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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2008

Como una ola que estallara de risa
Otra reflexin sobre utopa realizable

Francisco Fernndez Buey
Sin Permiso


Suele decirse que La repblica de Platn est en el origen del pensamiento utpico que acaba cuajando en los orgenes de la modernidad europea, en el primer tercio del siglo XVI. Y no caben dudas sobre la influencia que la lectura de la obra de Platn ha tenido en las primeras utopas modernas que se presentan con ese nombre. La gnesis de ese proceso se conoce igualmente bien. Fue la traduccin al latn por Marsilio Ficino, en el crculo neoplatnico de la Florencia del siglo XV (1483) y la edicin de las obras de Platn entonces conocidas en las prensas del gran Aldo Manucio (1513) lo que abri la pista por la que haban de transitar Thomas More y los otros utopistas del siglo XVI.

Por eso una lectura tan apresurada como unilateral de la historia de las utopas ha remontado hasta La repblica de Platn la descabellada idea de que ya en el dialctico soar despierto del filsofo griego sobre el rgimen poltico ideal o modlico estara el origen de lo que en el siglo XX acab llamndose "totalitarismo". Utopismo, pretenciosa prefiguracin de un futuro modlico e idealismo iran de la mano en esa historia cuyos relevistas principales, y denigrados, habran sido Platn, More, Campanella, Hegel, Marx y sus sucesores.

Y, sin embargo, tanto la gnesis de ese proceso como, sobre todo, el vnculo que a veces se ha establecido entre utopa, idealismo y ciudad cerrada en s misma, con rasgos totalitarios, son muy problemticos. Pues, para empezar, Platn no emplea en ningn momento el trmino utopa e incluso el nombre con que conocemos su obra de referencia, Repblica, ni siquiera es propiamente traduccin del nombre que la obra tena en origen (Politeia) sino del ciceroniano Res publica. La palabra griega politeia se traduce mejor como rgimen o gobierno de la polis, o sea, de la ciudad-estado existente en Grecia en la poca en que escriba Platn. ste no es, por tanto, un utpico que se quiera tal o se presente como tal sino un utpico designado, un filsofo al que, como en tantos otros casos, los otros han designado como utopista mucho tiempo despus, cuando el trmino utopa haba cobrado ya curso legal. De hecho, los primeros crticos griegos de la Politeia tampoco calificaron el rgimen o gobierno que se esboza en ella de utpico sino de irrealista o irrealizable. El matiz no es despreciable, pues una cosa es decir que lo que propone alguien como alternativa socio-poltica a lo que hay no ha lugar en absoluto y otra decir que la propuesta es o ha resultado ser irrealizable en los topos o lugares conocidos.

Es muy posible que la reflexin sobre ese matiz haya sido el motivo que llev a Thomas More a cambiar el ttulo inicial de su obra clebre (Nusquam) por el neologismo con que finalmente la hemos conocido: Utopa. Pues, dado el talante erasmiano que inspiraba a More, este ttulo permita jugar irnicamente con los sufijos griegos u y eu, lo cual a su vez permite aproximar lo que no tiene lugar o ubicacin conocida y el mejor de los lugares. El lector atento de la obra de More sabe que esto es as y encontrar una confirmacin del juego irnico del autor de Utopa en la pgina final de dilogo, en la que el propio More se distancia con gracia del personaje que l mismo ha creado, Rafael Hythlodeo, defensor acrrimo, l s, de la utopa.

Este distanciamiento de la propia creacin utpica (manifiesto, por otra parte, a lo largo del libro) incluye casi todo lo relativo a la forma de vida y a la ordenacin poltico-social de los utopianos propiamente dichos, o sea, de los amaurotas. Incluye su manera de entender la religin, su forma de hacer la guerra y lo que es ms importante, por ser el fundamento de todas sus instituciones, la comunidad convivencial y de bienes sin trfico alguno de dinero. More es un humanista irenista que tiene mucho que criticar de las costumbres de su poca y de su mundo (y lo hace), que conoce el texto de Platn, adopta su forma dialogada de exposicin, lo junta con su Luciano (al que ha traducido) y defiende la orientacin comunitaria del cristianismo primitivo; pero al mismo tiempo deja claro en el dilogo que una cosa es lo que dice su personaje y otra lo que l mismo piensa al respecto. Jameson y Abensour desde perspectivas diferentes han subrayado esto, en sus lecturas de More, con toda la razn.

