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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2008

Una nueva lucha comienza en Iraq
Cisma chi

Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens



La antigua guerra era primordialmente entre la comunidad sun que combata contra la ocupacin estadounidense y un gobierno iraqu dominado por los chies en alianza con los kurdos. Ese conflicto no ha terminado. Pero es probable que las batallas ms importantes que sern libradas en Iraq este ao tengan lugar en la comunidad chi. Enfrentan al gobierno iraqu respaldado por EE.UU. a los partidarios del clrigo radical Mqtada al-Sder, quien representa a las masas chies empobrecidas de Iraq. Los chies forman la mayora en Iraq y los sderistas son la mayora de esa mayora, me dijo un antiguo ministro chi. Componen hasta entre un 30 y un 40 por ciento de la poblacin total de Iraq. La poblacin de Iraq es de 27 millones: y basndose en el clculo de ese ex ministro, hasta diez millones de ellos apoyan a Mqtada.

El resultado de la subestimacin del poder de combate y del apoyo popular de los sderistas fue demostrado a fines de marzo en la batalla por Basora, que fue inesperadamente lanzada por Nouri al-Maliki con su repentino anuncio de que iba a terminar con el control de la milicia en la ciudad, la segunda por su tamao de Iraq. Abandon la Zona Verde en Bagdad para tomar el comando, provocando referencias burlescas entre los polticos iraques al general Maliki. Exigi que los milicianos entregaran sus armas en tres das y que prometieran que rechazaran la violencia para siempre; amenaz con aplastarlos si no lo hacan. George Bush habl de un momento definidor para el nuevo Iraq.

Por una vez, Bush puede tener razn; aunque, como cuando se par bajo la triunfal consigna Misin Cumplida en 2003, puede ser que no comprenda la seriedad de la lucha en la que se est metiendo. La comunidad chi se est dividiendo despus de cinco aos de solidaridad. Es una divisin no slo entre el gobierno y las milicias, sino entre ricos y pobres. Los principales partidarios de Maliki su propio partido Dawa tiene una base pequea son el Consejo Supremo Islmico de Iraq (CSII) y su milicia Badr. El CSII tiene su apoyo sobre todo en el clero chi establecido, los comerciantes y la clase media chi. Pero desde que el CSII fue fundado en Irn en 1982 en una temprana etapa de la guerra Iraq-Irn, el partido siempre ha carecido de apoyo popular. Logr una desagradable reputacin por interrogar y torturar a prisioneros iraques: lo que no impidi que se convirtiera en un firme aliado de la ocupacin de EE.UU. despus de la cada de Sadam Husein.

Mqtada ha tratado hace tiempo de evitar una confrontacin militar generalizada con sus rivales chies mientras sigan teniendo el apoyo de EE.UU. El 7 de abril lleg a decir que disolvera el Ejrcito del Mahdi si el ayatol Ali al-Sistani y otros destacados clrigos chies en Irn le pedan que lo hiciera. Esta promesa significa menos de lo que parece. Es bastante fcil que las milicias iraques se desbanden, tomen con ellas sus armas, y vuelvan a reunirse a la maana siguiente.

El nuevo conflicto tiene otro aspecto: tambin es una lucha por encargo entre EE.UU. e Irn. Esto ha estado sucediendo desde el da mismo de la invasin estadounidense. Pero, a pesar de todos los intentos de Washington de probar lo contrario, la insurgencia sun fue apoyada primordialmente por los Estados rabes sunes al oeste de Iraq. Los sderistas se han mostrado tradicionalmente muy sospechosos de los iranes. Desde el comienzo, Mqtada fue el nico lder chi que siempre se opuso a la ocupacin de EE.UU. Sus milicianos libraron dos feroces batallas con marines de EE.UU. por la ciudad santa chi de Nayaf en abril y agosto de 2004. Sufrieron fuertes bajas, pero sobrevivieron; y Mqtada se hizo polticamente ms fuerte. Dijo en pblico que estaba pasando de la resistencia militar a la poltica. Pero, al enfrentar a EE.UU., se ve obligado a considerar el apoyo poltico y limitar iran. Los iranes no se pueden permitir que Mqtada sea eliminado o seriamente debilitado, dice Ghassan Attiyah, politlogo iraqu. En la batalla de Irn con EE.UU. por la influencia sobre los chies iraques, Mqtada juega un papel demasiado importante como para que Irn contemple como es aplastado.

