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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2008

No nos cuentan ni la mitad de la historia
Las batallas de Basora

Ramzy Baroud
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


En todo lo que a Iraq concierne, parece como si los periodistas actuaran intentando omitir o fabricar noticias.

Las ltimas batallas en Basora, la segunda ciudad ms grande de Iraq y su vital puerto petrolfero, proporcionaron abundantes ejemplos de las prcticas manipuladoras y falaces del periodismo dominante actual. Una tctica comnmente utilizada es describir los sucesos utilizando bien una terminologa oficial o bien la propia de uno, lo que lleva a confundir deliberadamente al lector al no proporcionarle indicios o anlisis reales sobre lo que sucede en el momento actual.

A pesar del resultado de los combates que comenzaron con la llegada del ejrcito iraqu a Basora el 24 de marzo, y que result un desastre para el Primer Ministro Nuri Al-Maliki, se nos ha informado repetidamente a partir de supuestos en gran medida cuestionables. El ms destacado de todos propugna que el instigador y radical Muqtada Al-Sadr lder del Movimiento Chi Sadr que cuenta con millones de seguidores- estaba al frente de un grupo de renegados matones y criminales que se dedicaban a aterrorizar a la estratgicamente importante ciudad. Naturalmente, la descripcin de Al-Maliki era exactamente la contraria de Al-Sadr. Cuando aqul descendi hasta Basora con sus legiones de 40.000 soldados bien equipadas y entrenadas por EEUU, se nos dijo de forma no muy directa que ese largamente esperado movimiento era digno de celebrarse. Los medios tambin sugirieron que no haba razn para dudar de las intenciones de Al-Maliki cuando prometi restaurar la ley y el orden y limpiar la ciudad, ni cuestionar su determinacin cuando describi la cruzada de Basora como un combate hasta el final. Si alguien no estaba muy seguro an de los nobles objetivos de Al-Maliki, ah estaba la administracin Bush asegurndole verbalmente de nuevo sus repetidos apoyos, uno de los cuales describa la batalla de Basora como un momento decisivo.

Efectivamente.

Los periodistas repitieron esas aseveraciones sin analizar mucho. Incluso los periodistas habitualmente minuciosos parecan ignorar hechos sabidos: que el ejrcito iraqu est en gran medida integrado por milicias chies afiliadas al aliado ms importante de EEUU en Iraq: Abdul-Aziz Al-Hakim y su Consejo Islmico Supremo para la Revolucin Islmica en Iraq (SCIRI, en sus siglas en ingls); que las milicias de Al-Badr del SCIRI han llevado durante aos el terror al pueblo iraqu mayoritariamente a sunnes pero tambin, y cada vez ms, a chies-; que el movimiento Sadr y el SCIRI estn inmersos en una lucha feroz por el control de las provincias del sur de Iraq; y que los aliados de EEUU podran estar perdiendo rpidamente terreno ante el Movimiento Sadr, lo que podra llegar a costarles las prximas elecciones provinciales fijadas para el 1 de octubre de 2008; que EEUU querra ver la derrota y desaparicin de los seguidores de Sadr antes de esa fecha crucial, porque una victoria de Sadr es equivalente al colapso del proyecto entero estadounidense, que se basa en la necesidad de privatizar el petrleo iraqu y provocar una particin suave del pas.

Al-Hakim est presionando para conseguir lo que se viene denominando como gran provincia chi, que tendra su centro en Basora; Sadr est exigiendo un Iraq unificado con un gobierno central fuerte. Al Hakim desea ver una presencia estadounidense permanente en el pas; Sadr insiste en un calendario corto de retirada. El mayor dilema para EEUU es que Sadr refleja el punto de vista de la mayora de los iraques. Su posible victoria en el sur en unas elecciones que fueran justas podra posicionarle ante los iraques como nuevo lder nacionalista y como fuerza unificadora.

Lo que apenas se nos dice es que Al-Maliki, aunque es el Primer Ministro, est indefenso sin la validacin de Al-Hakim. El SCIRI de este ltimo es el partido principal del bloque gobernante en el parlamento iraqu. El propio Partido Dawa de Al-Maliki es ms pequeo y mucho menos popular. Para que la coalicin sobreviva otro perodo, Sadr tiene que sufrir una importante y humillante derrota. Efectivamente, era un momento decisivo, pero las bandas crminales de Basora y las de Nayaf, Kerbala, Diwaniya, Kut y Hilla- han demostrado ser mucho ms fuertes que las aparentemente legtimas fuerzas de seguridad iraques (ISF, siglas en ingls) y sus milicias Al-Badr. Incluso los atroces bombardeos estadounidenses de Basora probaron ser de poco valor, a pesar de las muertes de muchos civiles. Adems, los miles de nuevos reclutas empujados al campo de batalla pistoleros tribales atrados por Al-Maliki con promesas de dinero y poder- tampoco aportaron mucho. Los analistas de noticias concluyeron que se haba subestimado la fuerza de las bandas criminales; pero haba que echarle la culpa a alguien.

Primero, Al-Maliki fue culpado por actuar solo sin consultar con el gobierno de EEUU. Incluso el candidato presidencial John McCain aprovech la oportunidad para regaar al hombre de Bush en Iraq por actuar supuestamente en su propio beneficio. El 3 de abril, el New York Times cit al Embajador estadounidense en Iraq, Ryan C. Crocker, diciendo esta frase: La idea que tenamos era que este objetivo supondra un esfuerzo a largo plazo: al aumentar las presiones se ira gradualmente excluyendo a los Grupos Especiales. De verdad? Es que iban a permitir los EEUU que Al-Maliki llevara a cabo un esfuerzo a largo plazo que es costoso financiera, poltica y militarmente- sin su total consentimiento, cuando no rdenes?

Segundo, la culpa se fue desplazando hasta llegar a Irn. Los medios repitieron las acusaciones de nuevo con omisiones palpables. Es verdad que Sadr est apoyado por Irn. Pero es parcialmente verdad que est sirviendo a una agenda iran. Pero lo que se olvida, muy convenientemente, es que el aliado ms fuerte de Irn en Iraq es el SCIRI de Al-Hakim, y que el gobierno central en Bagdad considera a Tehern como un amigo y aliado. Efectivamente, fueron las presiones de Tehern las que debilitaron la determinacin de Al-Maliki en cuestin de das. El 24 de marzo, Al-Maliki anunci que su lucha haba llegado a su fin, y el 4 de abril acab con los combates y anunci compensaciones para las familias de los mrtires. Lo que sucedi en ese corto intervalo de tiempo fue que se lleg a un acuerdo en el que Irn hizo de intermediario.

Naturalmente que informaciones sesgadas llevan a conclusiones distorsionadas. Pero la leccin aprendida aqu no es que el ejrcito iraqu necesite ms entrenamiento y financiacin, lo que implicara que EEUU y otras fuerzas prolongaran su estancia en el pas. Lo que se ha aprendido es lo siguiente: que el flujo de la marea en Iraq ha cambiado de forma tan veloz, que el nuevo enemigo es ahora mayoritariamente chi y la visin que tiene ese enemigo es la de un Iraq unificado y libre que controle sus propios recursos; que la influencia de Irn en Iraq se ha metamorfoseado hasta el punto de garantizar una situacin en la que todos salen ganando, mientras EEUU sigue jugando con cartas mucho ms bajas; que la capacidad armamentstica estadounidense ha probado ser menos efectiva que nunca y que las prximas elecciones podran crear un escenario de pesadilla cuyas consecuencias podran eliminar la etiqueta sectaria de la violencia iraqu y reemplazarla por otra de corte nacionalista.

Los periodistas pueden ser colaboracionistas, incompetentes y repetir como loros los relatos oficiales. A pesar de todo ello, y sin que importe cmo deseen denominarla, probablemente la batalla de Basora cambiar en aos venideros la naturaleza de la lucha estadounidense en Iraq.

Ramzy Baroud ensea comunicacin de masas en la Universidad Curtin de Tecnologa y es autor de The Second Palestinian Intifada: A Chronicle of a Peoples Struggle. Es tambin co-editor jefe de PalestineChronicle.com. Puede contactarse con l en: [email protected]

Enlace con texto original en ingls:

http://www.counterpunch.org/baroud04122008.html



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