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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2008

Burgus s, pero, reformista?

Atilio Born
Pgina 12

En el marco del desafo planteado por el lockout de los empresarios agrcolas se plante el debate sobre los alcances polticos de la medida. En estas pginas, el socilogo Eduardo Grner argument que estaba en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economa y alertaba sobre los peligros si la derecha gana. El politlogo Atilio Boron se suma a la polmica cuestionando el reformismo del actual gobierno.


Eduardo Grner public un interesante y sugestivo artculo con el ttulo Qu clase(s) de lucha es la lucha del campo? (Pgina/12, 16 abril 2008) con el cual tengo algunos acuerdos pero tambin bastantes discrepancias. Quisiera tratar slo una de stas: su definicin, a mi modo de ver muy generosa, del kirchnerismo como un gobierno reformista-burgus. Sin embargo, esta caracterizacin provoc pocos das despus la crtica de Jos Pablo Feinmann quien dijo que sera infantil esperar que el gobierno de Cristina fuera revolucionario socialista. Y agreg, hoy, un gobierno reformista burgus es mucho ms de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos estn dispuestos a aceptar en Amrica latina. Al reformismo burgus le dicen populismo y, para ellos, es la peste.

Es cierto que el reformismo burgus sigue siendo tan inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo tmidamente reformista burgus de Jacobo Arbenz en Guatemala fue ahogado en un bao de sangre, y el Che conoci muy bien esa historia como para sacar las adecuadas lecciones del caso. Pero, sobre qu base califican tanto Grner como Feinmann al gobierno de los Kirchner como reformista? Cules fueron las reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no es este el lugar para realizar un balance de lo actuado en el perodo abierto con la asuncin de Nstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso s, que el mayor acierto del perodo fue la poltica de derechos humanos, ms all de algunas inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la total incapacidad para proteger testigos como Julio Jorge Lpez, desaparecido como en los tiempos de la dictadura) y que el otro logro de la gestin, menos importante que el anterior, se produjo en el campo de la poltica exterior, acompaando no obstante sin mayor protagonismo el embate de Chvez en contra del ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama no dej de tener llamativos contrastes porque simultneamente Kirchner rechazaba reiteradas invitaciones para visitar Cuba, se mantena al margen de la Cumbre de los No Alineados realizada en La Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para participar en la Asamblea General de la ONU rematando su viaje con una inslita visita a la Bolsa de Valores de Nueva York y declaraciones, a cul ms desafortunada, sobre el futuro capitalista de la Argentina. Para colmo, el ao pasado cedi ante la presin de Washington e impuls la aprobacin, con fulminante rapidez, de una absurda legislacin antiterrorista que en manos de cualquier otro gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para la completa criminalizacin de la protesta social y la disidencia poltica.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer y hoy. Admitido. Pero, dnde estn las reformas que excitan la generosidad de Grner y la rplica de Feinmann? No las veo. Para los incrdulos los invito a comparar la gestin del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemcrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del perodo 1946-1950. En aquellos aos se fortaleci al movimiento obrero, se aprob una vasta legislacin laboral sin parangn en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etctera), se cre el IAPI, el Banco de Crdito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depsitos bancarios, los ferrocarriles, los telfonos, la electricidad y el gas. Durante su exposicin en la Cmara de Diputados, en 1946, Pern pronunci, a propsito de la nacionalizacin del Banco Central, unas palabras que es oportuno recordar en los tiempos que corren en donde el pensamiento nico no cesa de alabar las virtudes de la supuesta independencia de los bancos centrales. Qu era el Banco Central? se preguntaba Pern. Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional. Por eso, su nacionalizacin ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera ms trascendental de estos ltimos cincuenta aos. Aparte de eso, el Estado pas a ocupar un lugar decisivo en la promocin de la industrializacin y sus obras pblicas caminos, diques, escuelas, hospitales cubrieron prcticamente toda la geografa nacional. Adems se sancion una nueva Constitucin, en 1949, en la cual se estableca una serie de derechos sociales a tono con las conquistas que en ese terreno se estaban produciendo en el capitalismo europeo.

Un Estado inexistente

Y ahora? El Banco Central est en manos de un Chicago boy y la obra pblica paralizada. El Estado, destruido por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un incendio de pastizales en una llanura porque carece sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un avin hidrante canadiense que cuesta menos de veinte millones de dlares y que hubiera acabado con el fuego en un santiamn; no puede abastecer de monedas a la poblacin; no puede regular ni supervisar el funcionamiento de las empresas privatizadas, y entonces los usuarios del ferrocarril peridicamente incendian estaciones y formaciones para hacer or su protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos 2000 y entonces se asocia en calidad de socio bobo y minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y rutas privatizadas estn en correcto estado de mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste de brazos cruzados a la desintegracin de la red ferroviaria nacional y como nica poltica propone un tren bala; no exige a las aerolneas privatizadas que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para integrar las principales ciudades del pas, que los fines de semana se quedan aisladas; se muestra indiferente ante el saqueo de los recursos naturales, desde el petrleo y el gas hasta los minerales, y ante el gravsimo deterioro del medio ambiente causado por las explotaciones mineras; prosigue sumido en un estupor catatnico ante el calamitoso derrumbe de la educacin y la salud pblicas, sin que se le ocurra poner un centavo para remediar la situacin, al paso que se ufana de los 50.000 millones de dlares atesorados al igual que Harpagn, el protagonista de El avaro de Molire mientras el pueblo pasa hambre, no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a disponer de una mayora absoluta en ambas Cmaras del Congreso que vota a libro cerrado cualquier proyecto que ordene la Casa Rosada, Kirchner no envi una sola propuesta para reformar la estructura tributaria escandalosamente regresiva de la Argentina o para establecer una legislacin que posibilitase un combate efectivo contra el desempleo, la exclusin social y la pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un gobierno que, por otra parte, a ms de cinco aos de inaugurado todava no defini una poltica de distribucin de ingresos, consolidacin del mercado interno y desarrollo nacional. Es cierto que se disminuy la proporcin de pobres e indigentes, pero sta an se encuentra por muy encima de los valores existentes al inicio de la actual fase democrtica de la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura econmica excepcional, como ningn otro en nuestra historia, lo que torna an ms imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares. Y pese a sus estentreas denuncias en contra de la dictadura, dos piezas maestras de ese rgimen: la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Radiodifusin continan en vigencia hasta el da de hoy. La renta financiera sigue estando libre de impuestos as como las ganancias resultantes de la venta de sociedades annimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese modo, el control poltico de los sectores populares en manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto. Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular ante la ofensiva del mal llamado campo: el pueblo no sali a la calle a defender su gobierno porque no lo siente suyo. Y tiene razn. Sera bueno que el Gobierno dedicara algn tiempo a reflexionar sobre la gnesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero suficiente para demostrar que bajo ningn criterio mnimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno democrtico burgus (con todas las salvedades que suscita esta engaosa expresin), pero donde el componente burgus gravita mucho ms que el democrtico y en donde el reformismo slo existe en el discurso, no en los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los ltimos aos, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo ms equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvi a insistir sobre el tema, a propsito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, quin lo puede hacer? Qu esperan? Si por m fuera emitira un decreto de necesidad y urgencia desde mi ctedra de Teora Poltica y Social de la UBA instituyendo una radical reforma del rgimen impositivo y utilizara ese dinero para mejorar los ingresos de todos quienes estn por debajo o un poco por encima de la lnea de pobreza, pero, quin me hara caso?, qu juez atendera la demanda de los eventuales beneficiarios?, cmo podra obligar a los contribuyentes ms ricos y a las grandes empresas a pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debera abstenerse de formular ese tipo de estriles exhortaciones.

El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay reformismo burgus. Ojal lo hubiera! No porque el reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al menos nos posibilitara avanzar unos pocos pasos en la construccin de una verdadera alternativa, es decir, una salida post capitalista a esta crisis sin fin en que se debate la Argentina, sea en el estancamiento tanto como en la prosperidad econmica (que llega a unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grner cuando dice que si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el mal menor no quedar ms remedio que recontrachicanearlo exigindole que nos muestre dnde queda, aqu y ahora, el bien o su posible realizacin inmediata. Dnde queda el bien? Eso lo sabe Grner tanto como yo: el bien es el socialismo. Pero mientras maduran las complejas condiciones para su construccin es posible la realizacin inmediata de algn bien, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situacin en que nos hallamos. O me va a decir que har falta una revolucin socialista para aproximar la estructura tributaria de la Argentina a la que tienen pases como Grecia y Portugal en la Unin Europea, para no hablar de la que existe en Escandinavia? Ser preciso asaltar el Palacio de Invierno para que las retenciones al agro totalmente justificadas en la medida en que se discrimine entre los distintos estratos del patronato agrario se coparticipen con las provincias y sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura fsica del pas y no al pago de la deuda? Tendremos que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado regule cuidadosamente el desempeo de las privatizadas y avance en un programa de desprivatizacin para aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y a los usuarios? Habr que esperar el caonazo del Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de Martnez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer. Que tenga la osada de ser un poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer es porque no quiere, no porque no puede. Y si no quiere no veo la razn para que tengamos que apoyarlo en contra de un fantasmagrico mal mayor, espectro invariablemente agitado por quienes quieren que nada cambie en este pas y que termina en el posibilismo y la resignacin. Como creo que estas dos actitudes son inadmisibles, tica y polticamente, es que me opongo a entrar en el repetido juego de nosotros o el mal mayor, que desde hace dcadas viene empujando a la Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradacin como sociedad. Tiene razn Grner cuando dice que no estamos ante una batalla entre dos modelos de pas; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural. Corrijo: es un solo modelo, pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el de los grandes ausentes de este debate y que los compaeros del Mocase oportunamente trajeron al primer plano en su nota del viernes 25 en Pgina/12: es el modelo del gran capital transnacional, cuyas naves insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf. Y si este modelo prosper fue porque desde Menem hasta nuestros das aclaro, dada la susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem no hubo un solo gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la sumisin de nuestro pas a las transnacionales. Todos facilitaron cada vez ms las cosas para que la Argentina se convierta en una especie de emirato sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad del campo sera bueno que se interrogue por qu no hizo nada para impedir que lleguemos a esta situacin. Por lo tanto, lo de reformista es una concesin gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora, no ha hecho ningn esfuerzo serio para hacerse acreedor de ese calificativo.



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