More crea en su obra ese efecto de distanciamiento de la mejor forma posible: tomando cortsmente de la mano al utopista, o sea, a su propio personaje, para llevarle a cenar, no sin antes decirle con amabilidad que ya habr tiempo para discutir en profundidad sus ideas y que ojal ocurra alguna vez eso que ha contado. Efecto que queda reforzado por el prrafo con que acaba el libro segundo de Utopa: "Mientras tanto, igual que no puedo asentir a todo lo dicho por un hombre, de otra manera muy erudito, indiscutiblemente, al mismo tiempo que muy experimentado en los asuntos humanos, as confieso con franqueza que hay muchsimas cosas en la repblica de los utopienses que yo ms bien deseara que esperara en nuestras ciudades" (1).

Ya leyendo estos pasos, que concluyen con la distincin entre deseo y esperanza, se puede uno dar cuenta de lo ridculo que resulta atribuir talante o intencin totalitarios al autor de utopas por el procedimiento de subrayar, sin ms, tal o cual pasaje "comunista" o "comunitarista" de la obra. Pues quien as cree argumentar ni siquiera ha cado en la cuenta de que More est renovando, y al mismo tiempo reinventando, un tipo de gnero literario en el que las ideas del autor no tienen por qu coincidir con las ideas que pone en boca de los personajes que crea.

Mi hiptesis es que, salvando todo lo haya que salvar, esto que digo aqu vale tambin para la lectura de la Politeia platnica, al menos en la versin en que ha llegado hasta nosotros que no parece ser la que tuvo en origen. Tambin all, aunque de otra manera y con otro tono, la forma dilogo permite introducir un efecto de distanciamiento que las interpretaciones cannicas no siempre han tenido en cuenta y que, en cambio, me parece de importancia para captar bien el talante utpico incluso antes del nacimiento de la utopa propiamente dicha.

No es ste el lugar para entrar en el contenido y la estructura de la obra de Platn. Basta con recordar que el hilo conductor del dilogo es la discusin acerca de la justicia y que la propuesta principal de Politeia es una constitucin comunista pero estrictamente restringida en la que la comunidad de propiedad y familia se impone slo a las clases rectoras de la sociedad; que tal comunismo restringido es slo medio para evitar la injusticia y que representa un sacrificio de los mejores que es al mismo tiempo --y ah est la paradoja platnica que tanto habra de gustar a los neoplatnicos cristianos-- satisfaccin, enaltecimiento y felicidad de los sacrificados. Los mejores son, como es sabido, los filsofos, los verdaderos filsofos. Ellos estn llamados a regir la ciudad bien gobernada y su comunismo es, por as decirlo, funcional: tienen que estar liberados de las tareas que desempean los otros ciudadanos para dedicarse exclusivamente al servicio de la polis.

Platn saba que era un escndalo proponer a sus contemporneos el comunismo de mujeres y el comunismo de bienes, por restringido que fuera ste. Y por eso en el momento en que esos temas aparecen en el dilogo propone objeciones, varias de las cuales se han hecho muy populares. Introduce lo que llama "olas crticas" que zarandean la propia tesis. Y es ah donde encontramos, una vez ms, el efecto de distanciamiento, que alcanza su culmen en el libro V, 471c y siguientes de la obra (2). Lo interesante de esos pasos es que "las olas crticas" se convierten en algo as como un tsunami (la expresin de Platn, como se ver, es casi literal) justo inmediatamente antes de que aparezca la propuesta ms escandalosa, a saber, la conocida tesis de que los filsofos tienen que gobernar o los gobernantes ser filsofos. Despus de haber aceptado que la pregunta crtica sobre la realizabilidad del ideal equivale a una "ola gigantesca", Platn se cura en salud y hace decir a Scrates aquello de que su respuesta tal vez va a entenderse como "una ola que estallara en risa".

