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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2008

De las neuronas espejo a la neuropoltica moral

Gary Olson
Zspace

Traducido para Rebelin por Anah Seri


En todo el mundo, los profesores, socilogos, polticos y padres estn descubriendo que la empata puede ser la cualidad ms importante que hay que alimentar para darle a la paz la oportunidad de vencer.

Arundhati Rai

Las directrices oficiales no necesitan ser explcitas para que se las comprenda bien: no debe permitirse que demasiada empata se mueva en direcciones no autorizadas.

Norman Solomon

Steven Pinker, el psicolingista de Harvard, concluye un reciente artculo sobre la ciencia de la moralidad (2008) con estas palabras de Antonio Chejov, desafiantes pero llenas de esperanza: "El hombre llegar a ser mejor si le muestras cmo es." En este contexto, la fundacin sin nimo de lucro EDGE recientemente pregunt a algunos de los cientficos ms eminentes del mundo "Qu le hace sentirse optimista? Por qu?" Como respuesta, el destacado neurocientfico Marco Iacoboni cita el trabajo experimental que se est prodigando sobre los mecanismo neuronales que revelan que los humanos estn "cableados para la empata". Se trata del descubrimiento, relativamente reciente, del sistema de neuronas espejo (SNE).

El optimismo de Iacoboni se funda en su conviccin de que, al divulgarse estos hallazgos cientficos, estos recientes descubrimientos de neurociencia calarn en la conciencia pblica y ".... este nivel explcito de comprensin de nuestra naturaleza emptica en algn momento disolver los sistemas masivos de creencias que dominan nuestras sociedades y amenazan con destruirnos." (Iacoboni, 2007, p. 14, 2008).

Lo que subyace a todo esto son los experimentos neurocientficos que muestran que cuando uno percibe el dolor de los otros se movilizan automticamente los mismos circuitos neuronales afectivos que cuando siente su propio dolor.

En 1996, a travs de grabaciones de una sola clula en los macacos, los investigadores informaron del descubrimiento de un tipo de clulas del cerebro denominadas "neuronas espejo" (Gallese, 1996). Situadas en el rea F5 de la corteza premotora, estas neuronas espejo disparaban no slo cuando el mono realizaba una accin, sino tambin cuando el mono observaba a otro realizando la misma accin. Las neuronas del mono reflejaban, como en un espejo, la actividad que estaba observando. Posteriormente, cartografiando las regiones del cerebro humano mediante la Resonancia Magntica funcional (RMf), se descubri que las reas humanas de las que se supona que contenan neuronas espejo tambin comunicaban con el sistema lmbico, o emocional, facilitando la conexin con los sentimientos de otra persona, probablemente reflejando estos sentimientos. Se cree que estos circuitos neuronales constituyen la base del comportamiento emptico, en el cual las acciones en respuesta a la afliccin de los dems son prcticamente instantneas. Como dice Goleman, "el que este flujo de la empata a la accin ocurra de modo tan automtico hace pensar en unos circuitos dedicados precisamente a esta secuencia." Por ejemplo, cuando uno oye el grito angustiado de un nio, "la afliccin que siente impulsa la necesidad de ayudar" (Goleman, 2006, p. 60).

La existencia de la empata, de neuronas espejo, no era ms que una inferencia a partir de estos estudios de RMf. Pero en 2007, Iacoboni, el neurocirujano Itzhak Fried y sus asociados en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) estudiaron la actividad cerebral en personas a las que Fried ya haba cableado, intentando dar con los orgenes de los ataques de epilepsia. Insertando electrodos en los lbulos frontales, este equipo de cientficos identific varias neuronas espejo que se activaban con la realizacin y tambin con la observacin de una actividad.

Valayanur Ramachandran, director del Centro del Cerebro y la Cognicin en la Universidad de California en San Diego (UCSD), observa: "Decamos, usando una metfora, 'siento el dolor del otro', pero ahora sabemos que mis neuronas espejo pueden sentir, literalmente, tu dolor." (Slack, 2007). Ramachandran, que las llama "neuronas de empata" o "neuronas Dalai Lama", escribe que "Esencialmente, la neurona es parte de una red que te permite ver el mundo "desde el punto de vista de otra persona", de ah el nombre 'neurona espejo' ". (Ramachanddran, 2006).

Giacomo Rizzolatti, el neurocientfico italiano que descubri las neuronas espejo, seala que este sistema cableado es lo que nos permite "captar las mentes de los dems no a travs de un razonamiento conceptual sino a travs de una estimulacin directa de los sentimientos, no con el pensamiento" (Rizzolatti en Goleman, 2006). Como hace notar Decety, la empata nos permite "forjar conexiones con gente cuyas vidas parecen totalmente ajenas a nosotros" (Decety, 2006, p.2). Cuando se carece de una experiencia comparable, esta "empata cognitiva" se construye sobre la base neural y nos permite "proyectarnos activamente dentro de otra persona" intentando imaginar la situacin de la otra persona (Preston, en prensa), Preston y de Waal (2002). La empata est "dirigida hacia el otro" y reconoce la cualidad humana del otro. No es sorprendente que algunos cientficos piensen que el descubrimiento de las neuronas espejo es el hallazgo neurolgico ms importante desde hace dcadas, y que podra rivalizar con lo que el descubrimiento del ADN signific para la biologa. (Ramachandran, 2006).

Hay un paralelismo entre la neurociencia de la empata y las investigaciones que se estn desarrollando en campos relacionados. Hace unos cuarenta aos, la clebre primatloga Jane Goodall observ y escribi sobre las emociones de los chimpancs, sus relaciones sociales y la "cultura de los chimpancs", pero los expertos mantuvieron un gran escepticismo. Hace una dcada, el famoso etlogo especialista en primates Frans B.M. de Waal (1996) escribi sobre los antecedentes de la moralidad en "Bien Natural: Los orgenes del bien y del mal en los humanos y los otros animales", pero el consenso cientfico an se haca de esperar. Todo ello ha cambiado. Como afirma un reciente editorial de la revista Nature (2007), hoy es un "hecho incontestable" que las mentes humanas, incluidos los aspectos del pensamiento moral, son el producto de la evolucin a partir de primates anteriores. Segn de Waal, "ya no hay debate". En su obra ms reciente, de Waal argumenta de forma convincente que la moralidad humana incluida la capacidad de sentir empata es un subproducto natural, o una herencia de comportamiento de nuestros parientes evolutivos ms prximos.

Siguiendo a Darwin, unos estudios muy sofisticados hechos por los bilogos Robert Boyd y Peter Richerson postulan que la cooperacin a gran escala dentro de la especie humana (incluso con individuos no emparentados genticamente dentro de un grupo) fue favorecida por la seleccin. (Hauser, 2006, p. 416) La evolucin seleccin el rasgo de la empata porque el hecho de entenderse con los dems entraa ventajas para la supervivencia. En su libro People of the Lake ("La gente del lago")(1978), el paleoantroplogo de fama mundial Richard Leakey declara categricamente: "Somos humanos porque nuestros antepasados aprendieron a compartir su comida y sus habilidades en un red de compromisos que se cumplan."

Hay estudios que demuestran que la empata est presente en nios de muy corta edad, incluso de 18 meses o an menores. En el mundo de los primates, Warneken y sus colegas en el

Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, hallaron recientemente que los chimpancs prestan ayuda incluso a chimpancs no emparentados y a humanos que no conocen, an cuando eso les supone una molestia y sin que tengan expectativas de recompensa. Esto sugiere que la empata puede explicar esta tendencia natural de ayudar, y que fue un factor en la vida social del antepasado comn de chimpancs y humanos cuando sus lneas se dividieron, hace unos seis millones de aos (New Scientist, 2007; Warneken y Tomasello, 2006). Actualmente ya no se cuestiona que compartimos las facultades morales con otras especies (de Waal, 2006; Trivers, 1971; Katz, 2000; Gintis, 2005; Hauser, 2006; Bekoff, 2007; Pierce, 2007). Pierce seala que hay "innumerables ancdotas de elefantes que muestran empata hacia animales enfermos y moribundos, emparentados o no (2007, p. 6). Y recientes investigaciones en Kenia demuestran de forma incontestable el duelo exteriorizado del elefante, su empata hacia otros elefantes muertos.

Mogil y su equipo en la Universidad McGill demostraron recientemente que los ratones sienten ansiedad cuando observan a otros ratones que sienten dolor. Concluyeron, de forma provisional, que los ratones empleaban pistas visuales para la generacin de esta respuesta emptica (Mogil, 2006; Ganguli, 2006). De Waal responde as al estudio: "Se trata de un hallazgo muy significativo, que debera abrir los ojos de la gente que piensa que la empata se limita a nuestra especie." (Carey, 2006)

Adems, Grufman y otros cientficos en los Institutos Nacionales de Salud han proporcionado pruebas persuasivas de que las acciones altruistas activan una parte primitiva del cerebro, dando lugar a una respuesta placentera (2007). Y las recientes investigaciones de Koenigs y sus colegas (2007) indican que dentro de la corteza prefrontal, la corteza prefrontal ventromedial (VMPC) es necesaria para las emociones y los juicios morales. Los daos en la VMPC se han relacionado con comportamientos psicpatas, y los individuos con tendencias psicpatas muestran una gran carencia de empata. (Blair, 2005, pp. 53-56)

Un estudio a cargo de Miller (2001) y sus colegas sobre la demencia frontotemporal (DFT) tambin resulta instructiva. La DFT ataca los lbulos frontales y los lbulos temporales anteriores, donde reside la conciencia de s mismo. Un primer sntoma de DFT es la prdida de empata, y la actividad de las ondas cerebrales de las neuronas espejo en los individuos autistas muestra que no disparan correctamente.

Si bien hay razones para mantenerse escptico (vase ms abajo) en relacin con las implicaciones polticas progresistas que se desprenden de estos trabajos, un cuerpo de pruebas empricas impresionantes revela que las races del comportamiento prosocial, incluidos sentimientos morales como la empata, preceden a la evolucin de la cultura. Este trabajo apoya los escritos visionarios de Noam Chomsky sobre el instinto moral humano y su afirmacin de que, si bien los principios de nuestra naturaleza moral no se han llegado a comprender bien, "no cabe duda de su existencia y de su funcin central en nuestras vidas intelectuales y morales." (Chomsky, 1971, n.p., 1988; 2005, p. 263)

En su influyente libro "Ayuda mutua"(1902), Petr Kropotkin, naturalista, gegrafo y anarquista revolucionario ruso mantuvo que ". . . en cualquier circunstancia la sociabilidad es la mayor ventaja en la lucha por la vida. Aquellas especies que la abandonan estn condenadas a la decadencia." La cooperacin proporcionaba una ventaja evolutiva, una "estrategia" de supervivencia natural.

Kropotkin no tuvo inconveniente en admitir la funcin de la competencia, pero afirm que la ayuda mutua era un "instinto moral" y una "ley natural". Basndose en sus amplios estudios del mundo animal, pensaba que esta predisposicin a ayudarse mutuamente (la sociabilidad humana) era de "origen prehumano". Killen y Cords, en un artculo titulado "Prince Kropotkin's Ghost (El fantasma de Kropotkin)," sugieren que la investigacin reciente en psicologa del desarrollo y primatologa parece confirmar las afirmaciones que hizo Kropotkin hace un siglo (2002).

As pues, dnde estamos? Si la moralidad tiene sus races en la biologa, en la materia prima o los ladrillos para la evolucin de su expresin, tenemos ahora pendiente un matrimonio fortuito entre las ciencias duras y la moralidad laica en su sentido ms profundo. Los detalles tcnicos del anlisis neurocientfico social que apoya estas afirmaciones quedan fuera de este artculo, pero baste con sealar que se est avanzando a un ritmo exponencial, que los nuevos descubrimientos son persuasivos (Iacoboni, 2008; Lamm, 2007; Jackson, 2006) y nuestra comprensin de la empata ha aumentado dramticamente en apenas una dcada.

Dicho lo cual, uno de los problemas ms fastidiosos que quedan por explicar es por qu se ha avanzado tan poco en lo que supone extender esta orientacin emptica hacia las vidas distantes, a aquellos que se encuentran fuera de determinados crculos morales de camarillas. Es decir,

dado un mundo colmado de violencia abierta y estructural, nos vemos obligados a explicar por qu nuestra intuicin moral profundamente arraigada no tiene mayor efecto de mejora, por qu no produce un mundo ms pacfico. Iacoboni sugiere que esta desconexin se explica por los sistemas masivos de creencias, incluidos los polticos y los religiosos, que operan a nivel de reflexin y deliberacin. Como nos recuerda de Waal, desde el punto de vista evolutivo, la empata es el punto de partida original del cual emanaron la cultura y el lenguaje. Pero a lo largo del tiempo, la cultura filtra e influye en el modo en que la empata evoluciona y se expresa. (de Waal, 2007, p. 50) Estos sistemas de creencias tienden a invalidar los rasgos automticos, pre-reflexivos, neurobiolgicos que deberan unir a la gente. Iacoboni plantea como hiptesis la presencia de lo que l denomina sper neuronas espejo en el lbulo frontal del cerebro. Estas super neuronas espejo, ms complejas, muy desarrolladas, tal vez controlen a las neurones llamadas de bajo nivel, o clsicas. Esta investigacin, que podra considerarse que hoy por hoy constituye la cspide de los trabajos ms avanzados en neurociencias, se encuentra es una fase preliminar, pero es posible que los futuros estudios sugieran cmo la resistencia cognitiva consigue clasificar, inhibir o modular de otro modo las respuestas neurofisiolgicas.

As pues, hay que proceder con cautela. En primer lugar, hay que advertir que el contexto social y las condiciones que desencadenan la respuesta son crticas, ya que, cuando existe una manipulacin de la lite, consciente y masiva, se vuelve cada vez ms difcil entrar en contacto con nuestras facultades morales. Ervin Staub, un investigador pionero en este campo, admite que incluso si la empata tiene sus races en la naturaleza, las personas no se guiarn por ella ".... a menos que tengan un cierto tipo de experiencias vitales que dirijan su orientacin hacia otros seres humanos y hacia s mismos" (Staub, 2002, p. 222). Como dice Jensen, "El modo en que se nos educa y se nos entretiene evita que nos enteremos, o que entendamos, el dolor de los dems " (2002, 2008). Las circunstancias pueden bloquear o abrumar nuestras percepciones, volvindonos incapaces de reconocer y dar expresin a nuestros sentimientos morales (Albert, n.d.; y tambin, Pinker, 2002). Por ejemplo, si se infunde temor de una escasez creada artificialmente, esto puede atenuar la respuesta emptica.

Luego estn las limitaciones a las que estn sujetas las imgenes poderosas que podran despertar profundas emociones en el pblico americano. Un ejemplo es la reciente destruccin de las cintas de video de la CIA en las que se ve la tortura de prisioneros. El centro mdico regional de Landstuhle, en Alemania, que acoge de forma habitual soldados procedentes de Irak con grotescas mutilaciones, no permite fotografas, y los periodistas son supervisados por escoltas militares. Y sabemos que el Pentgono prohibe la cobertura fotogrfica en los medios de comunicacin de los restos de soldados que salen de la base area alemana Ramstein o de los atades que regresan a Dover, Delaware. (Tami Silco, quien tomo la foto, ahora clebre, de 20 atades envueltos en banderas que salan de Kuwait, perdi su empleo.) Asimismo, se prohbe la cobertura de los funerales por los cados, incluso si la unidad da su aprobacin.

La segunda nota de advertencia es la observacin de Hauser (2006) de que la proximidad fue sin lugar a dudas un factor en la expresin de la empata. En nuestro pasado evolutivo, el apego a la familia humana ms amplia era prcticamente incomprensible y por tanto se careca de la conexin emocional. Joshua Greene, filsofo y neurocientfico, aade que "Evolucionamos en un mundo en el que tenamos delantea personas en apuros, por tanto nuestras emociones sintonizaban con ellas, pero no nos enfrentbamos al otro tipo de situacin." Sugiere que el extender esta moralidad inmediata, ligada a la emocin (basada en circuitos fundamentales del cerebro) a vctimas que no vemos requiere que se preste menos atencin a la intuicin y ms a la dimensin cognitiva. Si este lmite no es artificioso, parecera, como mnimo, circunstancial, y as pues merecera que se reevaluar la moralidad (Greene, 2007, n.p.). Dadas algunas de las dimensiones positivas de la globalizacin, el potencial de identificarse con el "extrao" nunca ha sido ms prometedor.

Pero no en todos los casos. Carlisle (2007) seala que a travs del empleo de la tecnologa (incluido el matar a gran distancia, y nuevos tipos de entrenamiento) el ejrcito ha intentado desensibilizar y sortear la respuesta emptica natural que la mayora de los soldados sienten hacia sus adversarios. Advierte que "... con menos oportunidades de conseguir unos reflejos del sufrimiento de otros humanos, que dan lugar a la empata, con el tiempo es posible que nuestra capacidad para la empata desaparezca del todo." Para un atento estudio de la aversin humana innata hacia quitar la vida, y de cmo el ejrcito ha condicionado a los soldados para que lo superen (con el consiguiente dao psicolgico) la mejor referencia es Lt. Col. David Grossman, On Killing (1996).

Puede ser til, como sugiere Halpern (1993, p. 169), pensar en la empata como una especie de chispa de la curiosidad natural, que despierta la necesidad de comprender mejor, y un cuestionamiento ms profundo. Sin embargo, nuestra comprensin de cmo o en qu medida se sigue de ah un compromiso poltico, sigue siendo muy limitada, y queda mucho trabajo por hacer. Hace casi un siglo, Stein (1917) se refiri a la empata como a la "experiencia de la conciencia ajena en general". La pelcula Diarios de motocicleta de Salles trata de la empata, si bien de forma indirecta. La pelcula sigue a Ernesto Guevara de la Serna y su amigo Alberto Granada en un viaje de ocho meses por Argentina, Peru, Colombia, Chile y Venezuela.

Cuando sale de su barrio residencial de clase media alta (su padres es arquitecto) en Buenos Aires en 1952, Guevara tiene 23 aos y le queda un semestre para licenciarse en medicina. Los jvenes se embarcan en una aventura, deciden echar una cana al aire antes de establecerse e iniciar una vida acomodada. Les interesan las mujeres, la diversin y la aventura, y desde luego que ni buscan ni esperan un odisea que cambie sus vidas.

El poder de la pelcula estriba en la forma en que se describe cmo nace la conciencia poltica de Guevara, a consecuencia de una acumulacin de experiencias no filtradas. Durante su viaje de 5.000 km, se encuentran con pobreza masiva, explotacin y condiciones de trabajo brutales, todo ello consecuencia de un orden econmico internacional injusto. Al final, Guevara abandona la idea de ser mdico porque la medicina se limita a tratar los sntomas de la pobreza. Para l, la revolucin se convierte en la expresin de la empata, la nica forma efectiva de tratar las races del sufrimiento. Esto requiere fusionar el componente cognitivo de la empata con el compromiso, con la resistencia contra el poder asimtico, siempre un acto inherentemente poltico. Si no, la empata carece de significado. (Esto guarda un cierto paralelismo con la prctica poltica de brahma-viharas por parte de budistas comprometidos.) En sus propias palabras, que se citan a menudo (no se incluyeron en la pelcula), Guevara afirm que "el revolucionario verdadero est guiado por grandes sentimientos de amor".

Paul Farmer, antroplogo mdico, especialista en enfermedades infecciosas y activista internacional de salud pblica, contemporneo, ha adoptado unas tcticas distintas, pero su diagnstico de las "patologas del poder" se parece mucho al de Guevara. l tambin alaba los programas de salud de Cuba, comparndolos con su larga experiencia de trabajo en Hait. Ambos estuvieron muy motivados por la creencia de que las epidemias artificiales tienen su origen en estructuras socioeconmicas injustas, de ah la necesidad de una medicina social, una "poltica como medicina a gran escala". Ambos vean la "poltica como medicina a gran escala"y se comprometieron a actuar en nombre de los pobres. Ambos son un ejemplo excepcional de algo que se sale de la norma social, empata comprometida y una interrelacin de componentes afectivos, cognitivos y morales. Vase la radical crtica que hace Farmer de la violencia estructural y las conexiones entre enfermedad y desigualdad social en (Farmer, 2003; Kidder, 2003). Una vez ms, queda por explicar por qu hay tal escasez de ejemplos de comportamiento emptico en el mundo real. Por qu se caracteriza la cultura de USA por un dficit masivo de empata de proporciones casi patolgicas? Y que cabra esperar, razonablemente, de una comprensin pblica ms amplia de la naturaleza de la empata?

Hauser postula una "gramtica moral universal", cableada en nuestros circuitos neurales a travs de la evolucin; esta maquinaria neural es anterior a las decisiones conscientes en situaciones de vida o muerte. Sin embargo, ovservamos que "la crianza entra en juego para fijar los parmetros y guiarnos hacia la adquisicin de unos sistemas morales particulares." En otro lugar, Hauser sugiere que los factores ambientales pueden impulsar a los individuos hacia una razonamiento moral defectuoso, y los diversos resultados para una cultura local dada son prcticamente ilimitados. (Hauser, 2006) Para m, esta discusin sobre la variacin cultural no presta suficiente atencin a las variables socioeconmicas responsables de configurar la cultura. Como argumenta Goldschmidt, "todo tiene que ver con la calidad de la justicia y la disponibilidad de oportunidades " (2006, p. 151) Anteriormente, Goldschmidt (1999, n.p.) haba razonado que "unos motivos derivados de la cultura puedn sustituir, suplemetar o dejar sin efecto un comportamiento programado genticamente."

Insisto en ello: los datos neurofisiolgicos apoyan decisivamente la idea de que la moralidad se funda en la biologa. Como plantea Greene, no es algo que recibamos "desde arriba", de las altas autoridades religiosas o los filsofos, sino algo que surge "desde abajo", como consecuencia de los procesos evolutivos del cerebro. (Greene en Vedantam, 2007). Ahora bien, como Rizzolatti y Craighero (2006) hacen bien en recordarnos, "Para usar el mecanismo de espejo (un mecanismo biolgico) estrictamente de una forma positiva, hace falta aadir algo, algo cultural."

No se puede defender ni una explicacin biolgica reductivista ni un argumento en el sentido de que "la cultura siempre puede ms que la naturaleza". En vez de eso, yo me siento cmodo con lo que el terico poltico William Connolly (2002) describe como ". . . una poltica a travs de la cual la vida cultural interviene en la composicin del proceso cuerpo / cerebro. Y vice versa." (Connolly, quien que yo sepa es la primera persona que utiliza el trmino neuropoltica, no se ocupa, en su erudito estudio, de la relacin entre las neuronas espejo y la poltica de la empata.)

El reciente trabajo de Molnar-Szakacs y sus colegas sugiere que los estmulos culturales producen una impronta e influyen en determinadas respuestas neurobiolgicas, y en el comportamiento subsiguiente. Adems, la cultura y la identidad tnica de quienes transmiten el mensaje parecen constituir una variable crtica. Empleando la estimulacin magntica transcraneal (EMT) encontraron una diferencia significativa, mensurable, en la actividad de las neuronas espejo en sus sujetos, segn la persona que transmita la informacin compartiera, o no, las caractersticas culturales y tnicas del sujeto. Molnar-Szakacs concluyen: "Nuestros datos demuestran que tanto la etnicidad como la cultura interaccionan para influir en la actividad del cerebro, especficamente dentro de la red de neuronas espejo que interviene en la comunicacin e interaccin social." (Molnar-Szakacs, 2007; Preston, 2006; y en prensa). Si bien parece precipitado extraer conclusiones firmes de esta investigacin muy preliminar, sin duda est garantizado que se va a seguir investigando sobre los lazos entre la cultura y la codificacin de las neuronas espejo, sobre todo por la posibilidad de unas profundas implicaciones polticas.

Aqu volvemos a nuestra cuestin anterior sobre la relativa ausencia de respuestas empticas amplias dentro de la sociedad. Las culturas rara vez son fenmenos neutros, inocentes, sino que se organizan conscientemente para premiar a determinadas personas y penalizar a otras. Como Parenti (2006) razona convincentemente, determinados aspectos de la cultura pueden funcionar como instrumentos de poder social y dominio social a travs del adoctrinamiento ideolgico.

La cultura es un terreno muy reido, y su estudio puede revelar cmo se ejerce el poder, y en nombre de quin. Aqu el manual es el anlisis clsico de Gramsci (1971) de la hegemona cultural en la cual el capitalismo mantiene el dominio, en parte, creando de modo sutil pero activo las normales culturales que prevalecen en la sociedad. Este control consensuado se logra a travs de los medios de comunicacin de masas, la educacin, la religin y la cultura popular, a medida que las clases subordinadas asimilan ciertas ideas como "sentido comn".

Cohen y Rogers, analizando la crtica de Chomsky de las elites, sealan que " Una vez que existe un orden injusto, quienes se benefician de l tienen un inters por mantenerlo, y, en virtud de sus ventajas sociales, tienen tambin el poder para hacerlo." (Cohen, 1991, p. 17) (Vase un tratamiento conciso, pero no carente de crtica, de los puntos de vista sociales y ticos de Chomsky en Cohen, 1991.) Claramente, la tan alardeada capacidad humana para la comunicacin verbal funciona en ambos sentidos. En las manos equivocadas, a menudo se abusa de esta capacidad, ahogando conscientemente la respuesta emptica. Cuando de Waal escribe "Los animales no son filsofos morales", yo me pregunto, si al hacer esta comparacin, no se estar manifestando a favor de ellos. (de Waal, 1996b, n.p.)

Uno de los mtodos que se emplean en las democracias capitalistas es la "fabricacin del consentimiento" de Chomsky y Herman, una forma muy sofisticada de control del pensamiento. A los ciudadanos potencialmente activos hay que " distraerlos de sus intereses reales, y confundirlos deliberadamente sobre el modo en que funciona el mundo." (Cohen, 1991, p. 7; Chomsky, 1988)

En este ensayo, y siguiendo a Chomsky, yo mantengo que el cerebro humano es el primer objetivo de esta "crianza" perversa, o propaganda. En el contexto de este artculo podramos reformularlo diciendo que la red de neuronas espejo del cerebro humano es el objetivo al que va dirigida esta fabricacin de ignorancia e indiferencia porque la exposicin a determinadas nuevas verdades acerca de la empata (pruebas incontestables de nuestra naturaleza moral innata) suponen una amenaza directa a los intereses de las elites. No hay ningn fantasma en la mquina, pero la maquinaria capitalista intenta mantener a la gente a raya con un fantasma ideolgico, la nocin de una identidad construida sobre los valores de mercado. Pero ". . . si nadie se viera a s mismo como el capitalismo necesita que se vea, la propia dignidad de cada persona evitara que el sistema los explotara y manipulara." (Kelleher, 2007) Es decir, dada la aparente universalidad de esta predisposicin biolgica hacia la empata, contamos con una potente lnea de fondo cientfica desde la cual lanzar nuevas crticas a la manipulacin por las elites, este culto a la crueldad.

En primer lugar, los orgenes evolutivos y biolgicos de la empata aportan pruebas empricas slidas (no se trata de pensamientos ilusorios, ni siquiera de inferencias lgicas) a favor de la construccin de unas sociedades muchsimo mejores. En esa lnea, estas nuevas investigaciones son del todo coherentes con el trabajo sobre la naturaleza del amor autntico y la expresin concreta de ese amor en forma de afecto, esfuerzo, responsabilidad, valenta y respeto. Como nos recuerda Eagleton, si los dems tambin se apuntan a este comportamiento " . . . el resultado es una forma de servicio recproco que brinda el contexto en el que puede prosperar cada individuo. El nombre que tradicionalmente se le da a esta reciprocidad es amor." Dado que la reciprocidad exige la igualdad y poner fin a la explotacin y la opresin, se sigue que "el tratar a los dems de forma justa y compasiva es, a gran escala, una de las condiciones para que el individuo pueda desarrollarse." Y en cuanto animales sociales, cuando actuamos de este modo estamos haciendo realidad nuestra naturaleza "en su aspecto ms excelente". (2007, pp. 170, 159-150, y 173). (Allot (1992) proporcion, hace ya tiempo, in informe de la historia evolutiva del amor y su significado para el desarrollo y la supervivencia humana.)

El ansia depredadora, la crueldad, la barbarie, etc., son tambin aspectos de nuestra naturaleza, que tienen sus orgenes evolutivos y sus correlatos neuronales. Como ha escrito Chomsky, "Si ves a alguien matar a un nio a palos, deberas decir, "bueno, eso es la naturaleza humana" y ciertamente lo es: sin duda hay condiciones bajo las cuales la gente acta precisamente as. En la medida en que esta afirmacin es cierta, y esa medida existe, simplemente no es relevante: la naturaleza humana tambin tiene la capacidad de conducir hacia el altruismo, y la cooperacin, y el apoyo, y la solidaridad, y una tremenda valenta, y muchas ms cosas." (Chomsky, 2002, p. 356) La cuestin crtica es cmo determinar qu es lo que va a prevalecer, cmo hacer realidad una forma de entorno global que aumente las oportunidades de que florezca el aspecto emptico de nuestra naturaleza.

Como he sealado en otro lugar, el clsico de Fromm El arte de amar es un virulento ataque a las fuerzas sociales y econmicas que nos niegan la experiencia ms gratificante de la vida y "la nica respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana". Para Fromm, el entender cmo la sociedad configura nuestros instintos humanos, y por tanto nuestro comportamiento, es a su vez la clave para comprender por qu el "ama a tu prjimo", el amor hacia el desconocido, es algo tan difcil de alcanzar en la sociedad moderna.

La cultura capitalista global que premia la acumulacin y los beneficios no slo devala la actitud emptica, sino que da lugar a un carcter atrofiado en el cual todo se transforma en una mercanca, no solamente las cosas, sino los propios individuos. La misma capacidad de practicar la empata (el amor) se subordina a nuestra religin de estado del mercado, en el cual cada persona busca su beneficio en una competencia alienante e interminable, vida de mercancas.

Hace ms de cinco dcadas, Fromm argument, de manera convincente, que "los principios de la sociedad capitalista y los principios del amor son incompatibles." (Fromm, 1956, p. 110) Toda persona honesta sabe que las caractersticas principales de la sociedad capitalista tienden a producir individuos alienados de s mismos, personalidades tullidas a quienes se les ha robado su humanidad, y que estn en una lucha perpetua por expresar el amor emptico. No es de extraar que Fromm creyera que se necesitan cambios radicales en nuestra estructura social e instituciones econmicas si la empata / el amor han de ser algo ms que un extrao logro individual y un fenmeno socialmente marginal. l comprendi que esto slo ser posible cuando el sistema econmico est al servicio de los hombres y mujeres, y no al contrario (Olson, 2006).

La narrativa cultural dominante del hiper individualismo se est poniendo en duda, y se est minando esa estrategia insidiosa y efectiva consistente en convertir la naturaleza humana en el chivo expiatorio, diciendo que a todos nos mueve el inters egosta y rapaz, que "el hombre es un lobo para el hombre". Desde el pecado original hasta el "gen egosta" actual, ciertas interpretaciones de la naturaleza humana, invariablemente, han frenado la conciencia de clase. Los resultados de estas nuevas investigaciones contribuyen a refutar la aseveracin de que las personas son, por naturaleza, poco cooperativas, un argumento al que se recurre con frecuencia para intimidar y convencer a la gente de que es ftil buscar una mejor sociedad para todos. Si se le desprende de otra racionalizacin ms del imperio, el comportamiento depredador en nombre del modo capitalista de produccin se hace ms transparente an. Y aprender acerca de la inhibicin consciente de este ncleo esencial de nuestra naturaleza debera eludir las preguntas inquietantes sobre los motivos que se ocultan detrs de otras ideologas generadas por las elites, desde el neo-liberalismo hasta la "guerra al terrorismo."

En segundo lugar, hay implicaciones para estudiantes y profesores. El cultivar el compromiso emptico a travs de la educacin sigue siendo una empresa que no se comprende bien. Los estudiantes universitarios, por ejemplo, tal vez oigan "los gritos de la gente", pero las ondas de sonido morales se amortiguan al pasar por una serie de poderosos deflectores culturales. Williams (1986, p. 143) seala que "Aunque puedan ser modelos de compasin y generosidad para quienes se encuentran en sus crculos inmediatos, muchos de nuestros alumnos tienen un punto ciego en lo que respecta a sus responsabilidades en el orden sociopoltico. En el lenguaje tradicional, se les da bien la caridad y mal la justicia."

Nussbaum (1997) defiende el plan de educacin americana liberal en cuanto que cultiva una imaginacin emptica. Mantiene que el comprender las vidas de los desconocidos y alcanzar una ciudadana global cosmopolita puede conseguirse a travs de las artes y la humanidades. No hay muchas pruebas slidas que apoyen este optimismo, y mi propia visin sobre las prcticas que fomentan la empata en las universidades de USA es bastante menos entusiasta. Nussbaum da ejemplos anecdticos de gente que se pone en el lugar de otras personas, pero rara vez da una respuesta plausible a la pregunta de por qu estas personas tal vez carezcan de lugar; o de un trabajo decente, una mnima cobertura sanitaria, una esperanza de vida elevada. El espacio dentro de los contextos educativos est totalmente infrautilizado, en parte porque no sabemos suficiente acerca de los intersticios propicios donde la pedagoga crtica podra marcar la diferencia. Se podra decir que la barrera ms importante es la duda cnica, casi desesperante acerca de la existencia de un instinto moral de empata. Las nuevas investigaciones aplacan esta duda y hacen bien en poner el nfasis en estrategias destinadas a cultivar la empata e identificarse con "el otro". Unir las dimensiones afectivas y cognitivas de la empata tal vez requiera una versin arriesgada de pedagoga radical (Olson, 2006, 2007a; Gallo, 1989). Una consecuencia fascinante es que el carcter percibido del profesor al que se "refleja" puede ser, al menos, tan importante como el mensaje que se imparte. Las pruebas obtenidas en una situacin ldica con estudiantes de medicina apuntan convincentemente a que las respuestas empticas se pueden intensificar de forma considerable cuando se tiene mayor conocimiento de las necesidades especficas de los dems en este caso, los ancianos (Varkey, 2006). Es probable que unas experiencias anteriores limitadas afectaran a la respuesta emocional del individuo. Una vez ms, se trata de una cuestin de cultura poltica / adquisicin de informacin que debe seguir estudindose.

En tercer lugar, para mucha gente la incompatibilidad fundamental entre el capitalismo global y la expresin viva de los sentimientos morales puede llegar a resultar obvia por primera vez. (Olson, 2006, 2005) Por ejemplo, la incapacidad de experimentar este sentimiento moral tiene implicaciones radicales, entre ellas consecuencias para el planeta. Dentro de los prximos 100 aos, se habrn extinguido la mitad de las especies que existen en la actualidad. Los grandes simios, los osos polares y los elefantes van de camino a la extincin debido al crecimiento desaforado, la destruccin del hbitat y la caza furtiva. Sern estas actividades humanas, y no la extincin aleatoria, las que anularn millones de aos de evolucin (Purvis, 2000). Como dice Leakey, "Como quiera que lo miremos, estamos destruyendo la Tierra a una velocidad comparable con la de un asteroide gigante que se estrella contra el planeta. . . ." Y los investigadores en la Universidad McGill han demostrado que la desigualdad econmica est relacionada con una tasa elevada de prdida de biodiversidad. El autor sugiere que las reformas econmicas pueden ser el requisito previo para salvar la riqueza del ecosistema e insisten en que ". . . si podemos aprender a compartir los recursos econmicos de manera ms justa con los dems miembros de nuestra especie, tal vez esto ayude a compartir los recursos ecolgicos con las dems especies." (Mikkelson, 2007, p. 5)

Si bien uno duda a la hora de atribuir demasiado potencial de transformacin a esta capacidad emocional, es perfectamente coherente llamar ms la atencin sobre la empata inter especies y la eco empata. Esta ltima puede ser esencial para la proteccin de las comunidades biticas. Decety y Lamm (2006, p. 4) nos recuerdan que "uno de los aspectos ms chocantes de la empata humana es que puede ir dirigida hacia cualquier individuo, incluso a individuos de una especie distinta."

Esto ya se prefigur hace al menos cincuenta aos, cuando Paul Mattick, escribiendo sobre la nocin de ayuda mutua de Kropotkin, seal que ". . . Desde hace mucho tiempo, sin embargo, la supervivencia en el mundo animal no slo depende de la prctica de, o bien la ayuda mutua o la competencia, sino que viene determinada por decisiones de los hombres sobre qu especies deben prosperar y cules deben ser exterminadas. . . . All donde gobierna el hombre, las "leyes de la naturaleza" dejan de existir." Esto es igualmente aplicables a los humanos, y Mattick observ, con razn, que las demandas de la acumulacin de capital y las relaciones sociales capitalistas anulan y excluyen la ayuda mutua. Como tales, los resultados de la neurociencia son bienvenidos y necesarios, pero son en s mismos insuficientes. Para que reine la empata, deben desaparecer las relaciones de clase (Mattick, 1956, pp. 2-3).

En cuarto lugar, y esto es igual de preocupante para las elites, la conciencia de esta realidad contiene el potencial para fomentar unas actitudes cosmopolitas que "desestabilizan" pero afirman la humanidad hacia el "otro" desconocido, tanto aqu como en el extranjero. Como tan bien lo dice de Waal, "la empata puede anular cualquier regla sobre cmo tratar a los dems." (de Waal, 2005, p. 9) Amin (2003), por ejemplo, propone que la nueva Europa reciba un nuevo marco en una tica de empata y compromiso con el desconocido como su valor nuclear. La disminucin de la empata dentro de la cultura reduce el comportamiento prosocial y la cohesin social. Dadas las peligrosas fuerzas centrfugas del etnonacionalismo y la xenofobia, resulta absolutamente necesario este tema unificador, que al mismo tiempo abrir un espacio a una Europa an no definida, un pueblo del futuro.

Finalmente, como observa de Waal, "Si furamos capaces de ver a la gente de otros continentes como parte de nosotros, incluyndolos en nuestro crculo de reciprocidad y empata, estaramos basndonos en la naturaleza , en vez de ir en contra de ella." (de Waal, 2005, p. 9) Una tica de la empata constituye una parte esencial de lo que significa ser humano, y las sociedades que carecen de ella, las sociedades que no satisfacen esta necesidad, deberan ser deficientes. Se nos ha negado, de forma sistemtica, un compromiso ms profundo y ms gratificantes con este sentimiento moral. Yo dira que la enorme cantidad de engaos y fraudes que se invierten para dejar sin efecto la empata son un motivo de esperanza, de optimismo prudente. Paradjicamente, la relativa ausencia de un comportamiento emptico generalizado es, de hecho, un valioso tributo a su poder potencialmente subversivo.

Es excesiva la esperanza de que estamos a punto de descubrir un punto fijo arquimediano moral, con base cientfica, en el que podamos hacer palanca para dirigir el discurso pblico hacia una apreciacin de nuestra autntica naturaleza, la cual, a su vez, podra liberar poderosas fuerzas de emancipacin?

Agradecimientos:

Una versin muy abreviada de este artculo apareci en www.zmag.org (5/20/07) y fragmentos en www.identitytheory.com (10/16/07). Quiero agradecer los interesantes comentarios que hicieron sobre los primeros borradores N. Chomsky, D. Dunn, M. Iacoboni, K. Kelly, S. Preston, y J. Wingard. Gracias, como siempre, a M. Ortiz.

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Gary Olson, Ph.D. es el catedrtico del Departamento de Ciencia Poltica en el Moravian College en Bethlehem, PA. Se le puede localizar en olson@moravian.edu.

http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/16246



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