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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2008

La naturaleza no es muda

Eduardo Galeano
Brecha


El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.

Y mientras todo esto ocurre, un pas latinoamericano, Ecuador, est discutiendo una nueva Constitucin. Y en esa Constitucin se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos hacindonos los sordos. Y quizs hasta Dios escuche la llamada que suena desde este pas andino, y agregue el undcimo mandamiento que se le haba olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sina: Amars a la naturaleza, de la que formas parte.

Un objeto que quiere ser sujeto

Durante miles de aos, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.

En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante ms que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.

Y la naturaleza? En cierto modo, se podra decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.

Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurdicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las vctimas humanas quienes pueden exigir una indemnizacin ms o menos simblica, y eso siempre despus de que el dao se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.

Suena raro, no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo ms normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendi los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoci los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresin, a la privacidad y a todo lo dems, como si las empresas respiraran. Ms de 120 aos han pasado y as sigue siendo. A nadie le llama la atencin.

Gritos y susurros

Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitucin de Ecuador.

Este pas ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante ms de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomit impunemente 18 mil millones de galones de veneno sobre tierras, ros y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebr matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller haba pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Despus un oleoducto traslad a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.

Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la nica fuente de inspiracin de esta gran novedad jurdica que se intenta llevar adelante. Adems, y no es lo de menos, la reivindicacin de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperacin de las ms antiguas tradiciones de Ecuador y de Amrica toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armona entre nosotros y armona con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, ms all de nosotros.

Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda Amrica, contina mutilando la realidad y la memoria. Y no son slo el patrimonio de su numerosa poblacin indgena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibicin y desprecio. Pertenecen a todo el pas, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro aposible.

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castig la adoracin de la naturaleza, que era pecado de idolatra, con penas de azote, horca o fuego. La comunin entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y despus en nombre de la civilizacin. En toda Amrica, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.



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