Portada :: frica :: Kenia, la violencia que nace de la abismal desigualdad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2008

Kenya en el circo meditico

Aloia lvarez Fens
Revista Pueblos


"Hasta que los leones tengan sus propios historiadores las historias de cacera seguirn glorificando al cazador" (Proverbio africano). De Kenya, poco ms que sus leones conocamos hasta la fecha. Poco ms que lo observado en los documentales de sobremesa que nos acercan a la "vida salvaje" de este pas del Este africano. Hasta hace apenas dos meses la atencin prestada en Occidente a lo que all sucede haba sido tradicionalmente residual, como corresponde a la posicin marginal que ocupa todo el continente en la agenda de los medios de comunicacin de masas. Sin embargo, desde finales del pasado mes de diciembre este silencio meditico ha empezado a romperse y Kenya ha entrado de lleno en el circo de nuestras pantallas. Parece que la ocasin bien lo merece: los leones se pelean a muerte. Una vez ms, es el cazador, en este caso de imgenes, quien, desde una distancia prudencial, nos cuenta la historia.

Ms all de un acercamiento a los usos y costumbres de leones, jirafas, cebras y de los "simpticos" Maasai, poco es lo que nos han mostrado de Kenya hasta el momento los medios de comunicacin generalistas. Probablemente, hasta ahora, en nuestro imaginario colectivo descansaba la idea de que este pas era un lugar hermoso, tranquilo, relativamente prspero y seguro; el destino turstico por excelencia para conocer la esencia de "lo africano". Y parece que as era, hasta que el pasado 27 de diciembre se abri la caja de Pandora.

Tuvimos que esperar para verlo, pues el mismo da que se celebraban las elecciones presidenciales y parlamentarias en Kenya mora Benazir Bhutto, ex primera ministra de Pakistn, hecho que acapar convenientemente la agenda meditica occidental. El 29 de diciembre nos empiezan a llegar noticias de que ha habido un fraude electoral en un pas en el que ni siquiera sabamos que se celebraban elecciones, mientras llevamos meses obligados a estar al da de los entresijos que definen las primarias estadounidenses. Escasas lneas frente a pginas y pginas completas, desequilibrio que marca la diferencia entre lo que conviene y lo que estorba en la actual configuracin del mundo. El 31 de diciembre, por fin, Kenya se hace un pequeo hueco en nuestros medios, pequeo pero estable hasta el momento, y probablemente hasta que all siga sucediendo algo apto para el consumo occidental. Qu nos muestran?

En las calles: rostros ensangrentados, cuerpos calcinados; la desolacin en los gestos de mujeres y nios y la brutalidad encarnada en esos hombres oscuros agitando sus machetes. En los despachos, como es habitual: la racionalidad blanca llamando al orden. Estos son los dos lbumes fotogrficos del horror en Kenya, prcticamente los nicos que nuestros medios nos estn mostrando. Ms all de algn sutil buceo por la historia reciente del pas, lo que nos cuentan se resumira en unas cuantas lneas:

Tras el recuento de votos en las elecciones del pasado 27 de diciembre Mbai Kibaki, del Partido de Unidad Nacional (PNU), en el poder desde el ao 2002, se proclama vencedor ante las acusaciones de fraude electoral del lder opositor, Raila Odinga, del Movimiento Democrtico Naranja (ODM). Tanto la Comisin Electoral keniana como los observadores electorales de la Unin Europea reconocen antes o despus la existencia de irregularidades en el proceso y toda la comunidad internacional acaba volcndose en la denuncia del fraude y en un llamamiento a la necesidad de que ambos partidos encuentren una solucin negociada a la crisis. Mientras los lderes occidentales visitan el pas para tratar de poner orden en el caos, los afines a uno y otro partido se matan en las calles. Por un lado estn los kikuyu, "tribu" leal al presidente Kibaki; por el otro, los luo, afines al opositor Odinga. Asistimos, pues, al colapso de una de las "democracias ms estables" del continente africano, en el que las diferencias tnicas estn siempre en el origen de los conflictos.

"Kenya afila sus machetes", "Nueva ola de violencia tnica en Kenya", "Kenya se abisma" o "Kenya ensangrentada" son algunos de los titulares que enmarcan las noticias que en la mayor parte de los casos salen desde las redacciones de los grandes medios espaoles, no tan simplistas en algunos medios del resto de Europa y de Estados Unidos. As, parece que la violencia desatada en el pas responde a unas diferencias tnicas que han despertado de su letargo. Ocasionalmente se nos acerca un poco ms al contexto; de vez en cuando nos llega una crnica de algn periodista especializado, conocedor de otras de las dimensiones que configuran la realidad keniana, o algn que otro artculo de opinin ms cuidadoso y con un enfoque menos reduccionista. Interesa sealar que en esta pobreza informativa general no tienen tanto que ver los periodistas, acuciados por la urgencia que caracteriza su profesin, como el orden mundial de la informacin y la comunicacin vigente.

Una mirada hacia la composicin del panorama meditico mundial puede ayudarnos a entender el porqu de la esencializacin de la crisis keniana y, por extensin, de todo lo que concierne al continente africano. Tengamos en cuenta dos datos: EE UU, la Unin Europea y Japn dominan el 90 por ciento de la informacin de todo el planeta a travs de una docena de grandes conglomerados mediticos, y slo tres grandes agencias informativas (AP-EEUU, Reuters-Reino Unido y AFP-Francia) controlan la mayor parte de la informacin internacional que consumimos, tanto en el Norte como en el Sur.

Si nos centramos en el caso que nos ocupa veremos que de las en torno a 50 noticias relacionadas con la crisis aparecidas, pongamos por caso, en el diario El Pas en los dos meses posteriores a que se sta se inaugurase, casi 40 proceden directamente de agencias de prensa y pocas ms de 10 han sido elaboradas por periodistas, hasta 7 distintos, ya que el peridico no mand a Kenya a ningn enviado especial hasta el 5 de enero.

Estas limitaciones operativas conllevan inevitablemente la propagacin de una visin del mundo particular, una mirada que le resulta funcional al orden internacional vigente desde el fin de la Guerra Fra, que ha conseguido permear nuestras mentes. Teniendo en cuenta el poder que tienen sobre las conciencias los discursos difundidos por los medios de comunicacin hegemnicos, el desequilibrio mundial de los flujos informativos es el mejor aliado del imperialismo cultural ejercido desde el mundo rico hacia el mundo empobrecido. Quizs esto nos ayude a entender la arrogancia que se desprende de afirmaciones como la aparecida en un editorial del citado diario: "La dimensin tribal africana es un polvorn, pero la democracia, con todo y su duro aprendizaje, es el nico sistema que puede sacar a frica de su secular subdesarrollo poltico y econmico. En Kenia es difcil saber si ha llegado esa hora" [1]. Cambiar el enfoque

La mayor parte de los anlisis que los medios han hecho de la crisis postelectoral keniana han evitado profundizar demasiado en las races histricas que podran ayudar a entenderla en todas sus dimensiones. Una crisis institucional prolongada en un marco constitucional heredado de la colonizacin britnica, la desigual distribucin de la riqueza, la corrupcin, un marcado autoritarismo gubernamental y la absoluta centralizacin del poder, as como la instrumentalizacin de la etnicidad ejercida por la metrpolis durante el colonialismo y delegada despus en las elites kenianas son algunos de los factores que explican las convulsiones sociales que definen la Kenya de hoy. En palabras de Antony Otieno Ongayo, investigador del Transnational Institute: "los kenianos sufren bajo esas condiciones independientemente de su tribu, y por eso los que viven en los suburbios pertenecen a todas las tribus; incluso aquellas previamente marginadas por regmenes anteriores como el Luo, Luhya y otros grupos minoritarios son la mayora en estos lugares" [2].

Hasta finales del siglo XIX, cuando se hace efectiva la colonizacin britnica, poblaban el territorio de la actual Kenya distintas comunidades que definan sus lealtades no tanto en base a su etnia como en base al linaje, la edad, las ocupaciones productivas y el clientelismo. Como seala John Lonsdale, esta "interetnicidad -que no se daba sin fricciones- era facilitada por la ausencia de un poder central que organizase los grupos en relaciones jerrquicas. No podra existir una rivalidad tribal sostenida bajo esas condiciones de descentralizacin y de escasa densidad poblacional" [3]. La llegada de los britnicos y de colonos africanos de otros lugares supuso que "lo que haba sido previamente un mosaico multipolar de nodos dispersos de energa social productiva, se convirti, dentro de las nuevas fronteras de Kenya, en una pirmide compuesta por capas de riqueza y poder que dividi desigualmente al pas en dos centros claves -uno "blanco" y otro negro- y muchas periferias marginalizadas." [4]. La configuracin del territorio a partir de la colonizacin provoc que fuese la etnia kikuyu, a la que pertenece el 22 por ciento de la poblacin keniana hoy, la que se convirtiese "por un accidente geogrfico", en la ms poderosa y prspera del pas.

El "divide y vencers" propio de la colonizacin britnica se despleg de tal modo durante la ocupacin del territorio keniano que la independencia lleg acompaada, como en la mayora de los Estados postcoloniales africanos, por una permanente lucha por el poder y los recursos baada con tintes tnicos. Desde el ao 1963 el pas ha tenido tres presidentes: Jomo Kennyata, lder de la independencia (1963-1978); Daniel Arap Moi (1978-2002) y Mbai Kibaki (2002-2007), que busca extender su mandato en base al supuesto fraude electoral que ha provocado la crisis que sigue en marcha [5]. Salvando las diferencias, los tres han privilegiado de uno y otro modo a los grupos sociales a los que pertenecen que, ms all de kikuyu, kalenjin o luo, son colectivos, todos ellos, con unas necesidades bsicas que cubrir y una dignidad que defender. Evidentemente, la historia de Kenya no se cuenta, y no se debera contar, en dos prrafos... La crisis postelectoral en Kenya debera ser vista, como cualquier fenmeno relacionado con el continente africano, desde un prisma multidimensional. Occidente le debe un respeto a los africanos y africanas, y la opinin pblica occidental merece tambin ser tratada con responsabilidad.

Hace unos das el socilogo Frank Furedi escriba: "una razn por la que el actual debate sobre Kenya est tan desinformado es porque no es realmente un debate sobre Kenya" [6]. En instancias occidentales "los conflictos tienden a ser interpretados a travs de un nuevo modelo poltico que fue construido durante las convulsiones de la postguerra fra en los Balcanes y Ruanda" [7]. Este modelo interpretativo est siendo aplicado de algn modo tanto a la ms reciente crisis africana como al tambin reciente nuevo despertar convulso en territorio ex yugoslavo. Y decimos de algn modo, porque el "nuevo barbarismo" [8] desplegado por los medios de comunicacin occidentales, aplicado a cualquier interpretacin sobre las guerras africanas, aparece cada vez ms tintado de visiones economicistas que, si bien agregan algo de informacin no dejan de ver a los africanos como marionetas, oscilando entre la encarnacin del "buen salvaje" y la de un sanguinario homo economicus.

Las alternativas a este modelo interpretativo no vendrn tan slo de un cambio en la agenda meditica, pero tambin. En palabras del escritor nigeriano Chuma Nwokolo: "mejor que eliminar los antiguos caracteres, lenguajes y culturas de nuestras naciones tnicas, yo eliminara las fronteras kenianas, nigerianas, sudafricanas e insertara a sus naciones y gentes en su verdadero envoltorio geogrfico" [9]... Y despus quizs, en algn momento, los leones puedan a empezar a contar sus propias historias.

Notas:

[1] Editorial: "Kenia en llamas", El Pas, 2/01/2008.

[2] Otieno Ongayo, Anthony: "The Kenya case and media bias", en Pambazuka News, 22/01/2008.

[3] Lonsdale, John: "Kenya: Ethnicity, tribe and state", en Open Democracy (22/01/2008) y traducido y reproducido en Pueblos, 07/02/2008.

[4] Ibidem.

[5] El 28 de febrero pasado se lograba, por fin, cerrar un acuerdo entre ambos partidos para compartir el poder.

[6] Furedi, Frank: "Kenya is not the new Rwanda", en www.spiked-online.com (08/01/2008).

[7] Ibidem.

[8] Ver Duffield, Mark (2004): Las nuevas guerras en el mundo global, Madrid, Los Libros de la Catarata.

[9] Nwokolo, Chuma; en Barya, Mildred: "African Writers speak out on Kenya", Pambazuka News, 22/01/2008.



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