Portada :: frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2008

La tragedia de Kenia y el embrollo de Chad
La Unin Africana entre la espada y la pared

Noel Kodia
Mondelibre.org

Traducido por Caty R.


Kenia y Chad son dos pases que acaban de certificar ante los ojos del mundo que la democracia en frica tiene problemas para establecerse con normalidad. Una vez ms se pone a prueba a la Unin Africana, sobre todo ahora que acaba de nombrar a un nuevo presidente en la persona del gabons Jean Ping, el 1 de febrero de 2008. Pero, por qu la Unin Africana, que pretende ser ms combativa que su predecesora, la Organizacin para la Unidad Africana, tampoco consigue solucionar los problemas que sta ltima no pudo regular?

Con la vuelta del multipartidismo sobre un fondo de democracia impuesta tras la cada del muro de Berln, el continente entr en el ciclo infernal de las guerras intertnicas. Ruanda se hizo famosa por su genocidio, Congo Brazzaville tuvo sus guerras de los aos 90 antes de conocer la paz. La Repblica Democrtica del Congo no consigue instaurar el orden en una parte del pas a pesar de las elecciones que se suceden. Y pese a las numerosas reuniones de jefes de Estado promovidas por la Unin africana, nacida de las cenizas de la Organizacin de la Unidad Africana, el continente no deja de sorprendernos con el comportamiento retrgrado de algunos de sus dirigentes.

La tragedia de Kenia y el embrollo de Chad: una vergenza para la Unin Africana

Han sido necesarias muchas muertes y daos materiales durante varias semanas para que se haya llegado a una solucin poltica en Kenia; una solucin impuesta por el exterior, como si los africanos fuesen incapaces de detener a tiempo la violencia cuando los conflictos intertnicos comienzan a reclamar sangre. Y todo ante la impotencia de la Unin africana, a pesar de las irregularidades manifiestas en la lucha electoral que enfrent a Mwai Kibaki con su adversario, Raila Odinga. Afortunadamente, las fuerzas del orden de Kenya se mostraron republicanas. Hace algunos aos, la hiptesis de que el ejrcito hubiese arrebatado el poder para restaurar el orden en el pas al borde del caos no se habra podido descartar.

Actualmente, la Unin Africana ha incluido claramente que el respeto de los ejrcitos del continente frente a la poltica civil se ha convertido en una realidad precisa. Y, sobre todo, que ahora la alternancia est vinculada a las urnas. La Unin Africana se declara formalmente categrica para no aceptar en su organizacin a cualquier Estado modificado a partir de una toma del poder por las armas. Pero, por qu esta exigencia no incluye a los Estados cuyos dirigentes no respetan la limitacin del nmero de mandatos impuesta por su Constitucin? Por qu esos dirigentes no quieren dejar democrticamente el poder que pretenden haber conquistado normalmente por medio de las urnas?

Por qu olvidaron de repente que Vox populi, vox Dei? Se debera imponer una revolucin cultural en el continente para cambiar las mentalidades, porque es necesario pasar la pgina del analfabetismo poltico que caracteriza a dicha clase poltica, que todava permanece efectivamente enganchada a los impulsos monrquicos heredados del final de las monarquas que haba en el continente cuando fueron combatidas por las potencias coloniales. Hace falta una revolucin cultural para contrarrestar el lavado de cerebro sufrido por el continente durante numerosos decenios y cuyas secuelas todava son visibles en las sociedades africanas.

La Unin Africana tras las huellas de la Unidad Africana

Desde su nacimiento hasta su muerte, la Unidad Africana brill por su incompetencia, a pesar de que en un momento determinado fue calificada como sindicato de jefes de Estado. La Unidad Africana conoci el frica de los golpes de Estado, varios de los cuales fueron sangrientos e incluso se llevaron la vida de algunos jefes de Estado. Afirmbamos hace algunos aos que con los golpes de Estado militares, se ha puesto en prctica una nueva manera de apropiarse del poder: el asesinato de los jefes de Estado.

Inaugurado tristemente por los togoleses con la muerte de su primer presidente y seguida despus por la del presidente Diori Hamani en 1974, el fenmeno se extiende como una mancha de aceite a la mayora de los pases al sur del Sahara. Algunos ejemplos: el 13 de abril de 1975 asesinaron al presidente Garta Tombalbaye, con toda su familia, en su palacio; el 18 de marzo de 1977, el congoleo Marien Ngouabi fue asesinado con las armas en la mano en pleno da en su Estado Mayor cuando, paradjicamente, el ejrcito estaba acuartelado; el capitn Thomas Sankara de Burkina Faso muri a manos de sus compaeros; algn tiempo ms tarde, Nger repeta con la muerte trgica del presidente Mainassara (1).

