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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2008

El proceso electoral en EEUU:
Hacia donde nos llevaran los vientos de cambio?

William I. Robinson
Alai-amlatina


El siguiente presidente de EE.UU. heredar una crisis en el sistema de capitalismo global que difcilmente podr enfrentar sin algn cambio de rumbo en las polticas norteamericanas. Los aos del rgimen de Bush han dejado un saldo tan elevando en cuanto al deterioro del tejido social y poltico a lo interno de EE.UU., y de credibilidad a nivel internacional, que es difcil imaginar cmo el siguiente mandatario podr asumir la cuenta.

La actual crisis del sistema global tiene tres dimensiones sobresalientes y entrelazadas en cuanto a los lineamientos norteamericanos. Primero, son las tendencias recesivas en la economa global generadas por la sobre acumulacin de capitales y las desenfrenada especulacin financiera transnacional. Segundo, es la crisis de legitimidad y autoridad poltica de los estados neo-liberales producto de la imposibilidad de responder a los problemas cada vez mas agudos de las clases populares, y como consecuencia lo que podramos considerar como la acelerada erosin de hegemona, concebida, en el sentido gramsciano, como la capacidad de la estructura global de poder de reproducir su dominacin. Y tercero, es la creciente militarizacin, impulsada por el Estado norteamericano, de la economa y sociedad global y de las relaciones internacionales.

Los EE.UU. y la sociedad global estn en una encrucijada. El papel hegemnico de los EE.UU. implica que los resultados de su proceso electoral redundarn fuertemente en el devenir de la crisis global. El espectro del fascismo global del siglo XXI ha comenzado a perfilarse con el rgimen de Bush y los llamados neo-conservadores.

Cules son los rasgos de este incipiente proyecto? Entre otros podemos destacar:

La fusin del capital transnacional con el poder poltico reaccionario;
La extensin de ideologas reaccionarias que arrastran a ciertos sectores sociales, como es por ejemplo, el fundamentalismo evanglico (Bush en su campaa de reeleccin de 2004: El Dios quiere que yo sea presidente);
La creacin de un chivo expiatorio para la movilizacin de una base social fascista entre la clase trabajadora, este chivo expiatorio siendo en la actualidad los inmigrantes;
El fraude electoral y la erosin del orden constitucional;
El uso cada vez ms frecuente de medidas represivas contra la disidencia dentro de EE.UU., ahora bajo el manto del anti-terrorismo, y la militarizacin de la poltica exterior con escaladas intervencionistas.

Frente a este escenario, cmo podemos analizar el proceso electoral norteamericano, y que podramos esperar de un presidente Republicano o Demcrata? Vale preguntar si este sea quien fuera, podr mantener el conjunto de las polticas que imperan desde la llegada de poder de Bush en 2000?, o mas bien, el conjunto de las polticas en pro- de la globalizacin capitalista que se remontan a los anos 80 y que han sido promovidas e implementadas por ambos partidos, a pesar de las diferencias partidarias (que al final de la cuenta son de matiz en cuanto a la promocin del capitalismo global, de estrategia y no de esencia)?

El senador y virtual candidato Republicano John McCain, si bien es un poltico mas inteligente que el actual residente de la Casa Blanca, no escatimar esfuerzos en mantener y escalar las polticas guerreristas del rgimen de Bush, incluyendo, entre otros aspectos, una prolongacin de la ocupacin de Iraq, una mayor agresividad hacia Irn, el apoyo incondicional a Israel, y un mayor intervencionismo en la zona Andina de Sud-Amrica a fin de desestabilizar a Venezuela y reforzar el rgimen colombiano como ncleo y plataforma de la contrarrevolucin regional. McCain propondra tambin incrementar el elevado presupuesto militar norteamericano que rebasa ya los $500 mil millones de dlares con el doble objetivo de reforzar la capacidad intervencionista norteamericana y fomentar la acumulacin de capital transnacional mediante los gastos militares (keynesianismo militar).

Pero estas polticas guerreristas acarrean los ya conocidos riesgos no solo para la humanidad sino para los mismos grupos dominantes norteamericanos y la elite transnacional. Entre estos riesgos figuran la imposibilidad de EE.UU. de lograr triunfos militares y el rechazo que el intervencionismo norteamericano genera en el mbito de la opinin publica internacional, y por ende la erosin de la autoridad norteamericana y el resultante deterioro de la capacidad de Washington de dictar el acontecer mundial.

Vale aqu destacar las consecuencias internas en EE.UU. de la militarizacin y el intervencionismo. Los gigantescos gastos militares vienen aportando enormemente al declive de la condiciones sociales de la clase obrera norteamericana y el conjunto de dificultades que enfrenta la clase media, incluyendo la crisis de los sistemas de salud y educacin, el decaimiento de la infraestructura, el debacle del mercado hipotecario, el desempleo e inseguridad laboral, la acelerada inflacin, sobre todo de los precios de los combustible y alimentos, el deterioro de los salarios y el alarmante ensanchamiento de las desigualdades sociales.

