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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2008

En favor de la censura

Santiago Alba Rico
La Repblica


Si los peridicos que uno lee pueden decir lo que quieran, escriba el poeta y crtico Mattew Arnold, uno tiende a creer que est bien informado. O de otra manera: llamamos libertad a la privatizacin de la censura.

Conviene distinguir de entrada entre libertad de expresin y libertad de informacin. La libertad de expresin pertenece al mbito privado y puede ser ms o menos desbocada, pero nunca objeto de planificacin institucional. Todos somos ms o menos libres de decir lo que queramos, a condicin de que lo escuche poca gente (nuestra familia, nuestros compaeros de parranda, nuestros novios, los miembros de nuestro club). Como el mbito privado est interferido por toda clase de relaciones de poder, ocurre que, bajo una dictadura, uno tiene miedo de alzar la voz en un caf; y bajo un patriarcado una tiene miedo de llevar la contraria a su marido; y bajo una cultura racista uno finge estar de acuerdo con los blancos. En todo caso, el mecanismo que limita la libertad de expresin es siempre la autocensura, que en unos casos es buena y en otros no: entre un superego razonable (condicin del reconocimiento social) y un silencio aterrorizado cabe una modulacin casi infinita en la intimidad de relaciones sociales muy variadas y desigualmente negativas. En este sentido, la revolucin de internet consiste en que ha ensanchado sideralmente el campo de la libertad de expresin al tiempo que ha erosionado, para bien y para mal, los confines entre libertad de expresin y libertad de informacin. En la misma direccin, cabe tambin aadir que esta frontera viene siendo sistemticamente borrada desde hace aos por una cultura mercantil, impuesta desde los medios de comunicacin, en virtud de la cual el campo de la expresin invade, y suplanta, el campo de la informacin: y acabamos leyendo en un peridico o escuchando en televisin palabras que slo deberan pronunciarse en un caf, en un club, en un dormitorio, cuando no exclusivamente en el recinto cerrado de la propia cabeza.

Al contrario que la libertad de expresin, la libertad de informacin pertenece al espacio pblico, al que slo se puede acceder a travs de ciertos medios de produccin y ciertas mediaciones tecnolgicas. Por eso, de la misma manera que la libertad de expresin es en realidad libertad de autocensura, la libertad de informacin es en realidad libertad de censura. Creo que, expuestas de esta manera, se entienden mejor las cosas. Ciertos rganos, ciertas instituciones, ciertos colectivos, reciben del Estado el derecho soberano a censurar pblicamente un nmero casi ilimitado de voces. La teora nos dice que la multiplicacin de los rganos de censura es precisamente la que garantiza la comparecencia de una pluralidad completa. Eso ser bajo el socialismo. Porque bajo el capitalismo, el Estado delega el derecho de censura, no en manos de ciudadanos libres o, en el extremo, de partidos y colectivos civiles, sino de grandes multinacionales que son las que, directa o indirectamente, redactan los peridicos y programan las cadenas de televisin. Los mismos que deciden quin come y qu comemos, quin puede beber y qu bebemos, quines van a matarse y con qu armas, quin puede ir al colegio y qu estudiamos, quin puede tener una casa y dnde vivimos, quin puede llevar zapatos y cmo nos vestimos, son los que deciden quin puede hablar y qu escuchamos.

Los que defendemos el derecho individual y generalizado a la censura, debemos permitir que pongamos- Lyonnaise des Eaux, Westinghouse o Chase Manhatan Bank tengan el monopolio de la censura? Nos sentimos bien informados y seguros porque Murdoch y Berlusconi pueden decir y hacer lo que les da la gana? La paradoja de Arnold dice en realidad lo siguiente: mientras las fuerzas que destruyen el planeta puedan expresarse libremente, nosotros seguiremos sintindonos libres, protegidos y satisfechos.



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