Hay que recordar que en los aos siguientes a las independencias, ya apareci la Francfrica, iniciada por el general de Gaulle, que prefera tener tteres a la cabeza de cada nuevo pas independiente para controlarlos mejor por medio del respeto al pacto colonial que favoreca el saqueo de las materias primas. Para De Gaulle, era necesario mantener a esos padres de la independencia en el poder, gracias a los acuerdos militares entre Francia y esos nuevos pases, cuando estos ltimos eran amenazados por la clera de los pueblos oprimidos que se daban cuenta del nacimiento de una burguesa compradora en su pas. Y comenzaba una especie de lucha de clases que impulsaba a los militares a ponerse al lado de los explotados. Desgraciadamente, por falta de educacin poltica, lo hicieron peor que sus predecesores.

Los africanos, despus del rayo de esperanza aportado por la cada del muro de Berln con el resultado de la vuelta del multipartidismo, enseguida cayeron en el desencanto. De la monarqua dictatorial se pas rpidamente a la democracia dictatorial, en la que los dirigentes se servan de las luchas intertnicas sobre un fondo de elecciones fraudulentas para mantenerse en el poder. Los recientes sucesos de Kenia y Chad acaban de demostrar la fragilidad de la democracia africana, ya que dicha democracia, desgraciadamente, se basa en el tribalismo y en el egosmo de ciertos dirigentes. Y ante esta nueva situacin, la Unin Africana demuestra su impotencia para actuar pese a los fraudes descarados y a la falta de respeto por parte de los poderes existentes de los principios elementales de la democracia pluralista. La alternancia en el poder como se encuentra en las grandes democracias como Estados Unidos y Europa, se convierte en una quimera para los africanos.

Francia, dirigindose en particular a sus ex colonias, empez bien con el discurso de La Baule, pero rpidamente se dej atrapar otra vez por las realidades de la Francfrica. Tras la etapa del multipartidismo, elemento esencial de la democracia que da al pueblo la posibilidad de elegir a sus dirigentes, ahora es necesario imponer al continente la obligacin de la alternancia a la cabeza de los Estados, como se observa en las democracias tradicionales, en las que el presidente no puede perpetuarse en el poder. La historia poltica contempornea nos demuestra que siempre hay alternancia en los pases autnticamente democrticos, aunque el presidente fuera excepcional en el ejercicio de sus funciones. Los africanos evitaran los conflictos polticos con confrontaciones intertnicas si sus dirigentes pudieran imitar a las viejas democracias en lo que se refiere a la alternancia en el poder. La mayora de los jefes de Estado, a excepcin de algunos sabios de frica como Mathieu Krkou de Benn, Abdou Diouf de Senegal y Alpha Oumar Konar de Mal, no quieren hacer un servicio a sus pueblos dejando el poder con dignidad. Varios decenios en el poder y el jefe del Estado acaba por transformar la repblica en monarqua. Y eso va contra el continente, que entr en la era del multipartidismo sobre un fondo de elecciones libres y transparentes y de constituciones en las que se sealan las limitaciones de los mandatos presidenciales.

Luchar contra los golpes de Estado constitucionales que han sustituido a los golpes de Estado militares

Al celebrar el final de los partidos nicos, los pueblos africanos creyeron encontrar sus esperanzas y su bienestar en la democracia pluralista donde el poder y la oposicin deban vigilarse mutuamente para la buena gobernanza de la poltica y la economa de los pases. Los pueblos africanos no viviran en esta pobreza que salta a la vista si las riquezas que abundan en el continente fueran bien administradas por sus dirigentes. Cmo se puede comprender que pases del norte que no tienen petrleo no padecen nunca la escasez de este lquido que, paradjicamente, falta en algunos momentos en pases productores como Nigeria o el Congo? La Unin africana debera interrogarse sobre esta situacin dado que existen las competencias, tanto en el mbito continental como en la dispora, para proponer soluciones. La Unin Africana debe escribir otra pgina de la historia del continente ms humana y ms democrtica que la que heredamos de la Unidad Africana, que estaba influenciada por los padres de las independencias de la vieja escuela.

Con las competencias en el continente y en la dispora, el desarrollo de frica debera basarse, en parte, en la buena voluntad de la nueva clase poltica (2). sta empieza a dar seales al poner en entredicho algunos fallos aceptados e incluso apreciados por la vieja clase. Se empieza a vislumbrar un cuestionamiento real de la poltica de la Francfrica y sus corolarios como la moneda, el Franco CFA (que curiosamente depende del euro a travs de la Banca francesa), y algunas manifestaciones imperialistas de la Francofona.

Lo sorprendente es que generalmente se presenta a los pases africanos como Estados pobres en todos los mbitos. Pases donde los ciudadanos, en general, viviran con menos de un dlar diario y en los que el modo de vida se define desde las oficinas climatizadas de los pases desarrollados. Por qu la Unin africana no llega a reflexionar sobre esta paradoja cuando en nuestros pases, a pesar de que son ricos en petrleo, bauxita, diamantes, uranio, madera, agua y sol, nuestras poblaciones estn estancadas en una pobreza vergonzosa?