La poltica econmica que propone McCain es, en esencia, una continuacin de las conocidas polticas perseguidas por los gobiernos norteamericanos desde los anos 80, como son el neo-liberalismo y el llamado libre comercio a nivel global, junto con el paulatino ajuste estructural interno, todas en funcin de la acumulacin desenfrenada de capitales transnacionales liberados del marco regulatorio del estado nacin y de proyectos de predistribucin en esta poca de la globalizacin. Pero hay que estar claro: las polticas econmicas propuestas por los dos pre-candidatos demcratas no variaran tampoco en cuanto a la promocin y la ampliacin del capitalismo global mediante el libre comercio y la defensa de los intereses del capital transnacional.

El resurgimiento de los demcratas, luego de ocho anos de Bushismo, responde en gran parte al rechazo de amplia mayora de la poblacin norteamericana a las polticas de Bush, sobre todo a la guerra contra Iraq y el estado cada vez ms precario de la economa norteamericana y global. Pero los grupos dominantes tambin perciben la necesidad de emprender un proceso de la relegitimizacin de EE.UU. en la rbita internacional luego que su credibilidad haya deteriorado tanto por la descarada ignorancia de Bush del derecho internacional y de los procesos consensuales con los tradicionales aliados norteamericanos, as como por la temeridad de sus polticas ya que las mismas terminan generando demasiado inestabilidad y por ende atentan contra los intereses de la elite transnacional. Sencillamente, las polticas de Bush eran tan desastrosas que ha surgido un consenso entre importantes sectores de la elite misma de la urgencia de nuevos aires que pudieran sanear el malestar e ir reparando el dao a los mismos intereses norteamericanos.

Esta relegitimacin de EE.UU. como potencia hegemnica es objetivo estratgico de ambos candidatos demcratas y sus partidarios entre la clase poltica. Pero los pre-candidatos demcratas responden a bases sociales y coaliciones polticas multi-clasistas dentro de EE.UU. distintas a los republicanos. Proponen para sus polticas internas una cuota de redistribucin de ingresos mediante la restauracin de algunos gastos sociales recortados por los republicanos, financiados por la restauracin de ciertos impuestos sobre el capital y las capas de altos ingresos que levant el gobierno de Bush. Abogan tambin por polticas sociales ms progresistas, por ejemplo, en cuanto al derecho al aborto, los derechos de las mujeres, las minoras tnicas/raciales, etc. Pero es difcil imaginar que el discurso populista que ambos pre-candidatos enarbolan contra los estragos de las corporaciones transnacionales se traduce, una vez que asumieran el poder, en polticas concretas que disminuyan el poder del capital y las prerrogativas que el capital ha conquistado en estas ultimas dcadas de la globalizacin frente a las clases populares dentro de fuera de EE.UU..

Hilary Clinton ms que Barack Obama est estrechamente ligada con las grandes corporaciones transnacionales. Ella era miembro de la junta directiva de Walmart, ha sido (junto con su marido) consejera legal y poltica para numerosas compaas, y los Clintons son insiders en Wall Street, para no decir Washington, o sea, se ubica dentro del mero ncleo del podero de capital financiero transnacional. Es una poltica oportunista, muy astuta, con arraigue en la maquinaria tradicional del partido Demcrata.

Qu podramos esperar de la poltica exterior de una Presidenta Clinton? Como ya mencion arriba, su poltica econmica internacional sera muy parecida, de hecho, a ambos Bush y a la administracin de su marido, es decir, polticas destinadas a promover el libre comercio y los intereses de las grandes compaas transnacionales. Es dudoso que Clinton refrene mucho el intervencionismo norteamericano, ni se debe esperar que ella revierta la militarizacin de la poltica exterior norteamericana. Su plan para Iraq no contempla el fin a la ocupacin, no obstante su retrica, sino la reduccin del nmero de tropas norteamericanas asentadas en el pas, reemplazndolas por tropas iraqu y estableciendo una permanente presencia militar norteamericana en ese traumatizado pas en concepto de bases, entrenadores, asesores, y fuerzas de despliegue rpido.

En que se distinguira entonces la poltica exterior de un gobierno Demcrata del actual rgimen Bushista? Tanto Clinton como Obama buscaran sanear las relaciones entre EE.UU. y sus aliados resucitando el multilateralismo y la bsqueda de consultas, consenso, y acciones concertadas entre los principales poderes capitalistas. Pero polticas ms blandas relativa a las de Bush estaran dirigidas en todo momento al objetivo de corregir la temeridad e imprudencia de estas ltimas, ya que le han salido por la culata para EE.UU., tendientes a desestabilizar al mismo sistema global.

A la vez, un/a Presidente/a Clinton u Obama estara mas sensible a los llamados que han hecho en anos recientes sectores mas astutos de la elite transnacional como, por ej., Joseph Stiglitz, George Soros, o Jeffrey Sacks de buscar mecanismos concertados a nivel internacional para regular los mercados financieros globales y apaciguar -amortiguar as la volatilidad de la economa global.

Por su parte, el carismtico Obama ha tomado por asalto al establishment poltico. Su mensaje de cambio es resonante con el sentir de muchos votantes. Obama es un outsider, un poltico genuinamente progresista que desea reconstruir un proyecto de justicia y bienestar social. Pero no es en el absoluto un revolucionario que propone desafiar al sistema capitalista y sus estructuras de poder. No representa una opcin contra-hegemnica. Como ya mencione, su poltica econmica internacional descansara sobre la misma globalizacin capitalista de los Bush y los Clinton.

Obama representa una opcin atractiva para aquellos sectores liberales de la elite que desean relegitimizar y revigorizar el sistema norteamericano luego del malestar que dej los aos de Bush. Cabe recordar que Jimmy Carter jug este papel en las elecciones norteamericanas de 1976, luego que el escndalo de Watergate y la guerra estadounidense contra Vietnam dejaron en el suelo, en esa poca, a la credibilidad del sistema.

El equipo de asesores que rodean a Obama indica que el mainstream del partido Demcrata ya lo tiene con correa. En su poltica exterior cuenta con decenas de asesores con amplia experiencia en anteriores gobiernos, sobre todo de Bill Clinton, o que provienen del mundo del capital transnacional. Entre los principales asesores en poltica exterior, por ejemplo, figuran Anthony Lake, el primer asesor de seguridad nacional de Clinton, y Susan Rice, un subsecretario de estado bajo Clinton y afiche de Madeleine Albright. En cuanto a su poltica econmica, uno de sus asesores principales es Michael Froman, un ejecutivo de Citigroup y ex-jefe del despacho del Secretario de la Tesorera de Clinton, Robert Rubin. Sus asesores para la poltica de seguridad nacional incluyen: Sarah Sewall, profesor de la Universidad de Harvard y ex-funcionario del Pentgono durante la administracin Clinton; Richad Danzig, el Secretario de la Marina de Clinton; Gregory Craig, director de planificacin poltica del Departamento de Estado bajo Clinton.

La importancia del fenmeno Obamamania no radica en el programa que el propone ni en las probables polticas internas e internacionales que resultaran de su eleccin. Es que el desbordado entusiasmo generado por la campaa de Obama entre los negros y otras minoras, los jvenes, algunos sectores de los obreros, capas medias y otros sectores populares, liberales, e izquierdistas, muy difcilmente podr ser controlado por una administracin Obama. Las movilizaciones populares que su campaa est generando subraya el grado de disgusto y rechazo entre estos sectores del rumbo de Estados Unidos, de la corrupcin y codicia corporativa, la polarizacin social y chinsimo de los anos de Bushismo.

Esta movilizacin es algo novedoso y conducente a una re-politizacin de la vida entre la poblacin norteamericana poblacin tpicamente adormecida por los mecanismos de la hegemona como el consumismo y la cultura de Hollywood, para no decir aptica por el cinismo y la banalidad del proceso poltico y manipulable por los medios de comunicacin corporativos. Es muy difcil imaginar que una administracin Obama podr satisfacer las enormes expectativas despertadas. Por eso, estamos, al parecer, ante las puertas de un periodo interesante y, valdra decir, esperanzador para las clases populares y los planteamientos alternativos.

Los equipos de McCain y de Clinton ya estn bien volcados en el esfuerzo de aprovechar de cualquier error que pudiera cometer Obama, o de excavar chismes irrecusables para avivar, sacndolos, y arrebatar as el apoyo popular para Obama. En varias ocasiones, los grandes medios de comunicacin ya se han prestado al juego. Basta mencionar: la supuesta apariencia de Obama en Kenya hace unos aos en vestimenta musulmana; un alegado amoro extra-matrimonial que result ser falso; el argumento de que es anti-blanco y racista por los sermones del reverendo de su iglesia en Chicago, Jeremiah Wright; el escndalo que intentaron suscitar por los comentarios de Obama sobre el resentimiento de los pobladores en las zonas rurales de Estados Unidos. Estos ataques se intensificarn en la medida en que se desenvuelva el proceso electoral.

Hay que destacar, por ltimo, que el fenmeno de Obama tiene importantsimas dimensiones simblicas. Histricamente, la hegemona interna en EE.UU. descansa sobre la construccin de una identidad cultural-racial - el arquetipo del blanco anglo-sajn, individualista, robusto y machista, capitalista y xenofbico, y con un conjunto de valores, actitudes, y creencias expresados en la doctrina del destino manifiesto. Esta prepotencia cultural constituye una importante sub-estrategia ideolgica del imperio norteamericano. No se puede menospreciar la dimensin racista de esta identidad dominante: son excluidos los negros, los latinos, los chinos, los filipinos, etctera, es decir, el bloque hegemnico siempre ha sido un bloque racializado y racista.

Los antecedentes de Obama negro, bicultural, de un padre inmigrante de Kenya, criado en los barrios populares de Chicago, etc. atentan contra los cimientos ideolgicos-culturales de la nacin gringa. Una contrarrevolucin preventiva contra el fenmeno de Obama ya se perfila; contrarrevolucin que apelar a los peores instintos racistas de los votantes blancos y se compaginara con un proyecto de fascismo del siglo XXI. Soplan los vientos de cambio, pero hacia dnde nos llevan estos vientos?


- William I. Robinson, profesor de Sociologa, Universidad de California en Santa Brbara


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