Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2008

La opcin histrica de Israel

Azmi Bishara
Al Ahram Weekly

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


(Episodio I)

A nivel regional, los sucesos de los ltimos aos sugieren un cambio cualitativo en la causa palestina. Ningn analista u observador errara si llegara a establecer una semejanza entre el actual contexto regional rabe-israel y los estados cruzados que aparecieron en la regin rabe en la Edad Media.

Israel no tiene intencin alguna de llegar a una paz justa con los pueblos rabe y palestino. Por paz justa quiero significar alguna de entre dos posibles soluciones. La primera sera la solucin de un nico estado, en el cual judos y rabes coexistiran en un estado laico democrtico que se asimilara de forma natural en la regin. La segunda sera la solucin de los dos estados, que garantizara el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Pero Israel ha optado por una tercera opcin en la que los rabes no tengan nada que ver. Su modelo es el estado cruzado.

Los tratados, acuerdos y formas de cooperacin de seguridad que Israel mantiene con los regmenes rabes no chocan ni debilitan este modelo. Despus de todo, los cuatro reinos cruzados no lograron sobrevivir slo a base del coraje de caballeros valerosos y castillos inexpugnables: durante 190 aos se dedicaron a apuntalarse mediante una combinacin de fortificaciones, destreza militar y pactos y tratados con los diversos prncipes y sultanes rabes, ayubidas y mamelucos. Aquellos pactos fueron posibles porque los estados cruzados lograron capitalizar las rivalidades entre los gobernantes locales. Pero esos pactos y tratados no evolucionaron hacia la paz. Los pueblos de la regin no llegaron a aceptar nunca la existencia de los estados cruzados. Se mantuvieron como un implante ajeno, cultural y polticamente, y la prueba de la legitimidad de los dirigentes islmicos y rabes descansaba en su capacidad para crear los mecanismos que sostuvieran la lucha contra ellos. No importa cun hbilmente llegaron a combinar los acuerdos diplomticos con asesinatos y genocidio, los estados cruzados acabaron desapareciendo.

Merece la pena mencionar que la palabra cruzado slo se extendi por Europa varios siglos ms tarde gracias a los historiadores europeos del siglo XVII. Los rabes se referan a ellos como los franj, o francos, un trmino que no implicaba calificacin religiosa ni hostilidad contra la ortodoxia oriental o el catolicismo occidental.

En las tres prximas semanas, considerar las opciones que Israel ha rechazado y la nica que parece haber cuajado.

El modelo del estado cruzado es un modelo de estado colonial extranjero que se establece por la fuerza y sobrevive a base de espada, treguas y tratados temporales y de explotar la discordia entre sus vecinos. No busca, en modo alguno, legitimarse insertndose en su entorno y por eso termina siendo inaceptable.

En otros lugares, siempre se consideraron el colonialismo y la liberacin de los pueblos bajo ocupacin como un problema cuya solucin descansaba en el fin de la colonizacin. Sin embargo, cuando se trata de Palestina, las percepciones acerca de cualquier acuerdo se describen como una serie de proyectos que tratan de resolver un dilema insoluble, el dilema que representa la causa palestina. Hay una razn para todo esto. Sirve para distinguir el caso palestino de todas las dems causas de liberacin nacional, ofuscndolo y confundindolo con cuestiones tales como las disputas fronterizas, la discriminacin religiosa y la cuestin juda. Esta complejidad artificial es lo que excluy del proceso de descolonizacin a Palestina. Tambin se convirti en un obstculo para una solucin duradera: la misma complejidad a la que actualmente se acude para impedir que se pueda llegar a soluciones viables, llevar finalmente a los rabes a rechazar, de una vez y por todas, la posibilidad de reconocer la legitimidad de Israel, adhirindose a un concepto de conflicto permanente.

La cultura anti-colonialista se fund sobre la premisa de que el deber de un pueblo bajo ocupacin es resistir y persistir en la resistencia hasta que la potencia colonial no pueda mantener los costes de la ocupacin. Mientras esta cultura prevaleci, fue imposible contemplar la liberacin de Palestina como pas rabe fuera del contexto de una ecuacin que podra resumirse como colonialismo versus nacionalismo rabe. Se entenda la liberacin como una misin que caa sobre los hombros no slo de los palestinos sino de todos los pueblos rabes. Era su deber resistir a la ocupacin extranjera de cualquier rincn de la nacin rabe. Desde esa perspectiva, la batalla por Palestina no era slo otra causa rabe, ni siquiera parte de la gran causa rabe. Lleg a simbolizar esa causa, tipificando toda la gama de preocupaciones nacionales rabes: particin, dependencia, dominacin exterior, falta de cohesin inter-rabe, legitimidad de los regmenes rabes, etc. Los rabes simpatizaban con los palestinos a nivel humanitario y declaraban su solidaridad con ellos, pero a nivel poltico no se plante la cuestin de la solidaridad. La batalla era una y la misma para todos.

La batalla contra el sionismo e Israel se convirti en la preocupacin rabe por excelencia. Sacarla de su contexto rabe es permitir que se vea reducida a una disputa israelo-palestina, a una ria insignificante de fronteras cuyo resultado vendr determinado por el equilibrio de poder que prevalezca entre las dos partes, sacando a los rabes de la ecuacin.

Despus de la Guerra de 1967, que es lo mismo que decir tras la derrota de la tendencia nacionalista rabe que detentaba el poder en los pases rabes de primera lnea, esa es la direccin que los acontecimientos empiezan a tomar. Dentro del liderazgo de la Organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP) surgi una clase socio-poltica que puso nfasis creciente en la realizacin de la estatalidad y en su propia transformacin en otro rgimen rabe. Tras la guerra, con el nacionalismo rabe en retroceso, especialmente en Egipto, ese deseo coincidira con los deseos de una parte importante del orden rabe oficial. El rgimen egipcio, que en su fase nacionalista rabe haba sido el principal patrocinador del nacimiento de la frmula de la OLP, decidi ahora amputar sus lazos rabes hasta que el conflicto con Israel se decant a favor de buscar un acuerdo poltico. La paz separada de Egipto con Israel fue parte de un acuerdo global que inclua la reestructuracin econmica y una alianza con los Estados Unidos.

La ruptura de Egipto con los rabes empez con su desenganche de la causa palestina. En la cumbre de Rabat, cuando Egipto declar su apoyo a la OLP (en contra de Jordania) como la nica y legtima representante del pueblo palestino y, posteriormente, por la independencia de la voluntad palestina (en contra de Siria) se comprometi, en efecto, a terminar con la conexin de Egipto con el conflicto rabe-israel. Fue llevando todo eso a cabo a la vez que cambiaba las premisas, convirtiendo la causa de Palestina en la causa de los palestinos.

Esta tendencia coincidi con las aspiraciones de una nueva clase de dirigentes de la OLP: Se puede encontrar un ejemplo concreto en la insistencia de Yaser Arafat en separar, en Washington, a los equipos negociadores palestinos y jordanos. Cul fue el resultado? Un tratado de paz separado jordano-israel y un confuso y errtico proceso de paz que no estaba regulado por ningn principio entre Israel y el liderazgo de la OLP; un proceso que sigue sin progresar dcada y media despus del tratado jordano-israel.

Estos desarrollos ayudan a explicar por qu el orden oficial rabe contempla ahora como un problema palestino el asedio contra los palestinos y los brutales bombardeos israeles contra una sociedad prisionera en Gaza y por qu ese orden est dividido entre los que siguen siendo solidarios con los palestinos y los que les culpan por exponerse a la ira de Israel. Tal es la necesidad de establecer una posicin tan impopular como sta que los sentimientos patriticos en Egipto se estn canalizando desde la natural inclinacin a situarse al lado de los palestinos, y en contra de Israel, hasta el miedo a una invasin palestina.

La decisin de abandonar la causa palestina es consecuencia de la convergencia entre dos tipos de percepciones o actitudes. La primera es que los regmenes rabes consideran que forma parte de sus propios intereses, y de los intereses de sus pases, alejarse de cualquier concepto de rabes como entidad poltica que tienen un conjunto fundamental de intereses comunes en cuanto a la seguridad nacional y a las cuestiones polticas, econmicas y estratgicas. La segunda es que creen que tambin al movimiento de liberacin palestina le interesa convertirse en otro rgimen rabe que haga lo mismo que ellos.

Los regimenes rabes valoraron positivamente la mutacin de la OLP en la Autoridad Palestina porque esto satisfaca su necesidad entregar la causa a un rgimen palestino que aparentara ser el nico representante del pueblo palestino y expresara su voluntad de independencia. De esa forma, Palestina se transform de una tierra rabe ocupada en una entidad que podra regatear con Israel sobre las fronteras de un hipottico estado palestino. La causa palestina se convirti no slo en la causa de los palestinos, sino que se redujo an ms hasta ser nicamente la causa de aquellos palestinos que viven en Cisjordania y Gaza. La lucha por la unidad y la liberacin rabe cogi un desvo a fin de crear otra entidad poltica rabe. El conflicto con el sionismo y sus implicaciones para la regin se redujo a una mera disputa fronteriza.

En lugar de una lucha por la liberacin, nos encontramos con una bsqueda de soluciones que producan un proceso de negociacin entre ocupante y ocupados diseado para eludir lo que debera haber sido la nica cuestin sobre la mesa, i.e., el fin de la ocupacin. Las negociaciones continuaron con un proceso poltico en el que las soluciones y remedios se someten al equilibrio de poderes prevaleciente, a la vez que la elite poltica del pueblo bajo ocupacin se ve chantajeada por el hecho de que la comunidad internacional tiene que seguir considerndola aceptable.

Junto a este teln de fondo, la retrica poltica y la de los medios de comunicacin en el mundo rabe han retrocedido a trminos tales como legitimidad internacional y comunidad internacional. Desgraciadamente, esos no son sino mundos hipotticos, mundos alejados del real, que ha sido abandonado: la lucha rabe/palestina por la liberacin contra Israel, el sionismo y el colonialismo occidental.

La comunidad internacional no es ms que un ente mtico. Es un trmino inventado especialmente para los objetivos de llamamiento y persuasin; en la prctica significa el actual equilibrio de poderes internacionales fuertemente inclinados a favor de EEUU.

La solucin negociada de los dos estados, o de los dos estados que supuestamente deben resultar de las negociaciones, es producto de la actual bsqueda de soluciones ante un dilema inabordable. La irona es que ese propio contexto, que llev al orden oficial rabe y a la OLP a aceptar la nocin de solucin de dos estados que por definicin pone en peligro el derecho palestino al retorno, es el mismo contexto que llev al orden rabe a aceptar el equilibrio de poderes como nico rbitro, y a agregarse al lote de la estrategia estadounidense. Esto es lo que ha permitido que Israel pudiera desecar de todo contenido hasta la solucin de los dos estados, rechazando retirarse de la Jerusaln ocupada, negndose a volver a las fronteras de 1967 y conservando sus asentamientos en Cisjordania.

La solucin de los dos estados, vaciada de contenido, es la nica solucin a la que pueden llegar las negociaciones en las circunstancias actuales en esta etapa en que las dos partes no van a entrar nunca a considerar la solucin de un nico estado, y mucho menos van a permitir que aparezca sobre la mesa de negociaciones. Rechazar la solucin de los dos estados es rechazar la nica solucin que, por el momento, podra formar la base de una coexistencia pacfica en la regin rabe. No es una solucin muy justa, pero sera unnimemente aceptada por los rabes si cumpliera unas demandas mnimas, i.e., la devolucin de Jerusaln, la vuelta de Israel a sus fronteras de 1967 y el reconocimiento del derecho palestino al retorno. Pero Israel ha rechazado ya esta posibilidad y su objetivo actual es colocar una solucin que est completamente fuera de cualquier alcance en el futuro.

Separacin o Unidad

(Episodio II)

Las negociaciones sobre la solucin de los dos estados han quedado ya invalidadas por carecer absolutamente de contenido. El movimiento para la liberacin nacional de Palestina ha perdido toda la fuerza de sus orgenes como movimiento de liberacin, incluida su capacidad para contar con la comunidad rabe en vez de con la comunidad internacional. Antes de devenir en estado y asegurarse una soberana nacional, ha perdido y desaprovechado la fuerza de sus orgenes. Se convirti en la Autoridad Palestina, una entidad totalmente dependiente de las negociaciones, de las buenas intenciones de EEUU y de Israel, de la opinin pblica israel y de otros factores. Las negociaciones sobre el estado palestino quedaron reducidas a un proceso de chantaje en el cual se pedan y ofrecan concesiones mientras se canjeaban derechos fundamentales.

A partir de la actitud que considera que las negociaciones son una alternativa a la resistencia, algo opuesto a la culminacin de la resistencia, naci un nuevo liderazgo palestino, un liderazgo tan atado al proceso de negociacin que ha pasado a depender existencialmente de l. Israel lo sabe; nosotros lo sabemos. Adems, lo ms esencial en ese proceso es que se ha agotado el concepto de negociacin y ha sido reemplazado por las limosnas israeles y por los indicios de buenas intenciones que este liderazgo necesita a cambio de asediar, cazar y asesinar a las fuerzas palestinas que han escogido y se han adherido a la senda de la resistencia.

Como consecuencia, todos aquellos derechos que se daban por sentados bajo la ocupacin, tales como la electricidad, el agua, la libertad de movimiento, el empleo, los alimentos y las medicinas, se han convertido en aspectos mismos del proceso de negociacin. Han devenido premios exhibidos frente a aquellas fuerzas que provocan o molestan a Israel, exponindose ellos mismos y exponiendo a su pueblo al bloqueo por su negativa a abandonar la resistencia, privando as a su sociedad de aquellos grandes logros que, en realidad, la ocupacin tena, y tiene, la responsabilidad legal de proporcionar.

En la fase de la lucha por la liberacin nacional, a los palestinos que se ofrecan como intermediarios ante la ocupacin para asuntos de permisos de trabajo y viaje, distribucin de electricidad o suministros de fuel se les consideraba como agentes de esa ocupacin. Porque se estimaba que se estaban prestando a la estrategia israel de crear un liderazgo palestino alternativo a la Organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP), que en su da fue considerada como el liderazgo de la resistencia nacional al negarse a aceptar como solucin una mera serie de servicios e insistir en poner fin a la ocupacin. En la actual fase de negociacin para la creacin de un estado, se ha convertido el suministro de servicios fundamentales en un instrumento israelo-palestino para premiar a unos dirigentes moderados que se merecen esos servicios, castigando al liderazgo extremista al impedir que esos servicios lleguen a los palestinos, obligndoles as a volverse contra esos dirigentes que se han adherido a la va de la resistencia.

Sin embargo, mientras el componente estatal palestino de la solucin de los dos Estados va siendo vaciado de todo contenido, el frente de la resistencia palestina, integrado actualmente de forma mayoritaria por fuerzas como Hamas y la Yihad palestina- que comulgan con una ideologa islamista, no parece inclinarse hacia una alternativa democrtica que ofrezca una opcin a los israeles como la de la solucin de un nico estado. La idea de un estado nico democrtico para todos sus ciudadanos, rabes y judos por igual, no ha sido nunca considerada de forma seria y prctica en la historia de la lucha. Los rabes, con toda razn, consideraron el sionismo como un movimiento colonial y vieron a los sionistas, que no eran habitantes indgenas de Palestina, como colonizadores dispuestos a conseguir el objetivo de encontrar un estado sobre una tierra que perteneca a otro pueblo. La Declaracin Balfour no constituy ningn secreto y, para que todos pudieran orlo, el proyecto sionista de crear un estado judo en Palestina se grit a los cuatro vientos.

Tambin hubo algunos problemas conceptuales prcticos. En la prctica, el sionismo implicaba, e implica, atraer a tantos pioneros como fuera posible para asentarles en Palestina: nunca estuvieron claros los lmites de quin establecera el derecho de ciudadana en un estado nico. La igualdad entre la ciudadana es la base y esencia de la idea de co-existencia en un estado nico no dominado por la ideologa sionista. Es tambin el mensaje que los rabes enviaran para ofrecer a la sociedad juda una alternativa al concepto de estado judo, constituyendo esta alternativa la posibilidad de legitimar la presencia de esa sociedad en Palestina sobre la base del principio de ciudadana.

Este es el mensaje de la co-existencia; es la anttesis de genocidio, expulsin, o de lanzar a los judos al mar (esa famosa cita con la que no para de dar la tabarra la propaganda sionista su gran invento- cuando, en realidad, es Israel quien lanz y lanza a los palestinos al mar y al desierto). Pero, para los rabes, intentar precisar una fecha o lmite especfico despus del cual los inmigrantes no fueran considerados residentes legtimos es no slo poco realista sino una forma inaceptable, y por tanto absurda, de definir los lmites de la ciudadana.

Por otra parte, y ms importante, el movimiento sionista, como solucin a la cuestin juda, insisti siempre en la estructura de un estado judo en Palestina. As fue como el sionismo defini histricamente su existencia. Su bandera y objetivo ltimo eran la creacin de un estado judo entre la opinin juda de la Dispora mediante las campaas para conseguir el apoyo de las Grandes Potencias, obtener la Declaracin Balfour y propiciar la llegada de los colonos. Se intent que ese proyecto de estado surgiera de entre las ruinas de la sociedad rabe palestina y jams se imagin una existencia junto a los rabes en una nica entidad poltica.

Pero hubo una notable excepcin que result efmera: el llamamiento de Hashomer Hatzair (la Joven Guardia) a un estado bi-nacional. Sin embargo, debe considerarse esa posicin con el teln de fondo de las actividades del movimiento de los colonos en los aos de la dcada de 1930 y con la forma en que todo esto entr en conflicto con los derechos e intereses de la poblacin indgena.

Es una insensatez pensar que algn tipo de sionismo, el de Israel o el de cualquiera de sus partidos polticos, o incluso de sus componentes sociales ms importantes, aceptara ahora la idea de un nico estado democrtico como marco de solucin. Simplemente no es materia de negociacin en el contexto de los actuales equilibrios de poder y en el sentido en que se entiende estos das la palabra solucin. Cuando Fatah empez a sugerir la idea durante un breve espacio de tiempo, por ejemplo, en la dcada de 1970, Israel lo interpret como sinnimo de la destruccin de Israel. La OLP tambin haba propuesto la solucin de un nico estado, expuesta en la frmula de un estado democrtico laico en el cual se garantizara la igualdad de derechos para todos sus habitantes: musulmanes, cristianos y judos. La OLP abord as en el estado la cuestin de las afiliaciones religiosas sin adentrarse en el tema de la identidad nacional. Sin embargo, no sugiri ningn mecanismo para transformar la idea en un programa poltico desarrollado a travs de esfuerzos conjuntos judos y rabes, por ejemplo, mediante la liberacin de la Palestina rabe. En todos los acontecimientos, la idea no se mantuvo a flote durante mucho tiempo.

El estado nico democrtico es diferente de la solucin de un estado bi-nacional que actualmente airean algunos intelectuales rabes y judos y, como se seal antes, fue propuesto en primer lugar por el movimiento del socialista Hashomer Hatzair en los aos treinta. La diferencia es que esta idea reconoce la existencia de dos grupos nacionales en Palestina, cada uno de los cuales formara una entidad distinta dentro de un estado nico. De ese modo se satisface la demanda de cada grupo de expresin nacional, pero dentro de los lmites de un estado nico que les reconoce a ambos. Histricamente, Hashomer Harzair abandon enseguida esta idea y nunca ms volvi a recordarla de nuevo. Tanto palestinos como sionistas la rechazaron, aunque tuvo algn dbil eco por aqu y por all, en los pasillos de la Universidad Hebrea y, antes de 1948, entre algunos importantes aunque escasos intelectuales judos en el marco del movimiento Brit Shalom.

El modelo bi-nacional, que reconoce la existencia de dos identidades nacionales, una indgena, la otra exgena, est ms cercano a la realidad palestina que el modelo sudafricano. En la nueva Sudfrica, segn se reconstruy tras el colapso del apartheid, se ignor el concepto de las nacionalidades a favor del concepto de una pluralidad tnica, religiosa, lingstica y cultural dentro del marco de un nico estado de ciudadanos. Expresado de otra manera, el proceso de reconstruccin de la identidad nacional en Sudfrica (como opuesto, por ejemplo, al modelo francs) reconoce abiertamente varias afiliaciones tnicas, tribales, lingsticas y culturales, pero no es una estructura multinacional.

Pero incluso aunque la solucin binacional est ms prxima a la realidad en Palestina porque reconoce la dicotoma indgena/exgena (a diferencia de los modelos de inmigrantes de EEUU, Australia y Nueva Zelanda, en los cuales la nacionalidad se define por la ciudadana sin referencia alguna a la etnia ni a expresiones sobre diversas nacionalidades), no tiene ms oportunidades de ser tenida en cuenta a nivel diplomtico que la solucin de un estado nico democrtico. No slo trabaja contra ella el equilibrio actual de poderes en Palestina, la actual direccin del movimiento nacional palestino tambin sigue por ese sendero. En Sudfrica, el movimiento de liberacin nacional, segn lo encarn el Congreso Nacional Africano, propugn activamente que la liberacin nacional se decantara por la bsqueda de un estado nico multicultural basado en el concepto de igualdad de ciudadana. A finales de la dcada de los setenta, el movimiento de liberacin nacional palestino haba puesto sus miras en la creacin de un estado palestino separado.

Por este motivo, la primera y segunda Intifadas en Cisjordania y Gaza trataron de evitar, en vez de propiciar, la unidad con el resto de Palestina. Tambin debido a esto, el mapa poltico actual de Palestina puede dividirse en funcin de muchas cuestiones pero sigue an inclinndose hacia la creacin de un estado palestino separado. No obstante, que esto sea as no significa que no deba ser tomado en serio el hecho de que algunos intelectuales palestinos de pensamiento democrtico hayan empezado recientemente a apoyar la opcin de un estado democrtico nico; en efecto, hay muchas razones para que este concepto se discuta seriamente. No creo que, desde el punto de vista palestino, haya grandes obstculos estructurales o ideolgicos ante esta solucin. Va tambin en inters del pueblo palestino propugnar un programa democrtico que incluya el derecho al retorno, insista en ciertos derechos inalienables y d a los judos en Israel un motivo razonable para propugnar tambin esta solucin. Si los palestinos la adoptan, entonces no puede haber ningn obstculo rabe serio a la misma.

Sin embargo, no tiene mucho sentido confiar en que amplios segmentos de la sociedad israel cambien su punto de vista ante esta posicin. Ningn pueblo quiere renunciar voluntariamente a sus privilegios, y para los judos eso es lo que significara la solucin de un estado nico, en mayor medida en la frmula de un estado laico de ciudadanos que en la frmula federal bi-nacional. Hay, por tanto, muy pocas perspectivas de que aumente un movimiento socio-poltico en Israel que defienda una solucin que entre en conflicto con el concepto de estado judo. Lo ms que puede uno escuchar en la izquierda sionista es un llamamiento a hacer un estado palestino separado en Cisjordania y Gaza. El derecho palestino al retorno sigue rechazndose totalmente.

El problema es que todos los que han empezado recientemente a propugnar la solucin de un estado nico lo han hecho desde la conviccin de que no hay esperanza para la solucin de los dos estados (basada en las fronteras anteriores a junio de 1967 y al principio del derecho al retorno), no porque hayan percibido que la solucin de un nico estado pueda tener xito.

Por ms que yo crea que la solucin de un estado nico es la mejor en cuanto que facilita las condiciones para el logro y cumplimiento de los derechos palestinos y hace llegar a la sociedad israel un mensaje democrtico, no tiene ni la ms remota posibilidad en el lenguaje que actualmente predomina ni ante las posibles perspectivas de soluciones negociadas. Esto se debe fundamentalmente a que Israel rechaza contemplar siquiera la idea y porque no hay una sola fuerza poltica israel capaz de situarla como cuestin seria en la agenda pblica, a menos, desde luego, que el objetivo sea ahuyentar a la opinin pblica para perpetuar una hegemona total sobre los palestinos. Es ms, as es cmo se ha expuesto la idea de un nico estado en Israel hasta el momento: negativamente, como medio para intimidar a la opinin pblica y que est de acuerdo en soltar las zonas palestinas densamente pobladas, como en el caso de Gaza. Adems, es con esta idea, mediante el miedo a que esas realidades puedan desarrollarse de forma que pudieran propulsarse hacia la solucin de un estado nico, con la que Israel ha empezado a acercarse a la solucin de los dos Estados.

Desgraciadamente, la frmula que en la actualidad est proponiendo Israel a este respecto, a partir de las visiones de Bush y Sharon, tiene poco que ver con la creacin de dos estados soberanos viviendo uno junto al otro, lo que demuestra vigorosamente la inutilidad de la solucin de los dos estados. Peor an, la elite palestina nacida del proceso de paz, junto con los regmenes rabes que estn deseando que toda esta carga quede atrs, estn ayudando a Israel a vender la retrica y a ponerla en escena para que aparezca como si la creacin de un estado palestino dentro del marco de una solucin de dos estados fuera algo que se viera venir. Por eso, por ahora y en un futuro prximo, seguiremos oyendo mucho ms sobre canje de tierra (sin Jerusaln), reconocimiento del derecho al retorno sin el ejercicio de este derecho, creacin de una entidad sin soberana completa pero denominada estado, y otros ardides y eufemismos de ese estilo, de todo lo cual parece haber una oferta sin fin.

Podra un acuerdo tal traer la paz, aunque no sea un paz justa? En el tercer episodio se intentar ofrecer una respuesta a esta cuestin.

Qu debemos hacer

(Episodio III)

Las confusas negociaciones entre la Autoridad Palestina (encabezadas por la Organizacin para la Liberacin de Palestina) e Israel pueden finalmente producir un acuerdo que lleve a la creacin de un estado palestino. Quiz, incluso ahora, est en marcha un intenso y secreto proceso negociador paralelo, impermeable a las reacciones de la derecha israel o de la opinin pblica rabe. Quiz tambin, las negociaciones sean mucho ms profundas y vayan ms all de la impresin que los medios estn dando. Cualquiera que sea el caso, los polticos israeles y estadounidenses creen claramente que la creacin de un estado palestino es todo lo que se necesita para llevar la paz a la regin, sin importar las condiciones que los palestinos van a encontrar en ese nuevo estado, que no se va a poder extender hasta las fronteras de 1967, que no va a tener a Jerusaln Este como capital y donde los refugiados palestinos van a tener que renunciar al derecho al retorno. Israel y la administracin Bush han trabajado duro para encajar la demanda palestina de estatalidad en un paquete que corta, recorta y elimina esencialmente todos los derechos nacionales palestinos.

Es til que consideremos aqu por qu Yaser Arafat rechaz una oferta similar en Camp David. Su rechazo tuvo menos que ver con su compromiso con unos principios determinados que con su comprensin de cmo esa solucin iba a caer en la opinin rabe y palestina: no hubiera tenido legitimidad. Todo eso ocurri despus de la guerra para liberar Kuwait, tras la reduccin de la Organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP) a una burocracia en Tnez que sigui al xodo de Beirut de la OLP, despus del colapso de la Unin Sovitica y despus de que la Intifada hubo llegado a un punto muerto. Pero Arafat continu rechazando la oferta an convertido en rehn del asedio israel en sus cuarteles en Ramala. Pag el precio por su rechazo. En la procesin-funeral oficial rabe por Arafat, y entre un segmento considerable de su crculo interno, uno poda sentir los suspiros de alivio. Se haban librado del hombre que haba obstruido las ruedas del mismo proceso que haba puesto en marcha y que de nuevo empez a rodar tras su muerte.

Incluso aunque las negociaciones no produzcan ningn acuerdo, no deberamos descartar la posibilidad de un documento de principios sobre el acuerdo final, un documento similar en espritu a la oferta que Arafat rechaz y que Olmert utilizara como base para una campaa electoral y Mahmud Abbas para un referndum. Por otra parte, si las negociaciones no producen acuerdo, parece bastante evidente el efecto que se producira en los escenarios rabe y palestino. Ganar fuerza y velocidad el frente que rechaza un acuerdo y opta por mantener la resistencia, aunque algunos dirigentes persistan durante aos con el proceso de paz. Por otra parte, si llegara a alcanzarse un acuerdo como el descrito anteriormente, eso no significara que la lucha nacional ha llegado a su final. Ese acuerdo no es una frmula para un autntica solucin con dos estados que tenga algo de legitimidad. Incluso si lo que se nos est vendiendo actualmente como solucin de dos estados satisface a algunos dirigentes rabes, que estn listos para alinearse con cualquiera que sea lo que los dirigentes de la Autoridad Palestina acepten porque estn deseando deshacerse de la carga de la causa palestina, no se van a encontrar con la aceptacin popular porque dicha solucin supone una justicia totalmente injusta y una compensacin completamente inadecuada frente a la injusticia cometida contra el pueblo palestino.

Algunos pueden objetar que todo esto es muy vago y abstracto. Sin embargo, el hecho real es que la formula propuesta pasa por alto preocupaciones tan tangibles como la causa de los refugiados, que representa las races mismas y el corazn del problema y por tanto implica un peso moral y cualitativo considerable, ya que se refiere al sufrimiento actual de millones de personas. El acuerdo propuesto ofrece a todas esas personas nada ms que la posibilidad de cambiar su estatuto de refugiados por el de sujeto exterior o extranjero. Tampoco, cuando se alcance, Israel va a dejar a Jerusaln tranquila. Muy al contrario, seguir hurgando en la herida a travs de una continua judaizacin y apropiacin de la tierra y los lugares santos de esa ciudad. Israel intensificar tambin su propsito de judaizar el estado y ser an ms autoritario y arrogante en sus relaciones con sus ciudadanos rabes, que se vern forzados a elegir entre una lealtad total hacia Israel, incluyendo el servicio militar y restricciones en sus derechos civiles, o el exilio. Para aquellos que insistan en expresar su identidad nacional dentro de Israel, Israel les informar que esa identidad ya se ha manifestado suficientemente en la entidad palestina de la puerta de al lado.

Y por encima de todo esto, seguir el conflicto entre la necesidad de desarrollar, modernizar y construir el ejrcito del estado palestino, y el miedo perpetuo que invade a Israel en su evolucin como tal estado, al ser un ente ajeno en su entorno regional. Tambin continuar el conflicto entre Israel y la democratizacin del mundo rabe, porque teme la disposicin y las vicisitudes que puede atravesar la mayora de la opinin pblica rabe.

Si el pueblo palestino se pone de acuerdo en una solucin, sera suficiente con situar en el nivel regional cualquier cuestin referente a su legitimidad. El problema que presenta la propuesta que hay a la vista es que est siendo impulsada mediante una alianza exterior con una faccin palestina contra otra faccin palestina, una de las cuales barri a la otra en las ltimas elecciones legislativas. Mientras tanto, para los palestinos de la Dispora, es automticamente impensable una solucin que por definicin excluya a los refugiados. La solucin, por tanto, no tiene base de legitimidad entre el pueblo palestino. Pero, para agravar el problema, se ha convertido en causa de feroz lucha interna, con el resultado de que parte del proceso de maduracin de la solucin consiste en bombardear y matar de hambre a una parte del pueblo palestino para que doblen la rodilla y acepten lo inevitable. Esto no proporciona un smbolo de legitimidad.

A nivel regional, el acuerdo est abrindose paso contra el teln de fondo de la hegemona estadounidense y la coalescencia de dos alianzas regionales antagnicas, una de las cuales blasonar la injusticia de este tipo de acuerdo como bandera en sus batallas. Se est impulsando el acuerdo sin tener en cuenta la repugnancia del pblico rabe hacia el actual proceso de paz, ni su conviccin de que Israel no est interesado en una paz justa y su rechazo a los privilegios internacionales de Israel. Si las premisas del pblico rabe son correctas o no, los regmenes rabes tienen una gran medida de responsabilidad en su situacin actual frente a ese acuerdo de solucin, la alianza israelo-estadounidense y el doble rasero internacional en todo lo que se refiere a Israel. Ni el acuerdo ni el proceso que lleva a l es legtimo a los ojos de la gente. Adems, la brutalidad que Israel ha desplegado para apartar al pueblo palestino de la resistencia y obligarle a arrodillarse ante las condiciones israeles ha alimentado el rencor popular e impulsado la tendencia de lanzar acusaciones de traicin contra las partes rabes que se han prestado a ese proceso de acuerdo.

Es verdad, el pueblo rabe, por lo general, tiene poco qu hacer con sus regmenes actuales. Pero sienten repulsin ante la vista de las partes rabes conspirando junto a Israel contra los resultados de las elecciones palestinas, inmersas actualmente en negociaciones con Israel mientras Israel impone bloqueos y bombardea civiles en medio del mundo rabe. Ni se dejan engaar por la objecin de la construccin de asentamientos israeles es un obstculo para la paz, que la gente considera nada ms que un rdago para poder seguir en el juego de las negociaciones, a pesar de la construccin actual de asentamientos y a pesar del desprecio que esa actitud muestra hacia la opinin pblica rabe por parte de gobiernos rabes que podran hacer muchsimo ms de lo que hacen.

Israel ha rechazado todo lo que segmentos amplios del pueblo rabe y palestino consideran legtimas soluciones. Ha optado, por tanto, por el conflicto permanente a pesar de cualquier acuerdo al que pueda llegar fuera del marco de una paz justa y duradera. El conflicto continuar, aunque consiga el tipo de acuerdo que tiene in mente.

La regin rabe se encontr con situaciones muy similares en el pasado. Tom la forma de estado cruzado que tambin vivi en conflicto permanente con su entorno. No voy a enumerar las similitudes, porque no viene ahora al caso. Baste con decir que, a pesar de los obviamente diferentes contextos histricos, el estado cruzado contrajo numerosos pactos y alianzas con los gobernantes rabe contra otros gobernantes rabes, y no es difcil identificar los paralelos actuales. Podemos tambin sealar el incendio de la Iglesia de la Resurreccin como medio de encender la chispa del enfrentamiento en los das de la locura de Al-Hakim bi Amr Allah, y podemos fcilmente hoy nombrar a dirigentes igualmente desequilibrados con actuaciones parecidas. Podramos incluso mencionar el papel que los principados del norte jugaron al facilitar el paso de los ejrcitos cruzados desde Antioquia a Jerusaln, o cmo se utiliz la religin para estimular y movilizar ejrcitos e incluso definir las identidades de quienes emprendan las campaas y de quienes les resistan

Efectivamente, podramos ofrecer varias similitudes as, pero cada vez que lo hiciramos nos toparamos con alguien que rebatira correctamente- que el actual orden internacional es completamente diferente del que prevaleca en los das de los caballeros cruzados y los principados rabes. No hay duda de que la permanencia y estabilidad del estado moderno rabe y judo es de una calidad radicalmente diferente; el papel de la religin no es el mismo hoy que lo era entonces, y la relacin entre Israel y Occidente es mucho ms profunda y ms inmediata que la existente entre el estado cruzado y Europa. La cada de Jerusaln en manos cruzadas tuvo lugar diez das antes de que muriera el entonces papa reinante, pero las noticias no llegaron a Roma hasta despus de su muerte. La comparacin estalla tambin frente a la inmensa brecha tecnolgica y cientfica entre Israel y los rabes, un abismo que no exista entre los cuatro reinos cruzados y sus entornos rabe, turco, persa e islmico.

Y ms importante an, podemos rebatir que es tambin obvio que los rabes de hoy no son los rabes del pasado. Los rabes de hoy tienen un pensamiento totalmente diferente en cuanto a conciencia nacional y conciencia pan-arabista, intereses y preocupaciones comunes, as como en su comprensin del colonialismo y de la causas de manifestacin nacional. Por tanto, no somos tan inocentes como para trazar analogas. Pero tenemos un paradigma: un estado ajeno a la regin implantado por expediciones militares colonialistas, que se establece en oposicin a su entorno y que depende para su continuidad de sus fortificaciones y caballeros y de la explotacin de las animosidades existentes entre las entidades polticas que le rodean. (La movilizacin religiosa en ambos bandos, que algunos ven como el quid de la cuestin, es desde esta perspectiva slo una prueba de la determinacin de la entidad implantada en permanecer como algo ajeno).

Al rechazar una solucin legtima, Israel ha escogido permanecer en una ciudadela fuertemente fortificada, sobreviviendo a fuerza de su poder de disuasin y de las disputas inter-rabes. Desde luego, estas diferencias han allanado el camino para los acuerdos rabo-israeles; tambin entonces la senda del conflicto perpetuo elegido por el estado cruzado se allan a base de pactos y tratados. Esta opcin estratgica est clara y profundamente arraigada en la opinin pblica israel y se apoya en las fuentes de fortaleza proporcionadas por una distorsionada y malsana relacin con Estados Unidos que no tiene precedente en las relaciones internacionales. No hay mucho optimismo en el horizonte en el sentido de que Israel vaya a aproximarse a la solucin de un nico estado o a la de dos estados, lo que significa que los palestinos y los rabes pueden anticipar una situacin que no conduce al cumplimiento de sus derechos. Pero esto no significa que tengan que renunciar a esos derechos. Muy al contrario, deberan rechazar todas aquellas soluciones que sean injustas, desarrollando al mismo tiempo una determinada alternativa democrtica que presentar ante judos y rabes dentro de un marco que pueda salvar el futuro bienestar de la regin rabe como un todo.

Esta es la trayectoria de la busca de vida y desarrollo en el intento por mantener los medios de subsistencia en Palestina y en la resistencia contra las realidades que Israel crea de facto sobre el terreno. La resistencia puede conseguir avances parciales importantes a la vez que impide que se normalice la condicin colonialista. Sin embargo, el mayor desafo a plantear a Israel es a nivel regional y ha de basarse en el progreso acumulativo que puedan conseguir los rabes construyendo capacidades para resistir a Israel a travs de la modernizacin de sus estados y sociedades, a travs de la realizacin de tareas tan esenciales como la creacin de sus potencialidades disuasorias, desarrollo econmico y democratizacin. La lucha es larga, pero hay que emprenderla y al ritmo que ms adecuado sea. El tiempo no juega a favor de Israel; est a favor de quin lo utilice sagazmente. Esa es uno de las lecciones ms importantes de los ltimos sesenta aos.

Enlaces con los textos originales en ingls:

Episodio I: http://weekly.ahram.org.eg/2008/889.op2.htm

Episodio II: http://weekly.ahram.org.eg/2008/890/op1.htm

Episodio III: http://weekly.ahram.org.eg/2008/891/op1.htm



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