La Unin Africana ha pedido a los militares que dejen de utilizar las armas para acaparar el poder a pesar de las faltas polticas explcitas de las clases dirigentes. Ahora la alternancia poltica es sinnima de batalla en las urnas. Bien. Pero ahora es necesario que la UA se imponga en el terreno de la limitacin de los mandatos presidenciales, paso obligado para conducir a los africanos a la alternancia en el poder reclamada por los pueblos. La historia poltica de los pases del Tercer Mundo nos ha revelado que el presidente de la repblica que se perpeta en el poder a menudo se convierte en un monarca embriagado de poder. Por eso es necesario recordar que los presidentes vitalicios slo conducen a la mediocridad (3).

La historia de los ltimos aos nos depar golpes de Estado constitucionales, como en Chad y Togo. El presidente Idriss Dby Itno pisote la limitacin de los mandatos impuesta por la Constitucin de su pas para presentarse a nuevas elecciones. En Togo se liquid la Constitucin por los militares fieles al difunto Eyadema, que haba transformado la repblica en una monarqua, y la intervencin del ejrcito permiti al joven Faure Gnassingb sustituir regiamente a su padre sin permiso del pueblo.

Por qu la Unin africana no expresa en voz alta lo que piensan en silencio las poblaciones africanas? Cmo puede no tener en cuenta las inquietudes que expresan las democracias tradicionales con respecto al modelo, totalmente aleatorio, de interpretacin de nuestras constituciones? Quiz la situacin de Camern, donde la Constitucin est en vas de modificarse para permitir que el presidente Paul Biya impida la alternancia, debera hacer reflexionar a la Unin Africana. A este respecto Estados Unidos, a travs de Janet Elisabeth Garvey, ha puesto en guardia a las autoridades camerunesas: la posicin de Estados Unidos est clara. Habitualmente condenamos la modificacin de la limitacin del nmero de mandatos presidenciales en otros pases (); cualquier maniobra destinada a modificar la Constitucin () podra percibirse como destinada a servir los intereses de un individuo o un grupo (4). Cmo entender que el viejo zimbabuense Robert Mugabe, con 83 aos a cuestas, todava aspire a un sexto mandato en 2008? Cmo se puede tomar en serio a la Unin Africana cuando no puede actuar contra el atropello a las constituciones, fuente de conflictos polticos en el continente? La UA no debera seguir los pasos de la OUA, que fue incapaz de condenar los golpes de Estado militares que ensangrentaron los largos aos de su existencia.

Para concluir

Kenia y Chad acaban de recordarnos que la democracia todava es dbil y aleatoria en el continente. La Unin Africana de Alpha Oumar Konar pele, mal que bien, para intentar que los jefes de Estado africanos tomasen conciencia de la capital importancia de una buena gobernanza. Actualmente vuelve el optimismo cuando observamos que el nuevo presidente de la Unin africana elegido el 1 de febrero de 2008 en Addis Abeba, el gabons Jean Ping, ya ha tendido la mano a las competencias de la dispora, como nos ha hecho saber Jean Paul Tedga, cuando afirma que el lder actual de la Unin Africana pidi el apoyo total de la dispora, a quien la UA considera, con razn, la sexta regin africana (5). Y esas competencias de la dispora deberan pedirle que reflexione sobre los verdaderos objetivos de la nueva Francfrica de Sarkozy y sobre la limitacin de los mandatos, punto esencial de nuestras constituciones. Limitacin de los mandatos que debera abrir el camino a la alternancia poltica en el continente. Limitacin de los mandatos que debe impregnar a toda la clase poltica africana y que permitira a los competidores de las mayoras en el poder, es decir, a los opositores, presentarse a las elecciones presidenciales para dar otro aire a la poltica africana caracterizada por la monotona y la desfachatez del podero de los presidentes inamovibles que pretenden morir aferrados al poder, como ocurre con los reyes desde la noche de los tiempos.

Notas

(1) Nol Kodia, La dmocratie, un luxe pour les Africains ?, Dveloppement et Coopration (D+C), n 6 de noviembre-diciembre 2002, Frankfurt.

(2) LUnion africaine freine-t-elle lunit des Africains ? , Volmenes 1 y 2, Obra colectiva bajo la direccin de Yves Ekou Amazo, Ed. Menaibuc, Pars, 2005.

(3) Observacin de un auditor durante la emisin Una semana en frica, 15 de marzo de 2008, Radio France Internationale

(4) linternationalmagazine.com, 7 de febrero de 2008.

(5) Jean Paul Tedga, Union africaine: Jean Ping demande le soutien de la diaspora, en Afrique Education, n del 1 al 15 de marzo, Pars 2008.

Original en francs: http://www.unmondelibre.org/node/399

Noel Kodia, congoleo, es doctor en Literatura Francesa por la Universidad de Pars IV-Sorbona y profesor de Literatura Francesa y Congolea en la Escuela Superior de Brazzaville. Tambin es escritor y crtico literario. Ha publicado numerosos artculos, la novela Les enfants de la guerre, Editions Menaibuc, 2005 y el ensayo Mer et criture chez Tati Loutard: de la posie la prose, Editions Connaissances et Savoirs, 2006. Adems trabaja en un Diccionario de la Literatura Congolea que incluir la novela, el cuento y una seleccin de obras desde 1954 a 2005.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter