesgo neoliberal, donde no se ha cesado de repetir el sagrado mandamiento neocon segn el cual "an hay demasiado intervencionismo del Estado", hemos asistido a una multiplicacin de intervenciones estatales: paquetes de medidas fiscales, reduccin de tipos de inters, inyecciones de liquidez, y hasta nacionalizaciones. Medidas ruidosamente aprobadas ahora por los crticos de antao. Y todas ellas -suprema inmoralidad- financiadas por los contribuyentes.

De nuevo se socializan hoy o se mutualizan las prdidas, mientras ayer se privatizaban las ganancias y los beneficios. Y una vez ms queda demostrado que el mercado, por s solo, es incapaz de autorregularse. Qu espera el Estado para poner lmites por fin a este capitalismo de pnico?


Notas:
(1) Financial Times , Londres, 17 de marzo de 2008.
(2) L'Expansion , Pars, marzo de 2008.
(3) Ibid.
(4) Jacques Cremer y Christian Gollier, "La faute l'incertitude", Les chos , Pars, 20 de marzo de 2008.
(5) International Herald Tribune , 19 de marzo de 2008.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter