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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2008

Huelgas de inmigrantes sin papeles

Marcos Roitman
La Jornada


La crisis actual del capitalismo tiene sus peculiaridades. Mientras los empresarios, grandes capitalistas, banqueros y patronal piden a gritos la intervencin salvadora del Estado por medio de subvenciones, exenciones tributarias, mayor flexibilizacin del mercado laboral y bajar el salario mnimo, los trabajadores inmigrantes sin papeles van a la huelga. Eso sucede en Francia y en el sur de Espaa. Algo est cambiando. Se trata de una circunstancia novedosa. La contradiccin de un neocapitalismo de corte oligrquico, cuya organizacin laboral se fundamenta en la concentracin del poder, la descentralizacin de la produccin y la discontinuidad del tiempo de trabajo, facilita el nacimiento de un empleo precario cuya figura es el inmigrante sin papeles. Personas abocadas a no escatimar en las ofertas de trabajo y aceptar cualquier opcin. Si bien es una sea de identidad del capitalismo trasnacional, lo especfico de la flexibilizacin del mercado laboral y de los inmigrantes sin papeles es su ubicacin en los sectores de la construccin, la hostelera, la maquila, la agricultura y el servicio domstico.

Si se quiere una garanta de xito y continuidad en la contratacin de ilegales es necesaria una complicidad entre las organizaciones empresariales, las instituciones estatales y los empleados. Nada parece alterar este equilibrio. Unos a otros se cubren las espaldas, asumiendo los riesgos de la ilegalidad. Cuando hay una inspeccin son alertados, se retiran o simplemente se hace la vista gorda. En momentos de auge y euforia del capitalismo, donde el dinero circula y hay para todos, nadie se queja. Unos explotan y otros son explotados. Las ganancias se reparten desigualmente, pero cubren las expectativas. Incluso se negocia al alza y se pagan sueldos aceptables, segn la benevolencia del patrn. Si se producen accidentes en el trabajo, en Espaa y en Francia, la seguridad social sigue siendo uno de las pocos servicios pblicos no privatizados por la accin del liberalismo, y cubre todos los costes mdicos. Todo est atado y bien atado. Adems, los costes de la baja laboral se pagan bajo cuerda. Nadie sale perjudicado. Incluso, segn sea el alcance del dao, prdida de una mano, del ojo o traumatismo, se puede negociar la regularizacin de la residencia y la incorporacin a la empresa. Aun as, los sin papeles, para convertirse en inmigrantes de primera, cuando acuden a las instancias legales lo hacen a ttulo individual y tutelados por abogados y especialistas. No se asocian, no se plantean una accin colectiva frente a la patronal, ni solicitan de sus empleadores el cumplimiento de la ley. Soportan colas de pernocta y vigilia en las puertas de comisarias y ministerios esperando obtener un nmero para acceder a una ventanilla donde un funcionario abrir un expediente sin garanta de xito. Pero no les importa, dan por seguro que el sufrimiento es el aliado para lograr la compasin del sistema y acceder a los papeles.

Con el euro por las nubes y el dlar por los suelos, el discurso del liberalismo econmico se viene al traste. El libre mercado es una falacia. El capitalista gana todo lo que puede sin pensar en el futuro. Amasa su riqueza y cuando sus arcas se vacan pone el grito en el cielo evocando los males de un orden dislocado sin planificacin econmica y la dejadez de gobernantes en su deber de controlar la inflacin, los salarios y los ndices macroeconmicos. Implora una solucin. El recetario es siempre el mismo. Ellos, los capitalistas, deben ser los receptores de las ayudas. Si alguien tiene que ajustarse el cinturn deben ser los trabajadores. Estn acostumbrados a pasar hambre y sufrir penurias, forma parte de su naturaleza. No crean riqueza y en tiempos de crisis son prescindibles. Ni qu decir de los inmigrantes; pueden ser repatriados de manera inmediata. Basta con reprimir sus demandas y desarticular sus organizaciones. El Estado debe actuar en consecuencia.

Sin embargo, en medio de este discurso rampln se levanta otra realidad. El capitalismo realmente existente en Francia y en Espaa, en sectores que dan lustre a la imagen turstica, est en manos de trabajadores inmigrantes ilegales. En otras palabras, son los sin papeles quienes les sacan las castaas del fuego. Y ahora, este colectivo se ha puesto en huelga. En la hostelera, por ejemplo, se inicia un movimiento de gran alcance. Lo cual es un punto de inflexin. La reivindicacin de derechos pone en cuestin por un lado, la poltica de inmigracin y, por otro, los tpicos sobre quines son y cmo se comportan los inmigrantes. Los sin papeles ya no son los negros africanos, los amarillos asiticos, los latinos narcotraficantes, delincuentes, mafiosos marginales: son trabajadores cuya dignidad no se arrebata desde el discurso xenfobo o racista del gobierno de Nicolas Sarkozy, en Francia, o Silvio Berlusconi, en Italia, o en la Espaa incluso del Partido Socialista Obrero Espaol.

Ha sido la recesin del capitalismo especulativo, donde el despido se avizora como el horizonte probable lo que levanta la reivindicacin del colectivo de los sin papeles. Han dicho basta. En Pars y en Andaluca se inicia la restauracin. Las prdidas no dejan indiferentes a la patronal. En algunos restaurantes llegan a 7 mil euros diarios. Los camareros, los cocineros, los dependientes no se presentan a trabajar. No hay quien lleve los platos a la mesa. Y por primera vez la huelga cuenta con voces de apoyo entre empresarios, que exigen un cambio en la poltica de inmigracin. Hay que legalizar. Contratar a los sin papeles. En la agricultura est sucediendo algo similar. Las cosechas de temporada sufren los avatares de la unidad de accin de los sin papeles, trabajadores cuya dignidad se levanta y su voz se escucha alta y clara. El miedo se pierde y se rompe la dinmica del capitalismo trasnacional fundada en la mano de obra de ilegales explotados como mano de obra semiesclava. Son nuevos tiempos. Los inmigrantes transforman el proyecto de sociedad democrtica con sus nuevas organizaciones y reivindicaciones. Esperemos que no sea flor de un da.



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