Vale la pena subrayar que, en ese momento decisivo del dilogo, la objecin de fondo no afecta tanto al contenido de la propuesta cuanto a la realizabilidad de la misma, pues, efectivamente, ah est el origen de la paradoja que conlleva la utopa realizable antes incluso de la invencin del trmino "utopa". Que tambin Platn quiere tomar su distancia irnica respecto del ordenamiento de la ciudad ideal que propone es algo que, en mi opinin, viene sugerido por el hecho de que el objetor, el principal contradictor de Scrates, sea en este caso el propio hermano menor del autor de la obra, el tambin filsofo Glaucn. La fraternidad es algo demasiado importante como para dejar en mal lugar a un hermano en una discusin as...

Vamos al texto (V, 471c y siguientes). Ah Glaucn interrumpe el discurso de Scrates sobre las bondades de la ciudad ideal alternativa para hacer la pregunta del milln, que se dira ahora: "Vale, todo eso que vienes diciendo est muy bien, el sistema podra ser muy bueno, pero es realizable? es posible que exista o llegue a existir un rgimen poltico as? hasta dnde es posible?". El protagonista principal del dilogo reconoce que esa es la "ola crtica" ms grande y difcil de remontar y que, efectivamente, habr que decidir sobre el "desconcertante" problema. Para lo cual empieza proponiendo el paso atrs: recordar que lo que se est investigando es qu es la justicia y qu la injusticia, y sugerir, a partir de ah, que en el caso de que descubramos cmo es la justicia tendremos que decidir si lo que pretendemos es que el hombre justo no se diferencia en nada de ella, forma un todo con ella, o nos contentaremos con que se acerque a ella lo ms posible y participe de ella en grado superior a los dems.

Glaucn, el hermano sensato del filsofo autor del dilogo, se contenta, obviamente, con lo segundo, lo cual permite a Scrates concluir, de momento, que si buscamos un modelo de justicia y de hombre perfectamente justo es para poder reconocer en este mundo nuestro a aqul o aquellos que ms se parezcan al modelo, pero --y ah vuelve la paradoja-- "no con el propsito de mostrar que sea posible la existencia de tales hombres". Ante la rplica inmediata del sensato, lo que Scrates propone es una analoga, en este caso con el trabajo del pintor: "Acaso tiene menos mrito el pintor que pinta a un hombre de la mayor hermosura y con la mayor perfeccin porque no pueda demostrar que no existe semejante hombre?".

Al igual que el pintor, as el terico de lo poltico que discurre sobre la ciudad justa y bien gobernada: su discurso no perdera nada en el caso de que no se pudiera demostrar que es posible establecer una ciudad como la que se propone. La frmula retrica tambin ayuda. Pues el personaje que Platn ha creado, el Scrates inventado, no dogmatiza diciendo que las cosas tienen que ser as y as, sino que hace un guio a los otros (empezando por el sensato Glaucn) al decirles que, como el pintor, tambin "nosotros" estamos fabricando (inventado), a travs de "nuestra conversacin", un modelo de ciudad buena. 

Como se trata en realidad de una conversacin entre hermanos, el objetor puede seguir insistiendo hasta la impertinencia:-- "Ya, pero se puede demostrar la posibilidad de tal ciudad? No ests dando con eso un rodeo para evitar contestar a la verdadera pregunta?". La respuesta que da Scrates a la "ola gigantesca" es impecable e independientemente de cmo llamemos al modelo (ideal, hiptesis, prefiguracin, prognosis, utopa, etc.) sigue valiendo a la hora de plantearse el recurrente asunto de la realizacin. Esta respuesta dice que primero tenemos que ponernos de acuerdo sobre si se puede llevar algo a la prctica tal como se enuncia (tericamente) o si lo natural es, ms bien, que "la realizacin se acerque a la verdad menos que la palabra". Si aceptamos esto ltimo, o sea, si nos ponemos de acuerdo en que entre el decir y el hacer hay cierto trecho, entonces no tenemos por qu forzar las cosas: no es preciso mostrar que sea necesario que las cosas ocurran exactamente como decimos en nuestro discurso. Y por la misma razn tendramos que contentarnos con descubrir el modo de construir una ciudad que se acerque lo ms posible a lo que se ha dicho en el discurso. Sera en este sentido, y slo en este sentido, en que habra que admitir que es posible la realizacin de aquello que se pretenda.

En ese mismo contexto Scrates aade una precisin que no es precisamente irrelevante, a saber: que para seguir ese camino hay que investigar antes qu es lo que se hace mal en las ciudades realmente existentes y qu es lo que hay que cambiar en ellas para ir al rgimen descrito. Lo que se puede interpretar as: no se trata de sacar el ideal de la nada especulativa, haciendo caso omiso de los regmenes poltico-sociales que han existido o que existen, sino que de lo que se trata es de prefigurar el ideal a partir de la crtica de los regmenes de las ciudades realmente existentes.

Tal es el camino que lleva a contestar finalmente la objecin que ha sido comparada a un tsunami, a "la ola ms gigantesca". La contestacin es conocida: que los filsofos reinen en las ciudades o que los reyes practiquen noble y adecuadamente la filosofa, que vengan a coincidir la filosofa y el poder poltico. Menos conocida, pero igualmente relevante, es la forma en que Platn, por boca de Scrates, ha introducido la contestacin. Esta forma no es slo retrica; es expresin de la conciencia de la dificultad. Platn sabe que la propuesta de realizacin del ideal es algo "extremadamente paradjico" porque es difcil ver que slo la ciudad otra, el modelo de ciudad que se propone, puede realizar la felicidad de los ciudadanos en lo pblico y en lo privado De ah la broma seria: "No callar, sin embargo, aunque, como ola que estallara en risa, me sumerja en el ridculo y el desprecio" (V, 473 e).

La seriedad de la broma queda patente en la discusin que sigue acerca de aquellos a los que se puede llamar con verdad autnticos filsofos. Pero ese es ya otra tema. Lo que interesa resaltar aqu es que ya en el nacimiento de lo que hemos dado en llamar pensamiento utpico estaban presente la irona y la distancia sobre la realizabilidad del ideal, la conciencia de la distancia insolventable entre el ideal y su realizacin.

Es esto lo que suele llamarse idealismo? Y si lo es, es ese idealismo tan malo como se dice a veces en los manuales de teora poltica? Teniendo en cuanta los matices, la irona distanciada respecto de la propia propuesta, el valor de las metforas empleadas y el sentido profundo de la conversacin entre hermanos para hacer frente a "la ola gigantesca, no nos convendra, al oponer utopa a realismo, distinguir, como hizo Einstein a propsito de Rathenau, entre el idealismo (ingenuo) de quien creer vivir en Babia y el idealismo (meritorio) de quien sigue siendo idealista a pesar de conocer el hedor de este mundo al que los mandamases llaman democracia? Como se ha visto, tambin al plantearse la realizacin, la utopa de antes del nacimiento del trmino sabe, como saba Maquiavelo, que hay que conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos. Dice eso de otra manera. Pero lo sabe.

Reflexionando sobre esa otra manera de decir la cosa y volviendo ahora al enlace con el pensamiento utpico renacentista, se podra establecer una hiptesis sugestiva: al enfrentarse al asunto de la realizacin el utopista de orientacin platnica o platonizante tendr que hacer frente a la "ola gigantesca" recurriendo a la irona, al distanciamiento respecto de la propia propuesta, de la misma manera que el pensador poltico partidario del anlisis, de orientacin aristotlica o aristotlico-tomista (la otra gran corriente del pensamiento poltico de los orgenes de la modernidad europea), tendr que convertirse en "empirista hertico" al comprobar la distancia existente entre lo que hay en el nuevo mundo recin descubierto (de cuya realidad nada se saba) y lo que dijeron sus clsicos. El idealismo (meritorio) se salva a s mismo ironizando, tomando sus distancias respecto del modelo o del ideal; el realismo analtico, renegando de sus clsicos y hacindose trgico o escptico. Si More es un ejemplo de lo primero, Savonarola, Francisco Snchez y Las Casas algo ensean sobre esto ltimo.

NOTAS: (1) Thomas More, Utopa, edicin de Emilio Garca Estbanez, Akal, Biblioteca Literaria, Madrid, 1977, pgs. 202-203. (2) Sigo aqu la traduccin de J.M. Pabn y M. Fernndez Galiano: Platn, La Repblica, Instituto de Estudios Polticos, Madrid, 1969. El texto griego y la traduccin de los pasos referidos estn en el vol .II, pgs. 153-159 de esta edicin.

Francisco Fernndez Buey es catedrtico de Filosofa Moral en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y autor del libro Utopa e ilusiones naturales (Ediciones del Viejo Topo, Barcelona, 2007).

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1775


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