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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2008

Lo que est detrs del paro agrario argentino

Guillermo Almeyra
La Jornada


Argentina es un pas altamente urbanizado, pero que depende esencialmente de la exportacin de materias primas rurales. De ah la posibilidad, para quienes controlan el mercado de carne, de soya y de cereales, de amenazar con hambrear a las ciudades y paralizar las exportaciones, chantajeando poltica y econmicamente al gobierno nacional y anulando, de hecho, por la fuerza, tanto la voluntad popular, expresada deformadamente en los resultados electorales, como los planes y polticas nacionales de las autoridades. El llamado paro rural en realidad, el lock-out de los empresarios del campo es una expresin cruda de la lucha por el poder entre dos fracciones capitalistas, como lo indica el apoyo de las cmaras de industriales al gobierno en su enfrentamiento con la oligarqua ganadera-sojera-exportadora organizada en la Sociedad Rural (entidad que promovi y respald todas las dictaduras en el pas) y las otras organizaciones del campo que, a pesar de sus diferencias hasta de clase con sta, la respaldan en este enfrentamiento con el gobierno.

Recapitulemos: casi 80 por ciento de la tierra agrcola argentina est sembrado hoy con soja, que en la ltima cosecha rindi ms de 48 millones de toneladas, que se cotizan hoy en 151 dlares la tonelada (en los dos ltimos das subi cuatro dlares) para la primera semana de abril. Haga las cuentas y tenga en consideracin que casi 60 por ciento de ese mercado est en manos de los grandes sojeros (en realidad, de cuatro trasnacionales, dos de ellas argentinas). La soja, que se paga mucho ms que otras commodities, se come por consiguiente la produccin de cereales para alimentos y el pan sube, por lo tanto; y se come la ganadera, con lo cual escasea la carne, que sube de precio. Adems, el monopolio sojero fija altos precios para el aceite y otros subproductos y ese monocultivo expulsa decenas de miles de familias campesinas. Los expertos agregan que la soja destruir los suelos argentinos en 15 aos. Pero ese promedio quiere decir que las excelentes tierras pampeanas durarn ms y en cambio los suelos frgiles de las provincias marginales desaparecern antes: la sojizacin equivale en efecto a la desertificacin, al desmonte, a la contaminacin de las aguas y de la tierra, a la desaparicin de bacterias y especies animales tiles, y la fumigacin area envenena ya a los campesinos y los pueblos cercanos, mientras los dems productos del campo sufren el impacto de esta competencia.

La poltica del gobierno, por su parte, consiste en estimular la industria y en sostener el empleo (construccin, servicios, desarrollo industrial) sobre la base de bajos salarios reales (para permitir grandes ganancias a los empresarios e inversionistas) y de un dlar caro, para abaratar las exportaciones argentinas, incluso industriales, y frenar las importaciones. Ojo: los sojeros y otros grandes sectores rurales tambin invierten en la construccin, en el boom inmobiliario y en la industria y ganan enormemente gracias a la poltica monetaria que les permite exportar. No se pueden quejar pero disputan el poder al sector que privilegia a la industria y que debe subsidiar el consumo de alimento y los servicios (sobre todo, el transporte) de los sectores ms pobres (casi todos urbanos) de la poblacin nacional para mantener bajos los salarios reales y que, por lo tanto, cobra impuestos a los ms ricos (la llamada retencin de una parte de las ganancias logradas por los sojeros es en realidad un impuesto). Dichos impuestos, en Europa, llegan a 40 por ciento del producto interno bruto y en Argentina estn muy por debajo de esa cifra. Adems, la tasa de ganancia europea, en las finanzas, es 5 por ciento, y en la industria, 10 por ciento, mientras que en Argentina la misma se quintuplica, de modo que quienes, como el diario La Nacin, hablan de confiscacin o expropiacin son demagogos sin escrpulos. El gobierno no slo respeta la propiedad capitalista sino que la defiende y mantiene al aceptar sin crtica alguna el actual modelo y al no intentar siquiera aplicarles a los exportadores un rgimen similar al implantado en el primer gobierno de Pern (1946-1952) mediante el Instituto Argentino Promotor del Intercambio, que monopolizaba el comercio exterior de productos agrarios y, con la diferencia entre los precios internacionales y los internos, haca escuelas, obras pblicas, promova el desarrollo en las provincias y la industrializacin.

El gobierno acepta de buen grado que cuatro empresas trasnacionales se queden hoy con ese enorme excedente y se limita a tratar de ponerles un impuesto moderado sin intervenir en el campo, ni siquiera como los hacan los gobiernos conservadores hace 70 aos, creando juntas reguladoras. Para l, el libre mercado es sagrado y el interlocutor no son los trabajadores sino la Unin de Industriales, no son los trigueros sino los grandes harineros, no son los campesinos sino las organizaciones de la patronal rural, no son los consumidores sino los supermercados. No hay pues conflicto entre clases opuestas sino un conflicto intercapitalista en el que los rurales tienen en rehenes a los pobladores urbanos al fabricar una gran caresta de alimentos y un aumento de precios de los mismos para arrojar a los sectores urbanos empobrecidos contra el gobierno. El hecho de que las cuatro trasnacionales que controlan el mercado sojero y la Sociedad Rural hayan podido arrastrar en su lock-out a los pequeos y medianos empresarios agrarios (no as a los campesinos) y la utilizacin poltica del conflicto por la derecha y por los medios, debe ser analizado aparte.

El paro rural argentino es una mezcla entre un lock-out empresarial, un paro de pequeos productores, un intento poltico de desestabilizacin del gobierno peronista-distribucionista, una protesta legtima contra la arrogancia y el autoritarismo de las autoridades y una protesta atrasada pero legtima del interior contra la centralizacin del poder en la ciudad de Buenos Aires, que hace imposible el desarrollo local y el federalismo poltico.