Desde el punto de vista poltico es ms fcil vender en EE.UU. la confrontacin, o incluso la guerra con Irn, que el apoyo a la continua guerra dentro de Iraq. El Partido Demcrata podr querer el retiro de las tropas de Iraq, pero sus lderes tratan de sobrepasarse los unos a los otros en la condena de Irn. El general David Petraeus, comandante de EE.UU. en Iraq, ha estado culpando a Irn como la mano oculta tras los

ltimos combates en Bagdad y Basora. Hizo lo mismo cuando apareci ante el Congreso el 8 de abril para dar evidencia sobre por qu, durante los ltimos meses, Iraq se ha hecho ms y no menos violento. Tuvo mucho que explicar. Mientras la televisin de EE.UU. muestra a hombres armados en las calles, vehculos carbonizados y humo sobre Bagdad y Basora, sus afirmaciones sobre el xito de la oleada parecieron mucho menos convincentes que a fines del ao pasado. Petraeus dice que la cantidad de soldados estadounidenses en Iraq no debiera ser reducida bajo el nivel que tena antes del comienzo de la oleada lo que hace que sus afirmaciones de xito militar parezcan dudosas. Los 3,2 millones de iraques, uno de cada nueve de la poblacin, que huyeron a Siria, Jordania y a otros sitios dentro de Iraq, no han estado volviendo a casa porque piensan que hacerlo es demasiado peligroso para ellos; tienen razn.

Conduje por el centro de Bagdad justo antes de la ltima vuelta de combates entre los estadounidenses y el ejrcito iraqu contra el Ejrcito del Mahdi. Fue un viaje un poco ms fcil que un ao antes. En el distrito mixto Yarmuk de la ciudad, en la ribera oeste del ro Tigris, el hospital sola ser controlado por el Ejrcito del Mahdi; los sunes sentan terror de ir al lugar. Ahora los milicianos se han ido y los sunes vuelven a ir al hospital. En una interseccin a media milla de distancia sola haber un punto de control controlado por sunes: a cualquier chi que detectaban lo mataban en el acto y sus cuerpos yacan al lado de la calle. Ahora los puntos de control han desaparecido. Visit al-Kindi Street, llena de oficinas de doctores y de cafs: ahora, de nuevo, hay gente en la calle.

Pero el renacimiento de la vida ciudadana nunca es necesariamente duradero: las cosas, pens, pueden cambiar en cosa de horas. Record Beirut durante las guerras civiles libanesas en los aos setenta y ochenta: haba momentos de calma en los combates durante semanas o meses sin fin y Hamra Street en el centro de Ras Beirut se volva a llenar de bulliciosos compradores y las playas se repletaban. Los libaneses decan tristemente que nada haba sido solucionado y que los combates comenzaran tarde o temprano: siempre tenan razn. En el caso de Bagdad en marzo de este ao, la calma termin antes de lo esperado. Yo haba lanzado una mirada a los negocios de lujo en el distrito al-Mansur muchos estaban abiertos pero unos pocos das despus un amigo iba caminando por all cuando aparecieron varios todo terreno con ventanas oscurecidas. Supuso que llevaban a altos funcionarios del gobierno pero bajaron los cristales y milicianos del Ejrcito del Mahdi abrieron fuego y mataron a un polica e hirieron a otros dos.

Pas una noche en al-Khadamiyah, un antiguo distrito chi centrado en un santuario chi rodeado de negocios que venden joyera de oro y de restaurantes baratos para peregrinos. Algunos amigos chies sugirieron que fuera con ellos al santuario; por si alguien preguntara quin era, me aconsejaron que dijera que era turco. Pareca una idea peligrosa: renunciamos a ella cuando nos acercamos al santuario y vimos la estricta seguridad. Fuimos a ver al ayatol Husein al-Sder, pariente de Mqtada, de puntos de vista moderados, quien iba dando sus bendiciones a dignatarios chies, y pasamos la noche en un hotel que es, en efecto, su casa de huspedes. Haba numerosos soldados y policas por las calles, pero yo no me habra quedado si no hubiese estado bajo la proteccin del ayatol. De nuevo, la apariencia de calma fue engaosa. Dos semanas despus, helicpteros estadounidenses bombardearon posiciones del Ejrcito del Mahdi en al-Khadamiyah.

Los combates entre el CSII y los sderistas han estado aumentando durante el ltimo ao, pero las luchas territoriales locales nunca se haban extendido a todo el Iraq chi. Cuando el ejrcito iraqu comenz a avanzar en Basora a fines de marzo qued en claro que la ofensiva de Maliki apuntaba exclusivamente al Ejrcito del Mahdi. No toc a las otras dos principales milicias en Basora, la Organizacin Badr y Fadhila, un grupo escindido de los sderistas, poderoso en los campos de petrleo. Los iraques no fueron persuadidos por el argumento de Maliki de que su objetivo era eliminar a bandas criminales en Basora. El bandidaje es obviamente comn: un hombre de negocios amigo me dijo que, para trasladar un contenedor del puerto Umm Qasr cerca de Basora a Arbil en el norte de Iraq, haba pagado recientemente 500 dlares en gastos de transporte y 3.000 dlares en sobornos. Ya que los funcionarios gubernamentales rara vez hacen algo sin una coima, la afirmacin de Maliki de que terminara con la criminalidad en Basora no poda convencer a nadie.

