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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2008

La hipocresa de Benedicto XVI y el silencio cmplice de los medios
Ratzinger orden silenciar los abusos a menores bajo amenaza de excomunin

C. Venaya
Canarias-semanal.com


No resulta difcil imaginar la rabia que deben haber sentido las vctimas de los abusos sexuales cometidos por curas catlicos, tras escuchar las declaraciones efectuadas por Benedicto XVI con motivo de su viaje a los EE.UU. Segn recogi con grandes titulares la prensa internacional, Joseph Ratzinger lleg a Washington - donde le esperaba George W. Bush - con un "mensaje de disculpas por los abusos sexuales contra menores perpetrados por algunos sacerdotes en este pas". Con este impreciso adjetivo, oportunamente seleccionado, Ratzinger se estaba refiriendo a los ms de 4.300 curas que - segn un informe publicado recientemente - estuvieron implicados en Estados Unidos en este tipo de delitos, desde la dcada de los 50.

En los EE.UU., como en Irlanda o Canad, un enorme nmero de casos de pederastia comenz a salir a la luz en el 2002, dando lugar a una serie de escndalos mediticos y sentencias por las que la Iglesia se ha visto obligada a pagar millonarias indemnizaciones a las vctimas. stas son mayoritariamente varones, y en muchos casos nios impberes en la poca en la que sufrieron vejaciones sexuales de todo tipo. Por supuesto estos pases no son los nicos en los que se han producido tales abusos en escuelas dirigidas por rdenes eclesiales catlicas. En Espaa, sin ir ms lejos, donde el control de la escuela por parte de la Iglesia fue absoluto durante ms de cuatro dcadas, no es difcil escuchar a antiguos alumnos de estos centros relatar cmo sufrieron tocamientos u otras agresiones sexuales. Pero aqu, como en Italia, el poder que todava ejerce la Iglesia Catlica sobre las instituciones ha hecho que un frreo silencio amordace una historia que algn da, sin duda, tendr que ser contada.

Mientras volaba hacia los Estados Unidos, Benedicto XVI declar, con la naturalidad de quien pretende fingir inocencia, que los escndalos de pederastia fueron "una vergenza que no se debe repetir". Segn manifest el cabeza de la Iglesia romana, los casos referidos haban supuesto "un gran sufrimiento para EE.UU., para la Iglesia y para m, personalmente". "No comprendo cmo esto pudo suceder", agreg con aparente pesar Ratzinger a los periodistas que le acompaaron en el avin.

La realidad, sin embargo, es otra bien diferente. Joseph Ratzinger es consciente de que durante aos miles de pederastas fueron encubiertos y protegidos de la accin de la Justicia por las supremas jerarquas de la Iglesia. Esta complicidad de sus superiores, el sistemtico encubrimiento por parte de la Jerarqua de los curas pederastas, permiti que stos continuaran abusando impunemente de varias generaciones de nios y adolescentes, tanto norteamericanos como irlandeses. Para evitar el escndalo, la Iglesia utilizaba el procedimiento de enviar a los pederastas denunciados a otros destinos donde nuevos menores volvan a sufrir los abusos de los clrigos viciosos. Existen numerosas sentencias judiciales y documentos que prueban lo que afirmamos. Slo a modo de ejemplo ilustrativo se puede mencionar el caso de Bernard Law, arzobispo de Boston, que tuvo que dimitir en el ao 2002, despus de que cientos de casos de delitos sexuales que l haba ocultado saltaran a los titulares de la prensa. De manera similar actuaron el arzobispo de la dicesis de San Juan de Terranova (Canada), Alphonsus Penney y el de Cardiff (Irlanda), John Aloysius Ward, entre otros muchos dignatarios de la Iglesia de Roma.

La "ley del silencio" en casos de este tipo ha sido siempre una norma en la Iglesia Catlica. Pero en las incidencias concretas que se produjeron en los Estados Unidos los encubridores no actuaron por cuenta propia. Fue el mismsimo Benedicto XVI - entonces prefecto de la Congregacin para la Doctrina de la Fe - quien orden silenciar los abusos a menores. En una carta recuperada por el semanario The Observer y fechada en mayo de 2001, Joseph Ratzinger ordenaba a todos los obispos que dispusieran las medidas necesarias para mantener en total secreto las investigaciones que involucraban a sacerdotes en este tipo de prcticas deleznables.

Quien hoy est al frente de la Iglesia Catlica e imparte doctrina moral urbi et orbi - condenando o salvando con el respaldo del Espritu Santo - exiga a su subordinados que ocultaran los casos de pederastia a la justicia ordinaria. En la aludida misiva, Ratzinger reclamaba para la Iglesia la jurisdiccin de este tipo de delitos "perpetrados por un clrigo contra un menor". "Casos de estas caractersticas son materia de secreto pontificio" - escriba Joseph Ratzinger de su puo y letra - advirtiendo que quien rompiera ese secreto durante el plazo de 10 aos sera castigado y "posiblemente sufrira la excomunin". La orden del cardenal fue acatada con la obediencia que corresponde a la religiosidad de su grey. Pero esta complicidad con los delincuentes no pudo impedir que los abusos sexuales rompieran la penumbra con la que Ratzinger intent envolverlos y la verdad termin abrindose camino.

Hoy, transcurridos algunos aos desde que aquel severo custodio de la Doctrina de la Fe pretendiera impedir que sus sacerdotes comparecieran ante la "justicia de los hombres", Joseph Ratzinger intenta borrar sus responsabilidades afirmando que "tenemos que hacer todo lo posible para que estos abusos no vuelvan a suceder". Resulta significativo, no obstante, que Ratzinger no haya manifestado explcitamente en los EE.UU. la disposicin del Vaticano a colaborar con los tribunales que continan investigando los delitos de pederastia cometidos por sacerdotes en este pas. Sucede que, pese a la gran ceremonia meditica que el papa Benedicto ha protagonizado junto a Bush estos das en la capital del Imperio, con la colaboracin siempre sumisa de los grandes medios de comunicacin, la Iglesia catlica contina protegiendo con santa obstinacin tridentina a sus pederastas. Algunos de ellos, reclamados judicialmente en los EE.UU., siguen encontrando hoy un confortable cobijo tras las verjas del Vaticano. Dirase que, en el fondo, la Iglesia de Roma no ha acabado de asumir la culpabilidad de muchos de sus numerosos pastores perversos. Y es que, al fin y al cabo, "hay tantos menores que estn de acuerdo con los abusos y que, incluso, si te descuidas te provocan". O no fue eso lo que dijo el Obispo de Tenerife, don Bernardo lvarez?



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