Los pequeos campesinos estn desapareciendo y poblando las zonas marginales urbanas desde hace rato, expulsados por la extensin de la soja, a la fuerza, sobre las tierras marginales que ellos explotaban (la soja incorpor el ao pasado 4.5 por ciento ms de tierras, desmontando o incluso expulsando campesinos de tierras fiscales cuyo propietario apareca misteriosamente de la noche a la maana y venda a los sojeros).

Por eso las organizaciones de pequeos campesinos, de Santiago del Estero o de Crdoba, no slo no han apoyado este movimiento sino que tambin lo condenan y exigen una reforma agraria que les garantice tierra, insumos, apoyos, y quite poder a sus enemigos directos. Pero decenas de miles de pequeos productores, agrupados en la Federacin Agraria Argentina (FAA), una organizacin integrada a principios del siglo pasado por colonos y trabajadores agrcolas anarquistas y socialistas que formaban cooperativas y luchaban contra los monopolios agroindustriales, son los que actan como la tropa de choque de la Sociedad Rural, cortando rutas y haciendo manifestaciones en los caminos y pueblos del interior. Hay que recordar que hace unos aos esa misma FAA, en cuya direccin hay integrantes del Partido Socialista, formaban parte del Frente Contra la Pobreza junto con la Central de Trabajadores Argentinos y grupos piqueteros y se oponan a la poltica neoliberal cuyas consecuencias haban sido el hambre, la desocupacin y el empobrecimiento, del mismo modo en que vastos sectores de las clases medias urbanas asalariadas formaban asambleas populares y gritaban Piquete y cacerola, la lucha es una sola! (mientras hoy hacen piquetes los empresarios agrcolas con mquinas y medios de transporte muy costosos y los cacerolazos, con ollas de lujo y de acero inoxidable, son obras de las seoras bien de los barrios ricos y de sus retoos elegantes y con zapatos de 150 dlares). Por qu ese cambio? En parte, por el mismo sectarismo poltico antiperonista que lleva a la mayora del Partido Socialista a aliarse con la derecha gorila, a la CTA y a los piqueteros maostas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), hasta hace poco aliados con Kirchner, y a grupsculos de esa ultraizquierda del 0.01 por ciento en los comicios, como el llamado Partido Obrero, a apoyar el paro agrario hablando de rebelin popular. En parte, por la idea estpida de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y por la idea oportunista de que si se debilita al gobierno, se podr despus negociar con l en mejores condiciones el reconocimiento (la CTA), algunas bolsas de comida ms (la CCC y tambin PO) y posiciones en el subgobierno. Pero tambin porque ante la miseria, el asalariado empobrecido reacciona junto a los otros trabajadores y, cuando sale de aqulla, trata en cambio de diferenciarse del desocupado y del pobre sintindose clase media y de mantener el orden o sea, se va a la derecha, mientras el pequeo propietario agrcola, que trabaja directamente la tierra, en las malas es pueblo y en las buenas empresario, aunque tenga el campo hipotecado y gane mucho menos que los grandes sojeros, pues la soja que siembra en pocas hectreas no le permiten ser millonario sino apenas mejorar su nivel de vida y sus medios de transporte y de produccin, que compra a crdito (y los impuestos le quitan los medios para pagar lo que pidi prestado). Muchos pequeos agricultores arriendan sus tierras a los gigantescos pools de siembra, que no poseen tierra propia y explotan a muerte la ajena con grandes medios que los pequeos propietarios no poseen. stos siguen, pues, ideolgica y polticamente, a sus supuestos benefactores. La estupidez y la arrogancia del gobierno, que as como manda la polica contra los trabajadores para resolver la cuestin social y los conflictos gremiales slo piensa en la represin policial para disolver los cortes de ruta, hacen el resto.

Una hectrea de soja no rinde lo mismo en las provincias pobres que en la de Buenos Aires, con su tierra fertilsima que no requiere insumos, y en la explotacin sojera hay economas de escala, de modo que los grandes cultivadores gastan menos y ganan ms por hectrea. Por eso aplicar las mismas retenciones (impuestos) a los pequeos propietarios y a la oligarqua es injusto y provoca que aqullos se junten con sta y sean sus tropas de choque polticas. Por supuesto, el pas debe exportar, pues se necesitan divisas. Pero habra que crear juntas reguladoras, un nuevo tipo de monopolio estatal del comercio agroindustrial exportador, al estilo del viejo IAPI, desarrollar planes de promocin de los pequeos agricultores para separarlos de la Sociedad Rural, atribuir parte importante del control de los impuestos a las municipalidades y provincias, fijar planes prioritarios de siembra de alimentos, dar apoyo tcnico y fletes a los productores pequeos, controlar de cerca de los pools de siembra, que son empresas financieras, organizar a los consumidores y a los pequeos campesinos, hacer que los municipios controlen las fumigaciones sojeras, crear cinturones hortcolas para el abastecimiento urbano y zonas forestales para alejar la soja del poblado. Habra que decidir una reforma agraria que d tierra a los campesinos y pueble el campo. Pero, sobre todo, se necesita una izquierda independiente, que piense en alternativas y que imponga al gobierno el abandono de su decisionismo verticalista, para poder dialogar y hacer poltica y no pensar ms en soluciones policiales ni en tirar la bomba de negrones, o sea, recurrir a la violencia de matones piqueteros oficialistas contra las manifestaciones, por opositoras que stas sean. Sin izquierda y en la Argentina no la hay no hay tampoco democracia.



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