Ese aire de fantasa rodeaba todas las exigencias de Maliki. El gobierno tena cerca de 15.000 soldados y la misma cantidad de policas en Basora, pero nunca iban a penetrar las estrechas callejuelas en los esparcidos barrios bajos en el norte y el oeste de la ciudad. En la mayora de los casos ni siquiera lo intentaron. Las fuerzas de Mqtada reaccionaron, como lo han hecho en el pasado cuando enfrentan un solo ataque, extendiendo la batalla a Bagdad y a cada otra ciudad y localidad chi donde sus fuerzas son fuertes. Sderistas locales pronto dijeron a la polica y a los soldados iraques en los puntos de control dentro y alrededor de Sder City a la que a menudo se refieren como un distrito de Bagdad aunque en realidad es una ciudad adyacente con una poblacin de dos millones que se fueran y volvieran a casa. En lugar de que los milicianos entregaran sus armas a las fuerzas de seguridad iraques, los iraques descubrieron que estaban viendo escenas en la televisin en la que policas iraques entregaban sus armas y reciban una ramita de olivo y un Corn a cambio de clrigos que apoyan a Mqtada.

Hubo otras humillaciones para el gobierno. Durante meses el principal portavoz iraqu para la oleada su nombre oficial es Plan de Seguridad de Bagdad ha sido Tahsin al-Shaikhly. Se present regularmente en la televisin para afirmar que la seguridad estaba mejorando, que los suministros de electricidad se hacan ms abundantes y que la vida en Bagdad en general era ms fcil. Dos das despus del comienzo de la ofensiva de Maliki, al-Shaikhly fue secuestrado. Segn testigos presenciales, los secuestradores el propio al-Shaikhly cuenta una historia ligeramente diferente fueron comandos uniformados de la polica conduciendo una docena de Land Cruisers Toyota. Mataron a tiros a tres guardaespaldas de al-Shaikhly, incendiaron su casa y lo llevaron a un piso franco desde el que se le permiti que se comunicara con una estacin de televisin a fin de apelar a Maliki para que no atacara al Ejrcito del Mahdi.

Por qu fracas el ejrcito iraqu? El entrenamiento de un nuevo ejrcito ha estado al centro de la poltica britnica y estadounidense durante los ltimos cuatro aos. Estos das, en puntos de control en Bagdad, los soldados iraques se ven mejor armados, utilizan equipos modernos de comunicacin y usan chalecos a prueba de balas. Hace unos pocos aos, soldados iraques conducan por Bagdad en viejas camionetas blancas que antes haban sido utilizadas para transportar repollos y coliflores al mercado; ahora tienen Humvees estadounidenses de segunda mano. Bien pagado segn estndares iraques, y respaldado por el poder areo de EE.UU. se esperaba que el ejrcito iraqu rindiera ms. Sin embargo, en batallas a tiros en ciudades y localidades en todo el sur de Iraq, el ejrcito no se bati o fue rechazado por los milicianos. Despus de cuatro das de la ofensiva de Maliki, el Ejrcito del Mahdi controlaba tres cuartos de Basora y la mitad de Bagdad. Para impedir una derrota total, helicpteros y aviones de ataque estadounidenses comenzaron a participar cada vez ms en los enfrentamientos. Los aislados soldados britnicos en el aeropuerto de Basora haba 4.100 estacionados all dispararon su artillera en apoyo a las unidades asediadas del ejrcito iraqu. Un toque de queda en Bagdad caus resentimiento porque la gente fue tomada por sorpresa por el estallido y no haba, como lo hace usualmente cuando ve que viene una crisis, almacenado alimentos y suministros.

Cuando el ejrcito iraqu comenz a fracasar, los estadounidenses actuaron rpidamente para apuntalarlo. Controladores areos para dirigir ataques areos fueron enviados a unidades del ejrcito iraqu. Un equipo de altos asesores estadounidenses fue enviado a Basora. Esto puede explicar el motivo por el cual Mqtada acept un cese al fuego. El Ejrcito del Mahdi ya haba mostrado que poda rechazar al ejrcito y a la polica iraques, pero los estadounidenses podan ser algo diferente. A pesar de eso, la breve guerra entre Mqtada y el gobierno fue reveladora en cuanto a quien realmente tiene poder en Iraq. Una delegacin de dirigentes chies fue a Irn. Hablaron con Mqtada en la ciudad santa de Qum, y con el general Qassem Sulaymani, jefe de la Brigada Quds de la Guardia Revolucionaria Iran, quien supervisa la participacin iran en Iraq. Ha sido detestado desde hace tiempo por los estadounidenses y el ao pasado las fuerzas especiales de EE.UU. trataron de secuestrarlo durante una visita oficial al presidente kurdo. Maliki parece haber sido informado sobre el acuerdo recin despus de que fue logrado, pero sus trminos fueron que el Ejrcito del Mahdi no renunciara a sus armas, que la ofensiva del gobierno se detendra y que los miembros de la milicia ya no sern arrestados sin autorizacin legal. Los estadounidenses, que normalmente reaccionan con furia ante cualquier seal de interferencia iran en Iraq, no dijeron nada sobre el hecho de que los Guardias Revolucionarios Iranes estuvieran negociando trminos de paz entre el gobierno y sus enemigos.

