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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2008

La edad de oro de los estados mafiosos

Csar Jerez
Agencia Prensa Rural


Hace unas semanas un periodista ruso que vive en el Reino Unido lanz un libro sobre el auge de la mafia en el mundo. "La globalizacin es la edad de oro de las mafias", alcanz a profetizar Misha Glenny, mientras presentaba "McMafia", su enciclopdica obra sobre los colegas de Al Capone y Pablo Escobar. El libro presenta a las mafias como organizaciones aisladas que se aprovechan de los vacos ticos, geogrficos y de poder del capitalismo, y que operan en funcin de coyunturas muy especficas, desvinculndolas del ejercicio local del poder o de los intereses imperiales en las regiones. Cabra afirmar, con mayor rigurosidad, que la globalizacin fcilmente representa la edad de oro de los estados mafiosos en el mundo.

Estando en Sicilia, hace algunos aos, en un foro internacional sobre drogas, me explicaban los italianos el origen de la "mafia siciliana". Se trataba de unos latifundistas que organizaron un grupo de sicarios, denominados los mafiosos, para asesinar a los isleos que se organizaban para reclamar tierra. Con el tiempo los mafiosos se hicieron tan fuertes que se volvieron latifundistas y comenzaron a imponer sus polticas mafiosas al resto de la sociedad tal y como sucede actualmente en Palermo y el resto de Sicilia.

En Npoles, tambin Italia, se vive actualmente una crisis sanitaria sin precedentes para un pas europeo: las basuras se pudren en las calles al impuro estilo medieval, sin que hasta el momento se pueda solucionar el problema. Resulta que la camorra (mafia) napolitana es quien gestiona la recogida de basura de la ciudad y de la regin de Campania, a travs de concesiones y alianzas estratgicas, lo que le ha permitido ganar en los ltimos diez aos 132 mil millones de euros con el "tratamiento" de basuras. La camorra ha hecho desaparecer los residuos de las industrias del desarrollado norte de Italia e incluso de otros pases europeos, como Alemania o Suiza, ofreciendo unos precios sin competencia. Mientras que una empresa legal cobra entre 20 y 60 cntimos de euro por la eliminacin de un kilogramo de residuos industriales, la mafia napolitana slo pide 10 cntimos.

La camorra, "en su gran capacidad para infiltrarse en todos los poderes y sacar provecho de cualquier situacin", ha sido adems capaz de hacerse con buena parte de los dos mil millones de euros que la Comisin Europea ha desembolsado desde 1991 a Campania para mejorar la gestin de las basuras y proteger el medio ambiente. Cuando hay problemas graves siempre aparece alguien con "inteligencia superior". Esta vez se trata de un empresario, tambin napolitano, que ha presentado al gobierno un plan solidario para salir de la crisis. Propone enviar por barco la basura hasta Paraguay. Los residuos se enviaran en unos 300 contenedores a un coste de 275 euros por tonelada, y una vez all se reciclaran, dando trabajo a miles de personas empobrecidas en el pas suramericano. La propuesta busca donar la basura de Npoles a las poblaciones paraguayas interesadas en transformar la mierda en residuos orgnicos destinados a fertilizar la tierra. Slo se necesita convencer al gobierno italiano del recin reelegido Berlusconi, experto en este tipo de negocios, para que pague su transporte, quizs con los fondos europeos. Pero, teniendo en cuenta los resultados electorales en Paraguay es muy probable que este gran proyecto solidario se vea truncado.

La construccin de los estados mafiosos obedece a un patrn. Generalmente se dan en el seno de estados con soberana limitada, precariedad institucional, en crisis o como resultado de estados inviables y son el producto de acuerdos internos entre oligarquas, empresas, militares, policas, funcionarios corruptos y bandas delincuenciales que se asocian para mantener un statu quo beneficioso para todas las partes. Para que el estado mafioso funcione se debe contar con el respaldo del centro de poder o imperio ms cercano de acuerdo a sus intereses.

Algunas veces el estado mafioso se construye totalmente desde afuera, desde el centro de poder. El caso ms fresco es el recientemente independizado Ksovo, cuyo lder independentista es al mismo tiempo el jefe mafioso del naciente pas. Por eso era fcil ver a los que festejaban la independencia de Ksovo con la bandera de los Estados Unidos en las manos. Igual fenmeno ha ocurrido en Pakistn, que es ms complejo an, pues se trata de un ejrcito respaldado por Washington con estado mafioso y bomba atmica al mismo tiempo, donde tambin, entre otras cosas, se acostumbra a matar a los candidatos opositores al rgimen con algn nivel de oportunidad.

En Afganistn es igual. All, bajo el pretexto de luchar contra la invasin sovitica y el comunismo internacional, armaron y capacitaron a una banda de estudiantes del Corn, que cuando finalmente expulsaron a los rusos se comportaron mucho peor que ellos y fundaron un estado mafioso que a su vez se independiz de los Estados Unidos. Ahora estn en un cruce de bombas que les conviene tanto a los maestros de la guerra como a los estudiantes del Corn (talibanes). Los bombardeos sobre objetivos civiles con centenares de muertos poco importan, lo importante para la comunidad internacional tal vez sea que este pas es ya el principal productor de opio y herona en el mundo.

Pero tal vez el caso ms emblemtico de mafia de estado en el mundo se est consolidando en Colombia. Cuenta con todas las caractersticas de otros casos en el mundo, pero con unas especificidades que vale la pena mencionar. Nuestra mafia de estado es la resultante de un acuerdo entre la oligarqua colombiana y la administracin estadounidense. Tan claro como que Colombia es el cuarto receptor en el mundo de "ayuda" militar de los Estados Unidos y tan obvio como que resultado de las polticas de sometimiento a la justicia de los narcos y las extradiciones, el Departamento de Estado gringo conoce de tiempo atrs todas la relaciones entre la institucionalidad del estado y las mafias del narco-paramilitarismo.

La mafia de estado en Colombia se configur alrededor de doctrinas de seguridad nacional y de contrainsurgencia que se plasmaron en el accionar paramilitar contra la oposicin poltica y los movimientos sociales. Estas doctrinas fueron asimiladas por nuestros militares en la Escuela de las Amricas y estaban incluidas en los paquetes de ayuda militar gringa que curiosamente fueron introducidos al pas para acabar, en su orden, con las guerrillas, el narcotrfico y el terrorismo.
En las regiones los espurios hijos del estado, es decir, las mafias paramilitares ocuparon el vaco de la institucionalidad y poco a poco se fueron ocupando de todo tipo de negocios legales e ilegales, desde el trfico de cocana, las apuestas, el robo de gasolina hasta los dineros de la salud pblica, los contratos de la administracin y la para-tributacin (extorsin) al comercio.

El modelo funcionaba perfectamente: mientras se desapareca y asesinaba a decenas de miles de colombianos, los polticos regionales representaban a los mafiosos en los cargos pblicos y los espacios de participacin poltica. Se construy una aceitada maquinaria electoral que parta de lo local y terminaba en el congreso y la silla presidencial. En el Magdalena Medio Ernesto Bez designaba y financiaba a los alcaldeables y a senadores paramilitares como Carlos Arturo Clavijo, y estos a su vez promovan la campaa presidencial del "capo di tutti capi", Uribe Vlez. As funciona.

Los medios de comunicacin propiedad de los grupos empresariales y de algunas multinacionales como los grupos ibricos Planeta y Prisa callan y tapan, al tiempo que se encargan de construir un nico problema nacional que justifique el paradigma mafioso y la necesidad de un redentor de dudosa prosapia con ms del 80% de popularidad meditica. Estos medios, que promueven el proyecto ideolgico del estado mafioso, fueron tejiendo una superestructura entre las masas urbanas idiotizadas que adoptaron paulatinamente un virtual modo "traqueto" de vida, saturado de modelos, reinas, tetas, culos, telenovelas y dinero fcil. El establecimiento, los medios de comunicacin y sus propietarios convirtieron al pas en un gran circo romano donde se volvi totalmente normal matar y comer del muerto.

Pero el modelo comenz a desgastarse: los desaparecidos y ejecutados en tanta cuanta empezaban a salirse de las fosas. Uribe ide una formula para enfrentar el desprestigio internacional y para legalizar a sus desmadrados paramilitares. Se trataba de un monlogo con parafernalia de desmovilizacin y reinsercin a la vida civil mediante una ley que garantizara impunidad. La insatisfaccin de algunos mafiosos con lo pactado, la mutua delacin propia de las bandas, la moral de las vctimas y el tico desempeo de algunos magistrados precipitaron la crisis. Por lo menos uno de cada tres congresistas colombianos es paramilitar: hay ya 33 de ellos en la crcel. Es slo el comienzo. En un futuro, ojal no lejano, las comisiones regionales de la verdad debern dar a conocer a la sociedad colombiana la cara de los polticos locales, los empresarios y los militares responsables de esta orga de sangre.

La escena representada por el primo-hermano del capo tratando de huir del estado cloaca bajo la figura del asilo poltico refleja el grado de regresin antropolgica que representa la mafia con funciones de estado en Colombia.



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