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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2004

La noche del chancho

Osvaldo Bayer
Pgina 12


En las soledades argentinas hay cronistas increbles. Casi siempre es gente que observa y anota en absoluto silencio. En este caso es una maestra patagnica: Hur Portela. Anot los detalles de toda la injusticia que se expandi por una pequea localidad, Gobernador Gregores, en Santa Cruz. En el libro La noche del chancho que acaba de salir est lo que sufri la gente durante la dictadura de Videla. Es increble la petulancia, el proceder tirnico, el patear el tablero, el sentirse Dios, patrn y seor, de un gendarme a quien la dictadura le dio plenos poderes para gobernar esa poblacin patagnica. Dios con botas ante el vecindario que no poda creer lo que estaba viendo. Un tema para Anton Chejov en el teatro; para Fassbinder, en cine.

El comandante de Gendarmera Nacional Horacio Primitivo Callejas tal su real nombre se sinti Dios. Y fue Dios. Cuando hablaba con la gente abra bien las piernas, a lo macho, o se tiraba para atrs en el silln del escritorio y miraba con asco al civil que vena a solicitarle algo. Un aspecto que se repiti en el interior argentino y que no fue tocado ni por los polticos ni por la sociedad cuando cay la dictadura: el comportamiento corrupto y dictatorial de militares, civiles sometidos, gendarmes y policas que entraron a dominar la burocracia.

En La noche del chancho se trabaja este aspecto con fidelidad histrica y jurdica. Aparece todo ese pasado fantoche y criminal. En general la sociedad se comport como soldados conscriptos ante los cabos primeros y los generales de la Nacin. Menos los estudiantes de la Escuela de Agronoma de Gregores, la maestra Hur Portela y algunos pocos civiles dignos, esos que siempre se hacen presentes por puro coraje civil y vergenza propia.

El comandante de Gendarmera Nacional Horacio Primitivo Callejas fue todo. Y se acab. Viva la Patria! El que no obedece es zurdo y al zurdaje no hay que darle ninguna oportunidad. Principalmente si son estudiantes. Ya que de por s, un estudiante es sospechoso.

El 24 de marzo de 1976 que deber ser recordado todos los aos como el da de la vergenza argentina toma el poder en la municipal de Gregores el comandante Horacio Primitivo Callejas. Dice la autora de La noche del chancho: La mayora de las personas entrevistadas: ex alumnos, profesores, maestros de internado, recuerdan que el comandante Callejas no trataba bien a nadie. Era dspota, proclive siempre a insultar, y era comn escucharlo gritar como un loco cuando alguien lo contradeca. Una de sus primeras acciones fue invadir de sorpresa la Escuela de Agronoma con treinta gendarmes armados. A las 7.30 de la maana oscura, an sin amanecer, entraron los gendarmes a los gritos, entre maestros y alumnos sorprendidos. Buscaban un nido de subversivos. Todo era mentira. Callejas lo haca para asustar y demostrar su poder. Pateaban puertas, a las mujeres las palpaban de armas. Secuestraron las tijeras de injertos, de podas y los cuchillos usados en la enseanza. El uniformado se proclam rector. Por supuesto prendieron una fogata y quemaron libros y revistas sacados de los roperos de los estudiantes. Una accin valiente de la Argentina uniformada que nos invade de pena y vergenza: que los uniformados pagados por el pueblo quemen libros, que es quemar el pensamiento, el derecho, la libertad.

Despus, la delacin. Los uniformados tomaron exmenes ideolgicos a los alumnos. Fueron secundados por la supervisora general de Escuelas, Egidia Sanchi de Marum, frrea defensora de la dictadura. Pero los alumnos no respondieron positivamente a lo que queran los uniformados porque no haban ledo a Marx. Ni siquiera entendieron muchas preguntas de los milicos. No importa. Callejas no logr su propsito, pero orden que todos los estudiantes se cortaran el pelo y usaran corbata. As se era patriota. Pero los estudiantes dijeron: no. Por eso Callejas puso un peluquero. Los alumnos calificaron al alcahuete que oficiaba de peluquero como Hacha brava. A los profesores sospechados de ideas liberales se los expuls y no se les pag los sueldos adeudados.

Los alumnos se despertaban hasta entonces con msica folklrica. Ahora, con la Gendarmera, a puro pito. Adems, en pleno invierno, se les quit una frazada para que se hicieran machos. Lo mismo, en la comida, se prohibieron los quesos, dulces, embutidos, el pat, los jamones, fiambres y las mermeladas, a pesar de que todo se haca en la escuela. Callejas recorra los almuerzos y cuando vea una mesa un poco desordenada, arrancaba el mantel y tiraba todo, a los gritos y patadas. Lo ms injusto fueron las cesantas de maestros y empleados. Muchos chicos se fueron por no aguantar la brutalidad del rgimen de Callejas. En 1976 haba 110 alumnos; a fines del 77, slo 40. No hubo paz, comenzaron los hechos rebeldes de los alumnos que mostraron toda su entereza al oponerse al pequeo tirano. Hasta que llegar la noche del chancho.

Fue en marzo del 77. Los alumnos del ltimo ao iban a festejar el egreso con el ttulo de agrnomos. Como era costumbre, prepararon una gran fiesta. Era clsico el asado de cerdo. Para lo cual tomaron uno de esos animales que haban alimentado ellos durante la enseanza. Fue una verdadera fiesta de estudiantes. Pero todo iba a terminar muy mal. El gendarme Callejas ordenar la detencin de los cinco estudiantes que haban intervenido en la faena del chancho. Se los llev a la comisara porque, si bien los estudiantes lo haban criado, el chancho era de propiedad del Estado. De inmediato se los expuls de la escuela por disposicin del rector Jorge Lisardo Alvarez, un hombre de Callejas y de la dictadura. Es decir que, para los expulsados, los seis aos de estudios haban sido en vano. Los expulsados tenan buen promedio y uno de ellos era el abanderado y otros dos, escoltas. Es impresionante en el libro de Hur Portela el detalle de todo lo que hicieron los padres y los compaeros para revocar la medida. La tristeza de los alumnos acusados, la angustia interminable. La crueldad. Porque se los mantuvo incomunicados en calabozos que se inundaban.

Desde all fue todo humillacin. El tiempo hizo algo de justicia. Pero en el alma de los estudiantes permaneci siempre el dolor de las penas irracionales. En cambio, el comandante Callejas cobra un muy buen retiro y se pasea en uniforme por el barrio. Lo llaman el chancho argentino. Con l nadie se atrevi a hacer verdadera justicia.



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