Los estadounidenses no dijeron nada porque el abortado ataque contra Basora fue, para ellos, una pesadilla. La afirmacin de que la oleada fue el primer paso para restaurar la paz en Iraq fue desenmascarada como un mito. Las bajas militares estadounidenses podrn haber disminuido pero unos dos mil iraques fueron muertos en marzo. Los polticos estadounidenses se pusieron a cubierto. Mientras yo estaba en Bagdad en marzo, lleg de visita el senador John McCain, al mismo tiempo que el vicepresidente Dick Cheney. Ambos expresaron confianza en que la seguridad estaba mejorando. McCain dijo alegremente a CNN que la influencia de Mqtada ha estado en decadencia desde hace tiempo. Tres semanas despus, McCain neg que jams hubiese dicho algo semejante, lo que haba dicho, insisti, fue que todava era un actor importante y su influencia tendra que ser reducida y gradualmente eliminada. Considerando que Mqtada es el ms poderoso lder chi, y que sus milicianos acababan de demostrar que podan derrotar al ejrcito iraqu, eso significara que McCain, si fuera elegido presidente, librara una guerra contra los 17 millones de chies de Iraq.

En aquel entonces, los generales y polticos estadounidenses decan que no haban sabido nada sobre la desastrosa ofensiva de Maliki hasta el ltimo minuto olvidando convenientemente que los estadounidenses haban estado instando desde 2004 a los primeros ministros iraques a que atacaran al Ejrcito del Mahdi. Lo que volvi a los estadounidenses contra Ibrahim al-Jaafari, el anterior primer ministro iraqu, fue que no inici un tal ataque. Hace cuatro aos, Paul Bremer, el virrey de EE.UU. en Iraq, exiga que los ministros iraques se refirieran al Ejrcito del Mahdi como la milicia de Mqtada. Bremer lo llam un Hitler iraqu en gestacin e hizo un desastroso intento de eliminarlo en abril de 2004, un intento que fue similar de muchas maneras a la ofensiva de Maliki contra Basora del mes pasado. Bremer subestim demasiado groseramente a Mqtada: los partidarios de este ltimo tomaron las riendas de la mayor parte del sur de Iraq en unos pocos das.

El gobierno iraqu, CSII, los kurdos y los estadounidenses se sentan todos amenazados por los hombres de Mqtada. La Zona Verde era atacada a diario desde Sder City. CSII, en particular, quiere derrotar a los sderistas antes de las elecciones provinciales en octubre, en las que se espera que le vaya mal y a los sderistas bien. El gobierno despidi a soldados que se haban negado a combatir en la campaa de marzo y se informa que reclut a 25.000 conscriptos tribales. Los estadounidenses han estado esperando desde hace tiempo que puedan repetir su triunfo en la provincia Anbar en 2007, cuando lderes tribales sunes se aliaron con EE.UU. contra al Qaeda en Iraq. Los asesores de Maliki pensaron que si los iranes no hubieran interferido el ejrcito podra haber salido mejor parado. Pero desde el punto de vista sderista la humillacin del gobierno fue casi demasiado completa. Los sderistas admitieron que se estaban aislando. Se ha tomado una decisin, dijo Maliki a principios de abril. Los sderistas ya no tendrn derecho a participar en el proceso poltico, o a participar en la prxima eleccin, a menos que acaben con el Ejrcito del Mahdi.

La declaracin fue hipcrita: los peshmerga kurdos y la Organizacin Badr del CSII son ambas milicias que han sido efectivamente incorporadas al ejrcito y a la polica iraques. Pero los sderistas estaban en una posicin difcil. La solidaridad chi se estaba rompiendo. Mqtada siempre ha sido un buen tctico. Llam a una manifestacin de un milln de personas para el 9 de abril, el quinto aniversario de la cada de Sadam Husein, para exigir un fin de la ocupacin. Tiene que, dijo un observador iraqu, mostrar que la popularidad de su movimiento sigue siendo tan grande como su poder militar.

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Patrick Cockburn es autor de "Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq."

http://www.counterpunch.org/patrick04192008.html



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